Los cumpleaños infantiles también pueden ser tristes

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A proposito de que el cumple de Cronopio ya se acerca (y yo me hago tremendas pajas mentales planeando cada detalle) y de que  las Mujeres sin glamour me han recordado lo dificiles que pueden ser las fiestas infantiles, me han venido a la mente unas cuantas fiestas de cumpleaños que, por mas que quiero olvidar, no puedo.

Voy por partes, les cuento cómo son las fiestas infantiles en mi pueblo: aquí no se celebran fiestas grupales, pues se entiende que el festejado tiene que ser el centro de atención por un dia. Las fiestas no dependen tanto de la amplitud de la cartera de los padres, pues al ser el gran evento del niño, a muchos no les importa quedarse con una gran deuda encima con tal rentar el salon de  fiestas mas caro de la ciudad y que se hable de su fiesta por lo menos en lo que resta del mes. (Claro que también hay padres con posibilidades económicas muy amplias y que pueden hacen fiestas espectaculares y sin despeinarse) También hay madres, conozco a algunas de ellas, que ahorran mes con mes durate un año para,  llegado el momento, tirar la casa por la ventana.

En mi post anterior decía que una vez tuve ganas de reprocharle a mi pequeño hijo por todas las fiestas infantiles insufribles conviviendo con madres insoportbles y todo para que él se divirtiera. Cuando nos mudamos a esta ciudad el primero en tener vida social fue Cronopio;  ya que eramos recién llegados, asistir a cumpleaños infantiles se nos hizo una buena oportunidad para conocer a otros padres como nosotros. Gran error. Nos sorprendimos  que en muchas fiestas apenas si cruzan palabra contigo si no eres de su círculo cercano. Llegas, te presentas con los padres del cumpleañero y éstos solo atinan a decirte “siéntense donde quieran”. Y te sientas donde puedes. Y aunque tratas de hacer platica con tu compañero de mesa, nadie tiene intención de hablar, o se habla lo minimo; te aferras al  móvil, sólo para darte cuenta que tu plan de datos se ha agotado y no te queda de otra mas que convertirte en creyente en ese mismo momento y rezar  un  Ave Maria, por favor, que se acabe pronto la fiesta.

El climax de mi invisibilidad en las fiestas llegó cuando una señora, tan ancha como ella sola, se sentó a lado mío sólo para darme la espalda y comodamente conversar con otra. Pasaron los minutos y yo iba acumulando encabronamiento y poniendome verde y enorme como Hulk, hasta que le toqué a la espalda y le dije tajantemente, hazme el favor de no darme la espalda. Y todavía me vió con cara de de dónde habrá salido esta atrevida, pero eso si, tuvo que cambiar su postura. Y la fiesta prosiguió como empezó. Nadie me habló.  La única atención de la anfitriona fue decir “pasen a comer, ya todo está servido”. Y punto pelota.

De verdad, nunca he entendido que sucede en estas fiestas. Hasta me puse un poco paranoica pensando que las demás no me hablaban  porque estaban en mi contra por abrirme un blog que critica a la maternidad. Platicando con otras madres del cole, hemos compartido la misma extraña experiencia: confesaron que hubo fiestas infantiles en las que se sintieron solas, apartadas, apestadas porque nadie quería hablar con ellas y que sólo querían agarrar a sus hijos e irse, pero claro, los veían tan contentos disfrutando, que les daba penita marcharse.

Y así me pasé un par de fiestas hasta que dije se acabo. Para estos casos, mejor llevo a Cronopio al area de juegos del Mc Donals, que estoy segura que el  Sr. Ronald Mc Donald es mas majo que cualquiera de esas mujeres.  Desde entonces, no voy a fiestas a donde yo no conozca muy bien a los anfitriones o bien, que vayamos el grupo de madres que nos conocemos un poco mas.

Sin embargo, esto no ha sido lo peor que me ha pasado en un cumpleaños  infantil. Aunque sea dificil de asimilar, hay cumpleaños tristes y que por mas globos  que haya, la mierda familiar siempre saldrá a relucir. Esta vez era el cumple de uno de los amigos más cercanos de Cronopio,  imposible no asistir y ademas, sólo habia invitado a dos amigos, asi que nos fuimos las dos madres con sus respectivos hijos. La cita era a las tres y nosotras con todo y google maps nos perdimos, Llegamos cerca de las tres y media pensando que ya todo habria empezado . Nos recibió la madre anfitriona con  todo listo: globos, dulces, juegos y cositas para picar. Faltaba la comida y la bedida que en cualquier momento llegaria y claro, faltaban los invitados.

Hora y media después llegó el padre de la criatura. Supimos quien era porque la madre corrió a maquillarse y a echarse perfume. El tipo musitó algo que supusimos era un saludo, dejó la carne y los refrescos y se marchó enojado por algo que nunca entendimos con claridad.

Por esas cosas del destino, en casa no habia absolutamente nada para prender el fuego de los asadores y Maria propuso algo lógico: vamos a la tienda, que yo traigo coche y en cinco minutos estamos de regreso. La cara de la anfitriona fue de terror, a punto de entrar en panico ante la posibilidad de prender el fuego sin la presencia del su Señor marido.

Para no hacerles el cuento largo, nos pusimos morados a base de naranjas y cuanta chucheria encontramos para no morir de inanicion. El niño de Maria, tan disciplinado a la hora de comer, sencillamente se durmió en las piernas de su madre. Los parientes del cumpleañero llegaron casi a las siete de la noche, sin saludar ni emitir palabra,  y ya cuando vimos que la madre del cumpleañero sacaba de nuevo el perfume, supimos que el Señor marido y Señor de la casa había llegado. Eran las 19:15. Y a esa hora se inventó el fuego.Comimos cerca de las 20:00, cinco horas despues de haber llegado. Y comimos después de que este Señor instalará el stereo y pusiera a enfriar las cervezas. Cantamos las mañanitas y se cortó el pastel a toda prisa y la piñata se quedó en un rincón porque los pocos niños que ahí habia,ya estaban locos por irse a su casa.

La verdad, Maria y yo nunca estuvimos a gusto. Queriamos irnos ya, pero no lo hicimos en solidaridad con la anfitriona y con el cumpleañero. Si nos marchabamos, la casa llena de globos se quedaba sin fiesta porque la poca gente que fue y que llegó cuatro horas despues de la cita, sencillamente les importaba un carajo que hubiera un niño ansioso por soplar las velas de su pastel. Y no nos marchamos porque ahí había una mujer sola, subida en unos tacones altisimos, toda ella maquillada y arreglada para la ocasion, esperando a que su esposo, el padre de su hijo, hiciera a un lado todos sus asuntos y  se decidiera a asistir  al cumpleaños de su hijo.

Salimos fastidiadas, tristes y sorprendidas. La madre del cumpleañero es una mujer profesionista, que tiene un pequeño negocio de ropa  para que no le falte nada a su hijo ya que ella asume casi en su totalidadad los gastos de manutencion del pequeño, pues el Señor de la casa sólo aporta su  seguro medico.  Maria y yo nos quedamos con la idea de que si hubiera hecho una fiesta sencilla pero basada en sus propias posiblidades, la fiesta hubiera sido un éxito y el cumpleañero se habria quedado a jugar con sus amigos, en lugar de vivir toda la tensión que ese dia le generó su padre.

También salimos felices saboreando nuestra autonomía, al saber que no  tenemos que subirnos en unos zapatos de tacón a esperar que alguien, nuestra pareja, quiera venir a celebrar el cumpleaños de su hijo.

Y a tí, que tal te van las fiestas infantiles?

Que tengas un día a toda madre, Laura

 

 

2016, un año lleno de absurdos (de cómo me he sentido la peor madre del año)

Que no he muerto, aunque por ahí anden diciendo todo lo contrario; para que quede constancia de ello, aquí les dejo mi personalísimo recuento de cómo me fue este año, en lo que se refiere a cuestiones relacionadas con la maternidad.

En resumidas cuentas me he sentido un poco mierda pensando que entre más crece mi hijo,  yo encuentro nuevas formas de irla cagando como madre. Siempre siento que nunca hago lo suficiente y aunque día a día  intento crear mi propio modelo de maternidad, este siempre se ve contaminado cuando convivo con tanta madre súper poderosa (aquellas que parecen gestionarlo todo a la perfección, las que no se vuelven locas ni pierden la paciencia,cuyos hijos no hacen berrinches ni cuestionan su autoridad en público, y todo esto lo hacen subidas en tremendos tacones, luciendo pelazo). Ante esto, yo sólo  me quedo con cara de what, en el mejor de los casos. La mayor parte de las veces me cuestiono terriblemente sobre lo que estoy haciendo mal, respecto a mi y respecto a Cronopio y tengo días en que siento que la cago en absolutamente en todo y entro en pánico buscando respuestas en Google a preguntas del tipo “qué hacer si mi hijo no me hace absolutamente ni puto caso”; “consejos fáciles para que los hijos recojan los juguetes a la primera”; “como mantener la paciencia si mi hijo reclama mi atención total cada dos minutos y medio” y así, googleando hasta la náusea.

Ivanka reluciente y perfecta como muchas madres que van al colé de Cronopio.

Típica foto de una madre típica que después de hacer la limpieza de la casa, concilia trabajo y maternidad, al mismo tiempo de que luce pelazo, ropa perfectamente planchada y el bebe no está ni meao, ni cagado. Aclaración: la de la foto no soy yo, es Ivanka Trum

Aquí les dejo mis peores momentos como madre en el 2016:

De cuando otros me confirman mi estupidez.

Dos horas en el parque y 2 kilos de tierra encima no son suficientes para Cronopio. Él siempre querrá más.  No hay forma de explicarle que nos tenemos que ir. El camino a casa se hace entre berrinches, lloros y dramas. Cronopio encabronadisimo porque no consigue nada a cambio solo atina a gritarme “estúpida”. Para ser sincera, yo quería decirle que si, que era muy estúpida al pasarme las horas en fiestas infantiles soportando a madres odiosas y todo para que él se diviertiera; si, súper estúpida porque no logró bajar ni 5 kilos; súper estúpida porque aunque me esfuerce no logro verme ni tan guapa ni tan arreglada como esas madres súper star que Cronopio ve a la salía del cole.Y si, estúpida por qué no logro aprender a conducir, también como esas madres del cole, que llegan a recoger a sus criaturas en una todo terreno. Y así de pesada y larga como la Cuaresma estaba a punto de lanzarme con Cronopio.  Tuvo consecuencias, como cero televisión y caramelos pero yo me quede con mi corazoncito de madre un poco roto solo por ese día.

De cuando grito y me sale un espejo con la imagen de mi madre.

Desde el embarazo tenía pavor de ser una madre  como la mía y amar a mi hijo con la misma baja intensidad con la que mi madre me ha amado;  ya sé que esto ha sonado tan dramático que hasta escucharon violines de fondo, pero aclaro: superé este episodio cuando sentí como mis ojos se llenaban de amor cada vez que miraba a mi hijo. Sin embargo, tengo mis momentos en que grito y derramo histeria como lo hacía mi madre. Y eso me dolió. Me dolía que cada que ella abría la boca, ladraba. Y me duele aún más seguir ese camino; por ello,  he hecho el compromiso conmigo misma  de no gritar ni ladrar a mi hijo solo por 24 horas.

 De cuando soy madre trabajadora y yo soy la última en enterarme

Tuvo que venir la guía de Cronopio a decirme que seguro navidades es una época pesada para mí por todo el trabajo que tengo con las galletas y pasteles; que las  madres que trabajan no tiene porque arrastrar culpas, que todo lo hacen por el bienestar familiar. Pues si, no me había dado cuenta de que soy madre de familia, llevo la casa y acabo de echar a andar un negocio casero de pasteles y galletas personalizadas. Lo que me dijo la guía de Cronopio fue como una revelación, de verdad, así de absurda puedo ser. Desde entonces cambié el chip: ya no soy la señora que hace galletas monas, ahora soy la CEO  de Hornear, Comer, Amar.

Cuando te sabes mediocre y el mundo te confirma que eres más que eso.  

Ya la llevas mal con los gritos, los berrinches, el poco control que tienes sobre la criatura a pedar de que estás convencida de que poner límites a tiempo es lo mejor. Me sentía lo suficentemente jodida cuando en ese instante llegó una invitación del colegio para asistir a una clase muestra para que los  padres veamos cómo trabajan nuestros hijos bajo la pedagogía Montessori. Cronopio, que es un torbellino en casa, es encantador bajo la mirada de su guía. Hace todo pasó a paso, con un orden y pulcritud que ya la quisieran las Infantas Leonor y Sofía, entonces ¿porqué carajos en casa avienta todo al suelo? Mi respuesta fue que yo soy una mala influencia para Cronopio, no pude evitar decirme esto de golpe, aunque ahora con el tiempo no dramatizo mucho esta experiencia y, por el contrario, estoy tan orgullosa de que mi chico se comporte tan bien en el cole.

 

De cuando todos demuestran en público lo buen rollo que son como padres y se ponen en cuclillas a la menor provocación

Maldito Principe William que puso de moda lo que muchos  sabíamos: agáchate para hablarle a tu hijo y así crearas empatía. Yo todo el día ando como bragas de puta: de arriba para abajo y me duele el coxis y la ciática y todo lo demás. Cronopio habla hasta por los codos lo que equivale que yo me tendria que agachar cada dos minutos y mis músculos no están para esos detalles  Montessori. Así que si no tengo donde sentarme para estar a la altura de mi hijo, me invento la empatía desde mi 1.60 de estatura.

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Kate en cuclillas, creando empatía y de paso para que le quede claro a George que está sacando de quicio a su pobre madre

Y para ser justa conmigo misma, tengo que reconocer que también tuve mis cosas buenas como madre. Me dio mucho gusto tener la capacidad de respetar la libertad de mi hijo cuando éste quiso llevar al colé unos zapatos de niña llenos de colorines. Llegó al colé feliz luciendo sus zapatos hasta que se aburrió de ellos y fin de la historia. Nunca más se ha acordado de ellos. Y si, nada sucedió, fue un hecho natural que a él le hubieran gustado esos zapatos tan lindos y nadie aquí se hizo historias en la cabeza. También he tenido que aprender que mi hijo, en su enorme capacidad de amar, está descubriendo nuevos amores y aunque mami es mami, él ama a sus abuelas, a su guía y a sus amigas. Ni siquiera me he permitido sentirme celosa, hasta el momento. He aceptado que a Cronopio no le gustan los festivales infantiles donde tenga que bailar y que por poco que haga sobre el escenario, estoy segura que está haciendo su mejor esfuerzo. Y lo mejor: le he he enseñado que nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a tocar su cuerpo, ni a hacerlo sentir mal.

 

¿Cuál fue su peor momento como madres en el año que recientemente terminó?

Que tengan un día a toda madre, Laura

Mis suegros nos visitan

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Roy Lichtenstein

Ya lo sé. El titulo de este post encierra momentos de mucha tensión que ponen en crisis el normal desarrollo de aquello que desde epocas primitivas se ha dado en llamar familia.  No hace falta conocerme mucho para saber que soy una grinch de la familia, sobre todo si es la de origen, que algún dia les contaré de cuando me dió por ser feliz y talar mi árbol genealógico. A diferencia de los asquitos y repelus que  me causa la convivencia y el roce con mi familia de origen, amo profundamente a  la familia que yo he formado y soy una perra guardiana de todo lo que a ella se refiere.

Con la familia de Mi Churri me llevo muy bien. Sus tías y tios son adorables, todos, sin excepción y le tengo especial cariño a algunos de ellos, incluyendo a mi cuñado, con todo su mal genio y sus locuras. Toda la familia me aceptó desde un primer momento a pesar de conocerme tan poco. Y con mis suegros me llevé bien desde siempre, con sus altas y bajas, hasta que nació Cronopio y las visitas a nuestra casa se hicieron más regulares y más intensas. Y cuando hablo de intensidad, me refiero a que el nivel del drama y la crítica subieron  considerablemente.

Pese a ello, cada visita de mis suegros nos hemos esmerado por recibirlos con lo mejor que les podemos ofrecer, siendo generosos con lo poco o lo mucho que tenemos y, lo cierto, es que pasamos algunos buenos ratos y acumulamos muchos desencuentros. Cada visita mutua que nos hacíamos empezaba con nuestros mejores deseos de que las cosas transcurrieran apaciblemente, con el menor de los sobresaltos; sin embargo,  a los pocos días las cosas se torcían y acababamos, por lo menos de nuestra parte, despidiéndonos agridulcemente.  Esa ha sido la dinámica de nuestras mutuas visitas.

Hace nos cuantos meses que mis suegros estuvieron por aquí y parece que no fue suficiente la pasada ración de stress y disgustos que nos propinamos mutuamente porque mis suegros regresan!

Atención SPOILERS!  Mis suegros han decidido llegar a un hotel, que no quieren incordianos (ni incordiarse), cosa que agradezco porque, seamos sinceros,  en mi casa nunca han estado agusto.

Yo encuentro mi casa muy linda y acojedora, será porque es mi casa y vivo muy feliz en ella; es cierto que tenemos cosas por hacer para mejorarla pero sencillamente en este momento no estamos para ello. Sin embargo, cada visita de mis suegros es una oportunidad para sacar a relucir los defectos o supuestos defectos que nuestro espacio tiene y ya puestos a criticar,  le otorgan una calificación, como si se tratara de un concurso de belleza, donde por supuesto apenas si hemos aprobado. En resumidas cuentas: prefieren sacar a relucir nuestras carencias, o lo que ellos consideran una carencia, en lugar quedarse con lo bueno o simplemente callarse.

Hablando de “carencias”,  nosotros no tenemos television por cable porque no nos interesa. El problema viene cuando mis suegros no se quieren perder ni un minuto del acontecer político de España y por internet no pueden ver la televisión como en su casa, ni la Cinco, ni la Uno, ni la Cuatro, ni ostias, ni cuanto canal español hay. Con ello, se pierden las tertulias de la Cinco, de la Cuatro, de la Siete, del Nueve y del Doce. No pueden ver El Gran Wyoming, “el que verdaderamente informa” y con ello aumenta la ansiedad de mi suegro, que ya es mucho decir. (Les alclaro: muchos de estos programas estan disponibles en internet mediante pago. Algunos otros como los de RTVE si se pueden ver a excepcion de los documentales). Y para joderla más, mi suegro no puede hacer la siesta sin los interesantes alegatos de Sálvame, ni tiene forma de enterarse cómo anda el corazoncito de Rosa Benito o si Belen Esteban ya terminó  la escuela primaria. No queda de otra mas que echar mano del Youtube.  Tragedia total.

En eso llega el capitulo de final de temporada de The Walking Dead. Nos preparamos una rica cena y justo cuando estamos en medio de la nada matando zombies a palos, mis suegros están echando pestes y de mala leche  en medio de su propia tragedia personal: se estan perdiendo el capitulo de Mi casa es tu casa donde Bertín Osborne está en la cocina de no sé quien repartiendo micro machismos a tutiplén.

La hora de la comida (y del desayuno y de la cena) es una buena ocasión para hacer más drama. Aunque no aspiro a ninguna Estrella Michellin, soy bastante apañada en la cocina y si bien no podría concursar en Masterchef, tengo mi propio menú semanal bastante resultón que me saca de apuros con mucha dignidad. Sin embargo, esto no parece ser suficente para mis suegros (ni siquiera el tiempo que dedico a cocinar entre cuidar a Cronopio, hacer limpieza, ir al Gimnasio y un largo etcétera). No importa lo que yo ponga en la mesa, ellos  no sólo darán su opinón, sino que asumirán su personalidad de críticos gastronómicos viviendo en realidad paralela en la que ellos son Gordom Ramsey y Alberto Chicote. Vaya usted a saber. El caso es que el spaguetti siempre estara muy hecho o las zanahorias están poco hechas. Nunca hay forma de hallar el punto exacto, en nada. eso si, todo se comen. Hartita que estaba ya del tema, una tarde me cruce a la tienda de la esquina y compré todo para unos ricos y nutritivos hot dogs, y  no desperdicié la ocasión para decirles que no comieran mucho porque la OMS había dicho que las salchichas son cancerígenas. Y me quedé tan tranquila.

Cuando nos dieron la gran noticia de que nos harían la visita (perdonen que no aplauda) yo ya tenía listo mi nuevo menú que incluía sopas Ramen instantaneas (en mi pueblo también conocidas como Maruchan) una amplia selección de lo mejor de la sección de congelados y algunos platillos tipicos de la época de post guerra.

Hacen bien mis suegros en quedarse en un hotel. No sólo porque todos nos libramos de comer basura, sino porque ellos no van a ver mi cara de enfado permanente.  Cada visita es más dificil para mi, sobre todo porque les tengo mucho cariño y  agradecimiento, pero todo tiene un límite.  Es bien cierto que a generosos no hay quien les gane y conmigo han sido plenos en cuanto a sus atenciones. Por otro lado, todas esos buenos detalles no pueden ocultar su enfado y su falta de empatía hacia nosotros y hacia nuestra forma de vida, pero poco puedo yo hacer sobre este asunto. Dicen que una emoción que no se dice, que se oculta, va a buscar canales para expresarse. Eso mismo me pasa a mi. Ante sus constantes descalificaciones, he guardado silencio tratando de ser prudente, pero mi cara de permanente enfado, de  fastidio,  no me dejan mentir.

De cualquier forma, disfrutaré de todas las quejas que le hagan al gerente del hotel  y, a lo lejos, estaré mojito en mano, divirtiendome con el sufrimiento de este hombre que tendrá que ser un santo o retibuir a mis suegros con muchas cortesías y descuentos.

Eso sí. Tengo preparada una dotación de ansiolíticos y mantras y ya tengo los chakras ailneados. No sea que los corran del hotel.

Te invito a que me cuentes que tal la llevas con tus suegros, seguro que hay muchas cosas que contar  para hacer más llevaderas las tensiones.

Que tengas un dia a toda madre, Laura

Decálogo de una Mala Madre

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Para Martha, que ya se vislumbra como una perfecta Mala Madre

Al poco de parir a Cronopio me daba terror convertirme en aquello que las buenas conciencias llaman una mala madre y, aunque para entonces yo ya estaba más allá del bien y del mal respecto a las críticas a mí persona, me atemorizaba la idea de que en algún momento me llamaran mala madre y cargara de por vida con aquel estigma. Sin embargo, nunca encontré mi reflejo en aquello que llaman una buena madre: abnegada, impoluta (ella y sus retoños), todo terreno y sábelo todo en cuestiones de maternidad. Podía lidiar con esta imagen cercana a la perfección pero lo que me costaba entender y con lo que no sencillamente no podía era la condición de entrega total de la buena madre hacia sus hijos; su capacidad de hacer a un lado su propia vida y personalidad para ser sólo madre y claro, todo esto con una gran sonrisa en la cara y sin renegar ni un milímetro de ello.

Me da gusto que el concepto de mala madre llegue al cine, a ver si ya vamos relajándonos con la asunto, que no es nada trágico ser una Mala Madre, al contrario. Espero q muchas mujeres se sientan aunque sea un poco  identificadas y se atrevan a salir del armario para asumirse como tales, que no hay cosa que cause mas pena  que una Mala Madre que se empeña en parecer justo lo contrario.

A propósito de la película que está a punto de estrenarse, les comparto mi Decálogo de una Mala Madre de acuerdo a mi propia  experiencia.

1.  Las fotos de nuestros perfiles de redes sociales no son de nuestros hijos . Ya ellos tendrán sus Facebooks para subir sus propias fotos. Nosotras las malas madres no queremos dejar de ser nosotras mismas,si bien somos personas muy diferentes desde que somos madres, no queremos dejar de ser mujeres (la maternidad ya despersonaliza lo suficiente como para además publicarlo).

2. No contamos historias de príncipes ni princesas. Para qué hablarles desde pequeños de princesas que consumen alucinógenos y ven ratones coser y barrer y calabazas que se convierten en carruajes o princesas medio holgazanas que esperan dormidas  a que llegue un chico que no tiene más atributos más que ser guapo y poseer un título nobiliario.

3. Si nuestros hijos varones quieren disfrazarse de Frozen y nuestras hijas de Darth Vader, nada nos detiene para darles gusto, ni nuestras pocas habilidades en el DIY.

4. No nos saltamos una tarde de parque. Y esto no quiere decir que lo  disfrutemos. Llevamos a los hijos a que se cansen, a que saquen su energía inagotable y lleguen a casa directo a la cama y así nosotras tener una noche libre .

5. Nos somos sobre protectoras. Si el hijo se cae al andar, no corremos desesperadas a su auxilio. Con un “no pasa nada. Levántate y anda” y un poco de saliva bendita  es más que suficiente.

6. Disfrutamos ser madres pero no dejamos que esto ocupe el 100% de nuestras vidas; nos empeñamos en ser mujeres autónomas e independientes y, al mismo tiempo, conciliando la vida familiar. Para lograr este malabar y a falta de una abuela cercana donde dejar al niño un rato, no dudamos en dejarlo al cuidado de Buzz Light Year, Rayo Mc Queen. Que no les pasa nada por unas tardes  de dibujos animados.

7. Aprendemos día a día a lidiar con las culpas: que no les ponemos suficiente atención a los hijos, que no les alimentamos todo lo bien que deberíamos… blah, blah, blah, diría Peppa Pig. Las críticas a otro lado, y con ellas se van las culpas, que estamos muy ocupadas conciliando. Y también somos mujeres creativas: vamos inventando y reintentando la maternidad, nuestra maternidad, como queremos, o como podemos, en base a lo que nosotras mismas esperamos de ser madres.

8. No tenemos pelos en la boca, ni tampoco  usamos eufemismos para disfrazar la realidad con palabas más amables de escuchar. El pene es pene y la vagina es vagina; ni Chuchi, ni tilín, no pajarito, ni cosita. Esto aplica también a palabras como caca, tetas, pechos, nalgas, culo, testículos y un largo etcétera que no se sustituye por popo, hacer del dos, bubis, pompis, bolas y lo que se acumule.

9. No hay mala madre que no se sienta orgullosa de serlo. Las malas madres no intentamos aparentar que somos lo contrario. No hay mala madre queriendo aparentar lo contrario. Y claro, no podía faltar el sentido del humor: toda mala madre se sabe reír de sí misma y de cómo la va cagando con los hijos y con el mundo entero.

10. Y en el pináculo del mala madrismo, estamos aquellas que expresamos a los cuatro vientos que no nos gustó estar embarazadas. Yo no sé si la oxitocina no me circuló adecuadamente o las hormonas fueron mucho  más cabronas, el hecho es que esos nueve meses fueron muy difíciles para mí; No sabía si iba o venia, si tenía más grandes los pies  que la barriga y ese permanente sentimiento de agobio, cansancio, incomodidad y angustia por el futuro que no me dejó después de parir, no es algo de lo que yo pueda pasar de largo y asumirlo como una etapa única en la vida de toda mujer.

Y ustedes, se asumen como Malas Madres?

!Anímense a compartir su propio decálogo de Mala Madre!

Que tengan un día a toda madre, Laura

 

Mi hijo no recordará que estoy gorda

Fernando Botero

Fernando Botero

 

Nos gusta planear nuestras vacaciones con algunos meses de anticipación y yo, por enésima vez, me tracé la misma  meta en la que he fallado continuamente en los últimos tres años: bajar de peso. No sé de donde saqué que a nuestro viaje a playa necesariamente tenía que ir guapisima y delgada, como si fuera un must llevar cuerpazo para merecer un pedazo de playa donde asolearse.  Si bien no era mi intención ponerme un bikini (el que usé en la luna de miel está en un cajón muerto de la risa), quería estar delgada como si eso fuera mi pase a La  Felicidad directo y sin escalas. Además, por un asunto meramente de vanidad, queria usar ropa bonita  y no las garras que me he comprado últimamente para autocastigarme  con el pretexto de que la tienda donde las venden me queda cerca de casa (esa ropa esta un poquitin menos fea, porque coño, que difícil es encontrar ropa linda en tallas extras, que a veces da ganas de ir a una tapiceria para que me tapicen completita).

De cuando me propuse bajar de peso al inicio de las vacaciones, bajé unos kilos con el apoyo de una nutriologa, auriculoterapia y ejercicio, pero no llegué a la meta que me impuse sencillamente porque mi ansiedad por bajar de peso y mi asquerosa adiccion al azucar, han sido más  cabronas que yo, por lo menos hasta el dia de hoy. He comprobado que el hecho de estar a dieta hace que mi ansiedad se dispare y quiera ponerme a hornear todo tipo de pastelitos o correr a la tienda más próxima a comprar un asqueroso helado grasoso que ni loca comería en otro momento de más tranquilidad. Ante la inminente llegada de las vacaciones tenía dos opciones: imponerme un dieta rigurosa (que en realidad me haría subir más de peso) o también optar por tomármelo con calma y aceptar que  no iba a estar delgada para cuando partiéramos. ¿Y qué si voy gorda a la playa? ¿En qué momento nos hicieron creer que sólo las flacas son felices en la playa? ¿Habrá alguien en la playa a quien le importe mi peso? Al carájo con los kilos demás, que me voy de vacaciones y estoy felíz!

El punto de la vanidad lo resolví porque justo en esos dias, descubrí que en mi pueblo abrieron una sucursal de Old Navy, la marca favorita de gordas y flacas con poco presupuesto y muchas ganas de ser trendy.  Salvado el asunto de la ropa, lo demás era una cuestión de actitud ante la vida, de preocuparse por lo realmente importante, por disfrutar. Sólo eso. Y así mismo lo hice. Me trepé al avión con esos kilos que no pude bajar antes y, de la misma forma, me puse el bañador y me fui a la playa. Y me saqué mil fotos con mi hijo; estaba muy contenta, tanto q me olvidé un momento de que me vería gorda en  la foto (ya antes cometí el error de no dejarme fotografiar por temor  de como me veía).

En la playa y en la piscina me olvidé de mis traumas, incluso frente a la barra del buffet. Y tomé el sol, y nadé, y comí lo que me apetecía, sin dejar que mi voz en off me dijera a cada rato lo gorda que estaba; parecía como si mi gorda en off se hubiera tomado sus vacaciones lejos de mí y yo de ella. Me di la oportunidad de descansar incluso mentalmente y me dediqué a disfrutar y a compartir la dicha de tener unas vacaciones super divertidas.

Cuando vemos las fotos de este viaje yo soy la unica que observo detenidamente mi cuerpo. Mi Churri y Cronopio recuerdan lo realmente importante: lo bien que la pasamos, lo mucho que nos divertimos y los felices que somos juntos. Entonces, porqué y para qué estarme martirizando con el mismo tema, mejor atesoro estos momentos, que son los años maravillosos de nuestras vidas.  Y aunque mi hijo aun no tiene claros los conceptos de gordo-flaco (a veces pienso que tendria que estar mas delgada para cuando Cronopio los entienda), con los años él no va a reparar mucho en mis kilos demás, sino en mi carade felicidad.

Para mí sorpresa vi muchos cuerpos iguales al mio. Si, vi cuerpos reales y uno que otro moldeado en un quirófano. Vi celulitis (mucha celulitis), estrías, grasa, piel flacida, eso mismo, cuerpos reales, sólo que una, en un afán de joderse a si misma y hacerse la vida difícil, sólo guarda en su memoria los cuerpos delgados; aquella imagen de la mujer con tres hijos, vientre plano, luciendo maravillosa, es la que se te queda bien guardadita en la memoria, como un recordatorio de tu incapacidad para cumplir tus metas, un recuerdo que se queda permanentemente en tu cabeza y aparece cada que quieres ir a la playa y sientes que debes hacer una vez más la Operación Bikini.

De regreso de vacaciones me esperaban en casa todos y cada uno de mis traumas;  esta vez pienso combatirlos de formas diferentes. No quiero volver a ponerme a dieta porque me resultará contraproducente y me dolerá fracasar por enésima vez al toparme con la misma piedra. He pensado que ponerme a dieta es en realidad una forma de maltratarme mucho más profunda y quiero parar de hacerlo.

No se trata de que de la noche a la mañana me acepte con mis kilos. Para ser sincera, añoro mi imagen de mujer  delgada; añoro mis vanidades, la coquetería que la gordura no permite salir; extraño abrir el armario y no saber que ponerme porque todo me queda (cuando estas gorda tus posibilidades son mas reducidas). Y, ademas, viniendo de una familia de diabéticos, bajar de peso se convierne en una necesidad.

Una vez leí que bajar de peso estaba mas en nuestra mente que en nuestro cuerpo.  Creo que sabotearme en cada dieta que hago tiene más  que ver con la mierda que traigo  en la cabeza que con la autodisciplina.  Por ello, recién he comenzado una terapia cognitivo conductual que me ayudará a sacar a la gorda que en mi cabeza se niega a dejarme en paz y, por otro lado, analizar esos hábitos  y pensamientos que me llevan a comer compulsivamente. Ya les iré contando de mis avances y descubrimientos.

Que tal llevan ustedes el verano y los kilos demás? ¿se atreven a olvidarse del sobrepeso y centrarse sólo en lo importante?

Con este post me uno a la iniciativa de Scary Mommy “Tu hijo no recordará…”, que tuvo a bien recordarnos lo escencial de la vida: ser feliz con nuestros hijos.

Que tengan un dia a toda madre, Laura

(Yo ya tuve mis vacaciones  asi que nos vemos todo el verano aquí en mi Moleskine)

 

 

Dramas de Mayo: el día de la Madre

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Autor: Cronopio,  Pintura dactilar sobre papel bond,  28×21.5 cm,  2016

Lo confieso: el día de la madre me causa mas confusión que el periodo post electoral en España. Hasta ahora, el Diez de Mayo (dia de la madre en México) me remite más a mi madre que a mi propia experiencia como tal. Y por ello es que en dias como estos me siento especialmente confundida, como lo he estado casi toda la vida en relación a  mi madre.

De niña el 10 de mayo siempre fue una fecha dificil para mí ya que me dejaba  un sabor amargo. En las escuelas primarias de este pais el festival del dia de la madre es un tema aparte. Desde no sé cuantas semanas de anticipación, profesores y alumnos nos volcabamos a la organización del dichoso festival, ensayando, dia tras dia, el mentado bailable. Y por si fuera poco, tambien dedicabamos tiempo de clase a elaborar una manualidad para darle a nuestras madres de regalo, que a muchos de nosotros nos costó medio riñon terminar o, incluso, era tu misma madre la que tenía que terminar en casa el regalo porque corriamos el riesgo de ser reprobados. (En mi caso, recuerdo especialmente un juego para el baño totalmente tejido que nos pusieron a hacer; consistía en cuatro piezas tejidas para decorar el baño y mi gran hazaña fue hacerle creer a la profesora que tenia el regalo completo, cuando en realidad solo pude terminar una pieza).

Los Dramas de Mayo se repitieron cada año durante toda la escuela primaria y cuando no tienes ni diez años, eso significa la vida entera. Mi drama personal en Diez de Mayo consistía en que mi madre no iba los festivales o, en caso de que llegara a asistir, sólo hacía acto de presencia. Ella decía que no podía faltar al trabajo pero con los años me di cuenta que tenia la opción de pedir permiso; sin embargo, nunca lo hizo. Ella se iba de la escuela a las 10:30, y si para esa hora yo no había bailado, se marchaba  de todos modos.

Lo más duro para mí dentro de los Dramas de Mayo, era regresar sola a  casa, con mi ropa del festival aún puesta y en la mano el regalo que le habia hecho a mi madre. Y en el camino a casa, donde habia dos escuelas más, me iba topando con la misma imagen: una madre con su regalo en la mano caminando a lado de su hijo vestido de festival.

De niña se me hacia una tortura y ahora que soy mayor aún no puedo enterder las razones por las que mi madre no me acompañaba al festival. Es cierto que ella, como millones de madres, tenia que hacer mucho para tratar de conciliar el trabajo con la vida familiar, pero tambien creo que habia razones personales para que mi madre no pidiera permiso para faltar ese dia a trabajar; ella me argumentaba que no podía pedir días economicos para ocuparlos en caso de enfermedad de mi abuelo. Ya de mayor me puse a analizar sobre los días que mi madre podía pedir permiso para ausentarse y, hasta la fecha, no me salen las cuentas.

No estoy juzgando a mi madre sólo por sus ausencias en los festivales escolares, es más complejo. Estos eventos simbolizan el permanente desecuentro que he tenido con ella practicamente durante toda mi vida. Hace poco mi padre rescató unos videos de cuando yo era bebé, me quedé con la inquietud de lo que pudo haber pasado en la vida de mi madre que truncó nuestra relación.

Desde pequeña las muestras de amor filial se me han hecho, ciertamente, excesivas. Nunca pude ver mi reflejo como hija en ninguna de esas canciones con las que cerrabamos el festival de mayo, como tampoco hoy día  me hallo entre tanta publicacion de Facebook cargadita de mensajes que compiten entre ellos por ser el más cursi. Y el monton de fotos que la gente pone a lado de sus madres, todos felices e impertubables, me hacen pensar que yo  tendria que meterme al baúl de los recuerdos para rescatar un momento Kodak a lado de mi madre. La mas reciente foto que me hice a su lado fue cuando mi boda y, a juzgar por su expresión facial,  la foto no está para enmarcarla.

La historia de mi madre y mía es la del permanente desencuentro. Hoy día y gracias a la terapia, mantengo un sano distanciamiento, emocional y fisico, que nos permite tener una relación de respeto. Y es que después de años de incetidumbre, de que sus reacciones y sus otros apegos me hicieran sentir desorientada y desnuda a mitad de la calle, hoy solo puedo aspirar  a eso, al respeto. La llegada de Cronopio a nuestras vidas ciertemente no nos ha acercado en el plano emocional. Como dije, mantenemos el respeto, sobre todo por Cronopio.

Poco a poco he ido deslindandome de esos Dramas de Mayo que me sucedieron como hija para poder construir otra historia como madre de Cronopio. Parte de mi depresión post parto tenía que ver con el miedo que tenía yo a que mi vida fuera un permanente deya vu y que mi hijo tambien se sintiera a mitad de la calle y desnudo. Ha sido un proceso largo y duro en el que yo me estoy inventado como madre, un proceso en el que los unicos protagonistas de esta historia somos Cronopio y yo.

¿Que tal llevan el día de la madre? ¿Aprovechan para dejarse consentir o retoman el drama de vidas pasadas?

Que tengan un día a toda madre, Laura

Tu maternidad y los otros

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Cuando no eres madre te puedes imaginar mil cosas de cuando tengas tus hijos pero casi ninguna tendrá que ver con la realidad; quiza una imagina cosas mas superfluas, como la habitacion de los niños, sus nombres, como los vas a vestir y la realidad siempre te supera porque ser madre es mucho mas complejo de lo que nunca pensaste.

Una de las cosas mas dificiles que he enfrentado desde que soy madre es darme cuenta de la constante falta de respeto que tienen los demas por la crianza ajena. Todo mundo cree que es muy valiosa su opinion y que tú la necesitas. Y cuando digo todo el mundo me refiero a  tus padres, suegros, primos, hermanos, amigos, vecinos, la señora de la fruteria, aquella con la que te sientas en el autobus, el cajero del super mercado, el jardinero, la tía que no veias hace diez años… osea, todo ser viviente que sepa hablar.

No es que me importen lo que otros digan, simplemente es que no me da la gana oirlos. Asi de simple, no quiero oirlos; que si tienen quejas de como las madres de hoy estamos criando a los adultos del mañana, que se abran un blog y escriban ahí todas sus preocupaciones, que le tuiteen a @SaveTheChildren o que directamente vayan a la UNICEF. Y es que a ojos ajenos las madres nunca hacemos lo  suficiente. O nos pasamos. Nunca seran suficientes verduras las que le doy. Y siempre sera mucha leche. Que lo dejo dormir mucho; que soy muy permisiva; que soy la esclava de mi propio hijo; que lo mimo mucho, que lo mal acostumbro, que estoy criando a un futuro delincuente … Parece que es tan dificl entener que solo quiero un niño que este lleno de amor, que se le trate con cariño, que sepa que puede acudir a mí cuando lo necesita y eso empieza ahora, cuando en sus sueños Pocoyo le quita los juguetes y mi hijo, a las 2 de la mañana me pide consuelo. ¿Acaso es tan dificil entender que estoy criando a un niño y no a un adulto pequeño?

Como si no tuviera suficiente con esa masa amorfa que no deja de parlotear y darme recomendaciones, tengo a mi suegra; pareciera como si  en algun momento de cuando estaba recuperandome de la anestesia de la cesárea, le dije a mi suegra que me ayudara a criar al niño y que necesitaba de sus consejos,  porque desde entonces no ha parado de dar su opinion. Si ducho a Cronopio a las 7 de la noche ella va a decir que costumbre mas rara. En España a los niños los duchan a las 8. (Y ahi es cuando imagino que en punto de las 8, toda España esta bañando niños). Si  a Cronopio le doy cereal en el desayuno, ella dira que costumbres mas raras. En España a los niños se les da cereal de cena. Y no ha parado. Cada etapa de Cronopio es un nuevo desafio en la que, por supuesto yo no hago las cosas muy bien y mi hijo está aún si romanizar,mientras que los hijos de mi suegra eran niños modelo…. (¡y no saben como odio esta comparacion!

Seguro que aqui todas conocemos a esos otros que aun no son padres, pero creen que pueden decirte cualquier cosa amparados en la gran experiencia que les da haber cuidado a sus sobrinos y, además,  con la mano en la cintura se ponen a critricar a destajo la forma en la que sus hermanos crian a sus hijos. También  está el esposo de tu prima, que se muestra benevolente  y que en buen momento te dice que no aceptes consejos de los demás, pero en cuanto te descuidas, saca su manual de crianza y aprovecha cualquier momento para hacerte ver que las estas cagando, y mucho.

Si, los otros. Qué difícil es criar en sociedad, en una sociedad que tiene un día para venerarte y 364 días para hacerte la vida difícil. Sólo es cuestión de poner un pie en la calle para que cualquier crea que necesitas un consejo y por cualquiera, digo cualquiera. O es que yo seré la tonta del pueblo, pero desde que Cronopio era muy pequeño me paraban en la calle para decirme que debía ponerle calcetines al niño y llevarlo mas cubierto (si, con 25 grados a la sombra). Que si es muy pequeño para ir sentado, que le de un pedazo de pan para calmarlo, que no lo cargue, que le deje llorar, que lo suba, que lo baje…. de todo. Una vez una señora me paro en la calle y directamente le dijo a Cronopio bebe ” tenle paciencia a tu madre que tiene la torpeza de una primeriza”. Mi asombro fue tan grande que apenas pude reaccionar dos días después.

Con la maternidad descrubri que no soy solo yo educando a mi hijo, ni los abuelos, ni los amigos; es una sociedad entera marcandole pautas, gustos, preferencias. Pues antes de ser madre no me di cuenta de todo esto, de “los otros-” de cierta forma educando a mi hijo. Vivimos en un pais azotado por la violencia y aun asi, los niños que rodean a mi hijo tienen un deposito de armas de juguete que sólo he visto en Breaking Bad. Y no estoy hablando de una pistolita como la que carga el Vaquero Woody, bueno fuera; me refiero a todo tipo de armas y calibres hechos en llamativas versiones de plastico. En este pais las   las pistolas, metralletas, rifles y granadas de plástico, estan exhibidos de la misma manera que unas masitas Play Dolh (nosotros decidimos que no ibamos a comprar armas de juguete y asi se lo hicimos saber a Cronopio; debo confesar que me admiró la forma en que ha usado su imaginación para inventarse sus propias “armas”).

Y son esos otros los que nos culpan a las madres por el machismo, por criar a los machos del futuro, sin darse cuenta de que es una sociedad entera la que empuja a mi hijo a ser el machito del futuro. Y es que no ha faltado el tipo en la calle que al ver llorar a mi hijo, se acerca benevolente y le dice que los hombres no lloran. O aquellos en el parque que no soportan ver a un niño jugando con muñecas.

Y luego se les llenara la boca para decir que las madres no sabemos educar a nuestros hijos.

Y ustedes se sienten respetadas en su crianza o no pueden estar ajenas a los comentarios de los otros? !Cuéntenmelo!

Que tengan un dia a toda madre, Laura