En nuestro colegio hay hombres (y no payasos)

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Ya tuvimos la primera junta de padres de familia en el nuevo colegio de Cronopio. Qué les digo. No dejo de pensar que ha sido la mejor opción educativa, un colegio Montessori y laico y subrayo laico, ya que en la ciudad donde vivimos aún prevalecen valores sumamente tradicionales, vaya, los de toda la vida de Dios y, por ello, no es gratuito que los atascos vehiculares de fin de semana sean precisamente  en los alrededores de las iglesias.

Ya lo sé. Le estoy poniendo demasiados peros a este colegio, porque en el otro, éramos muy felices, así  de sencillo. No pudimos seguir en el Colé de la Felicidad  porque a Cronopio le ha dado por hacerse mayor, por más que yo le ruego que no lo haga, pero ya ven cómo son los hijos, hacen lo que les da la gana. Más allá de que la melancolía por el otro colegio me juega malas pasadas, hoy en la junta con padres de familia,  Mi Churri  y yo nos quedamos medio pendejos al  escuchar las actividades del Día del Padre.  Todo empezó bien, con aquello de que no solo a las madres había que hacerles su festejo, sino que los padres merecían que se les diera su lugar con otra fiestecita escolar. Hasta ahí todos felices.

El curso pasado  en el día de la madre hicieron un desayuno en el que los mismos niños se encargaron de cocinar, emplatar y servir, y lo que hacía cada niño dependía de su edad y sus habilidades, nada de que las niñas cocinaban y los niños le hacían de meseros. Vamos bien, no? Pues este año escolar se tiene contemplada una festividad para homenajear a los padres en su día y para ello el colegio organizará una actividad con cosas de hombres. Si,  haciendo cosas de hombres, en palabras de la misma profesora. ¿¡Que?!  Si, que te lo explico de nuevo. Festejaremos a los papas de este colegio con una actividad con cosas de hombres. Y Mi Churri y yo solo pudimos susurrarnos al oído que nada de mariconerias que este colegio es  para papas Hombres, con mayúsculas.

En el camino de regreso a casa nos hicimos mil preguntas sobre el festejo del Día del padre. Las preocupaciones de Mi Churri iban más encaminadas a que en el caso de que haya una familia homoparental (lo dudo en esta ciudad), uno de los padres podría ir al festejo del día de las madres? O será acaso que el padre más viril de dicho matrimonio, sería el indicado para ir al festejo del día del Padre?  Con esas angustias éticas nos dejó la junta de padres de familia y eso que solo era la primera.

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Aún no sé las actividades que tenga el colegio programadas para festejar a los padres, pero ya que quieren hacer cosas de hombres, aquí les doy una pequeña lista de sugerencias

*Sentarse horas a ver footboll con cervezas en mano. A Mi Churri no le gusta el football pero le apetece sentarse unas cuantas horas a tomar cervezas frías y, por ello, no le importa fingir interés, ya se por el football, la NFL o la NBA.

*Rascarse los huevos, a cualquier hora, en cualquier lugar, sin importar quién esté enfrente. No creo que necesite ser explícita en este punto pero de verdad, que nosotras no nos andamos acomodando las tetas en público.

*Echarse pedos. No pecaré de indiscreta pero me parece que muchas de nosotras aún no nos acostumbramos a hablar de pedos y cacas como si estuviéramos en una novela de Bukowski.

*Aprovechando las cervezas que acompañan al football, se puede hacer  una competencia entre todos los padres a ver quién se echa el erupto más grande y más apestoso de todos. Para hacer la competencia más emocionante, podríamos pedir la presencia de Greenpeace y que sean ellos los que monitoricen el nivel de contaminación en el colegio y el daño a la capa de azono que cada padre hace con tanto erupto y pedo echados.

*Contar chistes de maricones es un recurso que no puede faltar  en cualquier evento donde haya más de tres machos. Y, por supuesto, no faltará el macho alfa que con dos cervezas encima le broten las lentejuelas (si, de las jotas y nacas) y le de por imitar a Juan Gabriel, nuestro gran icono gay devenido en semental y macho alfa tras su muerte.

*Exposición canina. Cualquier hombre que se respete tiene un señor perro, nada de pendejadas como los schnauzer. Nosotros somos una familia gatuna, pero por fortuna tenemos un amigo que es un hombre-hombre y tiene dos pastor aleman, grandes como caballos. Ya nos prestará uno porque eso de llegar con un gato en su caja de viaje, nada de eso, que no queremos dar la imagen de hipster afeminados.

*Exposición automotriz. A un gran hombre corresponde un gran auto, no?  Pues que no haya rumores del macho alfa de esta casa… ya rentaremos uno.  Y con la exposición automotriz, las profesoras pueden organizar un concurso de cambio de neumáticos.

Y ya para cerrar… competencias de puntería, a ver quién orina más lejos de la taza y no salpica!!

(Y aún así, no me arrepiento, hasta ahora, de la elección de colegio que hemos hecho. Será una buena oportunidad para empezar a estudiar a fondo las masculinidades y así,  de la mano de mi hijo, apoyarlo en la construcción de su masculinidad; no será tarea fácil por el machismo que inunda este país, pero es necesario. Sería relativamente más fácil cambiarlo de colegio, pero  no podemos tener a Cronopio en una burbuja. De una forma u otra y, sin saber cómo sucedió, mi hijo ya trae la idea de que los hombres no lloran y que el color rosa es solo para niñas y cómo no va a pensar esto si hasta los huevos Kínder vienen en azul y rosa. Y por alguna razón, estoy asumiendo esto como un reto, en el cual me acompañarán unas pocas madres. Y si, seremos pocas pero muy escandalosas. Y es que si en los ambientes Montessori los niños y las niñas realizan exactamente las mismas actividades, como barrer y hacer limpieza, porqué carajos hacer actividades extra escolares en las que avergonzaríamos a la misma María Montessori).

Vaya, que será un gran año escolar. Por suerte tenemos algunos meses para hacernos de un buen perro y rentar un auto para la ocasión, para que se diga, como en Cuba, que en esta casa hay un gran macho-varón-masculino, que con ese cubanismo no queda espacio ni para la más remota duda, o si?

(Fotos: Pixabay)

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Mis 7 razones para NO ir a terapia psicológica 

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Nacer de nuevo, Remedios Varo, México, 1960

Leyendo a Mamá Rebelde sobre la importancia de que como padres acudamos a terapia, me vino a la cabeza una serie de ideas a modo de secundar su post para, de alguna forma, ayudar a quitar el estigma que puede pesar sobre recurrir al apoyo psicológico y psiquiátrico. Yo misma, lo confieso, caí en terror cuando me dieron un pase directo al hospital psiquiátrico,  pues días antes me burlaba abiertamente de que a Juana La Loca (distinguido personaje de mi árbol genealógico) la hayan mandando al psiquiatra en carácter de ur-gen-te. De eso ya hace muchos años, años que me han enseñado que tener un problema psiquiátrico o psicológico esalgo tan normal como tener tiroides y acudir al especialista.

Desde entonces  no tengo reparo en decir que yo acudo a terapia; cuando mi suegra y yo estábamos en medio de los preparativos para la boda mencioné lo de mi terapia y lo dije como parte de mi cotidianidad. Su reacción fue un poema: “nosotras, mis hermanas y yo, somos mujeres muy fuertes que no necesitamos ir a terapia“; estaba claro: yo era una mujer débil. No le dije nada, que apenas nos estábamos conociendo y ya habría tiempo  para enseñarnos las miserias, pero con saber que ella me consideraba una mujer débil tenía suficiente.

Por desgracia, la idea que tiene mi suegra es más común de lo que creemos. Se puede suponer que la gente que  acudimos a terapia no tenemos la capacidad para resolver nuestros problemas y necesitamos que alguien venga de decirnos qué hacer.  Creo, como mi suegra, que no todos tienen ni pueden ir a terapia; hacer este ejercicio de introspección y auto análisis de forma metódica y periódica requiere tener los cojones para sentarte y, de forma honesta, hablar de todo aquello que prefieres ocultar. Ir a terapia es un acto de amor y honestidad  con uno mismo que requiere mucha fortaleza y, efectivamente, no cualquiera se sienta frente al terapeuta, para qué,  ¿acaso tú , forever alone, no tienes amigas para irte a tomar un café y que sean ellas las que te aconsejen?

A pesar de mis años en terapia, les quiero compartir  mis razones para NO  ir a terapia.

1.Descubres mierda donde antes creías que había buen rollo

Antes de ir a terapia pensaba que tenía la familia más simpática que alguien podría imaginar. Las fiestas familiares eran todo  alegría. Después de varias sesiones hablando de lo bromistas que éramos mis tías, primas y yo misma, me sorpendi muchísimo al descubrir  a una familia que sólo sabe relacionarse a través de un discurso  pasivo~agresivo. Cuando mi psiquiatra mencionó en una sola frase las palabras familia, agresión, violencia verbal, pasivo, agresivo, fue como tener una revelación, como si mi vida entera se hubiera iluminando dándole un giro de 180 grados. Desde entonces aprendí a vivir y a convivir de formas más sanas, pero eso sí,  perdí una familia entera. A ésta no le gustaba que yo ya no les celebrara los chistecitos y, de manera paulatina, dejé de participar en sus rutinas, en sus fiestas y me convertí en objeto de sus burlas, pero para ese entonces yo estaba física y emocionalmente lejos de ellos.

2. Aprendes a poner límites y te vuelves impopular 

Como dije en el punto anterior, me volví la apestada de la familia. Si hay algo que continuamente te molesta de alguien cercano a tí y le pides de mil formas que no lo haga, no esperes que te aplaudan, a menos que el otro tenga suficiente madurez emocional como para aceptar los límites. Poner limites es el principio de amor a uno mismo pero es difícil que uno o los demás los sepamos asimilar. Si no quieres ser tachada de anormal, neurótica, grosera, delicada, ultra borde y apestada, mejor no vayas a terapia porque ahí vas a aprender a poner límites. Poner límites ya sea a una misma o a los demás, debería ser considerado un deporte de alto riesgo o, por lo menos, tener cobertura por parte de los seguros médicos. Prueba ponerle límites a tu madre o a tu suegra y comprobarás que es un proceso mucho más intenso que pasar 100 días en casa del Gran Hermano.

3. Te verás obligada a salir de tu espacio de confort y eso, querida, requiere de un trabajo inmenso

Moverse, cambiar, ¿para qué? O lo que es lo mismo: más vale conocido que bueno por conocer. Para que te arriesgas a cambiar tus patrones de conducta, mejor sigue cultivando los que aprendiste desde pequeña, porque en terapia, invariablemente, los cuestionaras y ya sabes que cuando cuestionas, te metes en más líos. Para qué conocer a un chico lindo y bueno, a saber qué oculte, mejor sigue con ese patrón de pareja que no sabes ni cómo ni cuándo construiste, pero vaya, que es tuyo, es tu patrón y como es algo tuyo, lo defenderás como una leona y te vas por lo seguro, conociendo a los mismos cabrones de siempre con diferente cara y después podrás decir que no tienes suerte, que el cabron de turno es el que te tocó, que te lo asignó el destino.

4. Te quedarás sin excusas

Que si, que del destino nadie escapa, que ya todo está escrito. Si vas a terapia corres el grave riesgo de dejar de culpar al destino, a la vida, a Dios, a tu madre, a tu signo zodiacal, de todo lo que te pasa o no te pasa y empezaras a asumir responsabilidades y eso es muy complicado. Es más fácil ir por la vida haciéndose la boba, la víctima, decir que tú no sabías nada, que actuaste inocentemente; la terapia implica que te hagas cargo de ti y eso, querida, puede ser agotador.

5. Se te activará un mierdometro interno que no dejará espacio al disfrute

Cuando descubres  la mierda de la que has procurado rodearte y te movilizas para no cometer el mismo error, invariablemente se activará  tu mierdometro interno. Si antes veías amor en las escenas de celos incontrolables de tu esposo; si antes creías que esa amiga tuya que se pasaba la vida jodiendote sólo por tu propio bien, después de terapia ya no podrás estar como si nada con aquellas personas con las que aparentemente la pasabas de puta madre. Para eso está el mierdometro; al principio es incontrolable, se pasa todo el día mandandore señales y créeme, no da lugar al disfrute. Con el tiempo, cuando aprendes a diferenciar lo que es amor de la agresión disfrazada, tu mierdometro irá con mas calma, pero que lo sepas… tu mierdometro interno puede hacer tu vida un agobio.

6. No te podrás ocultar ni de ti misma

Va, que por fin te has decidido ir a terapia porque esa relación con tu vecina se está saliendo de control. Llegas a terapia y descubres que no es la vecina el origen del problema, sino algo más profundo; ella es sólo la metáfora  de ese dolor antiguo  que traes cargando muy oculto dentro de ti. Y es que hace mucho años decidiste ocultar ese dolor, encerrarlo en tu alma y perder la llave, y no te das cuenta pero ese dolor, esa cicatriz no cerrada es lo que en verdad te tiene mal y aún así lo niegas, no te atreves a aceptarlo, como  negarias ese flujo verdoso que dejas en las bragas para concentrarte en el catarro que no te da respiro. Y así llegas a terapia,  hablando  del catarro, de esos mocos persistentes y te aferras a ellos, pero el mismo proceso terapéutico te lleva hacia un rincón, sin lugar para huir, e indefectiblemente terminas, pese a tu dolor, hablando  de tus irritantes flujos vaginales, por que sabes que son estos los que te provocan ese dolor que se anida en tu pecho.

7. Ir a terapia no es un vuelo directo a La Felicidad (con mayúsculas)

La terapia por sí sola no trae felicidad; por el contrario, necesitarás ser lo suficientemente honesto contigo mismo como para sentarte a hablar y analizar todos los fantasmas y demonios que viven dentro de ti. La terapia es un camino empedrado que se bifurca. Y habrá ocasiones en que salgas de tu sesión de terapia más jodida de cómo entraste porque tu terapeuta, de la mano de tu pájaro del alma, abrirán esos cajones que creías cerrados para siempre y te harán revivir el recuerdo nefasto de ese tío que todo mundo creía tan simpático, tan buena gente y que tú, solo  tú, que cuando eras niña te quedaste a solas con él,  lo llevas cargando como un lastre muy pesado.

Y pese a ello, a estas siete razones y muchas más, les puedo decir que acudir a terapia ha sido una de las experiencias más enriquecedoras que he vivido porque me ha permitido reinventarme las veces que ha sido necesario. De un año a la fecha acudo a una terapia cognitivo conductual que me ha enseñado, entre otras cosas, a reconocerme ante mi misma; he podido indentificar las rutinas de mis día a día que me acercan a conductas depresivas y  estoy aprendiendo a callar  a esa voz interna que me dice insistentemente que no merezco lo bueno que sucede en mi vida. Como dije, la terapia es un camino que se bifurca y aún me queda mucho por aprender, pero por difícil que sea, el mayor beneficio que ha traído consigo es poder dormir tranquilamente porque no tengo deudas  conmigo misma.

Y ustedes…. se atreven a ir a terapia psicológica?

Que tengan un día a toda madre, Laura

De cuando mi madre se salta los límites y brinca encima de mi cabeza

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Han pasado solo cinco días desde que mi madre llegó a nuestra casa y Cronopio ya me ha soltado varias  frases tipo mamá eres mala”, “mamá maldita” y, el más reciente, “mamá eres más mala que la carne de puerco”, expresión muy usada por mi madre y que ahora en boca de mi hijo no me ha causado ninguna gracia, sobre todo porque se refiere a mí. Yo, la peor de todas, ahora soy más mala que la carne de puerco.  Podría haberme dicho que soy una madre más pesada que la Cuaresma, pero no, soy mala.

No es la primera vez que Cronopio me dice que soy mala, sobre todo cuando no le cumplo alguno de sus caprichos, y seguiré siendo mala si se trata de ponerle límites. Lo que me encabrona es que a ojos de mi hijo, mi maldad se multiplica entre más tiempo pasa con su abuela. Y es lógico. Mi madre está todo el día jugando con él y cumpliéndole sus caprichos; se puede pasar todo el día al pendiente de la respiración del nieto, haciendo todo lo que éste le (pide) exige; es cierto que mi madre se puede pasar en día tumbada al suelo jugando con Cronopio como si los dos tuvieran la misma edad, pero por eso mismo, soy yo la mala-malísima que tiene que poner los límites,  mientras mi madre es la abuela maravilla.

El conflicto se detonó cuando Cronopio me puso al mismo nivel que la carne de puerco. Le hice notar las cosas que le enseña a mi hijo, aplicadas a mí. Mi madre no fue capaz de decirle al nieto “no le hables así a tu madre, respétala”. La abuela maravillas no pone límites, claro, para eso estoy yo y lo único que se le ocurrió decirme fue “regáñalo tu”. Claro, tu le enseñas las tonterías, yo lo tengo que reprender y ante los ojos de Cronopio tu sigues diáfana, mira que lista.

A este drama, ya intenso para esos momentos, hay que agregar que días antes le dijo a mi hijo en dos ocasiones frases relacionadas a que si Cronopio no hacía tal cosa, yo le iba a pegar, “tu mamá te va a dar… tu mamá te va a poner una friega”.  A la segunda vez que le oí este tipo de amenaza le dije que no debía hablarle así.

Y así ibamos en esta familia, in crescendo en el nivel de drama, con una misma situación que se repetía: limites, berrinches, cumplimiento de las órdenes y caprichos del nieto, drama, más límites , más berrinches, tiempo fuera, consecuencias, hasta que recapacité, pensando en que los limites debía ponérselos a mi madre, no a mi hijo.

( Y en el transfondo de todo eso está la defectuosa relación que siempre hemos tenido. Mi madre, una mujer muy trabajadora, que me dio todo lo que podía necesitar,pero que emocionalmente me dejo semi desnuda, nunca me dio el lugar que yo sentía merecer. Desde muy pequeña tuve la sensación y, en ocasiones la certeza,  de que mi madre no me quería tanto como nos hacen creer que una madre puede querer a una hija. Nunca he tenido ni la seguridad ni el sentimiento  de que mi madre me haya dado el lugar que merezco, o creí merecer en su vida.  Ahora de mayor y a base de ir acumulando experiencias decepcionantes, tengo la certeza de que mi madre se ha visto socialmente obligada a quererme; es decir, no muero de amor, no te quiero, es más, te estimo, pero vamos a suponer que te quiero, pero en realidad me cagas, me desesperas, no sé qué hacer contigo y sólo puedo establecer una relación real contigo basada en la falta de respeto.  Así fue durante muchos años la dinámica de la relación con mi madre. Cuantas veces le oí decir que la tenía harta. Y ya de adulta esto no cambio, más que cuando me vio en un hospital psiquiátrico y prácticamente exigí su ayuda, su presencia en mi vida y se quedó ahí unos años, movida por la culpa, hasta que ésta se le agotó.  Y no cesó en demostrar su poco aprecio a mi persona, hasta que se me dio la gana de ser absolutamente feliz y mandarla al carajo… pero ese es otro post). 

No nos engañemos: mi madre volvió a mi vida no por mí, sino por mi hijo, prácticamente su primer y único nieto.  Si no sabes o no tienes la capacidad de darme mi lugar frente a mi hijo, vamos mal. No basta con cuidar a mi hijo con esmero, jugar con el hasta el cansancio, si no me respetas a mi, la relación con mi hijo será difícil no sólo para nosotras, sino para Cronopio mismo. Porque mi madre se va a su casa, a su ciudad, y lo que me  deja es un niño caprichoso, exigente y grosero y que además, ya está empezando a hacer distinciones entre mamá mala y abuela buena. Como ya dije, ella cuida con esmero a mi hijo y eso a mí me aligera la carga de trabajo y puedo dedicarme 8 o 10 horas seguidas a hacer galletas sin preocupación alguna. Mi madre ya se ha jubilado y tiene tiempo y recursos para dedicárselos a mi hijo; desde aquí ella ya juega con ventaja, en tanto yo no puedo ni debo comprarle a Cronopio todo lo que se le antoje y necesito desarrollar mi propio negocio, no para mi  bien exclusivo, sino el de mi familia entera.

Hoy le he dicho a mi madre que sea impecable con las palabras que utiliza en sus juegos con mi hijo. Mi madre es un excelente ejemplar pasivo-agresivo. Sus mejores agresiones las dice en forma de broma y si te ofendes, no tienes sentido del humor. Para joder la vida, se apoya en lo que supuestamente dicen escritores y filósofos. Ósea, no soy yo quien te ofende. Eso lo ha dicho William Shakeaspeare. Mejor dicho, eso dice mi madre que dice Shakespeare, entonces enójate con él, no conmigo. Y a saber si en realidad esas palabras tan ofensivas las dijo Shakespeare o Platón.  Entonces ella queda libre de responsabilidad y además queda como la más culta entre las cultas.

Hoy le he dicho a mi madre que entienda mi situación. Que ella no puede ser la que cumpla caprichos al momento porque cuando llego yo a poner límites, yo soy la mala y en estos días a ojos de mi hijo debo ser la más mala de Malolandia. Y que eso no es justo para mí.  Y que no es justo que sea yo  la que ejecute la amenaza que ella lanza a Cronopio, de que su madre le va a pegar si no obedece. Debo ser hippy o muy moderna, o muy borde, pero esas amenazas me parecen un recurso muy bajo y es que en esta casa sencillamente no las usamos. Del mismo modo, le aclaré, no le permito a mi suegra que le diga a Cronopio  “te voy a dar azotes en el culo“, que será una frase muy común en España pero a mí me importa tres cojones y a mi hijo no le dices esas mierdas. Y es que para mi mamá toda esta verborrea pasivo- agresiva no son más que frases, así, sólo frases.

Hoy le he puesto límites a mi madre y ella no ha perdido la oportunidad de pasarme la factura de que cuida mucho de mi hijo,  justo como hacía antes para chantajearme diciéndome “yo te cuidé cuando tu depresión “, como si ambas cosas me crearan una deuda impagable con ella, que le da libertad para hacer lo que le da la gana.

Hoy le he puesto límites a mi madre y hoy mi madre me  ha lanzado la más baja de sus manipulaciones: la estoy humillando.  Lo que para mí es sanar la relación y evitar que se salga de control, para ella es una humillación; en resumidas cuentas, Cronopio tiene razón: soy más mala que la carne de puerco.

Nunca he dejado de reconocer lo mucho que cuida de Cronopio, le he dicho, pero asumir los límites como una humillación esa una opción que ella ha escogido, porque es la que mejor le acomoda.  Así se lo he hecho saber. Esa humillación de la que hablas es tu opción, solo eso. Me despedí de ella, bajé del auto y agradecí todos mis  años en Terapia  Gestalt.

(Dedicado a La Terrible Gina, con quien compartí los viernes  en nuestra entrañable Narvarte; por esas mañanas en las que me descomponía totalmente y, al mismo tiempo,comenzaba a armar un nuevo modelo de mujer)

Mis suegros nos visitan

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Roy Lichtenstein

Ya lo sé. El titulo de este post encierra momentos de mucha tensión que ponen en crisis el normal desarrollo de aquello que desde epocas primitivas se ha dado en llamar familia.  No hace falta conocerme mucho para saber que soy una grinch de la familia, sobre todo si es la de origen, que algún dia les contaré de cuando me dió por ser feliz y talar mi árbol genealógico. A diferencia de los asquitos y repelus que  me causa la convivencia y el roce con mi familia de origen, amo profundamente a  la familia que yo he formado y soy una perra guardiana de todo lo que a ella se refiere.

Con la familia de Mi Churri me llevo muy bien. Sus tías y tios son adorables, todos, sin excepción y le tengo especial cariño a algunos de ellos, incluyendo a mi cuñado, con todo su mal genio y sus locuras. Toda la familia me aceptó desde un primer momento a pesar de conocerme tan poco. Y con mis suegros me llevé bien desde siempre, con sus altas y bajas, hasta que nació Cronopio y las visitas a nuestra casa se hicieron más regulares y más intensas. Y cuando hablo de intensidad, me refiero a que el nivel del drama y la crítica subieron  considerablemente.

Pese a ello, cada visita de mis suegros nos hemos esmerado por recibirlos con lo mejor que les podemos ofrecer, siendo generosos con lo poco o lo mucho que tenemos y, lo cierto, es que pasamos algunos buenos ratos y acumulamos muchos desencuentros. Cada visita mutua que nos hacíamos empezaba con nuestros mejores deseos de que las cosas transcurrieran apaciblemente, con el menor de los sobresaltos; sin embargo,  a los pocos días las cosas se torcían y acababamos, por lo menos de nuestra parte, despidiéndonos agridulcemente.  Esa ha sido la dinámica de nuestras mutuas visitas.

Hace nos cuantos meses que mis suegros estuvieron por aquí y parece que no fue suficiente la pasada ración de stress y disgustos que nos propinamos mutuamente porque mis suegros regresan!

Atención SPOILERS!  Mis suegros han decidido llegar a un hotel, que no quieren incordianos (ni incordiarse), cosa que agradezco porque, seamos sinceros,  en mi casa nunca han estado agusto.

Yo encuentro mi casa muy linda y acojedora, será porque es mi casa y vivo muy feliz en ella; es cierto que tenemos cosas por hacer para mejorarla pero sencillamente en este momento no estamos para ello. Sin embargo, cada visita de mis suegros es una oportunidad para sacar a relucir los defectos o supuestos defectos que nuestro espacio tiene y ya puestos a criticar,  le otorgan una calificación, como si se tratara de un concurso de belleza, donde por supuesto apenas si hemos aprobado. En resumidas cuentas: prefieren sacar a relucir nuestras carencias, o lo que ellos consideran una carencia, en lugar quedarse con lo bueno o simplemente callarse.

Hablando de “carencias”,  nosotros no tenemos television por cable porque no nos interesa. El problema viene cuando mis suegros no se quieren perder ni un minuto del acontecer político de España y por internet no pueden ver la televisión como en su casa, ni la Cinco, ni la Uno, ni la Cuatro, ni ostias, ni cuanto canal español hay. Con ello, se pierden las tertulias de la Cinco, de la Cuatro, de la Siete, del Nueve y del Doce. No pueden ver El Gran Wyoming, “el que verdaderamente informa” y con ello aumenta la ansiedad de mi suegro, que ya es mucho decir. (Les alclaro: muchos de estos programas estan disponibles en internet mediante pago. Algunos otros como los de RTVE si se pueden ver a excepcion de los documentales). Y para joderla más, mi suegro no puede hacer la siesta sin los interesantes alegatos de Sálvame, ni tiene forma de enterarse cómo anda el corazoncito de Rosa Benito o si Belen Esteban ya terminó  la escuela primaria. No queda de otra mas que echar mano del Youtube.  Tragedia total.

En eso llega el capitulo de final de temporada de The Walking Dead. Nos preparamos una rica cena y justo cuando estamos en medio de la nada matando zombies a palos, mis suegros están echando pestes y de mala leche  en medio de su propia tragedia personal: se estan perdiendo el capitulo de Mi casa es tu casa donde Bertín Osborne está en la cocina de no sé quien repartiendo micro machismos a tutiplén.

La hora de la comida (y del desayuno y de la cena) es una buena ocasión para hacer más drama. Aunque no aspiro a ninguna Estrella Michellin, soy bastante apañada en la cocina y si bien no podría concursar en Masterchef, tengo mi propio menú semanal bastante resultón que me saca de apuros con mucha dignidad. Sin embargo, esto no parece ser suficente para mis suegros (ni siquiera el tiempo que dedico a cocinar entre cuidar a Cronopio, hacer limpieza, ir al Gimnasio y un largo etcétera). No importa lo que yo ponga en la mesa, ellos  no sólo darán su opinón, sino que asumirán su personalidad de críticos gastronómicos viviendo en realidad paralela en la que ellos son Gordom Ramsey y Alberto Chicote. Vaya usted a saber. El caso es que el spaguetti siempre estara muy hecho o las zanahorias están poco hechas. Nunca hay forma de hallar el punto exacto, en nada. eso si, todo se comen. Hartita que estaba ya del tema, una tarde me cruce a la tienda de la esquina y compré todo para unos ricos y nutritivos hot dogs, y  no desperdicié la ocasión para decirles que no comieran mucho porque la OMS había dicho que las salchichas son cancerígenas. Y me quedé tan tranquila.

Cuando nos dieron la gran noticia de que nos harían la visita (perdonen que no aplauda) yo ya tenía listo mi nuevo menú que incluía sopas Ramen instantaneas (en mi pueblo también conocidas como Maruchan) una amplia selección de lo mejor de la sección de congelados y algunos platillos tipicos de la época de post guerra.

Hacen bien mis suegros en quedarse en un hotel. No sólo porque todos nos libramos de comer basura, sino porque ellos no van a ver mi cara de enfado permanente.  Cada visita es más dificil para mi, sobre todo porque les tengo mucho cariño y  agradecimiento, pero todo tiene un límite.  Es bien cierto que a generosos no hay quien les gane y conmigo han sido plenos en cuanto a sus atenciones. Por otro lado, todas esos buenos detalles no pueden ocultar su enfado y su falta de empatía hacia nosotros y hacia nuestra forma de vida, pero poco puedo yo hacer sobre este asunto. Dicen que una emoción que no se dice, que se oculta, va a buscar canales para expresarse. Eso mismo me pasa a mi. Ante sus constantes descalificaciones, he guardado silencio tratando de ser prudente, pero mi cara de permanente enfado, de  fastidio,  no me dejan mentir.

De cualquier forma, disfrutaré de todas las quejas que le hagan al gerente del hotel  y, a lo lejos, estaré mojito en mano, divirtiendome con el sufrimiento de este hombre que tendrá que ser un santo o retibuir a mis suegros con muchas cortesías y descuentos.

Eso sí. Tengo preparada una dotación de ansiolíticos y mantras y ya tengo los chakras ailneados. No sea que los corran del hotel.

Te invito a que me cuentes que tal la llevas con tus suegros, seguro que hay muchas cosas que contar  para hacer más llevaderas las tensiones.

Que tengas un dia a toda madre, Laura