Por si me matan

Hace unos años leí con horror “Huesos en el desierto”, crónica de los feminicidios ocurridos en Ciudad Juárez, al norte de México. Pensaba, equivocadamente, que era una barbarie que solo sucedia allá, lejos. Y al decir lejos me otorgaba el permiso de asumir esas muertes como lejanas, en una cómoda distancia emocional que me permitía cambiar de hoja. De no sé cuantos años a la fecha, los feminicidios en mi país han dejado de suceder solo en Ciudad Juárez y al tiempo al que asistimos al incremento generalizado de la violencia y la impunidad como formas de vida, los feminicidios se han convertido en noticia de todos los dias, cuando son noticia.

A principios de mayo de este año fue hallada muerta Lesvy, de 22 años, en los pasillos de Ciudad Universitaria. El asesinato de Lesvy me impactó, entre otras cosas, por haber sucedido justo en mi Casa de Estudios, en mi universidad, la Nacional Autónoma de México donde, entre clase y clase, mi amiga Libertad y yo dormíamos en el cesped a cualquier hora sin temor a que algo nos pasara, a pesar de los persistentes rumores de que en las Islas se vendía mariguana. En esos años, de lo único que nos teníamos que cuidar era de algunos profesores ávidos de dirigir tesis a veinteañeras con pretensiones intelectuales; ellos, en su afán conquistador, nos prometían que juntos descubririamos el agua hirviendo y marcaríamos un antes y un después en nuestra área de estudio.

Ayer han confirmado el asesinato de Mara Castilla, de 19 años. Entre Lesvy y Mara hay muchas historias más de otros feminicidios, ocurridos principalmente en el Estado de México. De muchos de esos crimines apenas si nos enteramos. Algunos llegan a la prensa, como la escalofriante historia de Mariana Joselín Baltierra, de 18 años, cuyos restos fueron encontrados descuartizados en una carniceria del municipio de Ecatepec. Y así como Mariana, Mara y Lesvy hay otros cientos de mujeres asesinadas con crueldad, de cuyas vidas y muertes apenas si nos enteramos, pero gracias a la estupenda y ardua labor de Frida Guerrera, que ha ayudado a visualizar  algunos de los 1300 feminicidios que han tenido lugar en este pais en lo que va del 2017. Y es por Frida Guerrera que me entero del asesinato de la pequeña Kenia Naomi Gutiérrez García, asesinada a golpes presuntamente por su padrastro, en complicidad con su propia madre. Kenia Naomi tenía 26 meses de edad.

Todos estos crimenes tienen en común la incompetencia de las autoridades y la escasa voluntad que han tenido para dar con los culpables o no buscar a las desaparecidas al momento en que los familiares hacen la denuncia. Y a este horror hay que sumar un horror más: tanto autoridades como ciudadanos de a pie justifican sus muertes. Somos las propias mujeres las responsables de morir estranguladas, violadas, salvajemente golpeadas. Y es que las mujeres hoy dia  tenemos un exceso de libertades, segun dice el rector de la Universidad Madero, de Puebla, Job César Romero Reyes.

Cuando Lesvy fue hallada muerta, la responsabilidad fue de ella; que no estudiaba, que usaba drogas y es que con ese nombre… qué esperaban. A cada mujer asesinada han venido un sin fin de justificaciones del hecho, que si la victima vestia como puta, que tenia muchos novios, que si bebìa en exceso, que era mala estudiante y, ademas, que no se cuidaba, ¿qué es eso de andar sola por la calle a esas horas de la noche? Claro, la culpa es nuestra. La responsabilidad de nuestras vidas es nuestra y la culpa de nuestra muerte es tambien nuestra.

Por ello, y para evitar malos entendidos, yo misma quiero dar las razones de mi asesinato; por si me matan, que no se hablen cosas que no tiene  nada que ver conmigo:

Por si me matan, dirán que fui mala hija, que de muchos años a la fecha solo tengo un cariño de baja intensidad hacia mi madre.

Por si me matan, que digan, como mis padres, que soy una rencorosa. Y para dar testimonio de ello, hallaran un Moleskine®, mi Moleskine® Gorria, en donde escribí durante todo un año los desencuentros de toda una vida con mi madre. Y no lo escribí por renconrosa, sino por miedo a ser una desmemoriada y volver a cometer los mismos errores.

Por si me matan, que digan que pequé de tacaña e insensible. Cuando en las tiendas de autoservicio me preguntaban si queria redondear el cambio y donarlo a una buena causa, siempre me negué y peleaba mis centavos como una leona. Ante mis reclamos por escrito, las tiendas Oxxo me escribieron una carta donde basicamente se me acusa de insensible.

Por si me matan, que digan que fui una mala madre por no dedicarme total y exclusivamente a mi hijo y buscar mi empoderamiento a través de proyectos personales

Por si me matan, que digan que cuando era académica me dediqué a investigar y promover las violaciones a los Derechos Humanos de los regimenes de izquierda. Que digan en mi contra que me cagaba el tal Che Guevara y similares pero no por ello simpatizaba en lo más mínimo con la derecha.

Por si me matan, que digan que me separé de mi familia de origen, que hace muchos años que no los veo, ni sé de sus vidas y poco me interesa. Que digan que fui una pésima hermana, que ni siquiera tengo puta idea de donde vive mi único hermano y que del mismo modo, nunca quise que él tuviera datos en donde encontrarme.

Por si me matan, que digan que no era religiosa, que no me casé por la iglesia y, ademas, no bauticé a mi hijo.

Por si me matan, que digan que probé drogas varias y no me enganché a ninguna, (aunque esto último no lo dirán)

Por si me matan, que digan que muchos años padecí enfermedades psiaquiátricas y que hay un amplio expediente mío en el hospital Juan Ramòn de la Fuente, expediente donde hallarán mas de cien razones para culparme.

Por si me matan,  se dirá que me negué a parir con el dolor de mis entrañas, que hice trampa al traer a la vida a mi hijo porque preferí cesárea a someterme al martirio de la labor de parto. Y, además, dirán que fui tan mala madre que no di lactancia materna en exclusiva, que me di por vencida  muy pronto y se me hizo fácil comprar fórmula. 

Y por si me matan, que digan que  viví sola y viajé sola lo que me vino en gana. Hice oidos sordos y agarré mis maletas y cumplí, con dinero propio, mi sueño de toda la vida: viajar, aun cuando mi padre me cuestionaba ¿qué tanto hacía sola, acaso no me aburría?

Mara me duele, no sólo por ser mujer sino por las circunstancias en las que se dió su muerte. A las 5 de la mañana, despues de una noche de fiesta, pidió un servicio de taxi en la plataforma Cabify. No llegó a su casa. Su cadaver fue encontrado una semana despues en cualquier punto del pais, desechada como basura.

Y Mara me duele porque de alguna forma me recuerda a mí cuando tenía su edad. Tambien me gustaba divertirme, ir cada semana a los bares de moda y tener una intensa vida nocturna a ritmo de “puro, total y absoluto rock and roll”. Y muchas, muchisimas veces me emborraché y hasta me levantaron del suelo. Usé faldas cortas y besé y me fui a la cama con tipos que nunca antes había visto. Y de la misma forma en que a Mara se le está juzgando por ser joven y divertirse, a mi me juzgaron desde mi propia familia por querer ser una mujer libre. Si bien mis amigas y yo nunca nos sentimos en riesgo, siempre fuimos juzgadas por libertinas, por putas, por borrachas y, por ello, por muchos años vivimos esa libertad con culpas.

Que en paz descanse Mara. Mara y las 1300 mujeres más que este año han sido victimas del feminicio en México.

 

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