De mi personalísima Wish List: Reproductor dvd Panasonic

By Tina Torrence

Aunque en algún momento de esta Moleskine® declaré que no me gustaba el Día de la Madre por la intensidad dramática que conlleva, de la misma forma dije que tendría que escribir mi propia historia, ahora como madre, a modo de quitarle la carga emotiva y, ahora si,empezar a disfrutarlo.  En esas ando. Cronopio está creciendo y anda que no para ensayando la sorpresa que nos darán los niños en su colé y, ante su emoción no puedo más que sumarme  y esperar a que llegue el mentando día. Y este año si quiero un regalo.  Es más, me merezco ese regalo.

Lo primero que puse en mi wish list fue una visita al spa. El gusto de imaginarme en el spa me duró veinte segundos: después de una larga sesión de mimos a mi espalda y pies, inevitablemente tendría que regresar a mi realidad, cual Cenicienta cuando le dan las doce de la noche. Hasta ahí llego mi gusto por el spa.

Desde que el Churri y yo nos convertimos en padres, lo que más añoramos es ir al cine; poco a poco hemos ido recuperando las actividades que disfrutábamos cuando Cronopio no había llegado a nuestras vidas, pero lo cierto, es que seguimos sin ir al cine. Ninguno de los dos vivimos en nuestra ciudad de origen y no tenemos familia que nos cuide al niño mientas nos vamos al cine, y la opción de contratar una niñera, sencillamente se nos escapa del presupuesto, pues sale mucho más cara que el kit cine-refresco-palomitas-helado.

Viendo que el rezago filmografico  que padezco es digno de vergüenza, lo tengo decidido: quiero un reproductor dvd Panasonic!!!

Aprovechando que Cronopio ya no grita  ¡¡ Mamá!!  cada 45 segundos en promedio, sino cada 3.5 minutos, lo que quiero para este Día  de las Madres es sentarme todo el día a ver pelis, muchas pelis, las pelis que no he visto en años, con un bowl de palomitas enorme, Coca Zero a tope y tarrinas de helados de varios sabores, y no levantarme en todo el día,

Aquí les dejo mi lista de pelis para el Dia de la Madre:

Y si despues de esta sesión te da por sentirte la mala madre mas mala, este reproductor de dvd de Panasonic cuenta con ranura para tarjeta de memoria y para USB para que te pongas a ver las fotos y videos de tu vástago con una calidad insuperable.

¡Estan todas invitadas a celebrar conmigo el Dia de la Madre!

¿Alguna sugerencia que agregar a mi lista de peliculas?

Que tengan un dia a toda madre!

 

De cuando mi madre se salta los límites y brinca encima de mi cabeza

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Han pasado solo cinco días desde que mi madre llegó a nuestra casa y Cronopio ya me ha soltado varias  frases tipo mamá eres mala”, “mamá maldita” y, el más reciente, “mamá eres más mala que la carne de puerco”, expresión muy usada por mi madre y que ahora en boca de mi hijo no me ha causado ninguna gracia, sobre todo porque se refiere a mí. Yo, la peor de todas, ahora soy más mala que la carne de puerco.  Podría haberme dicho que soy una madre más pesada que la Cuaresma, pero no, soy mala.

No es la primera vez que Cronopio me dice que soy mala, sobre todo cuando no le cumplo alguno de sus caprichos, y seguiré siendo mala si se trata de ponerle límites. Lo que me encabrona es que a ojos de mi hijo, mi maldad se multiplica entre más tiempo pasa con su abuela. Y es lógico. Mi madre está todo el día jugando con él y cumpliéndole sus caprichos; se puede pasar todo el día al pendiente de la respiración del nieto, haciendo todo lo que éste le (pide) exige; es cierto que mi madre se puede pasar en día tumbada al suelo jugando con Cronopio como si los dos tuvieran la misma edad, pero por eso mismo, soy yo la mala-malísima que tiene que poner los límites,  mientras mi madre es la abuela maravilla.

El conflicto se detonó cuando Cronopio me puso al mismo nivel que la carne de puerco. Le hice notar las cosas que le enseña a mi hijo, aplicadas a mí. Mi madre no fue capaz de decirle al nieto “no le hables así a tu madre, respétala”. La abuela maravillas no pone límites, claro, para eso estoy yo y lo único que se le ocurrió decirme fue “regáñalo tu”. Claro, tu le enseñas las tonterías, yo lo tengo que reprender y ante los ojos de Cronopio tu sigues diáfana, mira que lista.

A este drama, ya intenso para esos momentos, hay que agregar que días antes le dijo a mi hijo en dos ocasiones frases relacionadas a que si Cronopio no hacía tal cosa, yo le iba a pegar, “tu mamá te va a dar… tu mamá te va a poner una friega”.  A la segunda vez que le oí este tipo de amenaza le dije que no debía hablarle así.

Y así ibamos en esta familia, in crescendo en el nivel de drama, con una misma situación que se repetía: limites, berrinches, cumplimiento de las órdenes y caprichos del nieto, drama, más límites , más berrinches, tiempo fuera, consecuencias, hasta que recapacité, pensando en que los limites debía ponérselos a mi madre, no a mi hijo.

( Y en el transfondo de todo eso está la defectuosa relación que siempre hemos tenido. Mi madre, una mujer muy trabajadora, que me dio todo lo que podía necesitar,pero que emocionalmente me dejo semi desnuda, nunca me dio el lugar que yo sentía merecer. Desde muy pequeña tuve la sensación y, en ocasiones la certeza,  de que mi madre no me quería tanto como nos hacen creer que una madre puede querer a una hija. Nunca he tenido ni la seguridad ni el sentimiento  de que mi madre me haya dado el lugar que merezco, o creí merecer en su vida.  Ahora de mayor y a base de ir acumulando experiencias decepcionantes, tengo la certeza de que mi madre se ha visto socialmente obligada a quererme; es decir, no muero de amor, no te quiero, es más, te estimo, pero vamos a suponer que te quiero, pero en realidad me cagas, me desesperas, no sé qué hacer contigo y sólo puedo establecer una relación real contigo basada en la falta de respeto.  Así fue durante muchos años la dinámica de la relación con mi madre. Cuantas veces le oí decir que la tenía harta. Y ya de adulta esto no cambio, más que cuando me vio en un hospital psiquiátrico y prácticamente exigí su ayuda, su presencia en mi vida y se quedó ahí unos años, movida por la culpa, hasta que ésta se le agotó.  Y no cesó en demostrar su poco aprecio a mi persona, hasta que se me dio la gana de ser absolutamente feliz y mandarla al carajo… pero ese es otro post). 

No nos engañemos: mi madre volvió a mi vida no por mí, sino por mi hijo, prácticamente su primer y único nieto.  Si no sabes o no tienes la capacidad de darme mi lugar frente a mi hijo, vamos mal. No basta con cuidar a mi hijo con esmero, jugar con el hasta el cansancio, si no me respetas a mi, la relación con mi hijo será difícil no sólo para nosotras, sino para Cronopio mismo. Porque mi madre se va a su casa, a su ciudad, y lo que me  deja es un niño caprichoso, exigente y grosero y que además, ya está empezando a hacer distinciones entre mamá mala y abuela buena. Como ya dije, ella cuida con esmero a mi hijo y eso a mí me aligera la carga de trabajo y puedo dedicarme 8 o 10 horas seguidas a hacer galletas sin preocupación alguna. Mi madre ya se ha jubilado y tiene tiempo y recursos para dedicárselos a mi hijo; desde aquí ella ya juega con ventaja, en tanto yo no puedo ni debo comprarle a Cronopio todo lo que se le antoje y necesito desarrollar mi propio negocio, no para mi  bien exclusivo, sino el de mi familia entera.

Hoy le he dicho a mi madre que sea impecable con las palabras que utiliza en sus juegos con mi hijo. Mi madre es un excelente ejemplar pasivo-agresivo. Sus mejores agresiones las dice en forma de broma y si te ofendes, no tienes sentido del humor. Para joder la vida, se apoya en lo que supuestamente dicen escritores y filósofos. Ósea, no soy yo quien te ofende. Eso lo ha dicho William Shakeaspeare. Mejor dicho, eso dice mi madre que dice Shakespeare, entonces enójate con él, no conmigo. Y a saber si en realidad esas palabras tan ofensivas las dijo Shakespeare o Platón.  Entonces ella queda libre de responsabilidad y además queda como la más culta entre las cultas.

Hoy le he dicho a mi madre que entienda mi situación. Que ella no puede ser la que cumpla caprichos al momento porque cuando llego yo a poner límites, yo soy la mala y en estos días a ojos de mi hijo debo ser la más mala de Malolandia. Y que eso no es justo para mí.  Y que no es justo que sea yo  la que ejecute la amenaza que ella lanza a Cronopio, de que su madre le va a pegar si no obedece. Debo ser hippy o muy moderna, o muy borde, pero esas amenazas me parecen un recurso muy bajo y es que en esta casa sencillamente no las usamos. Del mismo modo, le aclaré, no le permito a mi suegra que le diga a Cronopio  “te voy a dar azotes en el culo“, que será una frase muy común en España pero a mí me importa tres cojones y a mi hijo no le dices esas mierdas. Y es que para mi mamá toda esta verborrea pasivo- agresiva no son más que frases, así, sólo frases.

Hoy le he puesto límites a mi madre y ella no ha perdido la oportunidad de pasarme la factura de que cuida mucho de mi hijo,  justo como hacía antes para chantajearme diciéndome “yo te cuidé cuando tu depresión “, como si ambas cosas me crearan una deuda impagable con ella, que le da libertad para hacer lo que le da la gana.

Hoy le he puesto límites a mi madre y hoy mi madre me  ha lanzado la más baja de sus manipulaciones: la estoy humillando.  Lo que para mí es sanar la relación y evitar que se salga de control, para ella es una humillación; en resumidas cuentas, Cronopio tiene razón: soy más mala que la carne de puerco.

Nunca he dejado de reconocer lo mucho que cuida de Cronopio, le he dicho, pero asumir los límites como una humillación esa una opción que ella ha escogido, porque es la que mejor le acomoda.  Así se lo he hecho saber. Esa humillación de la que hablas es tu opción, solo eso. Me despedí de ella, bajé del auto y agradecí todos mis  años en Terapia  Gestalt.

Mis súper poderes de madre (o de cómo me convertí en mamá emprendedora)

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Desde que soy madre  detesto los relatos de las madres súper poderosas que con un aire de liviandad y relajación inauditos, parecen tener el control sobre cada asunto de su vida; al mismo tiempo que van súper peinadas y montadas en unos zapatos altísimos, parecen gestionar con gran facilidad todo lo relacionado con sus hijos, trabajo, marido, relaciones públicas, gimnasio, redes sociales, hobbies y cada rincón  de su vida personal. No sólo me cuesta creer  la total veracidad de esos relatos, sino que no me indentifico con ellos.

La primera súper mujer que conocí fue mi suegra, por supuesto. Cronopio tenía seis meses de edad y yo el mismo tiempo sin dormir bien y con depresión post parto. Se notaba a leguas que no la estaba pasando bien; pese a ello y con un hijo que hasta el momento no conocía la ropa sin arrugas, mi suegra, muy ancha ella, tenía que soltar una de sus joyas: ella nunca había dejado de hacer todo lo que  le gustaba aún con dos hijos; cuando ellos se levantaban, ya tenían en la mesa la fruta finamente picada (que se note que dijo finamente picada, no un vulgar plátano al que tu hijo le quita la cascara en dos segundos).  La intensa jornada de mi suegra incluía café con las amigas, visita rápida a la peluquería, dejar comida y mesa lista a la una de la tarde y marcharse por los hijos al colegio, entre doscientas cosas más para terminar su día sentada viendo las noticias mientras le  cosía a sus hijos la proxima colección de ropa primavera-verano. Y todo lo hacía sin despeinarse. Desde ese momento tomé conciencia que no hay vara más dura para medir a una madre, que la vara de otra madre.

Hoy me queda claro que este tipo de relatos están hechos en base a algunos hechos reales y  adornados con ficción pura; son historias diseñadas para que la que la cuenta, se luzca como una mujer extraordinaria,mientras que tu,  madre primeriza que desde hace siglos no se afeita las piernas y que piensa que nunca va a recobrar la cordura, te sientes un poco mierda y mucho más agobiada  aún con la mitad de cosas que hace tu suegra en un día.  Escuchas a estas mujeres extraordinarias y sientes que has perdido el control de absolutamente todo lo que tiene que ver con tu vida y ni siquiera tienes la menor idea de cuándo o dónde recuperarlo.

Hoy día puedo decir que yo también soy una de esas madres súper poderosas; una madre que  cual camioneta todo terreno   va saltando los baches y  los obstáculos que se le ponen en el camino. Eso sí, yo termino el día bastante jodida y hace ya un ratote que no voy a la peluquería. Las dos ultimas veces mi paso por este lugar fue un tanto patético: aprovechando que Cronopio necesitaba con urgencia un corte de pelo, lo lleve a un lugar ad hoc para niños y yo, con ojos de perro hambriento, le pedí a la peluquera si podía cortarme el pelo . A la salida me dieron un regalito, justo como hacen con todos los niños que se dejan cortar sin dramas.

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A raíz de que empecé a estudiar pastelería, descubrí lo mucho que me apasiona y decidí emprender mi propio negocio desde casa. Se trata de Hornear, Comer, Amar, galletas y pasteles personalizadados y hechos sobre pedido. Regalaba muchas galletas y pasteles y a donde quiera que me invitaban llevaba algo para que la gente lo probará; sin embargo, tenía que dar un paso más allá, pero, ciertamente, no sabía hacía dónde. Después de tomar mi segundo curso con Yuri O. Villela decidí emprender mi propio negocio. Yuri no sólo es la mejor galletera de este país, sino una chica excepcional que comparte su experiencia de vida  en el mundo de la repostería, de cómo  ella, de ser una madre deprimida y frustrada con su vida laboral (justo como yo), se puso a hacer galletas y  a base de trabajo constante y disciplina, hoy es quien es. Cuando ella vino a mi ciudad en octubre, salí con un cúmulo de ideas y, lo que es mejor, me convencí de que yo también saldría adelante. En diciembre me dediqué a hacer cerca de 300 galletas (y algunos pasteles), de las que vendí absolutamente todas. Mi Churri, que me apoya en cada locura que hago, me promocionó en su trabajo y prácticamente se convirtió en mi agente de ventas; también conté con el apoyo de conocidas que me permitieron promocionarme en sus negocios y aquí estoy…. horneando mucho, comiendo poco y amando lo que hago.

 

No ha sido fácil. He tenido que planificar mis tiempos al máximo, dejar a un lado algunas cosas, olvidarme de leer media hora antes de dormir y, en  muchas ocasiones, olvidarme por completo de la casa para concentrarme en la cocina. Han sido días de comer comida de la fondita, de tener montones de ropa limpia apilada arrugándose en un rincón. Han sido semanas de no comunicarme con los amigos, ni ponerles un whatsapp. O días en que Mi Churri y Cronopio se han marchado todo el día a buscarse algo que hacer fuera de casa para que yo pueda avanzar con mi trabajo.

El único sabor agridulce que me queda en la boca es en relación con mi hijo. Aún debo aprender a manejar las culpas que me  ocasiona no ponerle la debida atención en los momentos de más trabajo; todo esto quizá se traduzca para él en que ya no lo quiero  tanto como antes, o que por lo menos ya no es mi centro de atención y estas ideas que sólo yo supongo, me causan culpa, malestar y, de cierta forma, me hacen sentir que estoy haciéndole daños irreparables en su vida (suena cursi pero de verdad lo he pensado). Por otro lado, me tranquiliza saber que el está creciendo bajo mi mirada y en su casa, y que no tenemos que pasar por la difícil situación, a veces dramática, que padecen otras madres a las que sus horarios laborarles sencillamente les impiden conciliar y, por ello, tienen que dejar a sus criaturas con la vecina, con la prima de una amiga o con quien se pueda, sin  tener que gastarse más de la mitad de su salario en pagar niñeras. ¿Qué hacen las madres que trabajan fuera de casa cuando los hijos se enferman y no pueden echar mano de los abuelos? ¿Qué hacen ellas los últimos viernes de mes cuando la mayoría de los niños de este país no van al colegio por disposición de la autoridades educativas?  Cronopio está  en su casa, es cierto que a veces bastante harto y que el quisiera ir al parque o que jugasemos  todo el día, pero hay ocasiones en que no puedo darle todo lo que él me demanda, pero eso sí,  él está  seguro en su casa, bajo mi mirada (lo que también es cierto, es que Cronopio ahora tiene una madre mucho más feliz y que poco a va empoderandose).

Son unas cosas por otras. Me siento feliz de descrubrir mis súper poderes: transformar poco a poco mi vida, explotar mis pasiones y claro, convertir la harina, la mantequilla y el azúcar en cosas lindas.

Todas tenemos súper poderes, ¿ya sabes cuál es el tuyo o estás en vías de descubrirlo? ¡Compárteme tu experiencia!

2016, un año lleno de absurdos (de cómo me he sentido la peor madre del año)

Que no he muerto, aunque por ahí anden diciendo todo lo contrario; para que quede constancia de ello, aquí les dejo mi personalísimo recuento de cómo me fue este año, en lo que se refiere a cuestiones relacionadas con la maternidad.

En resumidas cuentas me he sentido un poco mierda pensando que entre más crece mi hijo,  yo encuentro nuevas formas de irla cagando como madre. Siempre siento que nunca hago lo suficiente y aunque día a día  intento crear mi propio modelo de maternidad, este siempre se ve contaminado cuando convivo con tanta madre súper poderosa (aquellas que parecen gestionarlo todo a la perfección, las que no se vuelven locas ni pierden la paciencia,cuyos hijos no hacen berrinches ni cuestionan su autoridad en público, y todo esto lo hacen subidas en tremendos tacones, luciendo pelazo). Ante esto, yo sólo  me quedo con cara de what, en el mejor de los casos. La mayor parte de las veces me cuestiono terriblemente sobre lo que estoy haciendo mal, respecto a mi y respecto a Cronopio y tengo días en que siento que la cago en absolutamente en todo y entro en pánico buscando respuestas en Google a preguntas del tipo “qué hacer si mi hijo no me hace absolutamente ni puto caso”; “consejos fáciles para que los hijos recojan los juguetes a la primera”; “como mantener la paciencia si mi hijo reclama mi atención total cada dos minutos y medio” y así, googleando hasta la náusea.

Ivanka reluciente y perfecta como muchas madres que van al colé de Cronopio.

Típica foto de una madre típica que después de hacer la limpieza de la casa, concilia trabajo y maternidad, al mismo tiempo de que luce pelazo, ropa perfectamente planchada y el bebe no está ni meao, ni cagado. Aclaración: la de la foto no soy yo, es Ivanka Trum

Aquí les dejo mis peores momentos como madre en el 2016:

De cuando otros me confirman mi estupidez.

Dos horas en el parque y 2 kilos de tierra encima no son suficientes para Cronopio. Él siempre querrá más.  No hay forma de explicarle que nos tenemos que ir. El camino a casa se hace entre berrinches, lloros y dramas. Cronopio encabronadisimo porque no consigue nada a cambio solo atina a gritarme “estúpida”. Para ser sincera, yo quería decirle que si, que era muy estúpida al pasarme las horas en fiestas infantiles soportando a madres odiosas y todo para que él se diviertiera; si, súper estúpida porque no logró bajar ni 5 kilos; súper estúpida porque aunque me esfuerce no logro verme ni tan guapa ni tan arreglada como esas madres súper star que Cronopio ve a la salía del cole.Y si, estúpida por qué no logro aprender a conducir, también como esas madres del cole, que llegan a recoger a sus criaturas en una todo terreno. Y así de pesada y larga como la Cuaresma estaba a punto de lanzarme con Cronopio.  Tuvo consecuencias, como cero televisión y caramelos pero yo me quede con mi corazoncito de madre un poco roto solo por ese día.

De cuando grito y me sale un espejo con la imagen de mi madre.

Desde el embarazo tenía pavor de ser una madre  como la mía y amar a mi hijo con la misma baja intensidad con la que mi madre me ha amado;  ya sé que esto ha sonado tan dramático que hasta escucharon violines de fondo, pero aclaro: superé este episodio cuando sentí como mis ojos se llenaban de amor cada vez que miraba a mi hijo. Sin embargo, tengo mis momentos en que grito y derramo histeria como lo hacía mi madre. Y eso me dolió. Me dolía que cada que ella abría la boca, ladraba. Y me duele aún más seguir ese camino; por ello,  he hecho el compromiso conmigo misma  de no gritar ni ladrar a mi hijo solo por 24 horas.

 De cuando soy madre trabajadora y yo soy la última en enterarme

Tuvo que venir la guía de Cronopio a decirme que seguro navidades es una época pesada para mí por todo el trabajo que tengo con las galletas y pasteles; que las  madres que trabajan no tiene porque arrastrar culpas, que todo lo hacen por el bienestar familiar. Pues si, no me había dado cuenta de que soy madre de familia, llevo la casa y acabo de echar a andar un negocio casero de pasteles y galletas personalizadas. Lo que me dijo la guía de Cronopio fue como una revelación, de verdad, así de absurda puedo ser. Desde entonces cambié el chip: ya no soy la señora que hace galletas monas, ahora soy la CEO  de Hornear, Comer, Amar.

Cuando te sabes mediocre y el mundo te confirma que eres más que eso.  

Ya la llevas mal con los gritos, los berrinches, el poco control que tienes sobre la criatura a pedar de que estás convencida de que poner límites a tiempo es lo mejor. Me sentía lo suficentemente jodida cuando en ese instante llegó una invitación del colegio para asistir a una clase muestra para que los  padres veamos cómo trabajan nuestros hijos bajo la pedagogía Montessori. Cronopio, que es un torbellino en casa, es encantador bajo la mirada de su guía. Hace todo pasó a paso, con un orden y pulcritud que ya la quisieran las Infantas Leonor y Sofía, entonces ¿porqué carajos en casa avienta todo al suelo? Mi respuesta fue que yo soy una mala influencia para Cronopio, no pude evitar decirme esto de golpe, aunque ahora con el tiempo no dramatizo mucho esta experiencia y, por el contrario, estoy tan orgullosa de que mi chico se comporte tan bien en el cole.

 

De cuando todos demuestran en público lo buen rollo que son como padres y se ponen en cuclillas a la menor provocación

Maldito Principe William que puso de moda lo que muchos  sabíamos: agáchate para hablarle a tu hijo y así crearas empatía. Yo todo el día ando como bragas de puta: de arriba para abajo y me duele el coxis y la ciática y todo lo demás. Cronopio habla hasta por los codos lo que equivale que yo me tendria que agachar cada dos minutos y mis músculos no están para esos detalles  Montessori. Así que si no tengo donde sentarme para estar a la altura de mi hijo, me invento la empatía desde mi 1.60 de estatura.

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Kate en cuclillas, creando empatía y de paso para que le quede claro a George que está sacando de quicio a su pobre madre

Y para ser justa conmigo misma, tengo que reconocer que también tuve mis cosas buenas como madre. Me dio mucho gusto tener la capacidad de respetar la libertad de mi hijo cuando éste quiso llevar al colé unos zapatos de niña llenos de colorines. Llegó al colé feliz luciendo sus zapatos hasta que se aburrió de ellos y fin de la historia. Nunca más se ha acordado de ellos. Y si, nada sucedió, fue un hecho natural que a él le hubieran gustado esos zapatos tan lindos y nadie aquí se hizo historias en la cabeza. También he tenido que aprender que mi hijo, en su enorme capacidad de amar, está descubriendo nuevos amores y aunque mami es mami, él ama a sus abuelas, a su guía y a sus amigas. Ni siquiera me he permitido sentirme celosa, hasta el momento. He aceptado que a Cronopio no le gustan los festivales infantiles donde tenga que bailar y que por poco que haga sobre el escenario, estoy segura que está haciendo su mejor esfuerzo. Y lo mejor: le he he enseñado que nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a tocar su cuerpo, ni a hacerlo sentir mal.

 

¿Cuál fue su peor momento como madres en el año que recientemente terminó?

Que tengan un día a toda madre, Laura

Mis suegros nos visitan

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Roy Lichtenstein

Ya lo sé. El titulo de este post encierra momentos de mucha tensión que ponen en crisis el normal desarrollo de aquello que desde epocas primitivas se ha dado en llamar familia.  No hace falta conocerme mucho para saber que soy una grinch de la familia, sobre todo si es la de origen, que algún dia les contaré de cuando me dió por ser feliz y talar mi árbol genealógico. A diferencia de los asquitos y repelus que  me causa la convivencia y el roce con mi familia de origen, amo profundamente a  la familia que yo he formado y soy una perra guardiana de todo lo que a ella se refiere.

Con la familia de Mi Churri me llevo muy bien. Sus tías y tios son adorables, todos, sin excepción y le tengo especial cariño a algunos de ellos, incluyendo a mi cuñado, con todo su mal genio y sus locuras. Toda la familia me aceptó desde un primer momento a pesar de conocerme tan poco. Y con mis suegros me llevé bien desde siempre, con sus altas y bajas, hasta que nació Cronopio y las visitas a nuestra casa se hicieron más regulares y más intensas. Y cuando hablo de intensidad, me refiero a que el nivel del drama y la crítica subieron  considerablemente.

Pese a ello, cada visita de mis suegros nos hemos esmerado por recibirlos con lo mejor que les podemos ofrecer, siendo generosos con lo poco o lo mucho que tenemos y, lo cierto, es que pasamos algunos buenos ratos y acumulamos muchos desencuentros. Cada visita mutua que nos hacíamos empezaba con nuestros mejores deseos de que las cosas transcurrieran apaciblemente, con el menor de los sobresaltos; sin embargo,  a los pocos días las cosas se torcían y acababamos, por lo menos de nuestra parte, despidiéndonos agridulcemente.  Esa ha sido la dinámica de nuestras mutuas visitas.

Hace nos cuantos meses que mis suegros estuvieron por aquí y parece que no fue suficiente la pasada ración de stress y disgustos que nos propinamos mutuamente porque mis suegros regresan!

Atención SPOILERS!  Mis suegros han decidido llegar a un hotel, que no quieren incordianos (ni incordiarse), cosa que agradezco porque, seamos sinceros,  en mi casa nunca han estado agusto.

Yo encuentro mi casa muy linda y acojedora, será porque es mi casa y vivo muy feliz en ella; es cierto que tenemos cosas por hacer para mejorarla pero sencillamente en este momento no estamos para ello. Sin embargo, cada visita de mis suegros es una oportunidad para sacar a relucir los defectos o supuestos defectos que nuestro espacio tiene y ya puestos a criticar,  le otorgan una calificación, como si se tratara de un concurso de belleza, donde por supuesto apenas si hemos aprobado. En resumidas cuentas: prefieren sacar a relucir nuestras carencias, o lo que ellos consideran una carencia, en lugar quedarse con lo bueno o simplemente callarse.

Hablando de “carencias”,  nosotros no tenemos television por cable porque no nos interesa. El problema viene cuando mis suegros no se quieren perder ni un minuto del acontecer político de España y por internet no pueden ver la televisión como en su casa, ni la Cinco, ni la Uno, ni la Cuatro, ni ostias, ni cuanto canal español hay. Con ello, se pierden las tertulias de la Cinco, de la Cuatro, de la Siete, del Nueve y del Doce. No pueden ver El Gran Wyoming, “el que verdaderamente informa” y con ello aumenta la ansiedad de mi suegro, que ya es mucho decir. (Les alclaro: muchos de estos programas estan disponibles en internet mediante pago. Algunos otros como los de RTVE si se pueden ver a excepcion de los documentales). Y para joderla más, mi suegro no puede hacer la siesta sin los interesantes alegatos de Sálvame, ni tiene forma de enterarse cómo anda el corazoncito de Rosa Benito o si Belen Esteban ya terminó  la escuela primaria. No queda de otra mas que echar mano del Youtube.  Tragedia total.

En eso llega el capitulo de final de temporada de The Walking Dead. Nos preparamos una rica cena y justo cuando estamos en medio de la nada matando zombies a palos, mis suegros están echando pestes y de mala leche  en medio de su propia tragedia personal: se estan perdiendo el capitulo de Mi casa es tu casa donde Bertín Osborne está en la cocina de no sé quien repartiendo micro machismos a tutiplén.

La hora de la comida (y del desayuno y de la cena) es una buena ocasión para hacer más drama. Aunque no aspiro a ninguna Estrella Michellin, soy bastante apañada en la cocina y si bien no podría concursar en Masterchef, tengo mi propio menú semanal bastante resultón que me saca de apuros con mucha dignidad. Sin embargo, esto no parece ser suficente para mis suegros (ni siquiera el tiempo que dedico a cocinar entre cuidar a Cronopio, hacer limpieza, ir al Gimnasio y un largo etcétera). No importa lo que yo ponga en la mesa, ellos  no sólo darán su opinón, sino que asumirán su personalidad de críticos gastronómicos viviendo en realidad paralela en la que ellos son Gordom Ramsey y Alberto Chicote. Vaya usted a saber. El caso es que el spaguetti siempre estara muy hecho o las zanahorias están poco hechas. Nunca hay forma de hallar el punto exacto, en nada. eso si, todo se comen. Hartita que estaba ya del tema, una tarde me cruce a la tienda de la esquina y compré todo para unos ricos y nutritivos hot dogs, y  no desperdicié la ocasión para decirles que no comieran mucho porque la OMS había dicho que las salchichas son cancerígenas. Y me quedé tan tranquila.

Cuando nos dieron la gran noticia de que nos harían la visita (perdonen que no aplauda) yo ya tenía listo mi nuevo menú que incluía sopas Ramen instantaneas (en mi pueblo también conocidas como Maruchan) una amplia selección de lo mejor de la sección de congelados y algunos platillos tipicos de la época de post guerra.

Hacen bien mis suegros en quedarse en un hotel. No sólo porque todos nos libramos de comer basura, sino porque ellos no van a ver mi cara de enfado permanente.  Cada visita es más dificil para mi, sobre todo porque les tengo mucho cariño y  agradecimiento, pero todo tiene un límite.  Es bien cierto que a generosos no hay quien les gane y conmigo han sido plenos en cuanto a sus atenciones. Por otro lado, todas esos buenos detalles no pueden ocultar su enfado y su falta de empatía hacia nosotros y hacia nuestra forma de vida, pero poco puedo yo hacer sobre este asunto. Dicen que una emoción que no se dice, que se oculta, va a buscar canales para expresarse. Eso mismo me pasa a mi. Ante sus constantes descalificaciones, he guardado silencio tratando de ser prudente, pero mi cara de permanente enfado, de  fastidio,  no me dejan mentir.

De cualquier forma, disfrutaré de todas las quejas que le hagan al gerente del hotel  y, a lo lejos, estaré mojito en mano, divirtiendome con el sufrimiento de este hombre que tendrá que ser un santo o retibuir a mis suegros con muchas cortesías y descuentos.

Eso sí. Tengo preparada una dotación de ansiolíticos y mantras y ya tengo los chakras ailneados. No sea que los corran del hotel.

Te invito a que me cuentes que tal la llevas con tus suegros, seguro que hay muchas cosas que contar  para hacer más llevaderas las tensiones.

Que tengas un dia a toda madre, Laura

Decálogo de una Mala Madre

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Para Martha, que ya se vislumbra como una perfecta Mala Madre

Al poco de parir a Cronopio me daba terror convertirme en aquello que las buenas conciencias llaman una mala madre y, aunque para entonces yo ya estaba más allá del bien y del mal respecto a las críticas a mí persona, me atemorizaba la idea de que en algún momento me llamaran mala madre y cargara de por vida con aquel estigma. Sin embargo, nunca encontré mi reflejo en aquello que llaman una buena madre: abnegada, impoluta (ella y sus retoños), todo terreno y sábelo todo en cuestiones de maternidad. Podía lidiar con esta imagen cercana a la perfección pero lo que me costaba entender y con lo que no sencillamente no podía era la condición de entrega total de la buena madre hacia sus hijos; su capacidad de hacer a un lado su propia vida y personalidad para ser sólo madre y claro, todo esto con una gran sonrisa en la cara y sin renegar ni un milímetro de ello.

Me da gusto que el concepto de mala madre llegue al cine, a ver si ya vamos relajándonos con la asunto, que no es nada trágico ser una Mala Madre, al contrario. Espero q muchas mujeres se sientan aunque sea un poco  identificadas y se atrevan a salir del armario para asumirse como tales, que no hay cosa que cause mas pena  que una Mala Madre que se empeña en parecer justo lo contrario.

A propósito de la película que está a punto de estrenarse, les comparto mi Decálogo de una Mala Madre de acuerdo a mi propia  experiencia.

1.  Las fotos de nuestros perfiles de redes sociales no son de nuestros hijos . Ya ellos tendrán sus Facebooks para subir sus propias fotos. Nosotras las malas madres no queremos dejar de ser nosotras mismas,si bien somos personas muy diferentes desde que somos madres, no queremos dejar de ser mujeres (la maternidad ya despersonaliza lo suficiente como para además publicarlo).

2. No contamos historias de príncipes ni princesas. Para qué hablarles desde pequeños de princesas que consumen alucinógenos y ven ratones coser y barrer y calabazas que se convierten en carruajes o princesas medio holgazanas que esperan dormidas  a que llegue un chico que no tiene más atributos más que ser guapo y poseer un título nobiliario.

3. Si nuestros hijos varones quieren disfrazarse de Frozen y nuestras hijas de Darth Vader, nada nos detiene para darles gusto, ni nuestras pocas habilidades en el DIY.

4. No nos saltamos una tarde de parque. Y esto no quiere decir que lo  disfrutemos. Llevamos a los hijos a que se cansen, a que saquen su energía inagotable y lleguen a casa directo a la cama y así nosotras tener una noche libre .

5. Nos somos sobre protectoras. Si el hijo se cae al andar, no corremos desesperadas a su auxilio. Con un “no pasa nada. Levántate y anda” y un poco de saliva bendita  es más que suficiente.

6. Disfrutamos ser madres pero no dejamos que esto ocupe el 100% de nuestras vidas; nos empeñamos en ser mujeres autónomas e independientes y, al mismo tiempo, conciliando la vida familiar. Para lograr este malabar y a falta de una abuela cercana donde dejar al niño un rato, no dudamos en dejarlo al cuidado de Buzz Light Year, Rayo Mc Queen. Que no les pasa nada por unas tardes  de dibujos animados.

7. Aprendemos día a día a lidiar con las culpas: que no les ponemos suficiente atención a los hijos, que no les alimentamos todo lo bien que deberíamos… blah, blah, blah, diría Peppa Pig. Las críticas a otro lado, y con ellas se van las culpas, que estamos muy ocupadas conciliando. Y también somos mujeres creativas: vamos inventando y reintentando la maternidad, nuestra maternidad, como queremos, o como podemos, en base a lo que nosotras mismas esperamos de ser madres.

8. No tenemos pelos en la boca, ni tampoco  usamos eufemismos para disfrazar la realidad con palabas más amables de escuchar. El pene es pene y la vagina es vagina; ni Chuchi, ni tilín, no pajarito, ni cosita. Esto aplica también a palabras como caca, tetas, pechos, nalgas, culo, testículos y un largo etcétera que no se sustituye por popo, hacer del dos, bubis, pompis, bolas y lo que se acumule.

9. No hay mala madre que no se sienta orgullosa de serlo. Las malas madres no intentamos aparentar que somos lo contrario. No hay mala madre queriendo aparentar lo contrario. Y claro, no podía faltar el sentido del humor: toda mala madre se sabe reír de sí misma y de cómo la va cagando con los hijos y con el mundo entero.

10. Y en el pináculo del mala madrismo, estamos aquellas que expresamos a los cuatro vientos que no nos gustó estar embarazadas. Yo no sé si la oxitocina no me circuló adecuadamente o las hormonas fueron mucho  más cabronas, el hecho es que esos nueve meses fueron muy difíciles para mí; No sabía si iba o venia, si tenía más grandes los pies  que la barriga y ese permanente sentimiento de agobio, cansancio, incomodidad y angustia por el futuro que no me dejó después de parir, no es algo de lo que yo pueda pasar de largo y asumirlo como una etapa única en la vida de toda mujer.

Y ustedes, se asumen como Malas Madres?

!Anímense a compartir su propio decálogo de Mala Madre!

Que tengan un día a toda madre, Laura

 

Mi hijo no recordará que estoy gorda

Fernando Botero

Fernando Botero

 

Nos gusta planear nuestras vacaciones con algunos meses de anticipación y yo, por enésima vez, me tracé la misma  meta en la que he fallado continuamente en los últimos tres años: bajar de peso. No sé de donde saqué que a nuestro viaje a playa necesariamente tenía que ir guapisima y delgada, como si fuera un must llevar cuerpazo para merecer un pedazo de playa donde asolearse.  Si bien no era mi intención ponerme un bikini (el que usé en la luna de miel está en un cajón muerto de la risa), quería estar delgada como si eso fuera mi pase a La  Felicidad directo y sin escalas. Además, por un asunto meramente de vanidad, queria usar ropa bonita  y no las garras que me he comprado últimamente para autocastigarme  con el pretexto de que la tienda donde las venden me queda cerca de casa (esa ropa esta un poquitin menos fea, porque coño, que difícil es encontrar ropa linda en tallas extras, que a veces da ganas de ir a una tapiceria para que me tapicen completita).

De cuando me propuse bajar de peso al inicio de las vacaciones, bajé unos kilos con el apoyo de una nutriologa, auriculoterapia y ejercicio, pero no llegué a la meta que me impuse sencillamente porque mi ansiedad por bajar de peso y mi asquerosa adiccion al azucar, han sido más  cabronas que yo, por lo menos hasta el dia de hoy. He comprobado que el hecho de estar a dieta hace que mi ansiedad se dispare y quiera ponerme a hornear todo tipo de pastelitos o correr a la tienda más próxima a comprar un asqueroso helado grasoso que ni loca comería en otro momento de más tranquilidad. Ante la inminente llegada de las vacaciones tenía dos opciones: imponerme un dieta rigurosa (que en realidad me haría subir más de peso) o también optar por tomármelo con calma y aceptar que  no iba a estar delgada para cuando partiéramos. ¿Y qué si voy gorda a la playa? ¿En qué momento nos hicieron creer que sólo las flacas son felices en la playa? ¿Habrá alguien en la playa a quien le importe mi peso? Al carájo con los kilos demás, que me voy de vacaciones y estoy felíz!

El punto de la vanidad lo resolví porque justo en esos dias, descubrí que en mi pueblo abrieron una sucursal de Old Navy, la marca favorita de gordas y flacas con poco presupuesto y muchas ganas de ser trendy.  Salvado el asunto de la ropa, lo demás era una cuestión de actitud ante la vida, de preocuparse por lo realmente importante, por disfrutar. Sólo eso. Y así mismo lo hice. Me trepé al avión con esos kilos que no pude bajar antes y, de la misma forma, me puse el bañador y me fui a la playa. Y me saqué mil fotos con mi hijo; estaba muy contenta, tanto q me olvidé un momento de que me vería gorda en  la foto (ya antes cometí el error de no dejarme fotografiar por temor  de como me veía).

En la playa y en la piscina me olvidé de mis traumas, incluso frente a la barra del buffet. Y tomé el sol, y nadé, y comí lo que me apetecía, sin dejar que mi voz en off me dijera a cada rato lo gorda que estaba; parecía como si mi gorda en off se hubiera tomado sus vacaciones lejos de mí y yo de ella. Me di la oportunidad de descansar incluso mentalmente y me dediqué a disfrutar y a compartir la dicha de tener unas vacaciones super divertidas.

Cuando vemos las fotos de este viaje yo soy la unica que observo detenidamente mi cuerpo. Mi Churri y Cronopio recuerdan lo realmente importante: lo bien que la pasamos, lo mucho que nos divertimos y los felices que somos juntos. Entonces, porqué y para qué estarme martirizando con el mismo tema, mejor atesoro estos momentos, que son los años maravillosos de nuestras vidas.  Y aunque mi hijo aun no tiene claros los conceptos de gordo-flaco (a veces pienso que tendria que estar mas delgada para cuando Cronopio los entienda), con los años él no va a reparar mucho en mis kilos demás, sino en mi carade felicidad.

Para mí sorpresa vi muchos cuerpos iguales al mio. Si, vi cuerpos reales y uno que otro moldeado en un quirófano. Vi celulitis (mucha celulitis), estrías, grasa, piel flacida, eso mismo, cuerpos reales, sólo que una, en un afán de joderse a si misma y hacerse la vida difícil, sólo guarda en su memoria los cuerpos delgados; aquella imagen de la mujer con tres hijos, vientre plano, luciendo maravillosa, es la que se te queda bien guardadita en la memoria, como un recordatorio de tu incapacidad para cumplir tus metas, un recuerdo que se queda permanentemente en tu cabeza y aparece cada que quieres ir a la playa y sientes que debes hacer una vez más la Operación Bikini.

De regreso de vacaciones me esperaban en casa todos y cada uno de mis traumas;  esta vez pienso combatirlos de formas diferentes. No quiero volver a ponerme a dieta porque me resultará contraproducente y me dolerá fracasar por enésima vez al toparme con la misma piedra. He pensado que ponerme a dieta es en realidad una forma de maltratarme mucho más profunda y quiero parar de hacerlo.

No se trata de que de la noche a la mañana me acepte con mis kilos. Para ser sincera, añoro mi imagen de mujer  delgada; añoro mis vanidades, la coquetería que la gordura no permite salir; extraño abrir el armario y no saber que ponerme porque todo me queda (cuando estas gorda tus posibilidades son mas reducidas). Y, ademas, viniendo de una familia de diabéticos, bajar de peso se convierne en una necesidad.

Una vez leí que bajar de peso estaba mas en nuestra mente que en nuestro cuerpo.  Creo que sabotearme en cada dieta que hago tiene más  que ver con la mierda que traigo  en la cabeza que con la autodisciplina.  Por ello, recién he comenzado una terapia cognitivo conductual que me ayudará a sacar a la gorda que en mi cabeza se niega a dejarme en paz y, por otro lado, analizar esos hábitos  y pensamientos que me llevan a comer compulsivamente. Ya les iré contando de mis avances y descubrimientos.

Que tal llevan ustedes el verano y los kilos demás? ¿se atreven a olvidarse del sobrepeso y centrarse sólo en lo importante?

Con este post me uno a la iniciativa de Scary Mommy “Tu hijo no recordará…”, que tuvo a bien recordarnos lo escencial de la vida: ser feliz con nuestros hijos.

Que tengan un dia a toda madre, Laura

(Yo ya tuve mis vacaciones  asi que nos vemos todo el verano aquí en mi Moleskine)