La tierra da vueltas al sol (El cumpleaños de Cronopio)

La tierra da vueltas al sol. Cumpleaños Montessori

Después de cada cumple de Cronopio me he propuesto firmemente que el próximo será algo sencilito. Que sepan desde ahora que yo misma me he mordido la lengua y al mismo tiempo que escupía sangre, con papel y lápiz en mano me puse a planear la fiesta de mi hijo. Y si quieren acusarme de falta a mi palabra, tienen razón: al ver algunas desproporcionadas  fiestas infantiles me juré a mí misma con un puño de confeti en la mano, como Scarlett O’ Hará, poniendo a Dios como testigo, juró que no pasaría hambre de nuevo, yo juré que nunca haría una fiesta infantil en un salón ad hoc ( Escribo “Scarlett O’ Hará y de pronto se me vienen mis cuatro décadas encima y tengo la sensación  que quien me lee es demasiado joven para haber disfrutado en pantalla gigante los dramas protagonizados por Vivían Leight). Como les decía…  el año pasado estaba yo con un puño de confeti en la mano cuando juré que no me iba a complicar la vida con una fiesta infantil, que lo importante era festejar y que el niño apagara las velitas pero…

Fue a finales del año pasado cuando tuve una gripe del carájo y con fiebre y todo me puse a planear el cumple de Cronopio y esta vez sería en salón de fiestas, con dos cojones. Me bajó la fiebre del cuerpo pero no la fiebre por la fiesta y así mismo estuve algunos meses. Y no paré. No paré hasta que empecé a hacer bocetos de la mesa de postres (si, leyeron bien: bocetos de una fiesta infantil). Y es así como semanas previas al cumple estaba googleando “como lograr una fiesta infantil de éxito”‘ “diez pasos infalibles para hacer de tu fiesta infantil un éxito rotundo”, googleando al infinito, haciendo una larga lista con los “must” y de tan larga era que me cansé solo de hacerla. En ese  mismo momento tuve un instante de lucidez y pude preguntarme a mí misma:  “Mi misma, este despliegue que estás haciendo ¿realmente es lo que quiere Cronopio para su fiesta?“. No, claro que no. Mi hijo solo quiere un pastel, sus amigos y una piñata. Y seguro quiere que su madre disfrute más de la fiesta y que pase más tiempo de calidad.  Decidí dejar a un lado los bocetos y el cansancio que me llevaria montar una mesa de postres como dios manda, además de todo lo demás (globos,comida,adornos,piñata y andar arriba pa bajo comprando todo lo necesario).

Boceto de la mesa de postres para la fiesta de Cronopio

Asi fue como decidí hacer una fiesta para Cronopio y no para mí y sólo hice pastel, galletas y gelatinas, sólo eso. Y es que a veces me da por ser mal pensada y  creer qué hay algunas fiestas que se hacen para el exclusivo lucimiento de la madre ante otras madres, por supuesto. (Y es que no se me olvida la fiesta de Isa, mejor dicho, la fiesta de Melissa, su madre. Isa cumplía dos años y rentaron un salón de fiestas digno de una boda. Isa era aún muy pequeña como para subir a los fabulosos juegos que había en el lugar; cuando llegó el show de La Familia Pig, Isa entró en pánico al ver a la cerda en persona y lloró tanto que se quedó dormida y ni siquiera hubo un instante para la foto del recuerdo. Isa durmió toda la fiesta mientras su madre, ella sí, disfrutaba como niña pequeña).

 

Existe una rara y temerosa especie de madres que nos transformamos en las más terribles wedding planners con las fiestas de nuestros hijos y que las vivimos con intensidad plena. Lo acepto, mea culpa. Para mí, los cumpleaños de Cronopio son la oportunidad perfecta y más simbólica de festejar su vida, su llegada al mundo, a mi mundo. No sólo es hacer un repaso emotivo sobre la vida de mi hijo, sino de cómo mi vida ha cambiado desde que soy madre; significa saber que superé un embarazo difícil, una depresión post parto y, que poco a poco, voy superando los miedos y angustias de cada etapa.  Este cumpleaños en especial  ha significado para mí la confirmación de que he recuperado mi YO, el que se me perdió cuando me embaracé.

Y si, la tierra da vueltas al sol y en cada vuelta mi hijo se hace mayor, se hace un hombre. Y yo empiezo a medir el paso del tiempo no por las vueltas que da la tierra cuando yo nací, sino cuando nació mi hijo. Y esto no significa que yo nací cuando lo hizo mi hijo; significa que cuando mi hijo nació yo necesite un arsenal de herramientas emocionales para re inventar mi identidad porque tan sólo parir me quedé emocionalmente desnuda frente a la nueva mujer que era yo y que ni siquiera imaginaba el cambio tan profundo que estaba viviendo.

Los cumpleaños en colegio Montessori son especialmente emotivos; recordamos las vueltas que da la tierra al sol y, con ello, el paso del tiempo y  todo lo que hemos aprendido y crecido. Me emociona ver como crece Cronopio aunque no deja de darme pena que crezca tan rápido.  Pero también me emociona hacer el recuento de todo lo que yo he crecido desde que soy madre.

Cronopio cumplió años hace unos meses y este post se quedó, por mil razones, en la gaveta. Hoy, 19 de septiembre, es mi cumpleaños; la tierra ha dado una vuelta màs al sol, mientras yo me lleno de amor rodeada de Cronopio, Mi Churri y mis gatas y con 17 kilos menos. A por mas!

 

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Por si me matan

Hace unos años leí con horror “Huesos en el desierto”, crónica de los feminicidios ocurridos en Ciudad Juárez, al norte de México. Pensaba, equivocadamente, que era una barbarie que solo sucedia allá, lejos. Y al decir lejos me otorgaba el permiso de asumir esas muertes como lejanas, en una cómoda distancia emocional que me permitía cambiar de hoja. De no sé cuantos años a la fecha, los feminicidios en mi país han dejado de suceder solo en Ciudad Juárez y al tiempo al que asistimos al incremento generalizado de la violencia y la impunidad como formas de vida, los feminicidios se han convertido en noticia de todos los dias, cuando son noticia.

A principios de mayo de este año fue hallada muerta Lesvy, de 22 años, en los pasillos de Ciudad Universitaria. El asesinato de Lesvy me impactó, entre otras cosas, por haber sucedido justo en mi Casa de Estudios, en mi universidad, la Nacional Autónoma de México donde, entre clase y clase, mi amiga Libertad y yo dormíamos en el cesped a cualquier hora sin temor a que algo nos pasara, a pesar de los persistentes rumores de que en las Islas se vendía mariguana. En esos años, de lo único que nos teníamos que cuidar era de algunos profesores ávidos de dirigir tesis a veinteañeras con pretensiones intelectuales; ellos, en su afán conquistador, nos prometían que juntos descubririamos el agua hirviendo y marcaríamos un antes y un después en nuestra área de estudio.

Ayer han confirmado el asesinato de Mara Castilla, de 19 años. Entre Lesvy y Mara hay muchas historias más de otros feminicidios, ocurridos principalmente en el Estado de México. De muchos de esos crimines apenas si nos enteramos. Algunos llegan a la prensa, como la escalofriante historia de Mariana Joselín Baltierra, de 18 años, cuyos restos fueron encontrados descuartizados en una carniceria del municipio de Ecatepec. Y así como Mariana, Mara y Lesvy hay otros cientos de mujeres asesinadas con crueldad, de cuyas vidas y muertes apenas si nos enteramos, pero gracias a la estupenda y ardua labor de Frida Guerrera, que ha ayudado a visualizar  algunos de los 1300 feminicidios que han tenido lugar en este pais en lo que va del 2017. Y es por Frida Guerrera que me entero del asesinato de la pequeña Kenia Naomi Gutiérrez García, asesinada a golpes presuntamente por su padrastro, en complicidad con su propia madre. Kenia Naomi tenía 26 meses de edad.

Todos estos crimenes tienen en común la incompetencia de las autoridades y la escasa voluntad que han tenido para dar con los culpables o no buscar a las desaparecidas al momento en que los familiares hacen la denuncia. Y a este horror hay que sumar un horror más: tanto autoridades como ciudadanos de a pie justifican sus muertes. Somos las propias mujeres las responsables de morir estranguladas, violadas, salvajemente golpeadas. Y es que las mujeres hoy dia  tenemos un exceso de libertades, segun dice el rector de la Universidad Madero, de Puebla, Job César Romero Reyes.

Cuando Lesvy fue hallada muerta, la responsabilidad fue de ella; que no estudiaba, que usaba drogas y es que con ese nombre… qué esperaban. A cada mujer asesinada han venido un sin fin de justificaciones del hecho, que si la victima vestia como puta, que tenia muchos novios, que si bebìa en exceso, que era mala estudiante y, ademas, que no se cuidaba, ¿qué es eso de andar sola por la calle a esas horas de la noche? Claro, la culpa es nuestra. La responsabilidad de nuestras vidas es nuestra y la culpa de nuestra muerte es tambien nuestra.

Por ello, y para evitar malos entendidos, yo misma quiero dar las razones de mi asesinato; por si me matan, que no se hablen cosas que no tiene  nada que ver conmigo:

Por si me matan, dirán que fui mala hija, que de muchos años a la fecha solo tengo un cariño de baja intensidad hacia mi madre.

Por si me matan, que digan, como mis padres, que soy una rencorosa. Y para dar testimonio de ello, hallaran un Moleskine®, mi Moleskine® Gorria, en donde escribí durante todo un año los desencuentros de toda una vida con mi madre. Y no lo escribí por renconrosa, sino por miedo a ser una desmemoriada y volver a cometer los mismos errores.

Por si me matan, que digan que pequé de tacaña e insensible. Cuando en las tiendas de autoservicio me preguntaban si queria redondear el cambio y donarlo a una buena causa, siempre me negué y peleaba mis centavos como una leona. Ante mis reclamos por escrito, las tiendas Oxxo me escribieron una carta donde basicamente se me acusa de insensible.

Por si me matan, que digan que fui una mala madre por no dedicarme total y exclusivamente a mi hijo y buscar mi empoderamiento a través de proyectos personales

Por si me matan, que digan que cuando era académica me dediqué a investigar y promover las violaciones a los Derechos Humanos de los regimenes de izquierda. Que digan en mi contra que me cagaba el tal Che Guevara y similares pero no por ello simpatizaba en lo más mínimo con la derecha.

Por si me matan, que digan que me separé de mi familia de origen, que hace muchos años que no los veo, ni sé de sus vidas y poco me interesa. Que digan que fui una pésima hermana, que ni siquiera tengo puta idea de donde vive mi único hermano y que del mismo modo, nunca quise que él tuviera datos en donde encontrarme.

Por si me matan, que digan que no era religiosa, que no me casé por la iglesia y, ademas, no bauticé a mi hijo.

Por si me matan, que digan que probé drogas varias y no me enganché a ninguna, (aunque esto último no lo dirán)

Por si me matan, que digan que muchos años padecí enfermedades psiaquiátricas y que hay un amplio expediente mío en el hospital Juan Ramòn de la Fuente, expediente donde hallarán mas de cien razones para culparme.

Y por si me matan, que digan que  viví sola y viajé sola lo que me vino en gana. Hice oidos sordos y agarré mis maletas y cumplí, con dinero propio, mi sueño de toda la vida: viajar, aun cuando mi padre me cuestionaba ¿qué tanto hacía sola, acaso no me aburría?

Mara me duele, no sólo por ser mujer sino por las circunstancias en las que se dió su muerte. A las 5 de la mañana, despues de una noche de fiesta, pidió un servicio de taxi en la plataforma Cabify. No llegó a su casa. Su cadaver fue encontrado una semana despues en cualquier punto del pais, desechada como basura.

Y Mara me duele porque de alguna forma me recuerda a mí cuando tenía su edad. Tambien me gustaba divertirme, ir cada semana a los bares de moda y tener una intensa vida nocturna a ritmo de “puro, total y absoluto rock and roll”. Y muchas, muchisimas veces me emborraché y hasta me levantaron del suelo. Usé faldas cortas y besé y me fui a la cama con tipos que nunca antes había visto. Y de la misma forma en que a Mara se le está juzgando por ser joven y divertirse, a mi me juzgaron desde mi propia familia por querer ser una mujer libre. Si bien mis amigas y yo nunca nos sentimos en riesgo, siempre fuimos juzgadas por libertinas, por putas, por borrachas y, por ello, por muchos años vivimos esa libertad con culpas.

Que en paz descanse Mara. Mara y las 1300 mujeres más que este año han sido victimas del feminicio en México.

 

Mis 7 razones para NO ir a terapia psicológica 

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Nacer de nuevo, Remedios Varo, México, 1960

Leyendo a Mamá Rebelde sobre la importancia de que como padres acudamos a terapia, me vino a la cabeza una serie de ideas a modo de secundar su post para, de alguna forma, ayudar a quitar el estigma que puede pesar sobre recurrir al apoyo psicológico y psiquiátrico. Yo misma, lo confieso, caí en terror cuando me dieron un pase directo al hospital psiquiátrico,  pues días antes me burlaba abiertamente de que a Juana La Loca (distinguido personaje de mi árbol genealógico) la hayan mandando al psiquiatra en carácter de ur-gen-te. De eso ya hace muchos años, años que me han enseñado que tener un problema psiquiátrico o psicológico esalgo tan normal como tener tiroides y acudir al especialista.

Desde entonces  no tengo reparo en decir que yo acudo a terapia; cuando mi suegra y yo estábamos en medio de los preparativos para la boda mencioné lo de mi terapia y lo dije como parte de mi cotidianidad. Su reacción fue un poema: “nosotras, mis hermanas y yo, somos mujeres muy fuertes que no necesitamos ir a terapia“; estaba claro: yo era una mujer débil. No le dije nada, que apenas nos estábamos conociendo y ya habría tiempo  para enseñarnos las miserias, pero con saber que ella me consideraba una mujer débil tenía suficiente.

Por desgracia, la idea que tiene mi suegra es más común de lo que creemos. Se puede suponer que la gente que  acudimos a terapia no tenemos la capacidad para resolver nuestros problemas y necesitamos que alguien venga de decirnos qué hacer.  Creo, como mi suegra, que no todos tienen ni pueden ir a terapia; hacer este ejercicio de introspección y auto análisis de forma metódica y periódica requiere tener los cojones para sentarte y, de forma honesta, hablar de todo aquello que prefieres ocultar. Ir a terapia es un acto de amor y honestidad  con uno mismo que requiere mucha fortaleza y, efectivamente, no cualquiera se sienta frente al terapeuta, para qué,  ¿acaso tú , forever alone, no tienes amigas para irte a tomar un café y que sean ellas las que te aconsejen?

A pesar de mis años en terapia, les quiero compartir  mis razones para NO  ir a terapia.

1.Descubres mierda donde antes creías que había buen rollo

Antes de ir a terapia pensaba que tenía la familia más simpática que alguien podría imaginar. Las fiestas familiares eran todo  alegría. Después de varias sesiones hablando de lo bromistas que éramos mis tías, primas y yo misma, me sorpendi muchísimo al descubrir  a una familia que sólo sabe relacionarse a través de un discurso  pasivo~agresivo. Cuando mi psiquiatra mencionó en una sola frase las palabras familia, agresión, violencia verbal, pasivo, agresivo, fue como tener una revelación, como si mi vida entera se hubiera iluminando dándole un giro de 180 grados. Desde entonces aprendí a vivir y a convivir de formas más sanas, pero eso sí,  perdí una familia entera. A ésta no le gustaba que yo ya no les celebrara los chistecitos y, de manera paulatina, dejé de participar en sus rutinas, en sus fiestas y me convertí en objeto de sus burlas, pero para ese entonces yo estaba física y emocionalmente lejos de ellos.

2. Aprendes a poner límites y te vuelves impopular 

Como dije en el punto anterior, me volví la apestada de la familia. Si hay algo que continuamente te molesta de alguien cercano a tí y le pides de mil formas que no lo haga, no esperes que te aplaudan, a menos que el otro tenga suficiente madurez emocional como para aceptar los límites. Poner limites es el principio de amor a uno mismo pero es difícil que uno o los demás los sepamos asimilar. Si no quieres ser tachada de anormal, neurótica, grosera, delicada, ultra borde y apestada, mejor no vayas a terapia porque ahí vas a aprender a poner límites. Poner límites ya sea a una misma o a los demás, debería ser considerado un deporte de alto riesgo o, por lo menos, tener cobertura por parte de los seguros médicos. Prueba ponerle límites a tu madre o a tu suegra y comprobarás que es un proceso mucho más intenso que pasar 100 días en casa del Gran Hermano.

3. Te verás obligada a salir de tu espacio de confort y eso, querida, requiere de un trabajo inmenso

Moverse, cambiar, ¿para qué? O lo que es lo mismo: más vale conocido que bueno por conocer. Para que te arriesgas a cambiar tus patrones de conducta, mejor sigue cultivando los que aprendiste desde pequeña, porque en terapia, invariablemente, los cuestionaras y ya sabes que cuando cuestionas, te metes en más líos. Para qué conocer a un chico lindo y bueno, a saber qué oculte, mejor sigue con ese patrón de pareja que no sabes ni cómo ni cuándo construiste, pero vaya, que es tuyo, es tu patrón y como es algo tuyo, lo defenderás como una leona y te vas por lo seguro, conociendo a los mismos cabrones de siempre con diferente cara y después podrás decir que no tienes suerte, que el cabron de turno es el que te tocó, que te lo asignó el destino.

4. Te quedarás sin excusas

Que si, que del destino nadie escapa, que ya todo está escrito. Si vas a terapia corres el grave riesgo de dejar de culpar al destino, a la vida, a Dios, a tu madre, a tu signo zodiacal, de todo lo que te pasa o no te pasa y empezaras a asumir responsabilidades y eso es muy complicado. Es más fácil ir por la vida haciéndose la boba, la víctima, decir que tú no sabías nada, que actuaste inocentemente; la terapia implica que te hagas cargo de ti y eso, querida, puede ser agotador.

5. Se te activará un mierdometro interno que no dejará espacio al disfrute

Cuando descubres  la mierda de la que has procurado rodearte y te movilizas para no cometer el mismo error, invariablemente se activará  tu mierdometro interno. Si antes veías amor en las escenas de celos incontrolables de tu esposo; si antes creías que esa amiga tuya que se pasaba la vida jodiendote sólo por tu propio bien, después de terapia ya no podrás estar como si nada con aquellas personas con las que aparentemente la pasabas de puta madre. Para eso está el mierdometro; al principio es incontrolable, se pasa todo el día mandandore señales y créeme, no da lugar al disfrute. Con el tiempo, cuando aprendes a diferenciar lo que es amor de la agresión disfrazada, tu mierdometro irá con mas calma, pero que lo sepas… tu mierdometro interno puede hacer tu vida un agobio.

6. No te podrás ocultar ni de ti misma

Va, que por fin te has decidido ir a terapia porque esa relación con tu vecina se está saliendo de control. Llegas a terapia y descubres que no es la vecina el origen del problema, sino algo más profundo; ella es sólo la metáfora  de ese dolor antiguo  que traes cargando muy oculto dentro de ti. Y es que hace mucho años decidiste ocultar ese dolor, encerrarlo en tu alma y perder la llave, y no te das cuenta pero ese dolor, esa cicatriz no cerrada es lo que en verdad te tiene mal y aún así lo niegas, no te atreves a aceptarlo, como  negarias ese flujo verdoso que dejas en las bragas para concentrarte en el catarro que no te da respiro. Y así llegas a terapia,  hablando  del catarro, de esos mocos persistentes y te aferras a ellos, pero el mismo proceso terapéutico te lleva hacia un rincón, sin lugar para huir, e indefectiblemente terminas, pese a tu dolor, hablando  de tus irritantes flujos vaginales, por que sabes que son estos los que te provocan ese dolor que se anida en tu pecho.

7. Ir a terapia no es un vuelo directo a La Felicidad (con mayúsculas)

La terapia por sí sola no trae felicidad; por el contrario, necesitarás ser lo suficientemente honesto contigo mismo como para sentarte a hablar y analizar todos los fantasmas y demonios que viven dentro de ti. La terapia es un camino empedrado que se bifurca. Y habrá ocasiones en que salgas de tu sesión de terapia más jodida de cómo entraste porque tu terapeuta, de la mano de tu pájaro del alma, abrirán esos cajones que creías cerrados para siempre y te harán revivir el recuerdo nefasto de ese tío que todo mundo creía tan simpático, tan buena gente y que tú, solo  tú, que cuando eras niña te quedaste a solas con él,  lo llevas cargando como un lastre muy pesado.

Y pese a ello, a estas siete razones y muchas más, les puedo decir que acudir a terapia ha sido una de las experiencias más enriquecedoras que he vivido porque me ha permitido reinventarme las veces que ha sido necesario. De un año a la fecha acudo a una terapia cognitivo conductual que me ha enseñado, entre otras cosas, a reconocerme ante mi misma; he podido indentificar las rutinas de mis día a día que me acercan a conductas depresivas y  estoy aprendiendo a callar  a esa voz interna que me dice insistentemente que no merezco lo bueno que sucede en mi vida. Como dije, la terapia es un camino que se bifurca y aún me queda mucho por aprender, pero por difícil que sea, el mayor beneficio que ha traído consigo es poder dormir tranquilamente porque no tengo deudas  conmigo misma.

Y ustedes…. se atreven a ir a terapia psicológica?

Que tengan un día a toda madre, Laura

Los amigos de mi hijo y sus madres (La Puta Ama y Chocho Morenote)

No es mi intención escogerle los amigos a Cronopio, ni mucho menos, pero seamos sinceras, por pequeños que sean nuestros hijos tratamos de influir en sus relaciones sociales, sobre todo si la madre del presunto amigo nos cae bien, pero con más razón, si la madre del susodicho amigo nos cae como patada al higado. Del primer año de guarde de Cronopio aún frecuentamos a algunos de sus amiguitos, sencillamente porque las madres nos llevamos muy bien.  Tambien sucede que la madre es un amor de persona y es la chica que quieres que sea tu best friend forever, pero su niño es un pequeño talibán en potencia con pocos límites; en esos casos, por simpática que sea la madre, si tu hijo la pasa mal, si cada reunion él y otros niños, salen arañados, golpeados o pateados, das marcha atrás y adiós a tu prospecto de amiga.

He pasado por situaciones que me hacen pensar qué tal o cual niño no es el tipo de amigo que quiero para mi hijo, no por el niño en sí, sino por el ambiente en el que éste se desarrolla. A riesgo de ser calificada como madre controladora por excelencia, les comparto mis experiencias sobre algunas dificultades en relación a los amigos que Cronopio está empezando  a hacer.

El año pasado, cuando aún estaba en la guarde,  había un chico del que Cronopio me hablaba con especial emoción. Conocí a la madre y  fui a fiestas infantiles y convivimos tantas veces como pudo aguantar mi espíritu ya que el curso pasado (a diferencia de este) me era casi un martirio convivir con las madres del cole pero aún así, asistí a las reuniones siempre con la opción de hacerme una realidad alterna que me mantuviera alejada del lugar. Seguro que algunas madres ahí pensaron que estaba medio ida de la cabeza porque yo siempre estaba huida, en otra parte.  Era mi forma de permanecer largo rato en las reuniones, hasta que le presté atención a la madre del amigo de Cronopio.

La Puta Ama  era tan pobre que no hacía otra cosa más que hablar de todas sus pertenencias. Sus cartas de presentación fueron sus estudios de maestría y su casa en el barrio más lujoso de la ciudad. Cualquier cosa de la que esta señora hablara iba aderezada con detalles sobre sus pertenecías, sus lujos y su estilo de vida. Y como el pecho de esta señora no era bodega, se soltó contando su dia a dia, con todo y tragedias. Al nacer su hija le diagnosticaron sordera total irreversible (tragedia uno, muy respetable y comprensible). En ese momento no estaban sus padres a su lado (tragedia dos), sino en Sudafrica siguiendo los juegos de la seleccion mexicana en la Copa del Mundo (tragedia tres, pero esa va por mi cuenta); tuvieron que salir inmediatamente de Sudafrica por lo que no pudieron ver como perdia la seleccion nacional (tragedia cuatro). Claro, comprar billetes de avión de ultima hora, menudo dineral, pero esto no cuenta como tragedia para ella. Ya con sus padres en casa llegó la calma pues decidieron que irian al mejor especialista del mundo, si, del mundo, como si tuvieran que ir hasta la India (gran tragedia, ir a la India, con las diarreas que iban a coger ahi). Pues esta serie de tragedias tuvo buen final: resultó que por aquellas cosas raras del destino, en los dias en que  Plutón se alineaba con Sagitario, el mejor especialista del mundo, si, del mundo, vivía y daba consulta en este pueblo. Que suerte tienen algunas. Y si, el mejor especialista del mundo dijo que la niña tenia una bobería curable con un par de ibuprofenos. Lo que pudo ser un relato sencillo sobre los grandes sustos que nos dan los hijos y lo fácil que pueden resolverse, se tornó entonces en el gran relato que dejaba claro que ella no era una chica cualquiera, que  no era una más en el barrio, ella era la nalga más parada del pueblo… La Puta Ama.

Nunca fue mi intención competir con La Puta Ama, ni siquiera sacar a relucir mis triunfos, ni lo que yo habia hecho con mi vida. Desde el primer chat  ella estableció sus limites y, de forma indirecta, marcaba la pauta… y todas la seguiamos, unas por conviccion, otras por conveniencia y unas más, como yo, preferiamos irnos despacio conociendo a las demas madres. En las fiestas ella marcaba tendencia al hablar, tenia una asquerosa necesidad de ser escuchada, de hablar y hablar de sí misma y todos asumimos el rol de escuchas. Nos comportamos muy politicamente correctos y nadie ahí dijo esta boca es mia, hasta que directamente y sin escalas me preguntó que camioneta tenía  yo. ¿Camioneta? Yo no tengo camioneta, querida, ni nada que se le parezca porque sencillamente yo no sé conducir. Su cara era un poema. ¡¡¡¿¿No tienes camioneta!!?? ¡¿Cómo le haces?! (por favor,  agreguen a este relato una docena de emoticones con cara de horror, tristeza y asco). Es muy facil, contesté. En internet hay un plano de la ciudad con todas las rutas del transporte publico; escribo donde estoy, a donde quiero ir y listo. Pobrecilla, le habrá dado una diarrea cerebral al imaginar que una de las madres del colegio se movia en transporte publico. Y con la distorsionada idea que hay en este pueblo de relacionar la pobreza al uso del transporte público, ya se imaginarán… asquito mil.

El colmo de la presunción tuvo su pináculo cuando dijo que su esposo media 1.92, para enseguida preguntarnos a cada una por la estatura de nuestros respectivos maridos. Hartita estaba ya de oírla que cuando fue mi turno de hablar sólo pude decirle con cierto tono de decepción que mi esposo, con todo y tacones, no alcanzaba a medir los 1.92 mt  de su marido. Silencio total. Todas me vieron con cara de la has cagado con la rica del pueblo, con la nieta del ex gobernador, con esta chica tan amable que nos llevará a su rancho, vaya, que metida de pata con La Puta Ama. Hasta aquí llegó mi participación en las reuniones con los amigos de la guarde, me cansé de ser una expectadora pasiva de la La Puta Ama y su necesidad de ser admirada y reconocida por sus oros; además, sus relatos eran aburridos, planos, carentes de gracia. No hubo ni una pizca de emoción cuando  nos contó de la inauguración de una nueva sucursal de negocio del marido; ni un asomo de euforia o de fervor en su historia de cuando se hizo cargo de la casa hogar que fundó su abuela, pero su semblante se llenó de gozo al recordarnos,  una vez mas, que su abuelo fue gobernador y, por lo tanto, su abuela la primera dama del pueblo.

Claro que el amigo de Cronopio no tenía responsabilidad alguna de las burradas que decía su madre, pero decidí poner espacio de por medio. Por suerte la cosa no llegó a mayores porque a Cronopio lo cambiaron de aula y, con ello, cambió de amigos.

Hoy Cronopio tiene unos cuantos amigos favoritos, algunos cuyas madres son un encanto y otra… bueno, qué les cuento…

Cronopio y el hijo de la  Chocho Morenote (también conocida como la Morena Peroxido) se adoran, por ello yo pasaba por alto que ella fuera abusiva y bastante vale madres para algunas cosas, sobre todo las cosas de los demás. Un día la auxiliar del aula me dijo que el niño de la Chocho Morenote se había orinado y le habían prestado las chanclas que mi hijo tenía de repuesto. No hubo problema hasta que pasaron tres meses y ni rastro de regresar las chanclas al colegio; le mandaba whatsapp que no contestaba, como no contestaba mis llamadas. Que si,  que eran unas chanclas cualquiera, pero eran las chanclas que la  habían salvado de llevarse a su hijo descalzo y que debía regresarlas al colegio, de la misma forma en que yo regresaba aquellas prendas que le prestaban a mi hijo. Hasta que me encontré a  Chocho Morenote  de camino al colegio y le dije que por favor regresara las chanclas.  No tenía ni puta idea de lo que yo le hablaba. O por lo menos fingió desconocimiento, o amnesia  y seguramente, ante sus ojos quedé como una muerta de hambre por  armar tal desmadre por unas chanclas de mierda, pero que son ¡¡mis chanclas!!  Yo sé perfectamente los zapatos,chanclas y ropa que tiene Cronopio y perfectamente podría identificar cuando algo no es de él sobre todo porque las chanclas de marras tenían un  “Cronopio” escrito con plumón indeleble. Pues si, me quería ver la cara de tonta y así ha sido;  ha pasado casi un año desde el episodio de las chanclas y  si te veo no me acuerdo.

Decidí no darle más importancia a este asunto, hacerlo a un lado y seguir conviviendo, por mi hijo, por el suyo y así fue como llegué a la fiesta infantil más triste a la que he asistido. Lo que vino después de esta fiesta de cumpleaños fueron una serie de sucesos raros y tristes, como que su niño no se presentó al colegio por tres semanas y no hubo forma de localizarla porque los números telefónicos que  proporcionó al colegio y a las conocidas, como yo, ya no estaban habilitados. Nadie sabía dónde vivía y la otra madre del cole que unas cuantas veces la llevo a su casa dijo que en realidad siempre la dejaba en una esquina cualquiera porque era claro que ella quería la comodidad de ir en auto pero no quería que supieran su domicilio. Y a raiz de su reaparición vinieron una serie de explicaciones no pedidas, una más incongruente que la otra.

Llegué a mi límite cuando en una salida a visitar la casa de campo de otra madre del cole, nos fuimos varias en una camioneta, incluida Chocho Morenote. Era un viaje por carretra y su hijo se mareó y vomitó, como le puede suceder a cualquier niño, el asunto está en cómo reacciona la madre de vomitador. La Peroxido no se cortó un pelo y cuando llegamos  a nuestro destino se puso a limpiar el vómito ¡con la chaqueta de la dueña de la camioneta! Y ahi mismo dejó la chaqueta sucia. ¿Qué esperaban, que pidiera permiso en casa de la anfitriona para lavar lo que habia ensuciado? Pues no. Al finalizar el dia, cuando ya todas nos despediamos, otra chica y yo de verdad pensabamos que Chocho Morenote iba a llevarse la chaqueta a su casa para lavarla  y ofrecer disculpas. Pues no, se equivocan de nuevo. Agarró la chaqueta con vómitos y se la entregó a la dueña en su propia mano.

Y ustedes volveran a preguntarse, que responsabilidad tiene el niño de que la Peroxido sea una anormal. Pues si, ninguna. De la misma forma de que Croponio no es responsable de mis emociones o de que tome ansioliticos para no desbordarme yo sola.  Llegados a este punto, tendré que aceptar que, por lo menos  hasta ahora, Cronopio se  relaciona más con los hijos de aquellas madres con las que más simpatizo, con las que me siento más en confianza y, tambien,  con las que comparto ciertos valores basicos y digamos, hasta una forma de crianza, porque no me imagino conviviendo con una madre súper simpatica que me caiga de maravilla pero  que eduque a sus hijos con golpes o amenazas o que valore a las personas de acuerdo a lo sus pertenecias o al barrio donde viven, porque, tristemente, esos mismos valores son los que le enseñan a sus hijos.

No se trata solamente de escogerle los amigos a Cronopio; se trata también de que yo debo ser mas cuidadosa con aquellas madres con las que, por una razon u otra, decido relacionarme. Y aún así, andando a tientas, pensando que estoy siendo cuidadosa al elegir mis amistades, me equivoco garrafalmente y me topo con la reencarnación de Maria Montessori, pero ese ya es otro post.

Y ustedes,  ¿influyen de alguna manera en la elección de amistades que hacen sus hijos? ¿Acaso seré yo la mas delicada y borde y torpe y que se me dificulta relacionarme de forma simple con otras madres?

Seguro que muchas de ustedes han conocido a una Chocho Morenote en tu vida. Vamos, compartan su experiencia. Que tengan un día a toda madre, Laura

Esos minutos en que tu hijo se ha extraviado en una zona pública  (de mi personal historia de bares por España)

Vaya que si he andado de bares por estas tierras.  Es más, lo he disfrutado como pocas, hasta que me convertí en madre. Cada viaje a España mi hijo y yo hacíamos la ruta de los bares; viaje tras viaje ha sido siempre lo mismo, bares. Bares a medio día, bares la tarde noche, de lunes a sábado y con suerte vamos a los bares que abren los domingos en el pueblo. Todo podría parecer una vida placentera hasta que mi hijo empezó a caminar, a andar en moto, a correr y a dar la lata que da cualquier niño de su edad.

Así se nos iban las vacaciones. En los bares hasta que el Churri y yo, cansados de que la imagen más fuerte que Cronopio construyera en su mente sobre España, fueran precisamente los bares.(Yo que soy dada a analizar y repensar todos.los vericuetos que implica la memoria y la identidad,  entré  en pánico).

Planeamos unos días buscando actividades donde pudiéramos darle gusto al niño y a nosotros. Y así íbamos muy bien, hasta que volvimos rutinariamente a los bares. Es como si la dinámica fuera que todos estemos bien y que el niño por los cristales vea los juegos a lo lejos, pretender que va a estar tan tranquilo enmedio de tantos adultos que, con todo el cariño del mundo, lo que hacen es llegar con medio kilo de gominolas, golosinas, huevos kinder y zumos de melocotón. 

Hoy nos fuimos al bar, de nuevo, a ver a la demás familia, sólo que a unos metros del bar estaban unos juegos, puestos de juguetes,  rollo feria y  algo de lo que llaman aquí, barracas (juegos mecánicos ).

Cronopio tuvo una pequeña probada de estas delicias a los ojos de un niño; tan sólo unos minutos porque teníamos que reunirnos con la familia,  en el puto bar de siempre. Lo sientan en una silla con el montón de azúcares  procesados y todo mundo a hablar cosas de adultos, por su puesto, y de panorama un parque, unos juegos…. en menos de lo que yo intentaba conectarme al wifi público, oigo que Cronopio no aparece. Veo a mi esposo corriendo, a los demás empezando a buscar y yo… No siento nada. No puedo sentir nada. Solo vienen a mi mente niños abusados, niños llorando, niños mutilados, niños heridos… Y a lo lejos veo a mi Churri abrazando a Cronopio. Y sigo sin sentir nada. Mi hijo sólo atina  a decirme que el le avisó a su abuela de que iba a los juegos. 

Saben porque sucedió  esto?  Porque España ha sido para Cronopio un sin fin de bares, bares y más bares. Unos minutos en los juegos  (que por cierto, básicamente  son los mismos que tiene en nuestro pueblo )  Y un par de horas en los bares.  

Y ahora que el Churri y yo estamos a punto de irnos de solteros a Budapest…. dejaremos a nuestro hijo con el sin fin de bares que le esperan?  Quiero ser justa con mis suegros  y no quitarles la oportunidad de gozar del nieto…. Pero porque coño todo o actividad de este país pareciera que se desarrolla en un bar  con los amigos de toda la vida?  

Estoy segura que de ahora en adelante tendrán ocho ojos puestos encima de Cronopio, pero con lo que no puedo más es  con la idea de tener a un niño pequeño e inquieto como cualquera de su edad, metido en bares, haciendo un par de graciosadas para disfrute de los amigos de los suegros y pensando  en como escaparse de ahi para buscarse algo más divertido. 

Como ser justa con mis suegros,  mi esposo, mi hijo y conmigo misma? Donde está el punto medio si ahora yo de nuevo vuelvo a ser más mala que la carne de puerco, si después de que apareció  Cronopio todo mundo volvió a sus cañas, a sus vermuts de siempre y punto pelota… aquí  no ha pasado nada.  Y mientras tanto el Churri y yo ahí sentados con el corazón que se nos salia del pecho y yo no pude hacer nada más que quedarme  en modo idiota, sin palabras, sin correr, sin gritar, sólo pude tuitear. 

Y al despedirnos hablamos con Cronopio. Y yo no pude evitar el llanto. Y con el mismo llanto me fui a despedir de mi suegra diciéndole que eso no podía pasar de ninguna manera cuando nos vayamos a Budapest. Y frente a ella asumí mi parte de responsabilidad…(post it mental: debi dejar a un lado las mamadas esas de que estando en tribu todos nos cuidamos, como hacemos en mi pueblo. Eso se acabó)

Un cosa mas: entre todas las cosas que pensé una vez q recuperamos a Cronopio, fue en las madres españolas que me leen (y en las que no lo hacen  también ). Al despedirme de mi suegra lo hice llorando, con el mayor de los pesares. Me dijo, junto con otras cuatro mujeres que la acompañaban, que no me preocupara, que los hijos se pierden hasta dos veces. Que esas cosas pasan.  Llegando a este punto no pude más que sentirme sola , desolada ante la poca,  nula, sensibilidad de otras mujeres que, como yo, se las extravió  un hijo. 

Las mujeres somos el lobo de las mujeres.  

De mi personalísima Wish List: Reproductor dvd Panasonic

By Tina Torrence

Aunque en algún momento de esta Moleskine® declaré que no me gustaba el Día de la Madre por la intensidad dramática que conlleva, de la misma forma dije que tendría que escribir mi propia historia, ahora como madre, a modo de quitarle la carga emotiva y, ahora si,empezar a disfrutarlo.  En esas ando. Cronopio está creciendo y anda que no para ensayando la sorpresa que nos darán los niños en su colé y, ante su emoción no puedo más que sumarme  y esperar a que llegue el mentando día. Y este año si quiero un regalo.  Es más, me merezco ese regalo.

Lo primero que puse en mi wish list fue una visita al spa. El gusto de imaginarme en el spa me duró veinte segundos: después de una larga sesión de mimos a mi espalda y pies, inevitablemente tendría que regresar a mi realidad, cual Cenicienta cuando le dan las doce de la noche. Hasta ahí llego mi gusto por el spa.

Desde que el Churri y yo nos convertimos en padres, lo que más añoramos es ir al cine; poco a poco hemos ido recuperando las actividades que disfrutábamos cuando Cronopio no había llegado a nuestras vidas, pero lo cierto, es que seguimos sin ir al cine. Ninguno de los dos vivimos en nuestra ciudad de origen y no tenemos familia que nos cuide al niño mientas nos vamos al cine, y la opción de contratar una niñera, sencillamente se nos escapa del presupuesto, pues sale mucho más cara que el kit cine-refresco-palomitas-helado.

Viendo que el rezago filmografico  que padezco es digno de vergüenza, lo tengo decidido: quiero un reproductor dvd Panasonic!!!

Aprovechando que Cronopio ya no grita  ¡¡ Mamá!!  cada 45 segundos en promedio, sino cada 3.5 minutos, lo que quiero para este Día  de las Madres es sentarme todo el día a ver pelis, muchas pelis, las pelis que no he visto en años, con un bowl de palomitas enorme, Coca Zero a tope y tarrinas de helados de varios sabores, y no levantarme en todo el día,

Aquí les dejo mi lista de pelis para el Dia de la Madre:

Y si despues de esta sesión te da por sentirte la mala madre mas mala, este reproductor de dvd de Panasonic cuenta con ranura para tarjeta de memoria y para USB para que te pongas a ver las fotos y videos de tu vástago con una calidad insuperable.

¡Estan todas invitadas a celebrar conmigo el Dia de la Madre!

¿Alguna sugerencia que agregar a mi lista de peliculas?

Que tengan un dia a toda madre!

 

De cuando mi madre se salta los límites y brinca encima de mi cabeza

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Han pasado solo cinco días desde que mi madre llegó a nuestra casa y Cronopio ya me ha soltado varias  frases tipo mamá eres mala”, “mamá maldita” y, el más reciente, “mamá eres más mala que la carne de puerco”, expresión muy usada por mi madre y que ahora en boca de mi hijo no me ha causado ninguna gracia, sobre todo porque se refiere a mí. Yo, la peor de todas, ahora soy más mala que la carne de puerco.  Podría haberme dicho que soy una madre más pesada que la Cuaresma, pero no, soy mala.

No es la primera vez que Cronopio me dice que soy mala, sobre todo cuando no le cumplo alguno de sus caprichos, y seguiré siendo mala si se trata de ponerle límites. Lo que me encabrona es que a ojos de mi hijo, mi maldad se multiplica entre más tiempo pasa con su abuela. Y es lógico. Mi madre está todo el día jugando con él y cumpliéndole sus caprichos; se puede pasar todo el día al pendiente de la respiración del nieto, haciendo todo lo que éste le (pide) exige; es cierto que mi madre se puede pasar en día tumbada al suelo jugando con Cronopio como si los dos tuvieran la misma edad, pero por eso mismo, soy yo la mala-malísima que tiene que poner los límites,  mientras mi madre es la abuela maravilla.

El conflicto se detonó cuando Cronopio me puso al mismo nivel que la carne de puerco. Le hice notar las cosas que le enseña a mi hijo, aplicadas a mí. Mi madre no fue capaz de decirle al nieto “no le hables así a tu madre, respétala”. La abuela maravillas no pone límites, claro, para eso estoy yo y lo único que se le ocurrió decirme fue “regáñalo tu”. Claro, tu le enseñas las tonterías, yo lo tengo que reprender y ante los ojos de Cronopio tu sigues diáfana, mira que lista.

A este drama, ya intenso para esos momentos, hay que agregar que días antes le dijo a mi hijo en dos ocasiones frases relacionadas a que si Cronopio no hacía tal cosa, yo le iba a pegar, “tu mamá te va a dar… tu mamá te va a poner una friega”.  A la segunda vez que le oí este tipo de amenaza le dije que no debía hablarle así.

Y así ibamos en esta familia, in crescendo en el nivel de drama, con una misma situación que se repetía: limites, berrinches, cumplimiento de las órdenes y caprichos del nieto, drama, más límites , más berrinches, tiempo fuera, consecuencias, hasta que recapacité, pensando en que los limites debía ponérselos a mi madre, no a mi hijo.

( Y en el transfondo de todo eso está la defectuosa relación que siempre hemos tenido. Mi madre, una mujer muy trabajadora, que me dio todo lo que podía necesitar,pero que emocionalmente me dejo semi desnuda, nunca me dio el lugar que yo sentía merecer. Desde muy pequeña tuve la sensación y, en ocasiones la certeza,  de que mi madre no me quería tanto como nos hacen creer que una madre puede querer a una hija. Nunca he tenido ni la seguridad ni el sentimiento  de que mi madre me haya dado el lugar que merezco, o creí merecer en su vida.  Ahora de mayor y a base de ir acumulando experiencias decepcionantes, tengo la certeza de que mi madre se ha visto socialmente obligada a quererme; es decir, no muero de amor, no te quiero, es más, te estimo, pero vamos a suponer que te quiero, pero en realidad me cagas, me desesperas, no sé qué hacer contigo y sólo puedo establecer una relación real contigo basada en la falta de respeto.  Así fue durante muchos años la dinámica de la relación con mi madre. Cuantas veces le oí decir que la tenía harta. Y ya de adulta esto no cambio, más que cuando me vio en un hospital psiquiátrico y prácticamente exigí su ayuda, su presencia en mi vida y se quedó ahí unos años, movida por la culpa, hasta que ésta se le agotó.  Y no cesó en demostrar su poco aprecio a mi persona, hasta que se me dio la gana de ser absolutamente feliz y mandarla al carajo… pero ese es otro post). 

No nos engañemos: mi madre volvió a mi vida no por mí, sino por mi hijo, prácticamente su primer y único nieto.  Si no sabes o no tienes la capacidad de darme mi lugar frente a mi hijo, vamos mal. No basta con cuidar a mi hijo con esmero, jugar con el hasta el cansancio, si no me respetas a mi, la relación con mi hijo será difícil no sólo para nosotras, sino para Cronopio mismo. Porque mi madre se va a su casa, a su ciudad, y lo que me  deja es un niño caprichoso, exigente y grosero y que además, ya está empezando a hacer distinciones entre mamá mala y abuela buena. Como ya dije, ella cuida con esmero a mi hijo y eso a mí me aligera la carga de trabajo y puedo dedicarme 8 o 10 horas seguidas a hacer galletas sin preocupación alguna. Mi madre ya se ha jubilado y tiene tiempo y recursos para dedicárselos a mi hijo; desde aquí ella ya juega con ventaja, en tanto yo no puedo ni debo comprarle a Cronopio todo lo que se le antoje y necesito desarrollar mi propio negocio, no para mi  bien exclusivo, sino el de mi familia entera.

Hoy le he dicho a mi madre que sea impecable con las palabras que utiliza en sus juegos con mi hijo. Mi madre es un excelente ejemplar pasivo-agresivo. Sus mejores agresiones las dice en forma de broma y si te ofendes, no tienes sentido del humor. Para joder la vida, se apoya en lo que supuestamente dicen escritores y filósofos. Ósea, no soy yo quien te ofende. Eso lo ha dicho William Shakeaspeare. Mejor dicho, eso dice mi madre que dice Shakespeare, entonces enójate con él, no conmigo. Y a saber si en realidad esas palabras tan ofensivas las dijo Shakespeare o Platón.  Entonces ella queda libre de responsabilidad y además queda como la más culta entre las cultas.

Hoy le he dicho a mi madre que entienda mi situación. Que ella no puede ser la que cumpla caprichos al momento porque cuando llego yo a poner límites, yo soy la mala y en estos días a ojos de mi hijo debo ser la más mala de Malolandia. Y que eso no es justo para mí.  Y que no es justo que sea yo  la que ejecute la amenaza que ella lanza a Cronopio, de que su madre le va a pegar si no obedece. Debo ser hippy o muy moderna, o muy borde, pero esas amenazas me parecen un recurso muy bajo y es que en esta casa sencillamente no las usamos. Del mismo modo, le aclaré, no le permito a mi suegra que le diga a Cronopio  “te voy a dar azotes en el culo“, que será una frase muy común en España pero a mí me importa tres cojones y a mi hijo no le dices esas mierdas. Y es que para mi mamá toda esta verborrea pasivo- agresiva no son más que frases, así, sólo frases.

Hoy le he puesto límites a mi madre y ella no ha perdido la oportunidad de pasarme la factura de que cuida mucho de mi hijo,  justo como hacía antes para chantajearme diciéndome “yo te cuidé cuando tu depresión “, como si ambas cosas me crearan una deuda impagable con ella, que le da libertad para hacer lo que le da la gana.

Hoy le he puesto límites a mi madre y hoy mi madre me  ha lanzado la más baja de sus manipulaciones: la estoy humillando.  Lo que para mí es sanar la relación y evitar que se salga de control, para ella es una humillación; en resumidas cuentas, Cronopio tiene razón: soy más mala que la carne de puerco.

Nunca he dejado de reconocer lo mucho que cuida de Cronopio, le he dicho, pero asumir los límites como una humillación esa una opción que ella ha escogido, porque es la que mejor le acomoda.  Así se lo he hecho saber. Esa humillación de la que hablas es tu opción, solo eso. Me despedí de ella, bajé del auto y agradecí todos mis  años en Terapia  Gestalt.

(Dedicado a La Terrible Gina, con quien compartí los viernes  en nuestra entrañable Narvarte; por esas mañanas en las que me descomponía totalmente y, al mismo tiempo,comenzaba a armar un nuevo modelo de mujer)