Esos minutos en que tu hijo se ha extraviado en una zona pública  (de mi personal historia de bares por España)

Vaya que si he andado de bares por estas tierras.  Es más, lo he disfrutado como pocas, hasta que me convertí en madre. Cada viaje a España mi hijo y yo hacíamos la ruta de los bares; viaje tras viaje ha sido siempre lo mismo, bares. Bares a medio día, bares la tarde noche, de lunes a sábado y con suerte vamos a los bares que abren los domingos en el pueblo. Todo podría parecer una vida placentera hasta que mi hijo empezó a caminar, a andar en moto, a correr y a dar la lata que da cualquier niño de su edad.

Así se nos iban las vacaciones. En los bares hasta que el Churri y yo, cansados de que la imagen más fuerte que Cronopio construyera en su mente sobre España, fueran precisamente los bares.(Yo que soy dada a analizar y repensar todos.los vericuetos que implica la memoria y la identidad,  entré  en pánico).

Planeamos unos días buscando actividades donde pudiéramos darle gusto al niño y a nosotros. Y así íbamos muy bien, hasta que volvimos rutinariamente a los bares. Es como si la dinámica fuera que todos estemos bien y que el niño por los cristales vea los juegos a lo lejos, pretender que va a estar tan tranquilo enmedio de tantos adultos que, con todo el cariño del mundo, lo que hacen es llegar con medio kilo de gominolas, golosinas, huevos kinder y zumos de melocotón. 

Hoy nos fuimos al bar, de nuevo, a ver a la demás familia, sólo que a unos metros del bar estaban unos juegos, puestos de juguetes,  rollo feria y  algo de lo que llaman aquí, barracas (juegos mecánicos ).

Cronopio tuvo una pequeña probada de estas delicias a los ojos de un niño; tan sólo unos minutos porque teníamos que reunirnos con la familia,  en el puto bar de siempre. Lo sientan en una silla con el montón de azúcares  procesados y todo mundo a hablar cosas de adultos, por su puesto, y de panorama un parque, unos juegos…. en menos de lo que yo intentaba conectarme al wifi público, oigo que Cronopio no aparece. Veo a mi esposo corriendo, a los demás empezando a buscar y yo… No siento nada. No puedo sentir nada. Solo vienen a mi mente niños abusados, niños llorando, niños mutilados, niños heridos… Y a lo lejos veo a mi Churri abrazando a Cronopio. Y sigo sin sentir nada. Mi hijo sólo atina  a decirme que el le avisó a su abuela de que iba a los juegos. 

Saben porque sucedió  esto?  Porque España ha sido para Cronopio un sin fin de bares, bares y más bares. Unos minutos en los juegos  (que por cierto, básicamente  son los mismos que tiene en nuestro pueblo )  Y un par de horas en los bares.  

Y ahora que el Churri y yo estamos a punto de irnos de solteros a Budapest…. dejaremos a nuestro hijo con el sin fin de bares que le esperan?  Quiero ser justa con mis suegros  y no quitarles la oportunidad de gozar del nieto…. Pero porque coño todo o actividad de este país pareciera que se desarrolla en un bar  con los amigos de toda la vida?  

Estoy segura que de ahora en adelante tendrán ocho ojos puestos encima de Cronopio, pero con lo que no puedo más es  con la idea de tener a un niño pequeño e inquieto como cualquera de su edad, metido en bares, haciendo un par de graciosadas para disfrute de los amigos de los suegros y pensando  en como escaparse de ahi para buscarse algo más divertido. 

Como ser justa con mis suegros,  mi esposo, mi hijo y conmigo misma? Donde está el punto medio si ahora yo de nuevo vuelvo a ser más mala que la carne de puerco, si después de que apareció  Cronopio todo mundo volvió a sus cañas, a sus vermuts de siempre y punto pelota… aquí  no ha pasado nada.  Y mientras tanto el Churri y yo ahí sentados con el corazón que se nos salia del pecho y yo no pude hacer nada más que quedarme  en modo idiota, sin palabras, sin correr, sin gritar, sólo pude tuitear. 

Y al despedirnos hablamos con Cronopio. Y yo no pude evitar el llanto. Y con el mismo llanto me fui a despedir de mi suegra diciéndole que eso no podía pasar de ninguna manera cuando nos vayamos a Budapest. Y frente a ella asumí mi parte de responsabilidad…(post it mental: debi dejar a un lado las mamadas esas de que estando en tribu todos nos cuidamos, como hacemos en mi pueblo. Eso se acabó)

Un cosa mas: entre todas las cosas que pensé una vez q recuperamos a Cronopio, fue en las madres españolas que me leen (y en las que no lo hacen  también ). Al despedirme de mi suegra lo hice llorando, con el mayor de los pesares. Me dijo, junto con otras cuatro mujeres que la acompañaban, que no me preocupara, que los hijos se pierden hasta dos veces. Que esas cosas pasan.  Llegando a este punto no pude más que sentirme sola , desolada ante la poca,  nula, sensibilidad de otras mujeres que, como yo, se las extravió  un hijo. 

Las mujeres somos el lobo de las mujeres.  

De mi personalísima Wish List: Reproductor dvd Panasonic

By Tina Torrence

Aunque en algún momento de esta Moleskine® declaré que no me gustaba el Día de la Madre por la intensidad dramática que conlleva, de la misma forma dije que tendría que escribir mi propia historia, ahora como madre, a modo de quitarle la carga emotiva y, ahora si,empezar a disfrutarlo.  En esas ando. Cronopio está creciendo y anda que no para ensayando la sorpresa que nos darán los niños en su colé y, ante su emoción no puedo más que sumarme  y esperar a que llegue el mentando día. Y este año si quiero un regalo.  Es más, me merezco ese regalo.

Lo primero que puse en mi wish list fue una visita al spa. El gusto de imaginarme en el spa me duró veinte segundos: después de una larga sesión de mimos a mi espalda y pies, inevitablemente tendría que regresar a mi realidad, cual Cenicienta cuando le dan las doce de la noche. Hasta ahí llego mi gusto por el spa.

Desde que el Churri y yo nos convertimos en padres, lo que más añoramos es ir al cine; poco a poco hemos ido recuperando las actividades que disfrutábamos cuando Cronopio no había llegado a nuestras vidas, pero lo cierto, es que seguimos sin ir al cine. Ninguno de los dos vivimos en nuestra ciudad de origen y no tenemos familia que nos cuide al niño mientas nos vamos al cine, y la opción de contratar una niñera, sencillamente se nos escapa del presupuesto, pues sale mucho más cara que el kit cine-refresco-palomitas-helado.

Viendo que el rezago filmografico  que padezco es digno de vergüenza, lo tengo decidido: quiero un reproductor dvd Panasonic!!!

Aprovechando que Cronopio ya no grita  ¡¡ Mamá!!  cada 45 segundos en promedio, sino cada 3.5 minutos, lo que quiero para este Día  de las Madres es sentarme todo el día a ver pelis, muchas pelis, las pelis que no he visto en años, con un bowl de palomitas enorme, Coca Zero a tope y tarrinas de helados de varios sabores, y no levantarme en todo el día,

Aquí les dejo mi lista de pelis para el Dia de la Madre:

Y si despues de esta sesión te da por sentirte la mala madre mas mala, este reproductor de dvd de Panasonic cuenta con ranura para tarjeta de memoria y para USB para que te pongas a ver las fotos y videos de tu vástago con una calidad insuperable.

¡Estan todas invitadas a celebrar conmigo el Dia de la Madre!

¿Alguna sugerencia que agregar a mi lista de peliculas?

Que tengan un dia a toda madre!

 

De cuando mi madre se salta los límites y brinca encima de mi cabeza

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Han pasado solo cinco días desde que mi madre llegó a nuestra casa y Cronopio ya me ha soltado varias  frases tipo mamá eres mala”, “mamá maldita” y, el más reciente, “mamá eres más mala que la carne de puerco”, expresión muy usada por mi madre y que ahora en boca de mi hijo no me ha causado ninguna gracia, sobre todo porque se refiere a mí. Yo, la peor de todas, ahora soy más mala que la carne de puerco.  Podría haberme dicho que soy una madre más pesada que la Cuaresma, pero no, soy mala.

No es la primera vez que Cronopio me dice que soy mala, sobre todo cuando no le cumplo alguno de sus caprichos, y seguiré siendo mala si se trata de ponerle límites. Lo que me encabrona es que a ojos de mi hijo, mi maldad se multiplica entre más tiempo pasa con su abuela. Y es lógico. Mi madre está todo el día jugando con él y cumpliéndole sus caprichos; se puede pasar todo el día al pendiente de la respiración del nieto, haciendo todo lo que éste le (pide) exige; es cierto que mi madre se puede pasar en día tumbada al suelo jugando con Cronopio como si los dos tuvieran la misma edad, pero por eso mismo, soy yo la mala-malísima que tiene que poner los límites,  mientras mi madre es la abuela maravilla.

El conflicto se detonó cuando Cronopio me puso al mismo nivel que la carne de puerco. Le hice notar las cosas que le enseña a mi hijo, aplicadas a mí. Mi madre no fue capaz de decirle al nieto “no le hables así a tu madre, respétala”. La abuela maravillas no pone límites, claro, para eso estoy yo y lo único que se le ocurrió decirme fue “regáñalo tu”. Claro, tu le enseñas las tonterías, yo lo tengo que reprender y ante los ojos de Cronopio tu sigues diáfana, mira que lista.

A este drama, ya intenso para esos momentos, hay que agregar que días antes le dijo a mi hijo en dos ocasiones frases relacionadas a que si Cronopio no hacía tal cosa, yo le iba a pegar, “tu mamá te va a dar… tu mamá te va a poner una friega”.  A la segunda vez que le oí este tipo de amenaza le dije que no debía hablarle así.

Y así ibamos en esta familia, in crescendo en el nivel de drama, con una misma situación que se repetía: limites, berrinches, cumplimiento de las órdenes y caprichos del nieto, drama, más límites , más berrinches, tiempo fuera, consecuencias, hasta que recapacité, pensando en que los limites debía ponérselos a mi madre, no a mi hijo.

( Y en el transfondo de todo eso está la defectuosa relación que siempre hemos tenido. Mi madre, una mujer muy trabajadora, que me dio todo lo que podía necesitar,pero que emocionalmente me dejo semi desnuda, nunca me dio el lugar que yo sentía merecer. Desde muy pequeña tuve la sensación y, en ocasiones la certeza,  de que mi madre no me quería tanto como nos hacen creer que una madre puede querer a una hija. Nunca he tenido ni la seguridad ni el sentimiento  de que mi madre me haya dado el lugar que merezco, o creí merecer en su vida.  Ahora de mayor y a base de ir acumulando experiencias decepcionantes, tengo la certeza de que mi madre se ha visto socialmente obligada a quererme; es decir, no muero de amor, no te quiero, es más, te estimo, pero vamos a suponer que te quiero, pero en realidad me cagas, me desesperas, no sé qué hacer contigo y sólo puedo establecer una relación real contigo basada en la falta de respeto.  Así fue durante muchos años la dinámica de la relación con mi madre. Cuantas veces le oí decir que la tenía harta. Y ya de adulta esto no cambio, más que cuando me vio en un hospital psiquiátrico y prácticamente exigí su ayuda, su presencia en mi vida y se quedó ahí unos años, movida por la culpa, hasta que ésta se le agotó.  Y no cesó en demostrar su poco aprecio a mi persona, hasta que se me dio la gana de ser absolutamente feliz y mandarla al carajo… pero ese es otro post). 

No nos engañemos: mi madre volvió a mi vida no por mí, sino por mi hijo, prácticamente su primer y único nieto.  Si no sabes o no tienes la capacidad de darme mi lugar frente a mi hijo, vamos mal. No basta con cuidar a mi hijo con esmero, jugar con el hasta el cansancio, si no me respetas a mi, la relación con mi hijo será difícil no sólo para nosotras, sino para Cronopio mismo. Porque mi madre se va a su casa, a su ciudad, y lo que me  deja es un niño caprichoso, exigente y grosero y que además, ya está empezando a hacer distinciones entre mamá mala y abuela buena. Como ya dije, ella cuida con esmero a mi hijo y eso a mí me aligera la carga de trabajo y puedo dedicarme 8 o 10 horas seguidas a hacer galletas sin preocupación alguna. Mi madre ya se ha jubilado y tiene tiempo y recursos para dedicárselos a mi hijo; desde aquí ella ya juega con ventaja, en tanto yo no puedo ni debo comprarle a Cronopio todo lo que se le antoje y necesito desarrollar mi propio negocio, no para mi  bien exclusivo, sino el de mi familia entera.

Hoy le he dicho a mi madre que sea impecable con las palabras que utiliza en sus juegos con mi hijo. Mi madre es un excelente ejemplar pasivo-agresivo. Sus mejores agresiones las dice en forma de broma y si te ofendes, no tienes sentido del humor. Para joder la vida, se apoya en lo que supuestamente dicen escritores y filósofos. Ósea, no soy yo quien te ofende. Eso lo ha dicho William Shakeaspeare. Mejor dicho, eso dice mi madre que dice Shakespeare, entonces enójate con él, no conmigo. Y a saber si en realidad esas palabras tan ofensivas las dijo Shakespeare o Platón.  Entonces ella queda libre de responsabilidad y además queda como la más culta entre las cultas.

Hoy le he dicho a mi madre que entienda mi situación. Que ella no puede ser la que cumpla caprichos al momento porque cuando llego yo a poner límites, yo soy la mala y en estos días a ojos de mi hijo debo ser la más mala de Malolandia. Y que eso no es justo para mí.  Y que no es justo que sea yo  la que ejecute la amenaza que ella lanza a Cronopio, de que su madre le va a pegar si no obedece. Debo ser hippy o muy moderna, o muy borde, pero esas amenazas me parecen un recurso muy bajo y es que en esta casa sencillamente no las usamos. Del mismo modo, le aclaré, no le permito a mi suegra que le diga a Cronopio  “te voy a dar azotes en el culo“, que será una frase muy común en España pero a mí me importa tres cojones y a mi hijo no le dices esas mierdas. Y es que para mi mamá toda esta verborrea pasivo- agresiva no son más que frases, así, sólo frases.

Hoy le he puesto límites a mi madre y ella no ha perdido la oportunidad de pasarme la factura de que cuida mucho de mi hijo,  justo como hacía antes para chantajearme diciéndome “yo te cuidé cuando tu depresión “, como si ambas cosas me crearan una deuda impagable con ella, que le da libertad para hacer lo que le da la gana.

Hoy le he puesto límites a mi madre y hoy mi madre me  ha lanzado la más baja de sus manipulaciones: la estoy humillando.  Lo que para mí es sanar la relación y evitar que se salga de control, para ella es una humillación; en resumidas cuentas, Cronopio tiene razón: soy más mala que la carne de puerco.

Nunca he dejado de reconocer lo mucho que cuida de Cronopio, le he dicho, pero asumir los límites como una humillación esa una opción que ella ha escogido, porque es la que mejor le acomoda.  Así se lo he hecho saber. Esa humillación de la que hablas es tu opción, solo eso. Me despedí de ella, bajé del auto y agradecí todos mis  años en Terapia  Gestalt.

Kate, una madre como tu

 

Hace tiempo, cuando aún no teníamos Netflix en esta casa, y estábamos un poco abrumados con el cambio de ciudad, Mi Churri y yo nos decidimos a contratar un sistema de televisión por cable por vez primera en nuestra vida juntos. Teníamos más de 300 canales para ver todo tipo de mierda pero de entre toda la amplia programación, yo seguía con atención un canal dirigido a mujeres. Había  un programa hecho en Reino Unido sobre las dificultades que enfrentaban diversas mujeres embarazadas,la mayoría de ellas muy jóvenes; las historias se centraban en sus llevaban muy mal el embarazo por sus malos hábitos con el cigarro, el alcohol y la comida chatarra y mediante  un seguimiento profesional las chicas iban tomando conciencia de la importancia de cambiar drásticamente sus hábitos . Solo hubo un par de casos de madres con más edad que dedicaban demasiadas horas al trabajo y  cuyo ritmo de vida estaba afectando su embarazo.

Me gustaba este programa porque ofrecía una imagen más de como puede ser de difícil la vida de una embarazada; si bien nunca me identifiqué con ninguna de ellas en lo específico, el programa me parecía un acierto por la posibilidad de servir  para otras madres en situaciones similares, además, como ya he dicho muchas veces aquí, aborresco las imágenes del embarazo idealizado y llevado a niveles  prácticamente inexistentes.

Cuando me preguntan para cuando el siguiente bebe solo puedo pensar en que no quiero volver a pasar por las dificultades que tuve en mi embarazo de Cronopio. Físicamente mi cuerpo respondió de maravilla a pesar de la edad y de los malos augurios de algunos médicos. En algún momento después de esas 38 semanas pude comprender que a las mujeres nos preparan físicamente para ser madres, pero nunca a nivel emocional, a pesar de que convertirte en madre es las experiencia física y emocional más grade que puedas tener en tu vida. Solo hasta que tienes a tu criatura en brazos es que te das cuenta de que emocionalmente estamos prácticamente desnudas y que, a fuerza de coraje, te tienes que reinventar como mujer, en el mejor de los casos. En mi caso, necesité apoyo psicológico y psiquiátrico pero eso vino poco antes de que Cronopio cumpliera el año, cuando yo estaba en plena depresión post parto, ya que  nunca pude imaginarme que mi embarazo lo viví con depresión.

No pude darme cuenta de ello porque, como todas, viví rodeada de imágenes de mujeres con embarazos idílicos y en lugar de cuestionar esas imágenes, asumí que yo era una especie de bicho raro con unas hormonas súper locas y como socialmente me sentía incapaz de cumplir con el estereotipo de mujer embarazada, mejor me aislé. No quería hablar con nadie porque no me sentía con la fuerza emocional  para decirles que me sentía muy jodida, muy desorientada y sin ganas de prácticamente nada; que no me hacía ilusión preparar la llegada de mi hijo comprando cuanta bobería hay en el mercado. (Y si a esto agregas que cuando estás embarazada la gente se creee con el divino derecho de preguntarte lo que les viene en gana…. se me quitaban las fuerzas por completo).

Recientemente se celebró en Reino Unido el día de la madre y aproposito de esto la princesa Kate Middelton habló sobre lo maravilloso y satisfactorio que es ser madre, sin dejar de mencionar el enorme desafío que representa. En este discurso Kate ha hecho una enorme diferencia al hablar sobre el cambio de identidad que representa ser madre, sobre el stress, sobre lo insegura e ignorante que te puedes sentir al tener en brazos a tu hijo y todo dentro de una mezcla de sentimientos de alegría, agotamiento, amor y preocupación.

“Es imposible estar verdaderamente preparada para la abrumadora experiencia que supone ser madre…tenemos la presión de ser la madre perfecta y fingimos que podemos con todo y disfrutamos cada minuto. Está bien hablar de lo maravilloso pero también hablar del stress y del esfuerzo”

“No pasa nada por concebir a la maternidad como algo difícil y pedir ayuda no debe entenderse como señor de debilidad”

Las palabras de Kate tuvieron como contexto el apoyo que ella brinda a la asociación benéfica Best Beginnings, la cual ha lanzado  Out of the Blue, una serie de cortos y documentales sobre la salud mental de las madres desde el embarazo hasta el post parto, brindando herramientas para que las mujeres sepan que es lo “normal” sentir, cuáles son los signos de depresión y como son los lazos que se establecen con el bebe. Out of the blue  cuenta con cortos en donde los padres ya en recuperación cuentan su experiencia con su salud mental y su paternidad.

Aprecio mucho que Kate, la madre que es a nivel público, sea una madre imperfecta como todas nosotras; que haya exhibido públicamente su divina barriga post parto y que, quizá fuera de todo protocolo, haya mostrado su mejor cara de encabronamiento ante uno de sus hijos. Y creo que aquí es precisamente donde radica nuestra gran diferencia con Kate-madre: nosotras nos empeñamos en mostrarnos como las madres perfectas,sin agobios; parece que públicamente nos importa mucho la imagen que proyectamos como madres. Parece  que tenemos terror a ser juzgadas por otras madres, a no dar el ancho,a mostrarnos cómo seres vulnerables y todo con el afán de cumplir con un modelo de maternidad que nos han vendido desde que éramos pequeñas.

No dudo ni un tantito que  Kate tenga  una corte de personas solucionándole la vida; que ella no tenga que salir a toda prisa para ir a recoger a los niños al colé; seguramente ella   no tiene que estirar el presupuesto mensual  ni tiene una aplicación en el móvil que le indica dónde hay ofertas de pañales. Nunca sabremos como es esta madre a nivel privado. No dudo ni un momento que seguramente tuvo sus malos momentos y que su maternidad sea difícil, en tanto ella no es la única que educa a sus hijos.

Por ello me encanta Kate, porque a pesar de ser una madre singular ha buscado vincularse y crear empatía con las madres en general y darle visibilidad a un tema prácticamente inexistente: la salud mental de las madres.

Y a ti, ¿que te parece que gente famosa de visibilidad a este tipo de problemáticas?

 

 

 

 

 

La depresión, querida amiga

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Prozac, mi compañera bicolor, que durante años fue una especie de bastón.

Cuando andaba allá por los veintitantos años enfrenté formalmente mi primer periodo depresivo mayor. Digo formalmente porque aunque anteriormente ya había pasado por periodos sumamente difíciles, nunca tuve la oportunidad de ser atendida sencillamente porque no sabía qué diablos pasaba conmigo. Hasta los veintitantos recibí atención de profesionales, como psiquiatras y psicólogos y, debo decirlo, en un principio me daba mucha vergüenza hablar del tema. Muy poca gente dentro de mi entorno sabía que yo iba a un hospital psiquiátrico pues quería evitar que la gente me imaginara usando una camisa de fuerza. Son tantos los prejuicios que se tienen sobre las enfermedades psiquiátricas que decidí no decir nada.   Hasta que yo normalice mí relación con mi propia enfermedad, me quité de penas y fue así como mis amigos y demás familiares sabían lo que me estaba sucediendo.

Desde entonces, para mí no representa la menor vergüenza hablar de mi etapa psiquiátrica más intensa; de todos esos años de cruzar la ciudad para ser atendida en un hospital psiquiátrico, de tomarme no sé cuántas pastillas al día, de salir a caminar por esta gran ciudad y caminar durante horas del brazo de mi madre, para que yo no cayera, para que yo generará endorfinas y para que me olvidara unos momentos de esto que formalmente se llama “periodo depresivo mayor”.

No es que yo vaya por la vida con un letrero que diga “Cuidado. Estoy altamente medicada y voy al psiquiatra”. Nada de eso. Simplemente que cuando se da la ocasión y si alguien lo pregunta o se dice una barbaridad sobre la depresión, yo hablo de mi experiencia. No me avergüenza en nada. Es una historia de lucha, de tesón y de mucha persistencia.

La depresion, hoy día, es una de las enfermedades que más discapacidad causan y, pese a ello, se le conoce tan poco.

Cuando yo estaba embarazada me abrí blog que se llamaba “Esperando a Cronopio”,  donde intenté escribir toda la confusión de esos meses, pero a mí misma me parecía una locura hacerlo. Por ello es que, ya con más herramientas y más fortalecida, posteriormente decidí abrir este blog, para compartir mi experiencia con la depresión y la maternidad. Es cierto que les debo muchos más post sobre este tema, del que debo seguir ahondando e insistiendo. Seguro que la depresión post parto seguirá haciendo de las suyas;  mi deseo es que cada vez haya más mujeres informadas sobre el tema, para que tengan más armas para enfrentarla y, sobre todo, para que no se sientan aisladas o bichos raros.

Caro López Moya, Mamá Resiliente, me ha entrevistado sobre mi depresión post parto. Les comparto esta entrada con mi testimonio escrito desde mis entrañas. ¡Espero les guste!

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Esta entrevista es una idea que surgió cuando dejaste un comentario en mi entrada sobre “depresión postparto”. ¿Cuándo te diste cuenta de que la habías padecido?

Prácticamente hasta que Cronopio, mi hijo, cumplió nueve meses. Poco antes de cumplir 25 años tuve que ser atendida por un periodo depresivo mayor, que me llevó a estar medicada y atendida por psiquiatras y psicólogos. Fue una etapa bastante dura para mí pero salí adelante, a veces a contracorriente, pero pude cumplir mis sueños, que eran viajar y estudiar (y por estudiar, estudié hasta un Doctorado). Así que cuando tú hablas de resiliencia sé muy bien de qué estás hablando, porque si alguna palabra me define es precisamente la resiliencia. A pesar de conocer tan bien a la depresión y, de cierta forma, hacerla mi amiga y compañera de vida, cuando me embarazacé y parí, no supe identificarla.

El embarazo y el post parto fueron sumamente difíciles y hasta que me detuve un momento a analizar mis miedos, es que tomé la decisión de hacer algo. Me daba miedo ducharme con mi hijo, pensaba que en cualquier momento iba a salir un enorme chorro de agua hirviendo y nos iba a dejar calcinados a ambos. Ir por la calle con él en su sillita era algo que me llegaba a paralizar pues creía que de la nada saldría un auto que pasaría encima de nosotros. Así puedo decirte muchos de los miedos y angustias que tenía; lo que me hizo recapacitar es cuando me di cuenta que yo quería huir del mundo y lo hacía metiéndome horas debajo de las mantas. Y mi hijo empezó a jugar y a gatear debajo de ellas. Me dolió tanto esa imagen de él que en ese momento pensé que tenía que hacer algo y me di cuenta, por fin, que estaba pasando por otro periodo depresivo mayor.

Quieres seguir leyendo? Aquí te dejo la entrevista completa, no te la pierdas!

Mis súper poderes de madre (o de cómo me convertí en mamá emprendedora)

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Desde que soy madre  detesto los relatos de las madres súper poderosas que con un aire de liviandad y relajación inauditos, parecen tener el control sobre cada asunto de su vida; al mismo tiempo que van súper peinadas y montadas en unos zapatos altísimos, parecen gestionar con gran facilidad todo lo relacionado con sus hijos, trabajo, marido, relaciones públicas, gimnasio, redes sociales, hobbies y cada rincón  de su vida personal. No sólo me cuesta creer  la total veracidad de esos relatos, sino que no me indentifico con ellos.

La primera súper mujer que conocí fue mi suegra, por supuesto. Cronopio tenía seis meses de edad y yo el mismo tiempo sin dormir bien y con depresión post parto. Se notaba a leguas que no la estaba pasando bien; pese a ello y con un hijo que hasta el momento no conocía la ropa sin arrugas, mi suegra, muy ancha ella, tenía que soltar una de sus joyas: ella nunca había dejado de hacer todo lo que  le gustaba aún con dos hijos; cuando ellos se levantaban, ya tenían en la mesa la fruta finamente picada (que se note que dijo finamente picada, no un vulgar plátano al que tu hijo le quita la cascara en dos segundos).  La intensa jornada de mi suegra incluía café con las amigas, visita rápida a la peluquería, dejar comida y mesa lista a la una de la tarde y marcharse por los hijos al colegio, entre doscientas cosas más para terminar su día sentada viendo las noticias mientras le  cosía a sus hijos la proxima colección de ropa primavera-verano. Y todo lo hacía sin despeinarse. Desde ese momento tomé conciencia que no hay vara más dura para medir a una madre, que la vara de otra madre.

Hoy me queda claro que este tipo de relatos están hechos en base a algunos hechos reales y  adornados con ficción pura; son historias diseñadas para que la que la cuenta, se luzca como una mujer extraordinaria,mientras que tu,  madre primeriza que desde hace siglos no se afeita las piernas y que piensa que nunca va a recobrar la cordura, te sientes un poco mierda y mucho más agobiada  aún con la mitad de cosas que hace tu suegra en un día.  Escuchas a estas mujeres extraordinarias y sientes que has perdido el control de absolutamente todo lo que tiene que ver con tu vida y ni siquiera tienes la menor idea de cuándo o dónde recuperarlo.

Hoy día puedo decir que yo también soy una de esas madres súper poderosas; una madre que  cual camioneta todo terreno   va saltando los baches y  los obstáculos que se le ponen en el camino. Eso sí, yo termino el día bastante jodida y hace ya un ratote que no voy a la peluquería. Las dos ultimas veces mi paso por este lugar fue un tanto patético: aprovechando que Cronopio necesitaba con urgencia un corte de pelo, lo lleve a un lugar ad hoc para niños y yo, con ojos de perro hambriento, le pedí a la peluquera si podía cortarme el pelo . A la salida me dieron un regalito, justo como hacen con todos los niños que se dejan cortar sin dramas.

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A raíz de que empecé a estudiar pastelería, descubrí lo mucho que me apasiona y decidí emprender mi propio negocio desde casa. Se trata de Hornear, Comer, Amar, galletas y pasteles personalizadados y hechos sobre pedido. Regalaba muchas galletas y pasteles y a donde quiera que me invitaban llevaba algo para que la gente lo probará; sin embargo, tenía que dar un paso más allá, pero, ciertamente, no sabía hacía dónde. Después de tomar mi segundo curso con Yuri O. Villela decidí emprender mi propio negocio. Yuri no sólo es la mejor galletera de este país, sino una chica excepcional que comparte su experiencia de vida  en el mundo de la repostería, de cómo  ella, de ser una madre deprimida y frustrada con su vida laboral (justo como yo), se puso a hacer galletas y  a base de trabajo constante y disciplina, hoy es quien es. Cuando ella vino a mi ciudad en octubre, salí con un cúmulo de ideas y, lo que es mejor, me convencí de que yo también saldría adelante. En diciembre me dediqué a hacer cerca de 300 galletas (y algunos pasteles), de las que vendí absolutamente todas. Mi Churri, que me apoya en cada locura que hago, me promocionó en su trabajo y prácticamente se convirtió en mi agente de ventas; también conté con el apoyo de conocidas que me permitieron promocionarme en sus negocios y aquí estoy…. horneando mucho, comiendo poco y amando lo que hago.

 

No ha sido fácil. He tenido que planificar mis tiempos al máximo, dejar a un lado algunas cosas, olvidarme de leer media hora antes de dormir y, en  muchas ocasiones, olvidarme por completo de la casa para concentrarme en la cocina. Han sido días de comer comida de la fondita, de tener montones de ropa limpia apilada arrugándose en un rincón. Han sido semanas de no comunicarme con los amigos, ni ponerles un whatsapp. O días en que Mi Churri y Cronopio se han marchado todo el día a buscarse algo que hacer fuera de casa para que yo pueda avanzar con mi trabajo.

El único sabor agridulce que me queda en la boca es en relación con mi hijo. Aún debo aprender a manejar las culpas que me  ocasiona no ponerle la debida atención en los momentos de más trabajo; todo esto quizá se traduzca para él en que ya no lo quiero  tanto como antes, o que por lo menos ya no es mi centro de atención y estas ideas que sólo yo supongo, me causan culpa, malestar y, de cierta forma, me hacen sentir que estoy haciéndole daños irreparables en su vida (suena cursi pero de verdad lo he pensado). Por otro lado, me tranquiliza saber que el está creciendo bajo mi mirada y en su casa, y que no tenemos que pasar por la difícil situación, a veces dramática, que padecen otras madres a las que sus horarios laborarles sencillamente les impiden conciliar y, por ello, tienen que dejar a sus criaturas con la vecina, con la prima de una amiga o con quien se pueda, sin  tener que gastarse más de la mitad de su salario en pagar niñeras. ¿Qué hacen las madres que trabajan fuera de casa cuando los hijos se enferman y no pueden echar mano de los abuelos? ¿Qué hacen ellas los últimos viernes de mes cuando la mayoría de los niños de este país no van al colegio por disposición de la autoridades educativas?  Cronopio está  en su casa, es cierto que a veces bastante harto y que el quisiera ir al parque o que jugasemos  todo el día, pero hay ocasiones en que no puedo darle todo lo que él me demanda, pero eso sí,  él está  seguro en su casa, bajo mi mirada (lo que también es cierto, es que Cronopio ahora tiene una madre mucho más feliz y que poco a va empoderandose).

Son unas cosas por otras. Me siento feliz de descrubrir mis súper poderes: transformar poco a poco mi vida, explotar mis pasiones y claro, convertir la harina, la mantequilla y el azúcar en cosas lindas.

Todas tenemos súper poderes, ¿ya sabes cuál es el tuyo o estás en vías de descubrirlo? ¡Compárteme tu experiencia!

Los cumpleaños infantiles también pueden ser tristes

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A proposito de que el cumple de Cronopio ya se acerca (y yo me hago tremendas pajas mentales planeando cada detalle) y de que  las Mujeres sin glamour me han recordado lo dificiles que pueden ser las fiestas infantiles, me han venido a la mente unas cuantas fiestas de cumpleaños que, por mas que quiero olvidar, no puedo.

Voy por partes, les cuento cómo son las fiestas infantiles en mi pueblo: aquí no se celebran fiestas grupales, pues se entiende que el festejado tiene que ser el centro de atención por un dia. Las fiestas no dependen tanto de la amplitud de la cartera de los padres, pues al ser el gran evento del niño, a muchos no les importa quedarse con una gran deuda encima con tal rentar el salon de  fiestas mas caro de la ciudad y que se hable de su fiesta por lo menos en lo que resta del mes. (Claro que también hay padres con posibilidades económicas muy amplias y que pueden hacen fiestas espectaculares y sin despeinarse) También hay madres, conozco a algunas de ellas, que ahorran mes con mes durate un año para,  llegado el momento, tirar la casa por la ventana.

En mi post anterior decía que una vez tuve ganas de reprocharle a mi pequeño hijo por todas las fiestas infantiles insufribles conviviendo con madres insoportbles y todo para que él se divirtiera. Cuando nos mudamos a esta ciudad el primero en tener vida social fue Cronopio;  ya que eramos recién llegados, asistir a cumpleaños infantiles se nos hizo una buena oportunidad para conocer a otros padres como nosotros. Gran error. Nos sorprendimos  que en muchas fiestas apenas si cruzan palabra contigo si no eres de su círculo cercano. Llegas, te presentas con los padres del cumpleañero y éstos solo atinan a decirte “siéntense donde quieran”. Y te sientas donde puedes. Y aunque tratas de hacer platica con tu compañero de mesa, nadie tiene intención de hablar, o se habla lo minimo; te aferras al  móvil, sólo para darte cuenta que tu plan de datos se ha agotado y no te queda de otra mas que convertirte en creyente en ese mismo momento y rezar  un  Ave Maria, por favor, que se acabe pronto la fiesta.

El climax de mi invisibilidad en las fiestas llegó cuando una señora, tan ancha como ella sola, se sentó a lado mío sólo para darme la espalda y comodamente conversar con otra. Pasaron los minutos y yo iba acumulando encabronamiento y poniendome verde y enorme como Hulk, hasta que le toqué a la espalda y le dije tajantemente, hazme el favor de no darme la espalda. Y todavía me vió con cara de de dónde habrá salido esta atrevida, pero eso si, tuvo que cambiar su postura. Y la fiesta prosiguió como empezó. Nadie me habló.  La única atención de la anfitriona fue decir “pasen a comer, ya todo está servido”. Y punto pelota.

De verdad, nunca he entendido que sucede en estas fiestas. Hasta me puse un poco paranoica pensando que las demás no me hablaban  porque estaban en mi contra por abrirme un blog que critica a la maternidad. Platicando con otras madres del cole, hemos compartido la misma extraña experiencia: confesaron que hubo fiestas infantiles en las que se sintieron solas, apartadas, apestadas porque nadie quería hablar con ellas y que sólo querían agarrar a sus hijos e irse, pero claro, los veían tan contentos disfrutando, que les daba penita marcharse.

Y así me pasé un par de fiestas hasta que dije se acabo. Para estos casos, mejor llevo a Cronopio al area de juegos del Mc Donals, que estoy segura que el  Sr. Ronald Mc Donald es mas majo que cualquiera de esas mujeres.  Desde entonces, no voy a fiestas a donde yo no conozca muy bien a los anfitriones o bien, que vayamos el grupo de madres que nos conocemos un poco mas.

Sin embargo, esto no ha sido lo peor que me ha pasado en un cumpleaños  infantil. Aunque sea dificil de asimilar, hay cumpleaños tristes y que por mas globos  que haya, la mierda familiar siempre saldrá a relucir. Esta vez era el cumple de uno de los amigos más cercanos de Cronopio,  imposible no asistir y ademas, sólo habia invitado a dos amigos, asi que nos fuimos las dos madres con sus respectivos hijos. La cita era a las tres y nosotras con todo y google maps nos perdimos, Llegamos cerca de las tres y media pensando que ya todo habria empezado . Nos recibió la madre anfitriona con  todo listo: globos, dulces, juegos y cositas para picar. Faltaba la comida y la bedida que en cualquier momento llegaria y claro, faltaban los invitados.

Hora y media después llegó el padre de la criatura. Supimos quien era porque la madre corrió a maquillarse y a echarse perfume. El tipo musitó algo que supusimos era un saludo, dejó la carne y los refrescos y se marchó enojado por algo que nunca entendimos con claridad.

Por esas cosas del destino, en casa no habia absolutamente nada para prender el fuego de los asadores y Maria propuso algo lógico: vamos a la tienda, que yo traigo coche y en cinco minutos estamos de regreso. La cara de la anfitriona fue de terror, a punto de entrar en panico ante la posibilidad de prender el fuego sin la presencia del su Señor marido.

Para no hacerles el cuento largo, nos pusimos morados a base de naranjas y cuanta chucheria encontramos para no morir de inanicion. El niño de Maria, tan disciplinado a la hora de comer, sencillamente se durmió en las piernas de su madre. Los parientes del cumpleañero llegaron casi a las siete de la noche, sin saludar ni emitir palabra,  y ya cuando vimos que la madre del cumpleañero sacaba de nuevo el perfume, supimos que el Señor marido y Señor de la casa había llegado. Eran las 19:15. Y a esa hora se inventó el fuego.Comimos cerca de las 20:00, cinco horas despues de haber llegado. Y comimos después de que este Señor instalará el stereo y pusiera a enfriar las cervezas. Cantamos las mañanitas y se cortó el pastel a toda prisa y la piñata se quedó en un rincón porque los pocos niños que ahí habia,ya estaban locos por irse a su casa.

La verdad, Maria y yo nunca estuvimos a gusto. Queriamos irnos ya, pero no lo hicimos en solidaridad con la anfitriona y con el cumpleañero. Si nos marchabamos, la casa llena de globos se quedaba sin fiesta porque la poca gente que fue y que llegó cuatro horas despues de la cita, sencillamente les importaba un carajo que hubiera un niño ansioso por soplar las velas de su pastel. Y no nos marchamos porque ahí había una mujer sola, subida en unos tacones altisimos, toda ella maquillada y arreglada para la ocasion, esperando a que su esposo, el padre de su hijo, hiciera a un lado todos sus asuntos y  se decidiera a asistir  al cumpleaños de su hijo.

Salimos fastidiadas, tristes y sorprendidas. La madre del cumpleañero es una mujer profesionista, que tiene un pequeño negocio de ropa  para que no le falte nada a su hijo ya que ella asume casi en su totalidadad los gastos de manutencion del pequeño, pues el Señor de la casa sólo aporta su  seguro medico.  Maria y yo nos quedamos con la idea de que si hubiera hecho una fiesta sencilla pero basada en sus propias posiblidades, la fiesta hubiera sido un éxito y el cumpleañero se habria quedado a jugar con sus amigos, en lugar de vivir toda la tensión que ese dia le generó su padre.

También salimos felices saboreando nuestra autonomía, al saber que no  tenemos que subirnos en unos zapatos de tacón a esperar que alguien, nuestra pareja, quiera venir a celebrar el cumpleaños de su hijo.

Y a tí, que tal te van las fiestas infantiles?

Que tengas un día a toda madre, Laura