2016, un año lleno de absurdos (de cómo me he sentido la peor madre del año)

Que no he muerto, aunque por ahí anden diciendo todo lo contrario; para que quede constancia de ello, aquí les dejo mi personalísimo recuento de cómo me fue este año, en lo que se refiere a cuestiones relacionadas con la maternidad.

En resumidas cuentas me he sentido un poco mierda pensando que entre más crece mi hijo,  yo encuentro nuevas formas de irla cagando como madre. Siempre siento que nunca hago lo suficiente y aunque día a día  intento crear mi propio modelo de maternidad, este siempre se ve contaminado cuando convivo con tanta madre súper poderosa (aquellas que parecen gestionarlo todo a la perfección, las que no se vuelven locas ni pierden la paciencia,cuyos hijos no hacen berrinches ni cuestionan su autoridad en público, y todo esto lo hacen subidas en tremendos tacones, luciendo pelazo). Ante esto, yo sólo  me quedo con cara de what, en el mejor de los casos. La mayor parte de las veces me cuestiono terriblemente sobre lo que estoy haciendo mal, respecto a mi y respecto a Cronopio y tengo días en que siento que la cago en absolutamente en todo y entro en pánico buscando respuestas en Google a preguntas del tipo “qué hacer si mi hijo no me hace absolutamente ni puto caso”; “consejos fáciles para que los hijos recojan los juguetes a la primera”; “como mantener la paciencia si mi hijo reclama mi atención total cada dos minutos y medio” y así, googleando hasta la náusea.

Ivanka reluciente y perfecta como muchas madres que van al colé de Cronopio.

Típica foto de una madre típica que después de hacer la limpieza de la casa, concilia trabajo y maternidad, al mismo tiempo de que luce pelazo, ropa perfectamente planchada y el bebe no está ni meao, ni cagado. Aclaración: la de la foto no soy yo, es Ivanka Trum

Aquí les dejo mis peores momentos como madre en el 2016:

De cuando otros me confirman mi estupidez.

Dos horas en el parque y 2 kilos de tierra encima no son suficientes para Cronopio. Él siempre querrá más.  No hay forma de explicarle que nos tenemos que ir. El camino a casa se hace entre berrinches, lloros y dramas. Cronopio encabronadisimo porque no consigue nada a cambio solo atina a gritarme “estúpida”. Para ser sincera, yo quería decirle que si, que era muy estúpida al pasarme las horas en fiestas infantiles soportando a madres odiosas y todo para que él se diviertiera; si, súper estúpida porque no logró bajar ni 5 kilos; súper estúpida porque aunque me esfuerce no logro verme ni tan guapa ni tan arreglada como esas madres súper star que Cronopio ve a la salía del cole.Y si, estúpida por qué no logro aprender a conducir, también como esas madres del cole, que llegan a recoger a sus criaturas en una todo terreno. Y así de pesada y larga como la Cuaresma estaba a punto de lanzarme con Cronopio.  Tuvo consecuencias, como cero televisión y caramelos pero yo me quede con mi corazoncito de madre un poco roto solo por ese día.

De cuando grito y me sale un espejo con la imagen de mi madre.

Desde el embarazo tenía pavor de ser una madre  como la mía y amar a mi hijo con la misma baja intensidad con la que mi madre me ha amado;  ya sé que esto ha sonado tan dramático que hasta escucharon violines de fondo, pero aclaro: superé este episodio cuando sentí como mis ojos se llenaban de amor cada vez que miraba a mi hijo. Sin embargo, tengo mis momentos en que grito y derramo histeria como lo hacía mi madre. Y eso me dolió. Me dolía que cada que ella abría la boca, ladraba. Y me duele aún más seguir ese camino; por ello,  he hecho el compromiso conmigo misma  de no gritar ni ladrar a mi hijo solo por 24 horas.

 De cuando soy madre trabajadora y yo soy la última en enterarme

Tuvo que venir La Fabulosa K,  guía de Cronopio, a decirme que seguro navidades es una época pesada para mí por todo el trabajo que tengo con las galletas y pasteles; que las  madres que trabajan no tiene porque arrastrar culpas, que todo lo hacen por el bienestar familiar. Pues si, no me había dado cuenta de que soy madre de familia, llevo la casa y acabo de echar a andar un negocio casero de pasteles y galletas personalizadas. Lo que me dijo la guía de Cronopio fue como una revelación, de verdad, así de absurda puedo ser. Desde entonces cambié el chip: ya no soy la señora que hace galletas monas, ahora soy la CEO  de Hornear, Comer, Amar.

Cuando te sabes mediocre y el mundo te confirma que eres más que eso.  

Ya la llevas mal con los gritos, los berrinches, el poco control que tienes sobre la criatura a pedar de que estás convencida de que poner límites a tiempo es lo mejor. Me sentía lo suficentemente jodida cuando en ese instante llegó una invitación del colegio para asistir a una clase muestra para que los  padres veamos cómo trabajan nuestros hijos bajo la pedagogía Montessori. Cronopio, que es un torbellino en casa, es encantador bajo la mirada de su guía. Hace todo pasó a paso, con un orden y pulcritud que ya la quisieran las Infantas Leonor y Sofía, entonces ¿porqué carajos en casa avienta todo al suelo? Mi respuesta fue que yo soy una mala influencia para Cronopio, no pude evitar decirme esto de golpe, aunque ahora con el tiempo no dramatizo mucho esta experiencia y, por el contrario, estoy tan orgullosa de que mi chico se comporte tan bien en el cole.

 

De cuando todos demuestran en público lo buen rollo que son como padres y se ponen en cuclillas a la menor provocación

Maldito Principe William que puso de moda lo que muchos  sabíamos: agáchate para hablarle a tu hijo y así crearas empatía. Yo todo el día ando como bragas de puta: de arriba para abajo y me duele el coxis y la ciática y todo lo demás. Cronopio habla hasta por los codos lo que equivale que yo me tendria que agachar cada dos minutos y mis músculos no están para esos detalles  Montessori. Así que si no tengo donde sentarme para estar a la altura de mi hijo, me invento la empatía desde mi 1.60 de estatura.

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Kate en cuclillas, creando empatía y de paso para que le quede claro a George que está sacando de quicio a su pobre madre

Y para ser justa conmigo misma, tengo que reconocer que también tuve mis cosas buenas como madre. Me dio mucho gusto tener la capacidad de respetar la libertad de mi hijo cuando éste quiso llevar al colé unos zapatos de niña llenos de colorines. Llegó al colé feliz luciendo sus zapatos hasta que se aburrió de ellos y fin de la historia. Nunca más se ha acordado de ellos. Y si, nada sucedió, fue un hecho natural que a él le hubieran gustado esos zapatos tan lindos y nadie aquí se hizo historias en la cabeza. También he tenido que aprender que mi hijo, en su enorme capacidad de amar, está descubriendo nuevos amores y aunque mami es mami, él ama a sus abuelas, a su guía y a sus amigas. Ni siquiera me he permitido sentirme celosa, hasta el momento. He aceptado que a Cronopio no le gustan los festivales infantiles donde tenga que bailar y que por poco que haga sobre el escenario, estoy segura que está haciendo su mejor esfuerzo. Y lo mejor: le he he enseñado que nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a tocar su cuerpo, ni a hacerlo sentir mal.

 

¿Cuál fue su peor momento como madres en el año que recientemente terminó?

Que tengan un día a toda madre, Laura

Mis suegros nos visitan

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Roy Lichtenstein

Ya lo sé. El titulo de este post encierra momentos de mucha tensión que ponen en crisis el normal desarrollo de aquello que desde epocas primitivas se ha dado en llamar familia.  No hace falta conocerme mucho para saber que soy una grinch de la familia, sobre todo si es la de origen, que algún dia les contaré de cuando me dió por ser feliz y talar mi árbol genealógico. A diferencia de los asquitos y repelus que  me causa la convivencia y el roce con mi familia de origen, amo profundamente a  la familia que yo he formado y soy una perra guardiana de todo lo que a ella se refiere.

Con la familia de Mi Churri me llevo muy bien. Sus tías y tios son adorables, todos, sin excepción y le tengo especial cariño a algunos de ellos, incluyendo a mi cuñado, con todo su mal genio y sus locuras. Toda la familia me aceptó desde un primer momento a pesar de conocerme tan poco. Y con mis suegros me llevé bien desde siempre, con sus altas y bajas, hasta que nació Cronopio y las visitas a nuestra casa se hicieron más regulares y más intensas. Y cuando hablo de intensidad, me refiero a que el nivel del drama y la crítica subieron  considerablemente.

Pese a ello, cada visita de mis suegros nos hemos esmerado por recibirlos con lo mejor que les podemos ofrecer, siendo generosos con lo poco o lo mucho que tenemos y, lo cierto, es que pasamos algunos buenos ratos y acumulamos muchos desencuentros. Cada visita mutua que nos hacíamos empezaba con nuestros mejores deseos de que las cosas transcurrieran apaciblemente, con el menor de los sobresaltos; sin embargo,  a los pocos días las cosas se torcían y acababamos, por lo menos de nuestra parte, despidiéndonos agridulcemente.  Esa ha sido la dinámica de nuestras mutuas visitas.

Hace nos cuantos meses que mis suegros estuvieron por aquí y parece que no fue suficiente la pasada ración de stress y disgustos que nos propinamos mutuamente porque mis suegros regresan!

Atención SPOILERS!  Mis suegros han decidido llegar a un hotel, que no quieren incordianos (ni incordiarse), cosa que agradezco porque, seamos sinceros,  en mi casa nunca han estado agusto.

Yo encuentro mi casa muy linda y acojedora, será porque es mi casa y vivo muy feliz en ella; es cierto que tenemos cosas por hacer para mejorarla pero sencillamente en este momento no estamos para ello. Sin embargo, cada visita de mis suegros es una oportunidad para sacar a relucir los defectos o supuestos defectos que nuestro espacio tiene y ya puestos a criticar,  le otorgan una calificación, como si se tratara de un concurso de belleza, donde por supuesto apenas si hemos aprobado. En resumidas cuentas: prefieren sacar a relucir nuestras carencias, o lo que ellos consideran una carencia, en lugar quedarse con lo bueno o simplemente callarse.

Hablando de “carencias”,  nosotros no tenemos television por cable porque no nos interesa. El problema viene cuando mis suegros no se quieren perder ni un minuto del acontecer político de España y por internet no pueden ver la televisión como en su casa, ni la Cinco, ni la Uno, ni la Cuatro, ni ostias, ni cuanto canal español hay. Con ello, se pierden las tertulias de la Cinco, de la Cuatro, de la Siete, del Nueve y del Doce. No pueden ver El Gran Wyoming, “el que verdaderamente informa” y con ello aumenta la ansiedad de mi suegro, que ya es mucho decir. (Les alclaro: muchos de estos programas estan disponibles en internet mediante pago. Algunos otros como los de RTVE si se pueden ver a excepcion de los documentales). Y para joderla más, mi suegro no puede hacer la siesta sin los interesantes alegatos de Sálvame, ni tiene forma de enterarse cómo anda el corazoncito de Rosa Benito o si Belen Esteban ya terminó  la escuela primaria. No queda de otra mas que echar mano del Youtube.  Tragedia total.

En eso llega el capitulo de final de temporada de The Walking Dead. Nos preparamos una rica cena y justo cuando estamos en medio de la nada matando zombies a palos, mis suegros están echando pestes y de mala leche  en medio de su propia tragedia personal: se estan perdiendo el capitulo de Mi casa es tu casa donde Bertín Osborne está en la cocina de no sé quien repartiendo micro machismos a tutiplén.

La hora de la comida (y del desayuno y de la cena) es una buena ocasión para hacer más drama. Aunque no aspiro a ninguna Estrella Michellin, soy bastante apañada en la cocina y si bien no podría concursar en Masterchef, tengo mi propio menú semanal bastante resultón que me saca de apuros con mucha dignidad. Sin embargo, esto no parece ser suficente para mis suegros (ni siquiera el tiempo que dedico a cocinar entre cuidar a Cronopio, hacer limpieza, ir al Gimnasio y un largo etcétera). No importa lo que yo ponga en la mesa, ellos  no sólo darán su opinón, sino que asumirán su personalidad de críticos gastronómicos viviendo en realidad paralela en la que ellos son Gordom Ramsey y Alberto Chicote. Vaya usted a saber. El caso es que el spaguetti siempre estara muy hecho o las zanahorias están poco hechas. Nunca hay forma de hallar el punto exacto, en nada. eso si, todo se comen. Hartita que estaba ya del tema, una tarde me cruce a la tienda de la esquina y compré todo para unos ricos y nutritivos hot dogs, y  no desperdicié la ocasión para decirles que no comieran mucho porque la OMS había dicho que las salchichas son cancerígenas. Y me quedé tan tranquila.

Cuando nos dieron la gran noticia de que nos harían la visita (perdonen que no aplauda) yo ya tenía listo mi nuevo menú que incluía sopas Ramen instantaneas (en mi pueblo también conocidas como Maruchan) una amplia selección de lo mejor de la sección de congelados y algunos platillos tipicos de la época de post guerra.

Hacen bien mis suegros en quedarse en un hotel. No sólo porque todos nos libramos de comer basura, sino porque ellos no van a ver mi cara de enfado permanente.  Cada visita es más dificil para mi, sobre todo porque les tengo mucho cariño y  agradecimiento, pero todo tiene un límite.  Es bien cierto que a generosos no hay quien les gane y conmigo han sido plenos en cuanto a sus atenciones. Por otro lado, todas esos buenos detalles no pueden ocultar su enfado y su falta de empatía hacia nosotros y hacia nuestra forma de vida, pero poco puedo yo hacer sobre este asunto. Dicen que una emoción que no se dice, que se oculta, va a buscar canales para expresarse. Eso mismo me pasa a mi. Ante sus constantes descalificaciones, he guardado silencio tratando de ser prudente, pero mi cara de permanente enfado, de  fastidio,  no me dejan mentir.

De cualquier forma, disfrutaré de todas las quejas que le hagan al gerente del hotel  y, a lo lejos, estaré mojito en mano, divirtiendome con el sufrimiento de este hombre que tendrá que ser un santo o retibuir a mis suegros con muchas cortesías y descuentos.

Eso sí. Tengo preparada una dotación de ansiolíticos y mantras y ya tengo los chakras ailneados. No sea que los corran del hotel.

Te invito a que me cuentes que tal la llevas con tus suegros, seguro que hay muchas cosas que contar  para hacer más llevaderas las tensiones.

Que tengas un dia a toda madre, Laura

Decálogo de una Mala Madre

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Para Martha, que ya se vislumbra como una perfecta Mala Madre

Al poco de parir a Cronopio me daba terror convertirme en aquello que las buenas conciencias llaman una mala madre y, aunque para entonces yo ya estaba más allá del bien y del mal respecto a las críticas a mí persona, me atemorizaba la idea de que en algún momento me llamaran mala madre y cargara de por vida con aquel estigma. Sin embargo, nunca encontré mi reflejo en aquello que llaman una buena madre: abnegada, impoluta (ella y sus retoños), todo terreno y sábelo todo en cuestiones de maternidad. Podía lidiar con esta imagen cercana a la perfección pero lo que me costaba entender y con lo que no sencillamente no podía era la condición de entrega total de la buena madre hacia sus hijos; su capacidad de hacer a un lado su propia vida y personalidad para ser sólo madre y claro, todo esto con una gran sonrisa en la cara y sin renegar ni un milímetro de ello.

Me da gusto que el concepto de mala madre llegue al cine, a ver si ya vamos relajándonos con la asunto, que no es nada trágico ser una Mala Madre, al contrario. Espero q muchas mujeres se sientan aunque sea un poco  identificadas y se atrevan a salir del armario para asumirse como tales, que no hay cosa que cause mas pena  que una Mala Madre que se empeña en parecer justo lo contrario.

A propósito de la película que está a punto de estrenarse, les comparto mi Decálogo de una Mala Madre de acuerdo a mi propia  experiencia.

1.  Las fotos de nuestros perfiles de redes sociales no son de nuestros hijos . Ya ellos tendrán sus Facebooks para subir sus propias fotos. Nosotras las malas madres no queremos dejar de ser nosotras mismas,si bien somos personas muy diferentes desde que somos madres, no queremos dejar de ser mujeres (la maternidad ya despersonaliza lo suficiente como para además publicarlo).

2. No contamos historias de príncipes ni princesas. Para qué hablarles desde pequeños de princesas que consumen alucinógenos y ven ratones coser y barrer y calabazas que se convierten en carruajes o princesas medio holgazanas que esperan dormidas  a que llegue un chico que no tiene más atributos más que ser guapo y poseer un título nobiliario.

3. Si nuestros hijos varones quieren disfrazarse de Frozen y nuestras hijas de Darth Vader, nada nos detiene para darles gusto, ni nuestras pocas habilidades en el DIY.

4. No nos saltamos una tarde de parque. Y esto no quiere decir que lo  disfrutemos. Llevamos a los hijos a que se cansen, a que saquen su energía inagotable y lleguen a casa directo a la cama y así nosotras tener una noche libre .

5. Nos somos sobre protectoras. Si el hijo se cae al andar, no corremos desesperadas a su auxilio. Con un “no pasa nada. Levántate y anda” y un poco de saliva bendita  es más que suficiente.

6. Disfrutamos ser madres pero no dejamos que esto ocupe el 100% de nuestras vidas; nos empeñamos en ser mujeres autónomas e independientes y, al mismo tiempo, conciliando la vida familiar. Para lograr este malabar y a falta de una abuela cercana donde dejar al niño un rato, no dudamos en dejarlo al cuidado de Buzz Light Year, Rayo Mc Queen. Que no les pasa nada por unas tardes  de dibujos animados.

7. Aprendemos día a día a lidiar con las culpas: que no les ponemos suficiente atención a los hijos, que no les alimentamos todo lo bien que deberíamos… blah, blah, blah, diría Peppa Pig. Las críticas a otro lado, y con ellas se van las culpas, que estamos muy ocupadas conciliando. Y también somos mujeres creativas: vamos inventando y reintentando la maternidad, nuestra maternidad, como queremos, o como podemos, en base a lo que nosotras mismas esperamos de ser madres.

8. No tenemos pelos en la boca, ni tampoco  usamos eufemismos para disfrazar la realidad con palabas más amables de escuchar. El pene es pene y la vagina es vagina; ni Chuchi, ni tilín, no pajarito, ni cosita. Esto aplica también a palabras como caca, tetas, pechos, nalgas, culo, testículos y un largo etcétera que no se sustituye por popo, hacer del dos, bubis, pompis, bolas y lo que se acumule.

9. No hay mala madre que no se sienta orgullosa de serlo. Las malas madres no intentamos aparentar que somos lo contrario. No hay mala madre queriendo aparentar lo contrario. Y claro, no podía faltar el sentido del humor: toda mala madre se sabe reír de sí misma y de cómo la va cagando con los hijos y con el mundo entero.

10. Y en el pináculo del mala madrismo, estamos aquellas que expresamos a los cuatro vientos que no nos gustó estar embarazadas. Yo no sé si la oxitocina no me circuló adecuadamente o las hormonas fueron mucho  más cabronas, el hecho es que esos nueve meses fueron muy difíciles para mí; No sabía si iba o venia, si tenía más grandes los pies  que la barriga y ese permanente sentimiento de agobio, cansancio, incomodidad y angustia por el futuro que no me dejó después de parir, no es algo de lo que yo pueda pasar de largo y asumirlo como una etapa única en la vida de toda mujer.

Y ustedes, se asumen como Malas Madres?

!Anímense a compartir su propio decálogo de Mala Madre!

Que tengan un día a toda madre, Laura

 

Mi hijo no recordará que estoy gorda

Fernando Botero

Fernando Botero

 

Nos gusta planear nuestras vacaciones con algunos meses de anticipación y yo, por enésima vez, me tracé la misma  meta en la que he fallado continuamente en los últimos tres años: bajar de peso. No sé de donde saqué que a nuestro viaje a playa necesariamente tenía que ir guapisima y delgada, como si fuera un must llevar cuerpazo para merecer un pedazo de playa donde asolearse.  Si bien no era mi intención ponerme un bikini (el que usé en la luna de miel está en un cajón muerto de la risa), quería estar delgada como si eso fuera mi pase a La  Felicidad directo y sin escalas. Además, por un asunto meramente de vanidad, queria usar ropa bonita  y no las garras que me he comprado últimamente para autocastigarme  con el pretexto de que la tienda donde las venden me queda cerca de casa (esa ropa esta un poquitin menos fea, porque coño, que difícil es encontrar ropa linda en tallas extras, que a veces da ganas de ir a una tapiceria para que me tapicen completita).

De cuando me propuse bajar de peso al inicio de las vacaciones, bajé unos kilos con el apoyo de una nutriologa, auriculoterapia y ejercicio, pero no llegué a la meta que me impuse sencillamente porque mi ansiedad por bajar de peso y mi asquerosa adiccion al azucar, han sido más  cabronas que yo, por lo menos hasta el dia de hoy. He comprobado que el hecho de estar a dieta hace que mi ansiedad se dispare y quiera ponerme a hornear todo tipo de pastelitos o correr a la tienda más próxima a comprar un asqueroso helado grasoso que ni loca comería en otro momento de más tranquilidad. Ante la inminente llegada de las vacaciones tenía dos opciones: imponerme un dieta rigurosa (que en realidad me haría subir más de peso) o también optar por tomármelo con calma y aceptar que  no iba a estar delgada para cuando partiéramos. ¿Y qué si voy gorda a la playa? ¿En qué momento nos hicieron creer que sólo las flacas son felices en la playa? ¿Habrá alguien en la playa a quien le importe mi peso? Al carájo con los kilos demás, que me voy de vacaciones y estoy felíz!

El punto de la vanidad lo resolví porque justo en esos dias, descubrí que en mi pueblo abrieron una sucursal de Old Navy, la marca favorita de gordas y flacas con poco presupuesto y muchas ganas de ser trendy.  Salvado el asunto de la ropa, lo demás era una cuestión de actitud ante la vida, de preocuparse por lo realmente importante, por disfrutar. Sólo eso. Y así mismo lo hice. Me trepé al avión con esos kilos que no pude bajar antes y, de la misma forma, me puse el bañador y me fui a la playa. Y me saqué mil fotos con mi hijo; estaba muy contenta, tanto q me olvidé un momento de que me vería gorda en  la foto (ya antes cometí el error de no dejarme fotografiar por temor  de como me veía).

En la playa y en la piscina me olvidé de mis traumas, incluso frente a la barra del buffet. Y tomé el sol, y nadé, y comí lo que me apetecía, sin dejar que mi voz en off me dijera a cada rato lo gorda que estaba; parecía como si mi gorda en off se hubiera tomado sus vacaciones lejos de mí y yo de ella. Me di la oportunidad de descansar incluso mentalmente y me dediqué a disfrutar y a compartir la dicha de tener unas vacaciones super divertidas.

Cuando vemos las fotos de este viaje yo soy la unica que observo detenidamente mi cuerpo. Mi Churri y Cronopio recuerdan lo realmente importante: lo bien que la pasamos, lo mucho que nos divertimos y los felices que somos juntos. Entonces, porqué y para qué estarme martirizando con el mismo tema, mejor atesoro estos momentos, que son los años maravillosos de nuestras vidas.  Y aunque mi hijo aun no tiene claros los conceptos de gordo-flaco (a veces pienso que tendria que estar mas delgada para cuando Cronopio los entienda), con los años él no va a reparar mucho en mis kilos demás, sino en mi carade felicidad.

Para mí sorpresa vi muchos cuerpos iguales al mio. Si, vi cuerpos reales y uno que otro moldeado en un quirófano. Vi celulitis (mucha celulitis), estrías, grasa, piel flacida, eso mismo, cuerpos reales, sólo que una, en un afán de joderse a si misma y hacerse la vida difícil, sólo guarda en su memoria los cuerpos delgados; aquella imagen de la mujer con tres hijos, vientre plano, luciendo maravillosa, es la que se te queda bien guardadita en la memoria, como un recordatorio de tu incapacidad para cumplir tus metas, un recuerdo que se queda permanentemente en tu cabeza y aparece cada que quieres ir a la playa y sientes que debes hacer una vez más la Operación Bikini.

De regreso de vacaciones me esperaban en casa todos y cada uno de mis traumas;  esta vez pienso combatirlos de formas diferentes. No quiero volver a ponerme a dieta porque me resultará contraproducente y me dolerá fracasar por enésima vez al toparme con la misma piedra. He pensado que ponerme a dieta es en realidad una forma de maltratarme mucho más profunda y quiero parar de hacerlo.

No se trata de que de la noche a la mañana me acepte con mis kilos. Para ser sincera, añoro mi imagen de mujer  delgada; añoro mis vanidades, la coquetería que la gordura no permite salir; extraño abrir el armario y no saber que ponerme porque todo me queda (cuando estas gorda tus posibilidades son mas reducidas). Y, ademas, viniendo de una familia de diabéticos, bajar de peso se convierne en una necesidad.

Una vez leí que bajar de peso estaba mas en nuestra mente que en nuestro cuerpo.  Creo que sabotearme en cada dieta que hago tiene más  que ver con la mierda que traigo  en la cabeza que con la autodisciplina.  Por ello, recién he comenzado una terapia cognitivo conductual que me ayudará a sacar a la gorda que en mi cabeza se niega a dejarme en paz y, por otro lado, analizar esos hábitos  y pensamientos que me llevan a comer compulsivamente. Ya les iré contando de mis avances y descubrimientos.

Que tal llevan ustedes el verano y los kilos demás? ¿se atreven a olvidarse del sobrepeso y centrarse sólo en lo importante?

Con este post me uno a la iniciativa de Scary Mommy “Tu hijo no recordará…”, que tuvo a bien recordarnos lo escencial de la vida: ser feliz con nuestros hijos.

Que tengan un dia a toda madre, Laura

(Yo ya tuve mis vacaciones  asi que nos vemos todo el verano aquí en mi Moleskine)

 

 

Dramas de Mayo: el día de la Madre

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Autor: Cronopio,  Pintura dactilar sobre papel bond,  28×21.5 cm,  2016

Lo confieso: el día de la madre me causa mas confusión que el periodo post electoral en España. Hasta ahora, el Diez de Mayo (dia de la madre en México) me remite más a mi madre que a mi propia experiencia como tal. Y por ello es que en dias como estos me siento especialmente confundida, como lo he estado casi toda la vida en relación a  mi madre.

De niña el 10 de mayo siempre fue una fecha dificil para mí ya que me dejaba  un sabor amargo. En las escuelas primarias de este pais el festival del dia de la madre es un tema aparte. Desde no sé cuantas semanas de anticipación, profesores y alumnos nos volcabamos a la organización del dichoso festival, ensayando, dia tras dia, el mentado bailable. Y por si fuera poco, tambien dedicabamos tiempo de clase a elaborar una manualidad para darle a nuestras madres de regalo, que a muchos de nosotros nos costó medio riñon terminar o, incluso, era tu misma madre la que tenía que terminar en casa el regalo porque corriamos el riesgo de ser reprobados. (En mi caso, recuerdo especialmente un juego para el baño totalmente tejido que nos pusieron a hacer; consistía en cuatro piezas tejidas para decorar el baño y mi gran hazaña fue hacerle creer a la profesora que tenia el regalo completo, cuando en realidad solo pude terminar una pieza).

Los Dramas de Mayo se repitieron cada año durante toda la escuela primaria y cuando no tienes ni diez años, eso significa la vida entera. Mi drama personal en Diez de Mayo consistía en que mi madre no iba los festivales o, en caso de que llegara a asistir, sólo hacía acto de presencia. Ella decía que no podía faltar al trabajo pero con los años me di cuenta que tenia la opción de pedir permiso; sin embargo, nunca lo hizo. Ella se iba de la escuela a las 10:30, y si para esa hora yo no había bailado, se marchaba  de todos modos.

Lo más duro para mí dentro de los Dramas de Mayo, era regresar sola a  casa, con mi ropa del festival aún puesta y en la mano el regalo que le habia hecho a mi madre. Y en el camino a casa, donde habia dos escuelas más, me iba topando con la misma imagen: una madre con su regalo en la mano caminando a lado de su hijo vestido de festival.

De niña se me hacia una tortura y ahora que soy mayor aún no puedo enterder las razones por las que mi madre no me acompañaba al festival. Es cierto que ella, como millones de madres, tenia que hacer mucho para tratar de conciliar el trabajo con la vida familiar, pero tambien creo que habia razones personales para que mi madre no pidiera permiso para faltar ese dia a trabajar; ella me argumentaba que no podía pedir días economicos para ocuparlos en caso de enfermedad de mi abuelo. Ya de mayor me puse a analizar sobre los días que mi madre podía pedir permiso para ausentarse y, hasta la fecha, no me salen las cuentas.

No estoy juzgando a mi madre sólo por sus ausencias en los festivales escolares, es más complejo. Estos eventos simbolizan el permanente desecuentro que he tenido con ella practicamente durante toda mi vida. Hace poco mi padre rescató unos videos de cuando yo era bebé, me quedé con la inquietud de lo que pudo haber pasado en la vida de mi madre que truncó nuestra relación.

Desde pequeña las muestras de amor filial se me han hecho, ciertamente, excesivas. Nunca pude ver mi reflejo como hija en ninguna de esas canciones con las que cerrabamos el festival de mayo, como tampoco hoy día  me hallo entre tanta publicacion de Facebook cargadita de mensajes que compiten entre ellos por ser el más cursi. Y el monton de fotos que la gente pone a lado de sus madres, todos felices e impertubables, me hacen pensar que yo  tendria que meterme al baúl de los recuerdos para rescatar un momento Kodak a lado de mi madre. La mas reciente foto que me hice a su lado fue cuando mi boda y, a juzgar por su expresión facial,  la foto no está para enmarcarla.

La historia de mi madre y mía es la del permanente desencuentro. Hoy día y gracias a la terapia, mantengo un sano distanciamiento, emocional y fisico, que nos permite tener una relación de respeto. Y es que después de años de incetidumbre, de que sus reacciones y sus otros apegos me hicieran sentir desorientada y desnuda a mitad de la calle, hoy solo puedo aspirar  a eso, al respeto. La llegada de Cronopio a nuestras vidas ciertemente no nos ha acercado en el plano emocional. Como dije, mantenemos el respeto, sobre todo por Cronopio.

Poco a poco he ido deslindandome de esos Dramas de Mayo que me sucedieron como hija para poder construir otra historia como madre de Cronopio. Parte de mi depresión post parto tenía que ver con el miedo que tenía yo a que mi vida fuera un permanente deya vu y que mi hijo tambien se sintiera a mitad de la calle y desnudo. Ha sido un proceso largo y duro en el que yo me estoy inventado como madre, un proceso en el que los unicos protagonistas de esta historia somos Cronopio y yo.

¿Que tal llevan el día de la madre? ¿Aprovechan para dejarse consentir o retoman el drama de vidas pasadas?

Que tengan un día a toda madre, Laura

Tu maternidad y los otros

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Cuando no eres madre te puedes imaginar mil cosas de cuando tengas tus hijos pero casi ninguna tendrá que ver con la realidad; quiza una imagina cosas mas superfluas, como la habitacion de los niños, sus nombres, como los vas a vestir y la realidad siempre te supera porque ser madre es mucho mas complejo de lo que nunca pensaste.

Una de las cosas mas dificiles que he enfrentado desde que soy madre es darme cuenta de la constante falta de respeto que tienen los demas por la crianza ajena. Todo mundo cree que es muy valiosa su opinion y que tú la necesitas. Y cuando digo todo el mundo me refiero a  tus padres, suegros, primos, hermanos, amigos, vecinos, la señora de la fruteria, aquella con la que te sientas en el autobus, el cajero del super mercado, el jardinero, la tía que no veias hace diez años… osea, todo ser viviente que sepa hablar.

No es que me importen lo que otros digan, simplemente es que no me da la gana oirlos. Asi de simple, no quiero oirlos; que si tienen quejas de como las madres de hoy estamos criando a los adultos del mañana, que se abran un blog y escriban ahí todas sus preocupaciones, que le tuiteen a @SaveTheChildren o que directamente vayan a la UNICEF. Y es que a ojos ajenos las madres nunca hacemos lo  suficiente. O nos pasamos. Nunca seran suficientes verduras las que le doy. Y siempre sera mucha leche. Que lo dejo dormir mucho; que soy muy permisiva; que soy la esclava de mi propio hijo; que lo mimo mucho, que lo mal acostumbro, que estoy criando a un futuro delincuente … Parece que es tan dificl entener que solo quiero un niño que este lleno de amor, que se le trate con cariño, que sepa que puede acudir a mí cuando lo necesita y eso empieza ahora, cuando en sus sueños Pocoyo le quita los juguetes y mi hijo, a las 2 de la mañana me pide consuelo. ¿Acaso es tan dificil entender que estoy criando a un niño y no a un adulto pequeño?

Como si no tuviera suficiente con esa masa amorfa que no deja de parlotear y darme recomendaciones, tengo a mi suegra; pareciera como si  en algun momento de cuando estaba recuperandome de la anestesia de la cesárea, le dije a mi suegra que me ayudara a criar al niño y que necesitaba de sus consejos,  porque desde entonces no ha parado de dar su opinion. Si ducho a Cronopio a las 7 de la noche ella va a decir que costumbre mas rara. En España a los niños los duchan a las 8. (Y ahi es cuando imagino que en punto de las 8, toda España esta bañando niños). Si  a Cronopio le doy cereal en el desayuno, ella dira que costumbres mas raras. En España a los niños se les da cereal de cena. Y no ha parado. Cada etapa de Cronopio es un nuevo desafio en la que, por supuesto yo no hago las cosas muy bien y mi hijo está aún si romanizar,mientras que los hijos de mi suegra eran niños modelo…. (¡y no saben como odio esta comparacion!

Seguro que aqui todas conocemos a esos otros que aun no son padres, pero creen que pueden decirte cualquier cosa amparados en la gran experiencia que les da haber cuidado a sus sobrinos y, además,  con la mano en la cintura se ponen a critricar a destajo la forma en la que sus hermanos crian a sus hijos. También  está el esposo de tu prima, que se muestra benevolente  y que en buen momento te dice que no aceptes consejos de los demás, pero en cuanto te descuidas, saca su manual de crianza y aprovecha cualquier momento para hacerte ver que las estas cagando, y mucho.

Si, los otros. Qué difícil es criar en sociedad, en una sociedad que tiene un día para venerarte y 364 días para hacerte la vida difícil. Sólo es cuestión de poner un pie en la calle para que cualquier crea que necesitas un consejo y por cualquiera, digo cualquiera. O es que yo seré la tonta del pueblo, pero desde que Cronopio era muy pequeño me paraban en la calle para decirme que debía ponerle calcetines al niño y llevarlo mas cubierto (si, con 25 grados a la sombra). Que si es muy pequeño para ir sentado, que le de un pedazo de pan para calmarlo, que no lo cargue, que le deje llorar, que lo suba, que lo baje…. de todo. Una vez una señora me paro en la calle y directamente le dijo a Cronopio bebe ” tenle paciencia a tu madre que tiene la torpeza de una primeriza”. Mi asombro fue tan grande que apenas pude reaccionar dos días después.

Con la maternidad descrubri que no soy solo yo educando a mi hijo, ni los abuelos, ni los amigos; es una sociedad entera marcandole pautas, gustos, preferencias. Pues antes de ser madre no me di cuenta de todo esto, de “los otros-” de cierta forma educando a mi hijo. Vivimos en un pais azotado por la violencia y aun asi, los niños que rodean a mi hijo tienen un deposito de armas de juguete que sólo he visto en Breaking Bad. Y no estoy hablando de una pistolita como la que carga el Vaquero Woody, bueno fuera; me refiero a todo tipo de armas y calibres hechos en llamativas versiones de plastico. En este pais las   las pistolas, metralletas, rifles y granadas de plástico, estan exhibidos de la misma manera que unas masitas Play Dolh (nosotros decidimos que no ibamos a comprar armas de juguete y asi se lo hicimos saber a Cronopio; debo confesar que me admiró la forma en que ha usado su imaginación para inventarse sus propias “armas”).

Y son esos otros los que nos culpan a las madres por el machismo, por criar a los machos del futuro, sin darse cuenta de que es una sociedad entera la que empuja a mi hijo a ser el machito del futuro. Y es que no ha faltado el tipo en la calle que al ver llorar a mi hijo, se acerca benevolente y le dice que los hombres no lloran. O aquellos en el parque que no soportan ver a un niño jugando con muñecas.

Y luego se les llenara la boca para decir que las madres no sabemos educar a nuestros hijos.

Y ustedes se sienten respetadas en su crianza o no pueden estar ajenas a los comentarios de los otros? !Cuéntenmelo!

Que tengan un dia a toda madre, Laura

La felicidad tiene 40 años

Pic by Helena

Pic by Helena

Cumples 39 años y ya no puedes ni festejarlos a gusto porque estas con el temor de que muy prontito estaras viviendo a tope la crisis de los cuarenta años. A mi nadie me contó de la crisis de los veinte o de los treinta años porque se da por sentado que estos son años de plenitud absoluta. En mi caso, llegué a los treinta años viviendo y sobreviviendo a tope a un prolongado periodo depresivo mayor, por lo que decidí que la crisis de los cuarenta no me despeinaria. Y asi ha sido. A pesar de haber pasado por depresion en el embarazo y en el post parto, decidí que la edad jugara a mi favor y ahora puedo decir que soy una feliz mujer viviendo a plenitud mi cuarta decada de vida.

Si hay una palabra que resume estos años es redefinición (total). Sigo siendo la mujer que fui a los 20 o a los 30 pero ahora tengo la experiencia de todos estos años

Provengo de una familia grande e intensa, de esas que se reunen dos veces a la semana para lanzarnos mutuamente a la hoguera. Los años me enseñaron que, por muy familia que sea, no me gustaba convivir con personas toxicas. Hoy dia, después de una exhaustiva tala de mi árbol genealogico, vivo feliz y sin culpas, con la tranquilidad de que nadie me jode, ni yo jodo a nadie; con la dicha de que no me reuno con las hermanas de mi madre para  castigar y despellejar vivo a otro miembro de la familia. Hoy ya no tengo el desgaste tan grande que ocasiona meterse con los demas o con uno mismo. Ya no necesito de la aprobacion de mi familia de origen, a la que por cierto, jamas iba a tener contenta. Fue dificil tomar la decision de sacarlos de mi vida, pero ahora que tengo mi propia familia, pienso que hice lo correcto,pero claro, esto no habría podido hacerlo más joven.

En el área profesional tambien estoy re definiendome. Estudié y trabajé mucho para cumplir mis  metas en aquello que me apasionaba y a lo cual pensaba dedicarme de por vida. Sin embargo, el camino que habia trazado se bifurcó pero supe dejarme llevar hacia nuevas maneras de ser feliz. Y es que uno se aferra a lo que en un momento piensa que es la felicidad. En mis primeros años treinta, mi felicidad consistia en mi carrera profesional y en viajar. Hoy dia, no tengo ganas de subirme a un avión por mas de ocho horas; hay tantas cosas  que quiero hacer que no me dan ganas de un viaje largo ( sólo viajaria a Nueva York que siempre ha tenido un poder revitalizante en mi). Con el apoyo de Mi Churri ha sido posible la re definición profesional que  me está llevando mucho tiempo y mucho trabajo pero estoy feliz de lo que voy consiguiendo.

Me encanta que soy menos influenciable y que no tengo la necesidad apremiante de permanecer a algo. Esto me pasa a menudo con los grupos de mamás de la guardería con las que poco me identifico, pero tampoco hago algún esfuerzo por seguirles y unirme a su club, aunque confieso que me gustaría encontrar más mujeres y madres con las que me pueda sentir a gusto; mientras eso no suceda, no es mi intención mostrarme como lo que no soy para caerles bien a otr@s.

No puedo decir que a esta edad soy más segura de mí misma; me gustaría serlo para apagar la voz en off de mis padres señalando mis defectos y carencias. Y aunque cada vez necesito menos de la aprobación de los demás, me gustaria oir de vez en cuando que soy una madre entregada y cariñosa.

Las pasiones de juventud no creo que hayan desaparecido del todo, sino que se han asentado tranquilamente, no sé si para bien o para mal; ya no quiero ser la que arregla el mundo, la super vengadora contra los malos. Me basta con cuidar el agua, rezar una oración por los desaparecidos y sus familiares e inculcarle a Cronopio valores como la igualdad y la inclusión. He dejado atrás la necesidad de definirme politica e idelógicamente; no soy de izquierdas ni de derechas, sino todo lo contrario (aunque mi suegro, Pablo Iglesias biliver, jure que soy fachita de corazón).

Y con media vida delante, me queda mucho por hacer. Quiero recuperar  a la mujer vanidosa que se perdió con los kilos post parto. Estoy aburrida de verme siempre igual y, de cierta forma, extraño ir de compras o estrenar algo de Banana Republic (mi marca favorita no apta para mujeres con kilos de más). Es imprescindible que haga cambios en mis habitos alimenticios ya que provengo de familia de diabéticos y con lo que me gusta el azucar, prefiero prevenir ahora. Quisiera ser mas paciente con mi entorno, no sólo con las personas con las que convivo; a veces creo que me va a dar un infarto esperando en la fila  del supermercado, asi que a respirar profundo, Dalay. Quiero hacer nuevos y mejores amigos. Muy a menudo vivo en mi mundo y estoy muy cómoda dialogando conmigo misma, pero  siento la necesidad de compartir con amigos nuevos y enriquecernos mutuamente.

Y si, es cierto que ya no quiero comerme el mundo a cachos; ahora sólo quiero un trozo, insistir dia a día con aquello que me apasiona, quitarle horas al sueño para construir ese camino que me lleve a comerme aquel trozo de mundo que me gusta.

Si a los 25 años hubiera venido alguien a describirme a la mujer feliz que soy hoy en dia, no le hubiera creído, no tanto por la felicidad en sí, sino por aquellas cosas que me hacen felíz.

Y a ustedes, les da miedo cumplir cuarenta años? Cómo se sintieron cuando llegaron a esta edad? Cuéntenme!

Que tengan un dia a toda madre, Laura

El cumpleaños de Cronopio

Danbo wants more cake, by, Asena Ozseyhan

Danbo wants more cake, by, Asena Ozseyhan

No he muerto. O eso creo.  Andaba de parranda, que mi chico se está haciendo mayor y ha cumplido años. Nada ni nadie te prepara para ser la anfitriona de una fiesta infantil. En ningún libro viene ni siquiera un breve adelanto del endemoniado trabajo que conlleva planear una fiestecita. Las reto a que busquen en cualquiera de sus libros de maternidad a ver si  viene una pequeña mencion sobre el tema.

Nadie dice que el cumple de tu churumbel puede ser incluso más cansado que el mismo parto, del cual ya estas como una rosa despues de una semana, (y si eres la Princesa Kate Mildelton, ni te cuento). Después de una fiesta infantil necesitaras un equipo de reanimacion para que vuelva a circularte la sangre y te baje el dolor que traes en pies, piernas, nalgas, brazo y espalda. Vaya, como cuando vuelves al gimnasio despues de un año de no ir.

Aqui la palabra clave es “una fiesta sencillita”. Todo empieza con una pequeña lista de algo sencillo, un motivito, un ratito para festejar al niño: pastel, inflable, globos, piñata y bocadillos. No sé en que tenso momento de nuestra maternidad entramos en una dimensión desconocida y la fiesta sencillita termina siendo algo parecido a una boda. Ahi me tienen, horneando 25 cupcakes , 35 galletas, cuatro pasteles y 20 gelatinas ( y decorando todo con las caras de los súper héroes) para el pre festejo, festejo y post festejo, vaya, como boda gitana.

(Y es que no podía quedarme atrás, que mi carrera de pastelera comienza justo con mi maternidad. Casi desde el primer momento de embarazo me ilusioné mucho con la idea de hacerle yo misma sus tartas, por lo que los cumples de Cronopio son doblemente especiales para mí).

Nuestra idea siempre fue hacer un cumpleaños en nuestra casa a donde pudieran venir los amigos, alguno familiares (si, solo algunos, a que les da envidia, no?) y los niños de la guarde con los que Cronopio tiene más relación. ¿Para qué contratar  un catering si yo puedo hacerlo? “!!Es re -facil!!” (Esta frase es la primera señal de alarma). ¿Los adornos y los globos en forma de Spiderman? … “!!re fácil, yo te lo hago en un momentito”.  (!Alarma!) Y aqui esta la trampa: poco a poco te llenas de 200 cosas “re faciles” de hacer y todas ellas forman un gran problema.

Otro momento clave es cuando empiezas a buscar un tema para la fiesta, que si Pocoyo, Patrulla Canina o el personaje que mas le guste a tu niño. Te das a la tarea de buscar platos-vasos-mantel-banderines-invitaciones-servilletas-gorritos-vela del tema elegido. En mi caso, lo que hice fue seleccionar un tema y comprar platos-vasos-mantel-banderines-invitaciones-servilletas-gorritos-vela de acuerdo a una paleta de colores que se relaciona con el personaje. (¿así o más pretrensiosa?). Cuando estas en este punto es momento de parar, que la fiesta sencillita se te esta convirtiendo es fiesta temática y de ahí a organizar una boda sólo hay un paso (estoy exagerando, en  la organizacion de mi boda no me volví loca ni llegué con los pies y la espalda desechos).

Pero no me dí cuenta de nada de esto hasta que un día antes de la fiesta, empezaron a llegar los refuerzos que  vieron cuando estaba  a punto de un ataque de nervios. La Ceci, el Tio B, los abuelos y la Chuli, ayudaron  con esas   264 cosas re fáciles de hacer en casa. Y ya ni les cuento de que  con la Ceci nos quedamos hasta las tres de la mañana inflando y acomodando globos, con cerveza en mano y contando los ultimos acontecimientos de nuestra vida sexual sentimental.

Entre tanta locura sólo tuve un momento de lucidez: estaba punto de contratar una carpa enorme cuando en los alquileres me preguntan  “¿Cuantos invitados tiene a su  boda?”, ¿Boda?  !Esto es una fiesta infantil! Que no hay novia ni vestido de novia, que la madre del pequeño festejado va a ir disfrazada de Hulk porque  con eso de la gordura post parto no pude disfrazarme de Mujer Maravilla (ni de Capitán América, ni de Spiderman, ni de Batman, ¿acaso no hay super heroes con kilos demás?).

Y todó valió la pena. La foto de mi niño frente a su pastel, con cara de ilusión, susto, felicidad y una pizca de verguenza, es de los momentos más bellos que atesoro como madre. Volveria a hacer todo sólo por ver la carita de dicha de mi pequeño (por decir que volvería  a hacer todo, me refiero a todo, incluyendo aspirar de aquí a diciembre todo el confeti que vaya saliendo de cada rincon, que los festejos en esta casa incluyen guerra de confeti).

Y despues de la fiesta sencillita, quedé como una muerta viviente, una especie de  madre zombie que le pide a Rick Wrimes que le de un buen golpe en la cabeza para acabar con este cansancio. Y sin embargo…. puede moverme para seguir festejando, que Mi Churri y yo teniamos que celebrar con los amigos por esta paternidad, dejando a Cronopio con los abuelos para ir a brincotear y cantar con los Rolling Stones (mentira: para este momento, Jagger tenia mucha más energia que yo) y lanzar gritos asesinos en la lucha libre mexicana. Así es como formalmente dimos por concluidos los festejos del cumple.

Y ustedes, qué tal llevan las fiestas de cumpleaños? Cuéntenme!

Que tengan un dia a toda madre!

Laura

De cómo me convertí en pastelera

Photo: Erin

Photo: Erin

Siempre me han gustado las tartas y los pasteles. Son una de mis principales debilidades. Soy una golosa absoluta, a tal punto que puedo recordar eventos por el pastel que había en esa ocasión y lo primero en lo que reparo al llegar a una fiesta o a un evento es el pastel. Por lo mismo, si no hay pastel, las celebraciones pierden un poco de sentido para mí, que ni la mejor macedonia de frutas supera a una tarta llena de colorines. Y cuando voy de viaje busco probar los pasteles y tartas locales y recordar lugares en especifico en relación a lo que comì e incluso a la ausencia de postres y pasteles (en la Menorquina en Madrid disfruto hasta tomarles fotos y en Miami, por ejemplo, me encantaban  esos cakes con mucho meregue y colores chillones, un tanto cutres y horteras, y en Mexico enloquezco con los pasteles de Sanborns, tan dulces y con  diseños de hace 30 años). Y no crean que tengo un paladar fino,  que por gustarme los pasteles, me gustan todos. Y es que los pasteles me curan cualquier pena y hasta la ansiedad pre menstrual.

Los pasteles han sido mi debilidad de toda la vida. La fiesta de cumpleaños que más recuerdo es cuando cumplí cinco. Mis padres me mandaron a hacer un cisne azul y blanco muy grande y aún lo recuerdo con cariño. Una vez en un cumple de una prima, tenían un pastel  de varios niveles, a mí me parecia enorme y me quedé toda la fiesta sentada ahi, justo a lado del pastel, resguardandolo de no sé que demonios, mientras todos lo niños pasaban delante mio, corriendo y divirtiendose. Debí lucir como una niña patetica, hambrienta y muy ansiosa.

Si quieres hacerme sentir mal, pide que te comparta mi rebanada de pastel; no se te ocurra meter tu tenedor y tratar de problarlo, que me puedo poner como doverman furioso. De verdad que no tengo pena en ser egoista con el pastel que me estoy comiendo, pero eso si, tampoco tengo pena en pedirte que tú si me compartas del tuyo. (¡Que cinica soy!). He pensado que en cuanto Cronopio tenga un par de años mas, lo tengo que entrenar para que en las fiestas infantiles pida doble ración y discretamente se las traiga todas  a mamá.

Photo: Erin

Photo: Erin

Cuando supe que estaba embarazada no corrí a ver la ropa ni los muebles de bebé pensando como iba a ponerle su habitacion. De las primeras cosas que hice despues del notición fue ir al supermercado y a ver todas las boberias que venden para decorar pasteles y me ilusionaba la idea de hacerle todos sus pasteles de cumpleaños.

Con la depresion post parto,la ansiedad y el hambre que supuestamente provoca la lactancia, me harte de comer y como no siempre podía salir a comprar algo, me puse a hornear (pueden enterarse de mi gordura post parto en este post) y después vino la primera edición de MasterChef España, que me dió valor para meterme más a la cocina y, con los consejos de Mi Churri, se me quitó el miedo al horno y a los cuchillos. Desde entonces hago pasteles para todos los amigos, a los que agradezco que se hayan comido mis experimentos, pues me fueron entrenando para el gran evento, el cumpleaños de Cronopio.

Hasta este momento sólo había podido consultar tutoriales en youtube, que me fueron súper útiles, pero siempre había algo que no calculaba o que no me salía bien, sin embargo, hasta ahora es que tengo la oportunidad de asistir a una escuela donde recibiré una formacion de año y medio especializada en pasteles. Estoy muy contenta  y cuando me puse la bata de chef !me emocione muchismo! Esta es una forma de hacer algo de lo que me gusta, dedicarme a mi pasión y, además, buscar una forma de conciliar el trabajo con la maternidad porque la idea es montar un negocio casero que me permita seguir al cuidado de mi hijo.

Ya les ire compartiendo por Facebook  fotos de mis andanzas y… que tiemble Jordi Roca!!

Jordi Roca, el mejor pastelero del mundo.. y el mas guapo

Jordi Roca, el mejor pastelero del mundo.. y el mas guapo

Cuéntenme algo que les guste mucho o les apasiona!

Cómo les gustan las tartas y los pasteles?

Que tengan un dia a toda madre, Laura

 

Mi hijo tiene dos súper abuelas y una madre idiota

 

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Vivimos lejos de nuestras familias de origen, de mis padres estamos a poco más de dos horas en auto y de mis suegros a once horas en avión. Pese a ello, unas cuantas veces al año los astros se alinean y Júpiter se cruza con Saturno y los cuatro abuelos coinciden en tiempo y espacio. Por un par de días es muy disfrutable estar todos juntos, pero cuando los días se van alargando y yo empiezo con gastritis por todo lo que devoro sólo por ansiedad, me da por declararme una incompetente para las relaciones familiares. Que no puedo con la familia por más de tres días; tengo un padre y un suegro que hablan hasta por los codos y de cualquier tema, pero con no sumarme a la platica y no hacerles preguntas de ningún tipo es suficiente (si, no vaya a ser que se me ocurra preguntar en que año llegó Colon a América y toma, dos horas hablando sobre el tema, cuando a mí me hubiera bastado que dijeran “1492”  y no que me dieran una descripción detallada de la madera con la que se construyeron las carabelas).

Con quienes la llevo más difícil es con mi madre (la pediatra e intelectual) y con mi suegra (la fina y elegante, marcadora de tendencia en cuestión de buen gusto). Cuando ambas están con Cronopio compiten entre ellas a ver quien lo agobia más rápido quien es la abuela preferida, entonces no paran de hablar y de parlotear y de estarle haciendo todo tipo de gracias para que este contento. Vaya, que se la pasan bien y Cronopio no podría estar más contento con la plena atención de las abuelas (aunque no ha faltado la ocasión en que las deja jugando solas).

Para mí es difícil convivir con las Súper Abuelas  que buscan poner el acento en mis carencias  y debilidades o, sencillamente, en mi falta de tiempo (o de organización,como se quiera ver) para tener al  niño como dicen ellas que Dios manda.  Mi suegra, fina y elegante, nunca se sentirá agusto por la forma en que llevo vestido a Cronopio (jeans, pantalón corto, camiseta de súper héroe y zapatos deportivos) y siempre buscará la forma de hacer ver que no pasé suficiente tiempo quitando las manchas de la ropa del niño. No falla. Le encanta hacer comentarios tipo “pero niño, a donde vas con esa ropa,que a la plaza no puedes con ropa deportiva” (si, no vaya a ser que estén ahi los fotógrafos y mañana  sales en el Hola).  En ocasiones he pensado que tiene un amigo imaginario, o es que quizá le habla a las moscas, porque con tal de no ahorrarse comentarios, ella piensa en voz alta: “esta camiseta también tiene una mancha y esta otra tiene una mancha ya bastante vieja“, “pero que pantalon tan arrugado, por diossss”. Vaya, que no puede quedarse callada y ve la forma en hacerme saber que, aunque pase mis buenas horas quitando manchas y planchando, nada es suficiente porque no lo estoy haciendo bien. Y lo mismo sucede con los modales del niño a la hora de comer. Ella parece no entender que Cronopio es muy pequeño y, sobre todo, que no es un adulto pequeño; como cualquier otro niño de la edad, Cronopio se ensucia cuando se lleva los alimentos a la boca, se levanta de la mesa, se le cae el agua en el mantel y ella le comenta a su otro yo, “si me dejan al niño unos cuantos días, porque con eso me basta, le enseño a comer con propiedad”. Y se queda tan ancha. Yo no le digo nada porque en realidad a mí no me lo está diciendo. El día que me lo diga a mi directamente…. si, ya saben lo que va a pasar.

Con mi madre es otra historia. Ella se graduó de medicina en la universidad de sus sueños. Le encanta ir por la vida diagnosticando gente, que nada mas le falta extender receta. Si ve que estoy medicando a Cronopio siempre, sin falta, tiene que opinar del medicamento, sus pros y contras, incluso ha llegado a decirme  que le llame al pediatra y le pregunte si le puedo dar lo que ella cree que podría ser más efectivo. Yo  no sé de donde saca tanta información, porque ella sabe del último estudio de la universidad de no sé donde o lo que dicen los científicos respecto a crianza y que la OMS dijo que precisamente eso que estoy haciendo en el momento es malísimo para el desarrollo del niño. A mi, sinceramente, me entretiene mucho oírla, imaginar de donde saca tanto, como va formando sus historias. Eso si, no le hago ni el mas mínimo caso.

Y como mi madre también es intelectual, me pasa sin falta sus más recientes recomendaciones de literatura infantil y hasta amenazó con regalarme ¡¡los versos de Pablo Neruda explicados a los niños!!

Yo, como buena mala madre que soy, no le hago casi ni a mi madre ni a mi suegra y plancho lo que puedo y quito manchas cuando puedo y si me apetece. Quiero que Cronopio no pierda la espontaneidad propia de su edad y si le da por bailar en medio de la comida, que lo haga. Y sinceramente, no se me antoja sensibilizarlo en la poesía, que no me lo puedo imaginar recitando ninguno de los 20 poemas, ni de amor, ni de desamor (lo confieso, cuando Cronopio era bebe le leía en voz alta “La vida exagerada de Martín Romaña” de Alfredo Bryce Echenique).

Paso olímpicamente de todas sus recomendaciones porque no voy a hacer las cosas de acuerdo a sus expectativas, ni tampoco voy a dejar que ellas asuman lo que no les corresponde,  ni tampoco voy a cambiar de pediatra. Y si, me gusta imaginar lo feliz  que seria mi suegra planchando y lavando la ropa del niño, vistiéndolo a su completo gusto, pero eso sólo en sueños.

Y ustedes, también tienen súper abuelas en la familia? Como hacen para gestionar el conflicto?

Que tengan un día a toda madre, Laura