De cuando mi madre se salta los límites y brinca encima de mi cabeza

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Han pasado solo cinco días desde que mi madre llegó a nuestra casa y Cronopio ya me ha soltado varias  frases tipo mamá eres mala”, “mamá maldita” y, el más reciente, “mamá eres más mala que la carne de puerco”, expresión muy usada por mi madre y que ahora en boca de mi hijo no me ha causado ninguna gracia, sobre todo porque se refiere a mí. Yo, la peor de todas, ahora soy más mala que la carne de puerco.  Podría haberme dicho que soy una madre más pesada que la Cuaresma, pero no, soy mala.

No es la primera vez que Cronopio me dice que soy mala, sobre todo cuando no le cumplo alguno de sus caprichos, y seguiré siendo mala si se trata de ponerle límites. Lo que me encabrona es que a ojos de mi hijo, mi maldad se multiplica entre más tiempo pasa con su abuela. Y es lógico. Mi madre está todo el día jugando con él y cumpliéndole sus caprichos; se puede pasar todo el día al pendiente de la respiración del nieto, haciendo todo lo que éste le (pide) exige; es cierto que mi madre se puede pasar en día tumbada al suelo jugando con Cronopio como si los dos tuvieran la misma edad, pero por eso mismo, soy yo la mala-malísima que tiene que poner los límites,  mientras mi madre es la abuela maravilla.

El conflicto se detonó cuando Cronopio me puso al mismo nivel que la carne de puerco. Le hice notar las cosas que le enseña a mi hijo, aplicadas a mí. Mi madre no fue capaz de decirle al nieto “no le hables así a tu madre, respétala”. La abuela maravillas no pone límites, claro, para eso estoy yo y lo único que se le ocurrió decirme fue “regáñalo tu”. Claro, tu le enseñas las tonterías, yo lo tengo que reprender y ante los ojos de Cronopio tu sigues diáfana, mira que lista.

A este drama, ya intenso para esos momentos, hay que agregar que días antes le dijo a mi hijo en dos ocasiones frases relacionadas a que si Cronopio no hacía tal cosa, yo le iba a pegar, “tu mamá te va a dar… tu mamá te va a poner una friega”.  A la segunda vez que le oí este tipo de amenaza le dije que no debía hablarle así.

Y así ibamos en esta familia, in crescendo en el nivel de drama, con una misma situación que se repetía: limites, berrinches, cumplimiento de las órdenes y caprichos del nieto, drama, más límites , más berrinches, tiempo fuera, consecuencias, hasta que recapacité, pensando en que los limites debía ponérselos a mi madre, no a mi hijo.

( Y en el transfondo de todo eso está la defectuosa relación que siempre hemos tenido. Mi madre, una mujer muy trabajadora, que me dio todo lo que podía necesitar,pero que emocionalmente me dejo semi desnuda, nunca me dio el lugar que yo sentía merecer. Desde muy pequeña tuve la sensación y, en ocasiones la certeza,  de que mi madre no me quería tanto como nos hacen creer que una madre puede querer a una hija. Nunca he tenido ni la seguridad ni el sentimiento  de que mi madre me haya dado el lugar que merezco, o creí merecer en su vida.  Ahora de mayor y a base de ir acumulando experiencias decepcionantes, tengo la certeza de que mi madre se ha visto socialmente obligada a quererme; es decir, no muero de amor, no te quiero, es más, te estimo, pero vamos a suponer que te quiero, pero en realidad me cagas, me desesperas, no sé qué hacer contigo y sólo puedo establecer una relación real contigo basada en la falta de respeto.  Así fue durante muchos años la dinámica de la relación con mi madre. Cuantas veces le oí decir que la tenía harta. Y ya de adulta esto no cambio, más que cuando me vio en un hospital psiquiátrico y prácticamente exigí su ayuda, su presencia en mi vida y se quedó ahí unos años, movida por la culpa, hasta que ésta se le agotó.  Y no cesó en demostrar su poco aprecio a mi persona, hasta que se me dio la gana de ser absolutamente feliz y mandarla al carajo… pero ese es otro post). 

No nos engañemos: mi madre volvió a mi vida no por mí, sino por mi hijo, prácticamente su primer y único nieto.  Si no sabes o no tienes la capacidad de darme mi lugar frente a mi hijo, vamos mal. No basta con cuidar a mi hijo con esmero, jugar con el hasta el cansancio, si no me respetas a mi, la relación con mi hijo será difícil no sólo para nosotras, sino para Cronopio mismo. Porque mi madre se va a su casa, a su ciudad, y lo que me  deja es un niño caprichoso, exigente y grosero y que además, ya está empezando a hacer distinciones entre mamá mala y abuela buena. Como ya dije, ella cuida con esmero a mi hijo y eso a mí me aligera la carga de trabajo y puedo dedicarme 8 o 10 horas seguidas a hacer galletas sin preocupación alguna. Mi madre ya se ha jubilado y tiene tiempo y recursos para dedicárselos a mi hijo; desde aquí ella ya juega con ventaja, en tanto yo no puedo ni debo comprarle a Cronopio todo lo que se le antoje y necesito desarrollar mi propio negocio, no para mi  bien exclusivo, sino el de mi familia entera.

Hoy le he dicho a mi madre que sea impecable con las palabras que utiliza en sus juegos con mi hijo. Mi madre es un excelente ejemplar pasivo-agresivo. Sus mejores agresiones las dice en forma de broma y si te ofendes, no tienes sentido del humor. Para joder la vida, se apoya en lo que supuestamente dicen escritores y filósofos. Ósea, no soy yo quien te ofende. Eso lo ha dicho William Shakeaspeare. Mejor dicho, eso dice mi madre que dice Shakespeare, entonces enójate con él, no conmigo. Y a saber si en realidad esas palabras tan ofensivas las dijo Shakespeare o Platón.  Entonces ella queda libre de responsabilidad y además queda como la más culta entre las cultas.

Hoy le he dicho a mi madre que entienda mi situación. Que ella no puede ser la que cumpla caprichos al momento porque cuando llego yo a poner límites, yo soy la mala y en estos días a ojos de mi hijo debo ser la más mala de Malolandia. Y que eso no es justo para mí.  Y que no es justo que sea yo  la que ejecute la amenaza que ella lanza a Cronopio, de que su madre le va a pegar si no obedece. Debo ser hippy o muy moderna, o muy borde, pero esas amenazas me parecen un recurso muy bajo y es que en esta casa sencillamente no las usamos. Del mismo modo, le aclaré, no le permito a mi suegra que le diga a Cronopio  “te voy a dar azotes en el culo“, que será una frase muy común en España pero a mí me importa tres cojones y a mi hijo no le dices esas mierdas. Y es que para mi mamá toda esta verborrea pasivo- agresiva no son más que frases, así, sólo frases.

Hoy le he puesto límites a mi madre y ella no ha perdido la oportunidad de pasarme la factura de que cuida mucho de mi hijo,  justo como hacía antes para chantajearme diciéndome “yo te cuidé cuando tu depresión “, como si ambas cosas me crearan una deuda impagable con ella, que le da libertad para hacer lo que le da la gana.

Hoy le he puesto límites a mi madre y hoy mi madre me  ha lanzado la más baja de sus manipulaciones: la estoy humillando.  Lo que para mí es sanar la relación y evitar que se salga de control, para ella es una humillación; en resumidas cuentas, Cronopio tiene razón: soy más mala que la carne de puerco.

Nunca he dejado de reconocer lo mucho que cuida de Cronopio, le he dicho, pero asumir los límites como una humillación esa una opción que ella ha escogido, porque es la que mejor le acomoda.  Así se lo he hecho saber. Esa humillación de la que hablas es tu opción, solo eso. Me despedí de ella, bajé del auto y agradecí todos mis  años en Terapia  Gestalt.

Viviendo con el Perro Negro

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Remedios Varo, Mujer saliendo del psicoanalista (1960)

Todos aquellos que hemos conocido al Perro Negro y sabemos lo que significa que éste se haya instalado permanentemente en cada rincon de nuestra vida, celebramos que el Dia Mundial de la Salud 2017 haya sido dedicado a la Depresión.

La depresion no se quita echándole ganas, ni rezando; se supera únicamente con un tratamiento psiquiátrico y psicológico integrales. Ayudemos a superar los estigmas que pesan sobre este tipo de enfermedades. Ir a una consulta psiquiátrica puede parecer una locura, pero no lo es; significa dar el primer gran paso hacia una vida más sana. La depresión incapacita, te quita vida; con medicamentos y terapia yo salí adelante y hoy puedo decir que día a día le voy ganando batallas a este perro negro que es la depresión.

Las invito a ver este video que explica a la perfección lo que significa vivir con depresión.

 

 

Me dedico este post a mí; la depresión me dio la oportunidad de descubrir que lo mas valioso que tengo soy yo y como dije ya en otra ocasión, en una visita al psiquiatra estaba colgada un anuncio de Prozac con una frase de Albert Camus que se volvió mi lema de vida: “en lo más oscuro del bosque aprendí que dentro de mí yace un verano invencible”.

Y ustedes, ¿han vivido con el Perro Negro?

Mis súper poderes de madre (o de cómo me convertí en mamá emprendedora)

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Desde que soy madre  detesto los relatos de las madres súper poderosas que con un aire de liviandad y relajación inauditos, parecen tener el control sobre cada asunto de su vida; al mismo tiempo que van súper peinadas y montadas en unos zapatos altísimos, parecen gestionar con gran facilidad todo lo relacionado con sus hijos, trabajo, marido, relaciones públicas, gimnasio, redes sociales, hobbies y cada rincón  de su vida personal. No sólo me cuesta creer  la total veracidad de esos relatos, sino que no me indentifico con ellos.

La primera súper mujer que conocí fue mi suegra, por supuesto. Cronopio tenía seis meses de edad y yo el mismo tiempo sin dormir bien y con depresión post parto. Se notaba a leguas que no la estaba pasando bien; pese a ello y con un hijo que hasta el momento no conocía la ropa sin arrugas, mi suegra, muy ancha ella, tenía que soltar una de sus joyas: ella nunca había dejado de hacer todo lo que  le gustaba aún con dos hijos; cuando ellos se levantaban, ya tenían en la mesa la fruta finamente picada (que se note que dijo finamente picada, no un vulgar plátano al que tu hijo le quita la cascara en dos segundos).  La intensa jornada de mi suegra incluía café con las amigas, visita rápida a la peluquería, dejar comida y mesa lista a la una de la tarde y marcharse por los hijos al colegio, entre doscientas cosas más para terminar su día sentada viendo las noticias mientras le  cosía a sus hijos la proxima colección de ropa primavera-verano. Y todo lo hacía sin despeinarse. Desde ese momento tomé conciencia que no hay vara más dura para medir a una madre, que la vara de otra madre.

Hoy me queda claro que este tipo de relatos están hechos en base a algunos hechos reales y  adornados con ficción pura; son historias diseñadas para que la que la cuenta, se luzca como una mujer extraordinaria,mientras que tu,  madre primeriza que desde hace siglos no se afeita las piernas y que piensa que nunca va a recobrar la cordura, te sientes un poco mierda y mucho más agobiada  aún con la mitad de cosas que hace tu suegra en un día.  Escuchas a estas mujeres extraordinarias y sientes que has perdido el control de absolutamente todo lo que tiene que ver con tu vida y ni siquiera tienes la menor idea de cuándo o dónde recuperarlo.

Hoy día puedo decir que yo también soy una de esas madres súper poderosas; una madre que  cual camioneta todo terreno   va saltando los baches y  los obstáculos que se le ponen en el camino. Eso sí, yo termino el día bastante jodida y hace ya un ratote que no voy a la peluquería. Las dos ultimas veces mi paso por este lugar fue un tanto patético: aprovechando que Cronopio necesitaba con urgencia un corte de pelo, lo lleve a un lugar ad hoc para niños y yo, con ojos de perro hambriento, le pedí a la peluquera si podía cortarme el pelo . A la salida me dieron un regalito, justo como hacen con todos los niños que se dejan cortar sin dramas.

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A raíz de que empecé a estudiar pastelería, descubrí lo mucho que me apasiona y decidí emprender mi propio negocio desde casa. Se trata de Hornear, Comer, Amar, galletas y pasteles personalizadados y hechos sobre pedido. Regalaba muchas galletas y pasteles y a donde quiera que me invitaban llevaba algo para que la gente lo probará; sin embargo, tenía que dar un paso más allá, pero, ciertamente, no sabía hacía dónde. Después de tomar mi segundo curso con Yuri O. Villela decidí emprender mi propio negocio. Yuri no sólo es la mejor galletera de este país, sino una chica excepcional que comparte su experiencia de vida  en el mundo de la repostería, de cómo  ella, de ser una madre deprimida y frustrada con su vida laboral (justo como yo), se puso a hacer galletas y  a base de trabajo constante y disciplina, hoy es quien es. Cuando ella vino a mi ciudad en octubre, salí con un cúmulo de ideas y, lo que es mejor, me convencí de que yo también saldría adelante. En diciembre me dediqué a hacer cerca de 300 galletas (y algunos pasteles), de las que vendí absolutamente todas. Mi Churri, que me apoya en cada locura que hago, me promocionó en su trabajo y prácticamente se convirtió en mi agente de ventas; también conté con el apoyo de conocidas que me permitieron promocionarme en sus negocios y aquí estoy…. horneando mucho, comiendo poco y amando lo que hago.

 

No ha sido fácil. He tenido que planificar mis tiempos al máximo, dejar a un lado algunas cosas, olvidarme de leer media hora antes de dormir y, en  muchas ocasiones, olvidarme por completo de la casa para concentrarme en la cocina. Han sido días de comer comida de la fondita, de tener montones de ropa limpia apilada arrugándose en un rincón. Han sido semanas de no comunicarme con los amigos, ni ponerles un whatsapp. O días en que Mi Churri y Cronopio se han marchado todo el día a buscarse algo que hacer fuera de casa para que yo pueda avanzar con mi trabajo.

El único sabor agridulce que me queda en la boca es en relación con mi hijo. Aún debo aprender a manejar las culpas que me  ocasiona no ponerle la debida atención en los momentos de más trabajo; todo esto quizá se traduzca para él en que ya no lo quiero  tanto como antes, o que por lo menos ya no es mi centro de atención y estas ideas que sólo yo supongo, me causan culpa, malestar y, de cierta forma, me hacen sentir que estoy haciéndole daños irreparables en su vida (suena cursi pero de verdad lo he pensado). Por otro lado, me tranquiliza saber que el está creciendo bajo mi mirada y en su casa, y que no tenemos que pasar por la difícil situación, a veces dramática, que padecen otras madres a las que sus horarios laborarles sencillamente les impiden conciliar y, por ello, tienen que dejar a sus criaturas con la vecina, con la prima de una amiga o con quien se pueda, sin  tener que gastarse más de la mitad de su salario en pagar niñeras. ¿Qué hacen las madres que trabajan fuera de casa cuando los hijos se enferman y no pueden echar mano de los abuelos? ¿Qué hacen ellas los últimos viernes de mes cuando la mayoría de los niños de este país no van al colegio por disposición de la autoridades educativas?  Cronopio está  en su casa, es cierto que a veces bastante harto y que el quisiera ir al parque o que jugasemos  todo el día, pero hay ocasiones en que no puedo darle todo lo que él me demanda, pero eso sí,  él está  seguro en su casa, bajo mi mirada (lo que también es cierto, es que Cronopio ahora tiene una madre mucho más feliz y que poco a va empoderandose).

Son unas cosas por otras. Me siento feliz de descrubrir mis súper poderes: transformar poco a poco mi vida, explotar mis pasiones y claro, convertir la harina, la mantequilla y el azúcar en cosas lindas.

Todas tenemos súper poderes, ¿ya sabes cuál es el tuyo o estás en vías de descubrirlo? ¡Compárteme tu experiencia!

Mis suegros nos visitan

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Roy Lichtenstein

Ya lo sé. El titulo de este post encierra momentos de mucha tensión que ponen en crisis el normal desarrollo de aquello que desde epocas primitivas se ha dado en llamar familia.  No hace falta conocerme mucho para saber que soy una grinch de la familia, sobre todo si es la de origen, que algún dia les contaré de cuando me dió por ser feliz y talar mi árbol genealógico. A diferencia de los asquitos y repelus que  me causa la convivencia y el roce con mi familia de origen, amo profundamente a  la familia que yo he formado y soy una perra guardiana de todo lo que a ella se refiere.

Con la familia de Mi Churri me llevo muy bien. Sus tías y tios son adorables, todos, sin excepción y le tengo especial cariño a algunos de ellos, incluyendo a mi cuñado, con todo su mal genio y sus locuras. Toda la familia me aceptó desde un primer momento a pesar de conocerme tan poco. Y con mis suegros me llevé bien desde siempre, con sus altas y bajas, hasta que nació Cronopio y las visitas a nuestra casa se hicieron más regulares y más intensas. Y cuando hablo de intensidad, me refiero a que el nivel del drama y la crítica subieron  considerablemente.

Pese a ello, cada visita de mis suegros nos hemos esmerado por recibirlos con lo mejor que les podemos ofrecer, siendo generosos con lo poco o lo mucho que tenemos y, lo cierto, es que pasamos algunos buenos ratos y acumulamos muchos desencuentros. Cada visita mutua que nos hacíamos empezaba con nuestros mejores deseos de que las cosas transcurrieran apaciblemente, con el menor de los sobresaltos; sin embargo,  a los pocos días las cosas se torcían y acababamos, por lo menos de nuestra parte, despidiéndonos agridulcemente.  Esa ha sido la dinámica de nuestras mutuas visitas.

Hace nos cuantos meses que mis suegros estuvieron por aquí y parece que no fue suficiente la pasada ración de stress y disgustos que nos propinamos mutuamente porque mis suegros regresan!

Atención SPOILERS!  Mis suegros han decidido llegar a un hotel, que no quieren incordianos (ni incordiarse), cosa que agradezco porque, seamos sinceros,  en mi casa nunca han estado agusto.

Yo encuentro mi casa muy linda y acojedora, será porque es mi casa y vivo muy feliz en ella; es cierto que tenemos cosas por hacer para mejorarla pero sencillamente en este momento no estamos para ello. Sin embargo, cada visita de mis suegros es una oportunidad para sacar a relucir los defectos o supuestos defectos que nuestro espacio tiene y ya puestos a criticar,  le otorgan una calificación, como si se tratara de un concurso de belleza, donde por supuesto apenas si hemos aprobado. En resumidas cuentas: prefieren sacar a relucir nuestras carencias, o lo que ellos consideran una carencia, en lugar quedarse con lo bueno o simplemente callarse.

Hablando de “carencias”,  nosotros no tenemos television por cable porque no nos interesa. El problema viene cuando mis suegros no se quieren perder ni un minuto del acontecer político de España y por internet no pueden ver la televisión como en su casa, ni la Cinco, ni la Uno, ni la Cuatro, ni ostias, ni cuanto canal español hay. Con ello, se pierden las tertulias de la Cinco, de la Cuatro, de la Siete, del Nueve y del Doce. No pueden ver El Gran Wyoming, “el que verdaderamente informa” y con ello aumenta la ansiedad de mi suegro, que ya es mucho decir. (Les alclaro: muchos de estos programas estan disponibles en internet mediante pago. Algunos otros como los de RTVE si se pueden ver a excepcion de los documentales). Y para joderla más, mi suegro no puede hacer la siesta sin los interesantes alegatos de Sálvame, ni tiene forma de enterarse cómo anda el corazoncito de Rosa Benito o si Belen Esteban ya terminó  la escuela primaria. No queda de otra mas que echar mano del Youtube.  Tragedia total.

En eso llega el capitulo de final de temporada de The Walking Dead. Nos preparamos una rica cena y justo cuando estamos en medio de la nada matando zombies a palos, mis suegros están echando pestes y de mala leche  en medio de su propia tragedia personal: se estan perdiendo el capitulo de Mi casa es tu casa donde Bertín Osborne está en la cocina de no sé quien repartiendo micro machismos a tutiplén.

La hora de la comida (y del desayuno y de la cena) es una buena ocasión para hacer más drama. Aunque no aspiro a ninguna Estrella Michellin, soy bastante apañada en la cocina y si bien no podría concursar en Masterchef, tengo mi propio menú semanal bastante resultón que me saca de apuros con mucha dignidad. Sin embargo, esto no parece ser suficente para mis suegros (ni siquiera el tiempo que dedico a cocinar entre cuidar a Cronopio, hacer limpieza, ir al Gimnasio y un largo etcétera). No importa lo que yo ponga en la mesa, ellos  no sólo darán su opinón, sino que asumirán su personalidad de críticos gastronómicos viviendo en realidad paralela en la que ellos son Gordom Ramsey y Alberto Chicote. Vaya usted a saber. El caso es que el spaguetti siempre estara muy hecho o las zanahorias están poco hechas. Nunca hay forma de hallar el punto exacto, en nada. eso si, todo se comen. Hartita que estaba ya del tema, una tarde me cruce a la tienda de la esquina y compré todo para unos ricos y nutritivos hot dogs, y  no desperdicié la ocasión para decirles que no comieran mucho porque la OMS había dicho que las salchichas son cancerígenas. Y me quedé tan tranquila.

Cuando nos dieron la gran noticia de que nos harían la visita (perdonen que no aplauda) yo ya tenía listo mi nuevo menú que incluía sopas Ramen instantaneas (en mi pueblo también conocidas como Maruchan) una amplia selección de lo mejor de la sección de congelados y algunos platillos tipicos de la época de post guerra.

Hacen bien mis suegros en quedarse en un hotel. No sólo porque todos nos libramos de comer basura, sino porque ellos no van a ver mi cara de enfado permanente.  Cada visita es más dificil para mi, sobre todo porque les tengo mucho cariño y  agradecimiento, pero todo tiene un límite.  Es bien cierto que a generosos no hay quien les gane y conmigo han sido plenos en cuanto a sus atenciones. Por otro lado, todas esos buenos detalles no pueden ocultar su enfado y su falta de empatía hacia nosotros y hacia nuestra forma de vida, pero poco puedo yo hacer sobre este asunto. Dicen que una emoción que no se dice, que se oculta, va a buscar canales para expresarse. Eso mismo me pasa a mi. Ante sus constantes descalificaciones, he guardado silencio tratando de ser prudente, pero mi cara de permanente enfado, de  fastidio,  no me dejan mentir.

De cualquier forma, disfrutaré de todas las quejas que le hagan al gerente del hotel  y, a lo lejos, estaré mojito en mano, divirtiendome con el sufrimiento de este hombre que tendrá que ser un santo o retibuir a mis suegros con muchas cortesías y descuentos.

Eso sí. Tengo preparada una dotación de ansiolíticos y mantras y ya tengo los chakras ailneados. No sea que los corran del hotel.

Te invito a que me cuentes que tal la llevas con tus suegros, seguro que hay muchas cosas que contar  para hacer más llevaderas las tensiones.

Que tengas un dia a toda madre, Laura

Dramas de Mayo: el día de la Madre

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Autor: Cronopio,  Pintura dactilar sobre papel bond,  28×21.5 cm,  2016

Lo confieso: el día de la madre me causa mas confusión que el periodo post electoral en España. Hasta ahora, el Diez de Mayo (dia de la madre en México) me remite más a mi madre que a mi propia experiencia como tal. Y por ello es que en dias como estos me siento especialmente confundida, como lo he estado casi toda la vida en relación a  mi madre.

De niña el 10 de mayo siempre fue una fecha dificil para mí ya que me dejaba  un sabor amargo. En las escuelas primarias de este pais el festival del dia de la madre es un tema aparte. Desde no sé cuantas semanas de anticipación, profesores y alumnos nos volcabamos a la organización del dichoso festival, ensayando, dia tras dia, el mentado bailable. Y por si fuera poco, tambien dedicabamos tiempo de clase a elaborar una manualidad para darle a nuestras madres de regalo, que a muchos de nosotros nos costó medio riñon terminar o, incluso, era tu misma madre la que tenía que terminar en casa el regalo porque corriamos el riesgo de ser reprobados. (En mi caso, recuerdo especialmente un juego para el baño totalmente tejido que nos pusieron a hacer; consistía en cuatro piezas tejidas para decorar el baño y mi gran hazaña fue hacerle creer a la profesora que tenia el regalo completo, cuando en realidad solo pude terminar una pieza).

Los Dramas de Mayo se repitieron cada año durante toda la escuela primaria y cuando no tienes ni diez años, eso significa la vida entera. Mi drama personal en Diez de Mayo consistía en que mi madre no iba los festivales o, en caso de que llegara a asistir, sólo hacía acto de presencia. Ella decía que no podía faltar al trabajo pero con los años me di cuenta que tenia la opción de pedir permiso; sin embargo, nunca lo hizo. Ella se iba de la escuela a las 10:30, y si para esa hora yo no había bailado, se marchaba  de todos modos.

Lo más duro para mí dentro de los Dramas de Mayo, era regresar sola a  casa, con mi ropa del festival aún puesta y en la mano el regalo que le habia hecho a mi madre. Y en el camino a casa, donde habia dos escuelas más, me iba topando con la misma imagen: una madre con su regalo en la mano caminando a lado de su hijo vestido de festival.

De niña se me hacia una tortura y ahora que soy mayor aún no puedo enterder las razones por las que mi madre no me acompañaba al festival. Es cierto que ella, como millones de madres, tenia que hacer mucho para tratar de conciliar el trabajo con la vida familiar, pero tambien creo que habia razones personales para que mi madre no pidiera permiso para faltar ese dia a trabajar; ella me argumentaba que no podía pedir días economicos para ocuparlos en caso de enfermedad de mi abuelo. Ya de mayor me puse a analizar sobre los días que mi madre podía pedir permiso para ausentarse y, hasta la fecha, no me salen las cuentas.

No estoy juzgando a mi madre sólo por sus ausencias en los festivales escolares, es más complejo. Estos eventos simbolizan el permanente desecuentro que he tenido con ella practicamente durante toda mi vida. Hace poco mi padre rescató unos videos de cuando yo era bebé, me quedé con la inquietud de lo que pudo haber pasado en la vida de mi madre que truncó nuestra relación.

Desde pequeña las muestras de amor filial se me han hecho, ciertamente, excesivas. Nunca pude ver mi reflejo como hija en ninguna de esas canciones con las que cerrabamos el festival de mayo, como tampoco hoy día  me hallo entre tanta publicacion de Facebook cargadita de mensajes que compiten entre ellos por ser el más cursi. Y el monton de fotos que la gente pone a lado de sus madres, todos felices e impertubables, me hacen pensar que yo  tendria que meterme al baúl de los recuerdos para rescatar un momento Kodak a lado de mi madre. La mas reciente foto que me hice a su lado fue cuando mi boda y, a juzgar por su expresión facial,  la foto no está para enmarcarla.

La historia de mi madre y mía es la del permanente desencuentro. Hoy día y gracias a la terapia, mantengo un sano distanciamiento, emocional y fisico, que nos permite tener una relación de respeto. Y es que después de años de incetidumbre, de que sus reacciones y sus otros apegos me hicieran sentir desorientada y desnuda a mitad de la calle, hoy solo puedo aspirar  a eso, al respeto. La llegada de Cronopio a nuestras vidas ciertemente no nos ha acercado en el plano emocional. Como dije, mantenemos el respeto, sobre todo por Cronopio.

Poco a poco he ido deslindandome de esos Dramas de Mayo que me sucedieron como hija para poder construir otra historia como madre de Cronopio. Parte de mi depresión post parto tenía que ver con el miedo que tenía yo a que mi vida fuera un permanente deya vu y que mi hijo tambien se sintiera a mitad de la calle y desnudo. Ha sido un proceso largo y duro en el que yo me estoy inventado como madre, un proceso en el que los unicos protagonistas de esta historia somos Cronopio y yo.

¿Que tal llevan el día de la madre? ¿Aprovechan para dejarse consentir o retoman el drama de vidas pasadas?

Que tengan un día a toda madre, Laura

La felicidad tiene 40 años

Pic by Helena

Pic by Helena

Cumples 39 años y ya no puedes ni festejarlos a gusto porque estas con el temor de que muy prontito estaras viviendo a tope la crisis de los cuarenta años. A mi nadie me contó de la crisis de los veinte o de los treinta años porque se da por sentado que estos son años de plenitud absoluta. En mi caso, llegué a los treinta años viviendo y sobreviviendo a tope a un prolongado periodo depresivo mayor, por lo que decidí que la crisis de los cuarenta no me despeinaria. Y asi ha sido. A pesar de haber pasado por depresion en el embarazo y en el post parto, decidí que la edad jugara a mi favor y ahora puedo decir que soy una feliz mujer viviendo a plenitud mi cuarta decada de vida.

Si hay una palabra que resume estos años es redefinición (total). Sigo siendo la mujer que fui a los 20 o a los 30 pero ahora tengo la experiencia de todos estos años

Provengo de una familia grande e intensa, de esas que se reunen dos veces a la semana para lanzarnos mutuamente a la hoguera. Los años me enseñaron que, por muy familia que sea, no me gustaba convivir con personas toxicas. Hoy dia, después de una exhaustiva tala de mi árbol genealogico, vivo feliz y sin culpas, con la tranquilidad de que nadie me jode, ni yo jodo a nadie; con la dicha de que no me reuno con las hermanas de mi madre para  castigar y despellejar vivo a otro miembro de la familia. Hoy ya no tengo el desgaste tan grande que ocasiona meterse con los demas o con uno mismo. Ya no necesito de la aprobacion de mi familia de origen, a la que por cierto, jamas iba a tener contenta. Fue dificil tomar la decision de sacarlos de mi vida, pero ahora que tengo mi propia familia, pienso que hice lo correcto,pero claro, esto no habría podido hacerlo más joven.

En el área profesional tambien estoy re definiendome. Estudié y trabajé mucho para cumplir mis  metas en aquello que me apasionaba y a lo cual pensaba dedicarme de por vida. Sin embargo, el camino que habia trazado se bifurcó pero supe dejarme llevar hacia nuevas maneras de ser feliz. Y es que uno se aferra a lo que en un momento piensa que es la felicidad. En mis primeros años treinta, mi felicidad consistia en mi carrera profesional y en viajar. Hoy dia, no tengo ganas de subirme a un avión por mas de ocho horas; hay tantas cosas  que quiero hacer que no me dan ganas de un viaje largo ( sólo viajaria a Nueva York que siempre ha tenido un poder revitalizante en mi). Con el apoyo de Mi Churri ha sido posible la re definición profesional que  me está llevando mucho tiempo y mucho trabajo pero estoy feliz de lo que voy consiguiendo.

Me encanta que soy menos influenciable y que no tengo la necesidad apremiante de permanecer a algo. Esto me pasa a menudo con los grupos de mamás de la guardería con las que poco me identifico, pero tampoco hago algún esfuerzo por seguirles y unirme a su club, aunque confieso que me gustaría encontrar más mujeres y madres con las que me pueda sentir a gusto; mientras eso no suceda, no es mi intención mostrarme como lo que no soy para caerles bien a otr@s.

No puedo decir que a esta edad soy más segura de mí misma; me gustaría serlo para apagar la voz en off de mis padres señalando mis defectos y carencias. Y aunque cada vez necesito menos de la aprobación de los demás, me gustaria oir de vez en cuando que soy una madre entregada y cariñosa.

Las pasiones de juventud no creo que hayan desaparecido del todo, sino que se han asentado tranquilamente, no sé si para bien o para mal; ya no quiero ser la que arregla el mundo, la super vengadora contra los malos. Me basta con cuidar el agua, rezar una oración por los desaparecidos y sus familiares e inculcarle a Cronopio valores como la igualdad y la inclusión. He dejado atrás la necesidad de definirme politica e idelógicamente; no soy de izquierdas ni de derechas, sino todo lo contrario (aunque mi suegro, Pablo Iglesias biliver, jure que soy fachita de corazón).

Y con media vida delante, me queda mucho por hacer. Quiero recuperar  a la mujer vanidosa que se perdió con los kilos post parto. Estoy aburrida de verme siempre igual y, de cierta forma, extraño ir de compras o estrenar algo de Banana Republic (mi marca favorita no apta para mujeres con kilos de más). Es imprescindible que haga cambios en mis habitos alimenticios ya que provengo de familia de diabéticos y con lo que me gusta el azucar, prefiero prevenir ahora. Quisiera ser mas paciente con mi entorno, no sólo con las personas con las que convivo; a veces creo que me va a dar un infarto esperando en la fila  del supermercado, asi que a respirar profundo, Dalay. Quiero hacer nuevos y mejores amigos. Muy a menudo vivo en mi mundo y estoy muy cómoda dialogando conmigo misma, pero  siento la necesidad de compartir con amigos nuevos y enriquecernos mutuamente.

Y si, es cierto que ya no quiero comerme el mundo a cachos; ahora sólo quiero un trozo, insistir dia a día con aquello que me apasiona, quitarle horas al sueño para construir ese camino que me lleve a comerme aquel trozo de mundo que me gusta.

Si a los 25 años hubiera venido alguien a describirme a la mujer feliz que soy hoy en dia, no le hubiera creído, no tanto por la felicidad en sí, sino por aquellas cosas que me hacen felíz.

Y a ustedes, les da miedo cumplir cuarenta años? Cómo se sintieron cuando llegaron a esta edad? Cuéntenme!

Que tengan un dia a toda madre, Laura

El cumpleaños de Cronopio

Danbo wants more cake, by, Asena Ozseyhan

Danbo wants more cake, by, Asena Ozseyhan

No he muerto. O eso creo.  Andaba de parranda, que mi chico se está haciendo mayor y ha cumplido años. Nada ni nadie te prepara para ser la anfitriona de una fiesta infantil. En ningún libro viene ni siquiera un breve adelanto del endemoniado trabajo que conlleva planear una fiestecita. Las reto a que busquen en cualquiera de sus libros de maternidad a ver si  viene una pequeña mencion sobre el tema.

Nadie dice que el cumple de tu churumbel puede ser incluso más cansado que el mismo parto, del cual ya estas como una rosa despues de una semana, (y si eres la Princesa Kate Mildelton, ni te cuento). Después de una fiesta infantil necesitaras un equipo de reanimacion para que vuelva a circularte la sangre y te baje el dolor que traes en pies, piernas, nalgas, brazo y espalda. Vaya, como cuando vuelves al gimnasio despues de un año de no ir.

Aqui la palabra clave es “una fiesta sencillita”. Todo empieza con una pequeña lista de algo sencillo, un motivito, un ratito para festejar al niño: pastel, inflable, globos, piñata y bocadillos. No sé en que tenso momento de nuestra maternidad entramos en una dimensión desconocida y la fiesta sencillita termina siendo algo parecido a una boda. Ahi me tienen, horneando 25 cupcakes , 35 galletas, cuatro pasteles y 20 gelatinas ( y decorando todo con las caras de los súper héroes) para el pre festejo, festejo y post festejo, vaya, como boda gitana.

(Y es que no podía quedarme atrás, que mi carrera de pastelera comienza justo con mi maternidad. Casi desde el primer momento de embarazo me ilusioné mucho con la idea de hacerle yo misma sus tartas, por lo que los cumples de Cronopio son doblemente especiales para mí).

Nuestra idea siempre fue hacer un cumpleaños en nuestra casa a donde pudieran venir los amigos, alguno familiares (si, solo algunos, a que les da envidia, no?) y los niños de la guarde con los que Cronopio tiene más relación. ¿Para qué contratar  un catering si yo puedo hacerlo? “!!Es re -facil!!” (Esta frase es la primera señal de alarma). ¿Los adornos y los globos en forma de Spiderman? … “!!re fácil, yo te lo hago en un momentito”.  (!Alarma!) Y aqui esta la trampa: poco a poco te llenas de 200 cosas “re faciles” de hacer y todas ellas forman un gran problema.

Otro momento clave es cuando empiezas a buscar un tema para la fiesta, que si Pocoyo, Patrulla Canina o el personaje que mas le guste a tu niño. Te das a la tarea de buscar platos-vasos-mantel-banderines-invitaciones-servilletas-gorritos-vela del tema elegido. En mi caso, lo que hice fue seleccionar un tema y comprar platos-vasos-mantel-banderines-invitaciones-servilletas-gorritos-vela de acuerdo a una paleta de colores que se relaciona con el personaje. (¿así o más pretrensiosa?). Cuando estas en este punto es momento de parar, que la fiesta sencillita se te esta convirtiendo es fiesta temática y de ahí a organizar una boda sólo hay un paso (estoy exagerando, en  la organizacion de mi boda no me volví loca ni llegué con los pies y la espalda desechos).

Pero no me dí cuenta de nada de esto hasta que un día antes de la fiesta, empezaron a llegar los refuerzos que  vieron cuando estaba  a punto de un ataque de nervios. La Ceci, el Tio B, los abuelos y la Chuli, ayudaron  con esas   264 cosas re fáciles de hacer en casa. Y ya ni les cuento de que  con la Ceci nos quedamos hasta las tres de la mañana inflando y acomodando globos, con cerveza en mano y contando los ultimos acontecimientos de nuestra vida sexual sentimental.

Entre tanta locura sólo tuve un momento de lucidez: estaba punto de contratar una carpa enorme cuando en los alquileres me preguntan  “¿Cuantos invitados tiene a su  boda?”, ¿Boda?  !Esto es una fiesta infantil! Que no hay novia ni vestido de novia, que la madre del pequeño festejado va a ir disfrazada de Hulk porque  con eso de la gordura post parto no pude disfrazarme de Mujer Maravilla (ni de Capitán América, ni de Spiderman, ni de Batman, ¿acaso no hay super heroes con kilos demás?).

Y todó valió la pena. La foto de mi niño frente a su pastel, con cara de ilusión, susto, felicidad y una pizca de verguenza, es de los momentos más bellos que atesoro como madre. Volveria a hacer todo sólo por ver la carita de dicha de mi pequeño (por decir que volvería  a hacer todo, me refiero a todo, incluyendo aspirar de aquí a diciembre todo el confeti que vaya saliendo de cada rincon, que los festejos en esta casa incluyen guerra de confeti).

Y despues de la fiesta sencillita, quedé como una muerta viviente, una especie de  madre zombie que le pide a Rick Wrimes que le de un buen golpe en la cabeza para acabar con este cansancio. Y sin embargo…. puede moverme para seguir festejando, que Mi Churri y yo teniamos que celebrar con los amigos por esta paternidad, dejando a Cronopio con los abuelos para ir a brincotear y cantar con los Rolling Stones (mentira: para este momento, Jagger tenia mucha más energia que yo) y lanzar gritos asesinos en la lucha libre mexicana. Así es como formalmente dimos por concluidos los festejos del cumple.

Y ustedes, qué tal llevan las fiestas de cumpleaños? Cuéntenme!

Que tengan un dia a toda madre!

Laura