Kate, una madre como tu

 

Hace tiempo, cuando aún no teníamos Netflix en esta casa, y estábamos un poco abrumados con el cambio de ciudad, Mi Churri y yo nos decidimos a contratar un sistema de televisión por cable por vez primera en nuestra vida juntos. Teníamos más de 300 canales para ver todo tipo de mierda pero de entre toda la amplia programación, yo seguía con atención un canal dirigido a mujeres. Había  un programa hecho en Reino Unido sobre las dificultades que enfrentaban diversas mujeres embarazadas,la mayoría de ellas muy jóvenes; las historias se centraban en sus llevaban muy mal el embarazo por sus malos hábitos con el cigarro, el alcohol y la comida chatarra y mediante  un seguimiento profesional las chicas iban tomando conciencia de la importancia de cambiar drásticamente sus hábitos . Solo hubo un par de casos de madres con más edad que dedicaban demasiadas horas al trabajo y  cuyo ritmo de vida estaba afectando su embarazo.

Me gustaba este programa porque ofrecía una imagen más de como puede ser de difícil la vida de una embarazada; si bien nunca me identifiqué con ninguna de ellas en lo específico, el programa me parecía un acierto por la posibilidad de servir  para otras madres en situaciones similares, además, como ya he dicho muchas veces aquí, aborresco las imágenes del embarazo idealizado y llevado a niveles  prácticamente inexistentes.

Cuando me preguntan para cuando el siguiente bebe solo puedo pensar en que no quiero volver a pasar por las dificultades que tuve en mi embarazo de Cronopio. Físicamente mi cuerpo respondió de maravilla a pesar de la edad y de los malos augurios de algunos médicos. En algún momento después de esas 38 semanas pude comprender que a las mujeres nos preparan físicamente para ser madres, pero nunca a nivel emocional, a pesar de que convertirte en madre es las experiencia física y emocional más grade que puedas tener en tu vida. Solo hasta que tienes a tu criatura en brazos es que te das cuenta de que emocionalmente estamos prácticamente desnudas y que, a fuerza de coraje, te tienes que reinventar como mujer, en el mejor de los casos. En mi caso, necesité apoyo psicológico y psiquiátrico pero eso vino poco antes de que Cronopio cumpliera el año, cuando yo estaba en plena depresión post parto, ya que  nunca pude imaginarme que mi embarazo lo viví con depresión.

No pude darme cuenta de ello porque, como todas, viví rodeada de imágenes de mujeres con embarazos idílicos y en lugar de cuestionar esas imágenes, asumí que yo era una especie de bicho raro con unas hormonas súper locas y como socialmente me sentía incapaz de cumplir con el estereotipo de mujer embarazada, mejor me aislé. No quería hablar con nadie porque no me sentía con la fuerza emocional  para decirles que me sentía muy jodida, muy desorientada y sin ganas de prácticamente nada; que no me hacía ilusión preparar la llegada de mi hijo comprando cuanta bobería hay en el mercado. (Y si a esto agregas que cuando estás embarazada la gente se creee con el divino derecho de preguntarte lo que les viene en gana…. se me quitaban las fuerzas por completo).

Recientemente se celebró en Reino Unido el día de la madre y aproposito de esto la princesa Kate Middelton habló sobre lo maravilloso y satisfactorio que es ser madre, sin dejar de mencionar el enorme desafío que representa. En este discurso Kate ha hecho una enorme diferencia al hablar sobre el cambio de identidad que representa ser madre, sobre el stress, sobre lo insegura e ignorante que te puedes sentir al tener en brazos a tu hijo y todo dentro de una mezcla de sentimientos de alegría, agotamiento, amor y preocupación.

“Es imposible estar verdaderamente preparada para la abrumadora experiencia que supone ser madre…tenemos la presión de ser la madre perfecta y fingimos que podemos con todo y disfrutamos cada minuto. Está bien hablar de lo maravilloso pero también hablar del stress y del esfuerzo”

“No pasa nada por concebir a la maternidad como algo difícil y pedir ayuda no debe entenderse como señor de debilidad”

Las palabras de Kate tuvieron como contexto el apoyo que ella brinda a la asociación benéfica Best Beginnings, la cual ha lanzado  Out of the Blue, una serie de cortos y documentales sobre la salud mental de las madres desde el embarazo hasta el post parto, brindando herramientas para que las mujeres sepan que es lo “normal” sentir, cuáles son los signos de depresión y como son los lazos que se establecen con el bebe. Out of the blue  cuenta con cortos en donde los padres ya en recuperación cuentan su experiencia con su salud mental y su paternidad.

Aprecio mucho que Kate, la madre que es a nivel público, sea una madre imperfecta como todas nosotras; que haya exhibido públicamente su divina barriga post parto y que, quizá fuera de todo protocolo, haya mostrado su mejor cara de encabronamiento ante uno de sus hijos. Y creo que aquí es precisamente donde radica nuestra gran diferencia con Kate-madre: nosotras nos empeñamos en mostrarnos como las madres perfectas,sin agobios; parece que públicamente nos importa mucho la imagen que proyectamos como madres. Parece  que tenemos terror a ser juzgadas por otras madres, a no dar el ancho,a mostrarnos cómo seres vulnerables y todo con el afán de cumplir con un modelo de maternidad que nos han vendido desde que éramos pequeñas.

No dudo ni un tantito que  Kate tenga  una corte de personas solucionándole la vida; que ella no tenga que salir a toda prisa para ir a recoger a los niños al colé; seguramente ella   no tiene que estirar el presupuesto mensual  ni tiene una aplicación en el móvil que le indica dónde hay ofertas de pañales. Nunca sabremos como es esta madre a nivel privado. No dudo ni un momento que seguramente tuvo sus malos momentos y que su maternidad sea difícil, en tanto ella no es la única que educa a sus hijos.

Por ello me encanta Kate, porque a pesar de ser una madre singular ha buscado vincularse y crear empatía con las madres en general y darle visibilidad a un tema prácticamente inexistente: la salud mental de las madres.

Y a ti, ¿que te parece que gente famosa de visibilidad a este tipo de problemáticas?

 

 

 

 

 

La depresión, querida amiga

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Prozac, mi compañera bicolor, que durante años fue una especie de bastón.

Cuando andaba allá por los veintitantos años enfrenté formalmente mi primer periodo depresivo mayor. Digo formalmente porque aunque anteriormente ya había pasado por periodos sumamente difíciles, nunca tuve la oportunidad de ser atendida sencillamente porque no sabía qué diablos pasaba conmigo. Hasta los veintitantos recibí atención de profesionales, como psiquiatras y psicólogos y, debo decirlo, en un principio me daba mucha vergüenza hablar del tema. Muy poca gente dentro de mi entorno sabía que yo iba a un hospital psiquiátrico pues quería evitar que la gente me imaginara usando una camisa de fuerza. Son tantos los prejuicios que se tienen sobre las enfermedades psiquiátricas que decidí no decir nada.   Hasta que yo normalice mí relación con mi propia enfermedad, me quité de penas y fue así como mis amigos y demás familiares sabían lo que me estaba sucediendo.

Desde entonces, para mí no representa la menor vergüenza hablar de mi etapa psiquiátrica más intensa; de todos esos años de cruzar la ciudad para ser atendida en un hospital psiquiátrico, de tomarme no sé cuántas pastillas al día, de salir a caminar por esta gran ciudad y caminar durante horas del brazo de mi madre, para que yo no cayera, para que yo generará endorfinas y para que me olvidara unos momentos de esto que formalmente se llama “periodo depresivo mayor”.

No es que yo vaya por la vida con un letrero que diga “Cuidado. Estoy altamente medicada y voy al psiquiatra”. Nada de eso. Simplemente que cuando se da la ocasión y si alguien lo pregunta o se dice una barbaridad sobre la depresión, yo hablo de mi experiencia. No me avergüenza en nada. Es una historia de lucha, de tesón y de mucha persistencia.

La depresion, hoy día, es una de las enfermedades que más discapacidad causan y, pese a ello, se le conoce tan poco.

Cuando yo estaba embarazada me abrí blog que se llamaba “Esperando a Cronopio”,  donde intenté escribir toda la confusión de esos meses, pero a mí misma me parecía una locura hacerlo. Por ello es que, ya con más herramientas y más fortalecida, posteriormente decidí abrir este blog, para compartir mi experiencia con la depresión y la maternidad. Es cierto que les debo muchos más post sobre este tema, del que debo seguir ahondando e insistiendo. Seguro que la depresión post parto seguirá haciendo de las suyas;  mi deseo es que cada vez haya más mujeres informadas sobre el tema, para que tengan más armas para enfrentarla y, sobre todo, para que no se sientan aisladas o bichos raros.

Caro López Moya, Mamá Resiliente, me ha entrevistado sobre mi depresión post parto. Les comparto esta entrada con mi testimonio escrito desde mis entrañas. ¡Espero les guste!

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Esta entrevista es una idea que surgió cuando dejaste un comentario en mi entrada sobre “depresión postparto”. ¿Cuándo te diste cuenta de que la habías padecido?

Prácticamente hasta que Cronopio, mi hijo, cumplió nueve meses. Poco antes de cumplir 25 años tuve que ser atendida por un periodo depresivo mayor, que me llevó a estar medicada y atendida por psiquiatras y psicólogos. Fue una etapa bastante dura para mí pero salí adelante, a veces a contracorriente, pero pude cumplir mis sueños, que eran viajar y estudiar (y por estudiar, estudié hasta un Doctorado). Así que cuando tú hablas de resiliencia sé muy bien de qué estás hablando, porque si alguna palabra me define es precisamente la resiliencia. A pesar de conocer tan bien a la depresión y, de cierta forma, hacerla mi amiga y compañera de vida, cuando me embarazacé y parí, no supe identificarla.

El embarazo y el post parto fueron sumamente difíciles y hasta que me detuve un momento a analizar mis miedos, es que tomé la decisión de hacer algo. Me daba miedo ducharme con mi hijo, pensaba que en cualquier momento iba a salir un enorme chorro de agua hirviendo y nos iba a dejar calcinados a ambos. Ir por la calle con él en su sillita era algo que me llegaba a paralizar pues creía que de la nada saldría un auto que pasaría encima de nosotros. Así puedo decirte muchos de los miedos y angustias que tenía; lo que me hizo recapacitar es cuando me di cuenta que yo quería huir del mundo y lo hacía metiéndome horas debajo de las mantas. Y mi hijo empezó a jugar y a gatear debajo de ellas. Me dolió tanto esa imagen de él que en ese momento pensé que tenía que hacer algo y me di cuenta, por fin, que estaba pasando por otro periodo depresivo mayor.

Quieres seguir leyendo? Aquí te dejo la entrevista completa, no te la pierdas!

Mis súper poderes de madre (o de cómo me convertí en mamá emprendedora)

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Desde que soy madre  detesto los relatos de las madres súper poderosas que con un aire de liviandad y relajación inauditos, parecen tener el control sobre cada asunto de su vida; al mismo tiempo que van súper peinadas y montadas en unos zapatos altísimos, parecen gestionar con gran facilidad todo lo relacionado con sus hijos, trabajo, marido, relaciones públicas, gimnasio, redes sociales, hobbies y cada rincón  de su vida personal. No sólo me cuesta creer  la total veracidad de esos relatos, sino que no me indentifico con ellos.

La primera súper mujer que conocí fue mi suegra, por supuesto. Cronopio tenía seis meses de edad y yo el mismo tiempo sin dormir bien y con depresión post parto. Se notaba a leguas que no la estaba pasando bien; pese a ello y con un hijo que hasta el momento no conocía la ropa sin arrugas, mi suegra, muy ancha ella, tenía que soltar una de sus joyas: ella nunca había dejado de hacer todo lo que  le gustaba aún con dos hijos; cuando ellos se levantaban, ya tenían en la mesa la fruta finamente picada (que se note que dijo finamente picada, no un vulgar plátano al que tu hijo le quita la cascara en dos segundos).  La intensa jornada de mi suegra incluía café con las amigas, visita rápida a la peluquería, dejar comida y mesa lista a la una de la tarde y marcharse por los hijos al colegio, entre doscientas cosas más para terminar su día sentada viendo las noticias mientras le  cosía a sus hijos la proxima colección de ropa primavera-verano. Y todo lo hacía sin despeinarse. Desde ese momento tomé conciencia que no hay vara más dura para medir a una madre, que la vara de otra madre.

Hoy me queda claro que este tipo de relatos están hechos en base a algunos hechos reales y  adornados con ficción pura; son historias diseñadas para que la que la cuenta, se luzca como una mujer extraordinaria,mientras que tu,  madre primeriza que desde hace siglos no se afeita las piernas y que piensa que nunca va a recobrar la cordura, te sientes un poco mierda y mucho más agobiada  aún con la mitad de cosas que hace tu suegra en un día.  Escuchas a estas mujeres extraordinarias y sientes que has perdido el control de absolutamente todo lo que tiene que ver con tu vida y ni siquiera tienes la menor idea de cuándo o dónde recuperarlo.

Hoy día puedo decir que yo también soy una de esas madres súper poderosas; una madre que  cual camioneta todo terreno   va saltando los baches y  los obstáculos que se le ponen en el camino. Eso sí, yo termino el día bastante jodida y hace ya un ratote que no voy a la peluquería. Las dos ultimas veces mi paso por este lugar fue un tanto patético: aprovechando que Cronopio necesitaba con urgencia un corte de pelo, lo lleve a un lugar ad hoc para niños y yo, con ojos de perro hambriento, le pedí a la peluquera si podía cortarme el pelo . A la salida me dieron un regalito, justo como hacen con todos los niños que se dejan cortar sin dramas.

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A raíz de que empecé a estudiar pastelería, descubrí lo mucho que me apasiona y decidí emprender mi propio negocio desde casa. Se trata de Hornear, Comer, Amar, galletas y pasteles personalizadados y hechos sobre pedido. Regalaba muchas galletas y pasteles y a donde quiera que me invitaban llevaba algo para que la gente lo probará; sin embargo, tenía que dar un paso más allá, pero, ciertamente, no sabía hacía dónde. Después de tomar mi segundo curso con Yuri O. Villela decidí emprender mi propio negocio. Yuri no sólo es la mejor galletera de este país, sino una chica excepcional que comparte su experiencia de vida  en el mundo de la repostería, de cómo  ella, de ser una madre deprimida y frustrada con su vida laboral (justo como yo), se puso a hacer galletas y  a base de trabajo constante y disciplina, hoy es quien es. Cuando ella vino a mi ciudad en octubre, salí con un cúmulo de ideas y, lo que es mejor, me convencí de que yo también saldría adelante. En diciembre me dediqué a hacer cerca de 300 galletas (y algunos pasteles), de las que vendí absolutamente todas. Mi Churri, que me apoya en cada locura que hago, me promocionó en su trabajo y prácticamente se convirtió en mi agente de ventas; también conté con el apoyo de conocidas que me permitieron promocionarme en sus negocios y aquí estoy…. horneando mucho, comiendo poco y amando lo que hago.

 

No ha sido fácil. He tenido que planificar mis tiempos al máximo, dejar a un lado algunas cosas, olvidarme de leer media hora antes de dormir y, en  muchas ocasiones, olvidarme por completo de la casa para concentrarme en la cocina. Han sido días de comer comida de la fondita, de tener montones de ropa limpia apilada arrugándose en un rincón. Han sido semanas de no comunicarme con los amigos, ni ponerles un whatsapp. O días en que Mi Churri y Cronopio se han marchado todo el día a buscarse algo que hacer fuera de casa para que yo pueda avanzar con mi trabajo.

El único sabor agridulce que me queda en la boca es en relación con mi hijo. Aún debo aprender a manejar las culpas que me  ocasiona no ponerle la debida atención en los momentos de más trabajo; todo esto quizá se traduzca para él en que ya no lo quiero  tanto como antes, o que por lo menos ya no es mi centro de atención y estas ideas que sólo yo supongo, me causan culpa, malestar y, de cierta forma, me hacen sentir que estoy haciéndole daños irreparables en su vida (suena cursi pero de verdad lo he pensado). Por otro lado, me tranquiliza saber que el está creciendo bajo mi mirada y en su casa, y que no tenemos que pasar por la difícil situación, a veces dramática, que padecen otras madres a las que sus horarios laborarles sencillamente les impiden conciliar y, por ello, tienen que dejar a sus criaturas con la vecina, con la prima de una amiga o con quien se pueda, sin  tener que gastarse más de la mitad de su salario en pagar niñeras. ¿Qué hacen las madres que trabajan fuera de casa cuando los hijos se enferman y no pueden echar mano de los abuelos? ¿Qué hacen ellas los últimos viernes de mes cuando la mayoría de los niños de este país no van al colegio por disposición de la autoridades educativas?  Cronopio está  en su casa, es cierto que a veces bastante harto y que el quisiera ir al parque o que jugasemos  todo el día, pero hay ocasiones en que no puedo darle todo lo que él me demanda, pero eso sí,  él está  seguro en su casa, bajo mi mirada (lo que también es cierto, es que Cronopio ahora tiene una madre mucho más feliz y que poco a va empoderandose).

Son unas cosas por otras. Me siento feliz de descrubrir mis súper poderes: transformar poco a poco mi vida, explotar mis pasiones y claro, convertir la harina, la mantequilla y el azúcar en cosas lindas.

Todas tenemos súper poderes, ¿ya sabes cuál es el tuyo o estás en vías de descubrirlo? ¡Compárteme tu experiencia!

Los cumpleaños infantiles también pueden ser tristes

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A proposito de que el cumple de Cronopio ya se acerca (y yo me hago tremendas pajas mentales planeando cada detalle) y de que  las Mujeres sin glamour me han recordado lo dificiles que pueden ser las fiestas infantiles, me han venido a la mente unas cuantas fiestas de cumpleaños que, por mas que quiero olvidar, no puedo.

Voy por partes, les cuento cómo son las fiestas infantiles en mi pueblo: aquí no se celebran fiestas grupales, pues se entiende que el festejado tiene que ser el centro de atención por un dia. Las fiestas no dependen tanto de la amplitud de la cartera de los padres, pues al ser el gran evento del niño, a muchos no les importa quedarse con una gran deuda encima con tal rentar el salon de  fiestas mas caro de la ciudad y que se hable de su fiesta por lo menos en lo que resta del mes. (Claro que también hay padres con posibilidades económicas muy amplias y que pueden hacen fiestas espectaculares y sin despeinarse) También hay madres, conozco a algunas de ellas, que ahorran mes con mes durate un año para,  llegado el momento, tirar la casa por la ventana.

En mi post anterior decía que una vez tuve ganas de reprocharle a mi pequeño hijo por todas las fiestas infantiles insufribles conviviendo con madres insoportbles y todo para que él se divirtiera. Cuando nos mudamos a esta ciudad el primero en tener vida social fue Cronopio;  ya que eramos recién llegados, asistir a cumpleaños infantiles se nos hizo una buena oportunidad para conocer a otros padres como nosotros. Gran error. Nos sorprendimos  que en muchas fiestas apenas si cruzan palabra contigo si no eres de su círculo cercano. Llegas, te presentas con los padres del cumpleañero y éstos solo atinan a decirte “siéntense donde quieran”. Y te sientas donde puedes. Y aunque tratas de hacer platica con tu compañero de mesa, nadie tiene intención de hablar, o se habla lo minimo; te aferras al  móvil, sólo para darte cuenta que tu plan de datos se ha agotado y no te queda de otra mas que convertirte en creyente en ese mismo momento y rezar  un  Ave Maria, por favor, que se acabe pronto la fiesta.

El climax de mi invisibilidad en las fiestas llegó cuando una señora, tan ancha como ella sola, se sentó a lado mío sólo para darme la espalda y comodamente conversar con otra. Pasaron los minutos y yo iba acumulando encabronamiento y poniendome verde y enorme como Hulk, hasta que le toqué a la espalda y le dije tajantemente, hazme el favor de no darme la espalda. Y todavía me vió con cara de de dónde habrá salido esta atrevida, pero eso si, tuvo que cambiar su postura. Y la fiesta prosiguió como empezó. Nadie me habló.  La única atención de la anfitriona fue decir “pasen a comer, ya todo está servido”. Y punto pelota.

De verdad, nunca he entendido que sucede en estas fiestas. Hasta me puse un poco paranoica pensando que las demás no me hablaban  porque estaban en mi contra por abrirme un blog que critica a la maternidad. Platicando con otras madres del cole, hemos compartido la misma extraña experiencia: confesaron que hubo fiestas infantiles en las que se sintieron solas, apartadas, apestadas porque nadie quería hablar con ellas y que sólo querían agarrar a sus hijos e irse, pero claro, los veían tan contentos disfrutando, que les daba penita marcharse.

Y así me pasé un par de fiestas hasta que dije se acabo. Para estos casos, mejor llevo a Cronopio al area de juegos del Mc Donals, que estoy segura que el  Sr. Ronald Mc Donald es mas majo que cualquiera de esas mujeres.  Desde entonces, no voy a fiestas a donde yo no conozca muy bien a los anfitriones o bien, que vayamos el grupo de madres que nos conocemos un poco mas.

Sin embargo, esto no ha sido lo peor que me ha pasado en un cumpleaños  infantil. Aunque sea dificil de asimilar, hay cumpleaños tristes y que por mas globos  que haya, la mierda familiar siempre saldrá a relucir. Esta vez era el cumple de uno de los amigos más cercanos de Cronopio,  imposible no asistir y ademas, sólo habia invitado a dos amigos, asi que nos fuimos las dos madres con sus respectivos hijos. La cita era a las tres y nosotras con todo y google maps nos perdimos, Llegamos cerca de las tres y media pensando que ya todo habria empezado . Nos recibió la madre anfitriona con  todo listo: globos, dulces, juegos y cositas para picar. Faltaba la comida y la bedida que en cualquier momento llegaria y claro, faltaban los invitados.

Hora y media después llegó el padre de la criatura. Supimos quien era porque la madre corrió a maquillarse y a echarse perfume. El tipo musitó algo que supusimos era un saludo, dejó la carne y los refrescos y se marchó enojado por algo que nunca entendimos con claridad.

Por esas cosas del destino, en casa no habia absolutamente nada para prender el fuego de los asadores y Maria propuso algo lógico: vamos a la tienda, que yo traigo coche y en cinco minutos estamos de regreso. La cara de la anfitriona fue de terror, a punto de entrar en panico ante la posibilidad de prender el fuego sin la presencia del su Señor marido.

Para no hacerles el cuento largo, nos pusimos morados a base de naranjas y cuanta chucheria encontramos para no morir de inanicion. El niño de Maria, tan disciplinado a la hora de comer, sencillamente se durmió en las piernas de su madre. Los parientes del cumpleañero llegaron casi a las siete de la noche, sin saludar ni emitir palabra,  y ya cuando vimos que la madre del cumpleañero sacaba de nuevo el perfume, supimos que el Señor marido y Señor de la casa había llegado. Eran las 19:15. Y a esa hora se inventó el fuego.Comimos cerca de las 20:00, cinco horas despues de haber llegado. Y comimos después de que este Señor instalará el stereo y pusiera a enfriar las cervezas. Cantamos las mañanitas y se cortó el pastel a toda prisa y la piñata se quedó en un rincón porque los pocos niños que ahí habia,ya estaban locos por irse a su casa.

La verdad, Maria y yo nunca estuvimos a gusto. Queriamos irnos ya, pero no lo hicimos en solidaridad con la anfitriona y con el cumpleañero. Si nos marchabamos, la casa llena de globos se quedaba sin fiesta porque la poca gente que fue y que llegó cuatro horas despues de la cita, sencillamente les importaba un carajo que hubiera un niño ansioso por soplar las velas de su pastel. Y no nos marchamos porque ahí había una mujer sola, subida en unos tacones altisimos, toda ella maquillada y arreglada para la ocasion, esperando a que su esposo, el padre de su hijo, hiciera a un lado todos sus asuntos y  se decidiera a asistir  al cumpleaños de su hijo.

Salimos fastidiadas, tristes y sorprendidas. La madre del cumpleañero es una mujer profesionista, que tiene un pequeño negocio de ropa  para que no le falte nada a su hijo ya que ella asume casi en su totalidadad los gastos de manutencion del pequeño, pues el Señor de la casa sólo aporta su  seguro medico.  Maria y yo nos quedamos con la idea de que si hubiera hecho una fiesta sencilla pero basada en sus propias posiblidades, la fiesta hubiera sido un éxito y el cumpleañero se habria quedado a jugar con sus amigos, en lugar de vivir toda la tensión que ese dia le generó su padre.

También salimos felices saboreando nuestra autonomía, al saber que no  tenemos que subirnos en unos zapatos de tacón a esperar que alguien, nuestra pareja, quiera venir a celebrar el cumpleaños de su hijo.

Y a tí, que tal te van las fiestas infantiles?

Que tengas un día a toda madre, Laura

 

 

Mis suegros nos visitan

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Roy Lichtenstein

Ya lo sé. El titulo de este post encierra momentos de mucha tensión que ponen en crisis el normal desarrollo de aquello que desde epocas primitivas se ha dado en llamar familia.  No hace falta conocerme mucho para saber que soy una grinch de la familia, sobre todo si es la de origen, que algún dia les contaré de cuando me dió por ser feliz y talar mi árbol genealógico. A diferencia de los asquitos y repelus que  me causa la convivencia y el roce con mi familia de origen, amo profundamente a  la familia que yo he formado y soy una perra guardiana de todo lo que a ella se refiere.

Con la familia de Mi Churri me llevo muy bien. Sus tías y tios son adorables, todos, sin excepción y le tengo especial cariño a algunos de ellos, incluyendo a mi cuñado, con todo su mal genio y sus locuras. Toda la familia me aceptó desde un primer momento a pesar de conocerme tan poco. Y con mis suegros me llevé bien desde siempre, con sus altas y bajas, hasta que nació Cronopio y las visitas a nuestra casa se hicieron más regulares y más intensas. Y cuando hablo de intensidad, me refiero a que el nivel del drama y la crítica subieron  considerablemente.

Pese a ello, cada visita de mis suegros nos hemos esmerado por recibirlos con lo mejor que les podemos ofrecer, siendo generosos con lo poco o lo mucho que tenemos y, lo cierto, es que pasamos algunos buenos ratos y acumulamos muchos desencuentros. Cada visita mutua que nos hacíamos empezaba con nuestros mejores deseos de que las cosas transcurrieran apaciblemente, con el menor de los sobresaltos; sin embargo,  a los pocos días las cosas se torcían y acababamos, por lo menos de nuestra parte, despidiéndonos agridulcemente.  Esa ha sido la dinámica de nuestras mutuas visitas.

Hace nos cuantos meses que mis suegros estuvieron por aquí y parece que no fue suficiente la pasada ración de stress y disgustos que nos propinamos mutuamente porque mis suegros regresan!

Atención SPOILERS!  Mis suegros han decidido llegar a un hotel, que no quieren incordianos (ni incordiarse), cosa que agradezco porque, seamos sinceros,  en mi casa nunca han estado agusto.

Yo encuentro mi casa muy linda y acojedora, será porque es mi casa y vivo muy feliz en ella; es cierto que tenemos cosas por hacer para mejorarla pero sencillamente en este momento no estamos para ello. Sin embargo, cada visita de mis suegros es una oportunidad para sacar a relucir los defectos o supuestos defectos que nuestro espacio tiene y ya puestos a criticar,  le otorgan una calificación, como si se tratara de un concurso de belleza, donde por supuesto apenas si hemos aprobado. En resumidas cuentas: prefieren sacar a relucir nuestras carencias, o lo que ellos consideran una carencia, en lugar quedarse con lo bueno o simplemente callarse.

Hablando de “carencias”,  nosotros no tenemos television por cable porque no nos interesa. El problema viene cuando mis suegros no se quieren perder ni un minuto del acontecer político de España y por internet no pueden ver la televisión como en su casa, ni la Cinco, ni la Uno, ni la Cuatro, ni ostias, ni cuanto canal español hay. Con ello, se pierden las tertulias de la Cinco, de la Cuatro, de la Siete, del Nueve y del Doce. No pueden ver El Gran Wyoming, “el que verdaderamente informa” y con ello aumenta la ansiedad de mi suegro, que ya es mucho decir. (Les alclaro: muchos de estos programas estan disponibles en internet mediante pago. Algunos otros como los de RTVE si se pueden ver a excepcion de los documentales). Y para joderla más, mi suegro no puede hacer la siesta sin los interesantes alegatos de Sálvame, ni tiene forma de enterarse cómo anda el corazoncito de Rosa Benito o si Belen Esteban ya terminó  la escuela primaria. No queda de otra mas que echar mano del Youtube.  Tragedia total.

En eso llega el capitulo de final de temporada de The Walking Dead. Nos preparamos una rica cena y justo cuando estamos en medio de la nada matando zombies a palos, mis suegros están echando pestes y de mala leche  en medio de su propia tragedia personal: se estan perdiendo el capitulo de Mi casa es tu casa donde Bertín Osborne está en la cocina de no sé quien repartiendo micro machismos a tutiplén.

La hora de la comida (y del desayuno y de la cena) es una buena ocasión para hacer más drama. Aunque no aspiro a ninguna Estrella Michellin, soy bastante apañada en la cocina y si bien no podría concursar en Masterchef, tengo mi propio menú semanal bastante resultón que me saca de apuros con mucha dignidad. Sin embargo, esto no parece ser suficente para mis suegros (ni siquiera el tiempo que dedico a cocinar entre cuidar a Cronopio, hacer limpieza, ir al Gimnasio y un largo etcétera). No importa lo que yo ponga en la mesa, ellos  no sólo darán su opinón, sino que asumirán su personalidad de críticos gastronómicos viviendo en realidad paralela en la que ellos son Gordom Ramsey y Alberto Chicote. Vaya usted a saber. El caso es que el spaguetti siempre estara muy hecho o las zanahorias están poco hechas. Nunca hay forma de hallar el punto exacto, en nada. eso si, todo se comen. Hartita que estaba ya del tema, una tarde me cruce a la tienda de la esquina y compré todo para unos ricos y nutritivos hot dogs, y  no desperdicié la ocasión para decirles que no comieran mucho porque la OMS había dicho que las salchichas son cancerígenas. Y me quedé tan tranquila.

Cuando nos dieron la gran noticia de que nos harían la visita (perdonen que no aplauda) yo ya tenía listo mi nuevo menú que incluía sopas Ramen instantaneas (en mi pueblo también conocidas como Maruchan) una amplia selección de lo mejor de la sección de congelados y algunos platillos tipicos de la época de post guerra.

Hacen bien mis suegros en quedarse en un hotel. No sólo porque todos nos libramos de comer basura, sino porque ellos no van a ver mi cara de enfado permanente.  Cada visita es más dificil para mi, sobre todo porque les tengo mucho cariño y  agradecimiento, pero todo tiene un límite.  Es bien cierto que a generosos no hay quien les gane y conmigo han sido plenos en cuanto a sus atenciones. Por otro lado, todas esos buenos detalles no pueden ocultar su enfado y su falta de empatía hacia nosotros y hacia nuestra forma de vida, pero poco puedo yo hacer sobre este asunto. Dicen que una emoción que no se dice, que se oculta, va a buscar canales para expresarse. Eso mismo me pasa a mi. Ante sus constantes descalificaciones, he guardado silencio tratando de ser prudente, pero mi cara de permanente enfado, de  fastidio,  no me dejan mentir.

De cualquier forma, disfrutaré de todas las quejas que le hagan al gerente del hotel  y, a lo lejos, estaré mojito en mano, divirtiendome con el sufrimiento de este hombre que tendrá que ser un santo o retibuir a mis suegros con muchas cortesías y descuentos.

Eso sí. Tengo preparada una dotación de ansiolíticos y mantras y ya tengo los chakras ailneados. No sea que los corran del hotel.

Te invito a que me cuentes que tal la llevas con tus suegros, seguro que hay muchas cosas que contar  para hacer más llevaderas las tensiones.

Que tengas un dia a toda madre, Laura

Dramas de Mayo: el día de la Madre

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Autor: Cronopio,  Pintura dactilar sobre papel bond,  28×21.5 cm,  2016

Lo confieso: el día de la madre me causa mas confusión que el periodo post electoral en España. Hasta ahora, el Diez de Mayo (dia de la madre en México) me remite más a mi madre que a mi propia experiencia como tal. Y por ello es que en dias como estos me siento especialmente confundida, como lo he estado casi toda la vida en relación a  mi madre.

De niña el 10 de mayo siempre fue una fecha dificil para mí ya que me dejaba  un sabor amargo. En las escuelas primarias de este pais el festival del dia de la madre es un tema aparte. Desde no sé cuantas semanas de anticipación, profesores y alumnos nos volcabamos a la organización del dichoso festival, ensayando, dia tras dia, el mentado bailable. Y por si fuera poco, tambien dedicabamos tiempo de clase a elaborar una manualidad para darle a nuestras madres de regalo, que a muchos de nosotros nos costó medio riñon terminar o, incluso, era tu misma madre la que tenía que terminar en casa el regalo porque corriamos el riesgo de ser reprobados. (En mi caso, recuerdo especialmente un juego para el baño totalmente tejido que nos pusieron a hacer; consistía en cuatro piezas tejidas para decorar el baño y mi gran hazaña fue hacerle creer a la profesora que tenia el regalo completo, cuando en realidad solo pude terminar una pieza).

Los Dramas de Mayo se repitieron cada año durante toda la escuela primaria y cuando no tienes ni diez años, eso significa la vida entera. Mi drama personal en Diez de Mayo consistía en que mi madre no iba los festivales o, en caso de que llegara a asistir, sólo hacía acto de presencia. Ella decía que no podía faltar al trabajo pero con los años me di cuenta que tenia la opción de pedir permiso; sin embargo, nunca lo hizo. Ella se iba de la escuela a las 10:30, y si para esa hora yo no había bailado, se marchaba  de todos modos.

Lo más duro para mí dentro de los Dramas de Mayo, era regresar sola a  casa, con mi ropa del festival aún puesta y en la mano el regalo que le habia hecho a mi madre. Y en el camino a casa, donde habia dos escuelas más, me iba topando con la misma imagen: una madre con su regalo en la mano caminando a lado de su hijo vestido de festival.

De niña se me hacia una tortura y ahora que soy mayor aún no puedo enterder las razones por las que mi madre no me acompañaba al festival. Es cierto que ella, como millones de madres, tenia que hacer mucho para tratar de conciliar el trabajo con la vida familiar, pero tambien creo que habia razones personales para que mi madre no pidiera permiso para faltar ese dia a trabajar; ella me argumentaba que no podía pedir días economicos para ocuparlos en caso de enfermedad de mi abuelo. Ya de mayor me puse a analizar sobre los días que mi madre podía pedir permiso para ausentarse y, hasta la fecha, no me salen las cuentas.

No estoy juzgando a mi madre sólo por sus ausencias en los festivales escolares, es más complejo. Estos eventos simbolizan el permanente desecuentro que he tenido con ella practicamente durante toda mi vida. Hace poco mi padre rescató unos videos de cuando yo era bebé, me quedé con la inquietud de lo que pudo haber pasado en la vida de mi madre que truncó nuestra relación.

Desde pequeña las muestras de amor filial se me han hecho, ciertamente, excesivas. Nunca pude ver mi reflejo como hija en ninguna de esas canciones con las que cerrabamos el festival de mayo, como tampoco hoy día  me hallo entre tanta publicacion de Facebook cargadita de mensajes que compiten entre ellos por ser el más cursi. Y el monton de fotos que la gente pone a lado de sus madres, todos felices e impertubables, me hacen pensar que yo  tendria que meterme al baúl de los recuerdos para rescatar un momento Kodak a lado de mi madre. La mas reciente foto que me hice a su lado fue cuando mi boda y, a juzgar por su expresión facial,  la foto no está para enmarcarla.

La historia de mi madre y mía es la del permanente desencuentro. Hoy día y gracias a la terapia, mantengo un sano distanciamiento, emocional y fisico, que nos permite tener una relación de respeto. Y es que después de años de incetidumbre, de que sus reacciones y sus otros apegos me hicieran sentir desorientada y desnuda a mitad de la calle, hoy solo puedo aspirar  a eso, al respeto. La llegada de Cronopio a nuestras vidas ciertemente no nos ha acercado en el plano emocional. Como dije, mantenemos el respeto, sobre todo por Cronopio.

Poco a poco he ido deslindandome de esos Dramas de Mayo que me sucedieron como hija para poder construir otra historia como madre de Cronopio. Parte de mi depresión post parto tenía que ver con el miedo que tenía yo a que mi vida fuera un permanente deya vu y que mi hijo tambien se sintiera a mitad de la calle y desnudo. Ha sido un proceso largo y duro en el que yo me estoy inventado como madre, un proceso en el que los unicos protagonistas de esta historia somos Cronopio y yo.

¿Que tal llevan el día de la madre? ¿Aprovechan para dejarse consentir o retoman el drama de vidas pasadas?

Que tengan un día a toda madre, Laura

Tu maternidad y los otros

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Cuando no eres madre te puedes imaginar mil cosas de cuando tengas tus hijos pero casi ninguna tendrá que ver con la realidad; quiza una imagina cosas mas superfluas, como la habitacion de los niños, sus nombres, como los vas a vestir y la realidad siempre te supera porque ser madre es mucho mas complejo de lo que nunca pensaste.

Una de las cosas mas dificiles que he enfrentado desde que soy madre es darme cuenta de la constante falta de respeto que tienen los demas por la crianza ajena. Todo mundo cree que es muy valiosa su opinion y que tú la necesitas. Y cuando digo todo el mundo me refiero a  tus padres, suegros, primos, hermanos, amigos, vecinos, la señora de la fruteria, aquella con la que te sientas en el autobus, el cajero del super mercado, el jardinero, la tía que no veias hace diez años… osea, todo ser viviente que sepa hablar.

No es que me importen lo que otros digan, simplemente es que no me da la gana oirlos. Asi de simple, no quiero oirlos; que si tienen quejas de como las madres de hoy estamos criando a los adultos del mañana, que se abran un blog y escriban ahí todas sus preocupaciones, que le tuiteen a @SaveTheChildren o que directamente vayan a la UNICEF. Y es que a ojos ajenos las madres nunca hacemos lo  suficiente. O nos pasamos. Nunca seran suficientes verduras las que le doy. Y siempre sera mucha leche. Que lo dejo dormir mucho; que soy muy permisiva; que soy la esclava de mi propio hijo; que lo mimo mucho, que lo mal acostumbro, que estoy criando a un futuro delincuente … Parece que es tan dificl entener que solo quiero un niño que este lleno de amor, que se le trate con cariño, que sepa que puede acudir a mí cuando lo necesita y eso empieza ahora, cuando en sus sueños Pocoyo le quita los juguetes y mi hijo, a las 2 de la mañana me pide consuelo. ¿Acaso es tan dificil entender que estoy criando a un niño y no a un adulto pequeño?

Como si no tuviera suficiente con esa masa amorfa que no deja de parlotear y darme recomendaciones, tengo a mi suegra; pareciera como si  en algun momento de cuando estaba recuperandome de la anestesia de la cesárea, le dije a mi suegra que me ayudara a criar al niño y que necesitaba de sus consejos,  porque desde entonces no ha parado de dar su opinion. Si ducho a Cronopio a las 7 de la noche ella va a decir que costumbre mas rara. En España a los niños los duchan a las 8. (Y ahi es cuando imagino que en punto de las 8, toda España esta bañando niños). Si  a Cronopio le doy cereal en el desayuno, ella dira que costumbres mas raras. En España a los niños se les da cereal de cena. Y no ha parado. Cada etapa de Cronopio es un nuevo desafio en la que, por supuesto yo no hago las cosas muy bien y mi hijo está aún si romanizar,mientras que los hijos de mi suegra eran niños modelo…. (¡y no saben como odio esta comparacion!

Seguro que aqui todas conocemos a esos otros que aun no son padres, pero creen que pueden decirte cualquier cosa amparados en la gran experiencia que les da haber cuidado a sus sobrinos y, además,  con la mano en la cintura se ponen a critricar a destajo la forma en la que sus hermanos crian a sus hijos. También  está el esposo de tu prima, que se muestra benevolente  y que en buen momento te dice que no aceptes consejos de los demás, pero en cuanto te descuidas, saca su manual de crianza y aprovecha cualquier momento para hacerte ver que las estas cagando, y mucho.

Si, los otros. Qué difícil es criar en sociedad, en una sociedad que tiene un día para venerarte y 364 días para hacerte la vida difícil. Sólo es cuestión de poner un pie en la calle para que cualquier crea que necesitas un consejo y por cualquiera, digo cualquiera. O es que yo seré la tonta del pueblo, pero desde que Cronopio era muy pequeño me paraban en la calle para decirme que debía ponerle calcetines al niño y llevarlo mas cubierto (si, con 25 grados a la sombra). Que si es muy pequeño para ir sentado, que le de un pedazo de pan para calmarlo, que no lo cargue, que le deje llorar, que lo suba, que lo baje…. de todo. Una vez una señora me paro en la calle y directamente le dijo a Cronopio bebe ” tenle paciencia a tu madre que tiene la torpeza de una primeriza”. Mi asombro fue tan grande que apenas pude reaccionar dos días después.

Con la maternidad descrubri que no soy solo yo educando a mi hijo, ni los abuelos, ni los amigos; es una sociedad entera marcandole pautas, gustos, preferencias. Pues antes de ser madre no me di cuenta de todo esto, de “los otros-” de cierta forma educando a mi hijo. Vivimos en un pais azotado por la violencia y aun asi, los niños que rodean a mi hijo tienen un deposito de armas de juguete que sólo he visto en Breaking Bad. Y no estoy hablando de una pistolita como la que carga el Vaquero Woody, bueno fuera; me refiero a todo tipo de armas y calibres hechos en llamativas versiones de plastico. En este pais las   las pistolas, metralletas, rifles y granadas de plástico, estan exhibidos de la misma manera que unas masitas Play Dolh (nosotros decidimos que no ibamos a comprar armas de juguete y asi se lo hicimos saber a Cronopio; debo confesar que me admiró la forma en que ha usado su imaginación para inventarse sus propias “armas”).

Y son esos otros los que nos culpan a las madres por el machismo, por criar a los machos del futuro, sin darse cuenta de que es una sociedad entera la que empuja a mi hijo a ser el machito del futuro. Y es que no ha faltado el tipo en la calle que al ver llorar a mi hijo, se acerca benevolente y le dice que los hombres no lloran. O aquellos en el parque que no soportan ver a un niño jugando con muñecas.

Y luego se les llenara la boca para decir que las madres no sabemos educar a nuestros hijos.

Y ustedes se sienten respetadas en su crianza o no pueden estar ajenas a los comentarios de los otros? !Cuéntenmelo!

Que tengan un dia a toda madre, Laura

Reto: ¿Qué hay en tu bolso?

imageDesde el blog Desde tuVerena me ha lanzado el reto de mostrar lo que hay en mi bolso. Confieso que cuando fui sacando todo, obvie la basura- basura y me quedé sólo con la basura que me es útil, como las notas de compra del super mercado.

Como casi todas aquí, llevo juguetes, toallitas húmedas y pañal entrenador, que eso no tiene mucha explicación. Casi siempre cargo con la mochila Boba, que cabe en el bolsillo perfectamente y para cuando Cronopio se ha cansado de andar, en un momento me echó al niño encima sin acabar súper cansada.

Caramelos y azúcar light. Soy adicta al azúcar y cuando voy a tomar café siento que no me dan el azúcar suficiente. Y los caramelos, casi siempre son para mí, para calmar la ansiedad y la locura de madre desesperada; para esto mismo también llevo Ibuprofeno.

Tengo afán reciclador, especialmente con los cubiertos de plastico. Cuando vamos a comprar helados o pedimos café para llevar, no puedo botarlos y los lavo  en casa. Esta costumbre la adquirí de cuando mis años en Cuba, que teníamos que ahorrar de todo y darle varias vidas a las cosas.

Antes de ser madre cargaba con muchos cosméticos y varios pares de aretes,  por si se me antojaba cambiar de look (soy de las que si no traigo aretes me siento desnuda). Hoy día me conformo con llevar un espejo y un par de brillos labiales; tampoco me puede faltar algo para atarme el cabello y aunque tenga tres pelos, estos hacen lo que les da la gana y con esto es la única forma de tenerlos quietos un rato.

Me encanta hacer listas, de todo. Mi día empieza incompleto si no hago una lista; para ello tengo los post it pero por alguna razón he encontrado mucho más útiles las notas de la compra del supermercado. Las guardo en la cartera y siempre las tengo a la mano para hacer listas y listas.

Cargo también con panti protectores, pañuelos faciales y una botella de agua.

No salgo de casa sin echar al bolso mis Moleskine, que no sé en qué momento se me podría ocurrir escribir mi gran obra maestra. Siempre he sentido una especial debilidad por las libretas, pero desde la tesis de la universidad empecé a cargarlas porque creía que todas las grandes ideas llegarían en cualquier momento y no esperarían a que yo buscará donde escribirlas.  Después de las tesis (hice ¡¡tres!!) escribía todo lo que daba la gana, incluso transcribía conversaciones oídas en el transporte público.

Por supuesto, tambien llevo gafas de sol, cartera y teléfono; cargo siempre con unos mini sobres de bloqueador solar que por tenerlos en la cartera, no salieron en la foto. Habrá quien diga que llevo cantidad de cosas en el bolso, pero lo cierto es que cuando no era madre, cargaba con mas: libros, coca zero, portatil, un respuesto de zapatos, desodorante y lo que se me ocurriera. La maternidad me ha enseñado que, o cargo con mi super bolso o cargo con niño.

No pensé que al enseñarles todo lo que cargo en el bolso, les compartiría al mismo tiempo parte de mí.

¿Quién se atreve a compartirle lo que trae en su bolso?

Que tengan un día a toda madre, nos vemos el jueves, Laura

 

Agobios de madre: mi grupo de Whatsapp

 

Esto de ser madre es más complicado de lo que pensaba. No creas que es sólo cuestión de construir una relación entre tu querubín y tú, nada de eso. Ser madre significa entrar a la comunidad de madres, ya sea las de tu propia familia, las vecinas, las madres del colegio y claro, las del grupo del whatsapp de la guardería.

Ya todas lo sabemos, estos grupos son una pesadilla pero aun así, ahí estamos y sólo atinamos a excusarnos diciéndo que tenemos silenciadas las notificaciones. Lo confieso,  me entretine mucho el whatsapp materno y tambien me agobia ver el mensaje de las notificaciones, 125 mensajes sin leer, en un solo dia. Mea culpa por no darle a botón “abandonar grupo” pero ahi me quedo en este microcosmos de las madres de la guarde. Y es que he llegado a una conclusion: lo que no sucede en el colegio, sucede en el whatsapp porque ahi, sin proponernoslo, mostramos nuestras vidas reales, nos exhibimos sin darnos cuenta, no le damos espacio al decoro y la que se asquea, pierde.

Mi grupo de whatsapp es una pasarela virtual no tan glamorosa como pasarela a la puerta del colegio. La Chikis, mama de Santiago Alexander, es la más fashion y la mas mona a la hora de ir por el niño.  Pertenece a esa especie de madres que combinan los aretes con los zapatos y no tiene un pelo fuera de lugar. Sin embargo, La Chikis da una resbaladas en el whatsapp de las cuales creo que no tenga conciencia.   A ella le gusta compartirnos  los almuerzos tipo japo que le hace al niño y ahi la tienes, mandando fotos por el whatssapp de las linduras que cocina, pero una foto  del almuerzo de marras, tomada de prisa  y sin cuidado, revela que la Chikis no limpia su cocina desde que estaba embarazada.  Asi es como un icono de la moda y del buen gusto a la puerta de la escuela, se nos viene abajo.

Y ya que  todas hemos roto el hielo y nos sentimos en confianza que se sepa que no se puede vivir sin alguien que  haga la limpieza de las casas. Será que soy un poco anormal y no me gusta compartir mi intimidad con alguien que no conozco, pero yo no tengo una chica que me haga la limpieza. Para las madres de mi grupo de whatsapp es una tragedia quedarse sin personal de limpieza, a niveles comparados con el ecocidio en Mexico y los refugiados de Siria. Una mañana de lunes no llega la chica y al ver la cocina hecha un asco después de un fin de semana intenso, entran en pánico y lo primero que hacen es ponerse a impiar mandar mensajes tipo “ME URGE!!! ¿ ALGUIEN QUE CONOZCA A UNA CHICA DE CONFIANZA? ME ESTOY VOLVIENDO LOCA!!” (y para hacer creible su desespero incluyen emoticones llorosos y ese que tiene carita de panico). Este mensaje se repite en mi grupo aproximadamente una vezpor semana, sin exagerar. (Post it mental: crea una agencia de servicio doméstico para madres desesperadas).

Y  que se joda el pudor y la intimidad de nuestros hijos… a mandar fotos de los niños sentados en la bacinica, que sepan todos que Karla  Stefani  ya avisa de la pipi y la popo (emoticones de aplausos).  “¿alguien sabe  qué bicho pudo haber picado a mi hijo?” Y sin ninguna verguenza empiezan a mandar fotos de los asquerosos granos en la pierna de Brian Alfonso (emoticones de cara de susto y yo buscando el emoticon vomitando). No falta la que dice que no hay de que impresionarse que todas somos madres aqui y hemos visto cosas peores.

Como la quincena no llega para pagar la mensualidad de la camioneta con la que a algunas les gusta chulear afuera del colegio, pues a vender se ha dicho, que además  la moda tambien cuesta y que sale caro verse tan barata. Asi es como tu whatsapp se convierte en un mercadillo en la palma de la mano y ya no sabes ni que comprar que la oferta es amplia: bombones, cremas para adelgazar, bienes raices, bicicletas, recuerditos de bautizo, ropa, zapatos, joyeria… y sin pena te mandan decenas de fotos de toda la mercancia. Claro, yo no iba a quedarme atras, galletas y pasteles para toda ocasion, que no se diga que no sé hacer nada.

Atencion, si eres madre y profesora, no entres al grupo de whatsapp, sobre todo si te gusta wuasapear en horas laborables. En el primer grupo de la guarde de Cronopio una de las profesoras auxiliares tenia a su hijo en el mismo, asi que era madre y profesora al mismo tiempo. Hasta aqui todo bien, hasta que empezó a wasapear en horas de clase y mandaba fotos de los niños. Las madres felices de tener noticias en tiempo real, solo hubo dos amarga-fiestas que pusimos una queja en la direccion. Que no se puede wuasapear y hacerse cargo de 15 niños pequeños.

En nuestros grupo hay una madre que, al momento de conocerla tenía urgencia en hacerte saber todo lo que ha estudiado y en un parpadear de ojos pasa frente a ti sus títulos, maestrías, diplomados y un breve resumen de su currículum. Y apenas puedes creer que es la misma que en el whatsapp empieza una conversación   con una “Ola k ase”, porque a pesar de lo leída y estudiada que se dice ser,  la ortografía no es lo suyo y apenas se hace entender por escrito, por lo que siempre sale otra madre en su auxilio, traduciendo lo que la leída y estudiada quiso decir.

Por mucho que te agobie leer 200 mensajes al dia, aun cuando has silenciado al grupo de marras, no lo abandones. Te podrás dar cuenta quienes son las madres mas pesadas para no invitarlas a la fiesta de cunmpleaños de tu chico. Nunca falta la que solo sabe hablar de si misma y de su niño, que su mundo es asi de reducido y que si a ti se te ocurre preguntar como se cocinan las alcachofas al vino tinto y ella te cuenta la historia de las alergias alimentarias de Manuelito. “¿Es mejor WordPress o Blogspot?” Iris no dudará y te contara en 1535 caracteres, de como Manuelito ya quiere ser bloguero.  Asi que ya sabes a quien no invitar a la fiesta de cumple de tu chico, a menos que quieras que alguien monopolice la conversacion y termine aburriendo a todos tu invitados.

Esto es a grandes rasgos el dia a dia de mi whatsapp de madres del colegio. Y digo a grandes rasgos porque  entre todos estos mensajes se intercalan muchos mas haciendo todo tipo de preguntas, conocen a un veterinario, donde puedo rentar juegos para fiestas infantiles, a que hora abren el Costco, y lo unico que me hacen pensar es si estas mujeres han oido hablar del google porque todas sus dudas las vuelcan en el whatsapp.

Y ustedes, como gestionan estos grupos? ¿Se han podido abstener y no pertenecer a ninguno de ellos?

Que tengan un dia a toda madre, Laura

De madres apasionadas, solitarias, elegantes y más (la fauna del parque)

 

Foto Abbey Hendrickson

Foto Abbey Hendrickson

Procuramos llevar a Cronopio todos los días al parque porque es un niño sumamente activo y estar con él metidos en casa desde que sale de la guardería es sumamente pesado, eso hace que conozcamos de vista a las madres que con más frecuencia van al parque. Entre semana se ven pocos padres, no así los sábados y domingos, pero esa otra historia.

Les dejo mi catalogo de madres y demas fauna que visita nuestro parque:

La madre erótica. Esta me encanta, quizá sea mi favorita, aunque no le conozco la cara, solamente la voz. No se entera en que andan los hijos en el parque, con quien juegan, si han mordido a un perro o si están a punto de hacer un salto mortal desde el columpio. Ella solo grita “Emanuel de Jesus, pórtate bien!!” Y no es para menos la desatención, ella esta plácidamente humedeciéndose leyendo las 50 sombras de Grey.

No dudo que a ella le guste más ir al parque que a sus hijos pues para ella es la oportunidad de sentarse a fantasear leer tranquilamente.

Las pulcras obsesivas. Ellas tampoco van al parque, ellas se quedan en su casa porque dicen (no saben quien lo dice pero le hacen mucho caso) que en el parque hay mucha varicela; por supuesto, sus hijos son los más enfermos del barrio porque apenas les da el aire y ya cogen pulmonía.

La sobreprotectora. Quizá sea este tipo de madre la que peor me cae porque no deja que sus hijos se muevan con total libertad, ella tiene que estar ahí, subida en el juego, ya sea resbaladilla, brincolin, o tobogán; ella esta ahí para auxiliar a sus cachorros y de paso, estorbar a otros niños que no pueden usar el juego en cuestión porque ella esta ahí metida vigilando cada movimiento del agobiado hijo. Y si tu hijo no se fija y pasa por encima  cualquiera de sus angelitos, la sobreprotectora no dudará en  regañarlo por el daño  que le está causando y ahí es cuando tu  te levantas y le montas un drama por su atrevimiento con tu hijo.

Las del safari fotográfico. Tengo que confesarlo, yo soy de esas. No importa que Cronopio este a un milímetro de partirse la boca,o que vaya a romperse la cabeza al caer del columpio, las madres como yo siempre estarémos ahí, listas con cámara en mano haciendo las fotos mas divertidas angustiantes del cachorro.

Las cansadas. A estas no le importa el qué dirán, ni los comentarios ajenos, ellas simplemente dejan que  el niño  ande por ahí mientras  no dudan en hacer la siesta en la resbaladilla o en cualquier banca.  Muchas veces he estado tentada a tomarles fotos, pero pensando que la próxima que duerma en el parque puedo ser yo, pues me reservo.

Las elegantes. El parque de Cronopio propiamente no tiene suelo sino arena de playa, si, es un asco,  lo sé, pero esto no hace que una madre  elegante deje de ir al parque como dios manda, porqué ir con camiseta   y tenis viejos si se puede ir con unos lindos tacones que combinen con el bolso, el cinturón y el iris de los ojos. Antes admiraba a las elegantes que parece que no le tienen miedo a nada, mas que no andar propiamente vestidas, ahora me dan flojera, me cansa ver los malabares que hacen para no arrugarse la ropa. Digamos que son lo contrario a la madre sobre protectora porque la elegante no se acerca a los juegos, ella se queda mirando desde una distancia prudente,no vaya a ser que un niño pase con un caremelo y le ensuecie el pañuelo de seda.

La madre amiga de todos los  niños. La que organiza actividades para incorporar a todos los niños y lleva juguetes para todos y tu crees que es un ángel que ha  caído del cielo. Por desgracia este tipo de madre va poco al parque pero cuando me he llegado a topar  con ella, me da ganas de irme con la madre cansada a echarme una siesta en la resbaladilla.

La que no tiene amigas. Sólo basta que cruces la mirada con una de las madres solitarias y empezaran a hablar hasta por los codos. Creen que porque compartes un espacio y por tener hijos de la misma edad, ya pueden contarte los aspectos más dramáticos de su vida. Lo digo sin exagerar. Una vez fui víctima de una madre solitaria y de la nada me empezó a contar  lo que sufrió con la ex novia de su marido, que practicaba la brujería y para hacer que el tipo volviera con ella, le ponía a la puerta de la casa gallinas muertas con veladoras rojas envueltas en ropa intima. Y en el momento que visualizas lo  que te está contanto es cuando reaccionas y te preguntas que coño hago yo aquí y empiezas a desear que tu churumbel   este a punto de partirse una pierna par poder correr en su auxilio.

Y por ultimo están las madres de la guarderia de Cronopio. Ellas no van al parque público, para qué juntarse con la perrada, si en la urbanización donde viven tienen un parque propio.

Y tu, te identificas con alguno de estos tipos de madres?  Seguro que conces a otro tipo de madre de parque que merezca ser mencionada, cuéntamelo!

Que tengan un día a toda madre, Laura