Kate, una madre como tu

 

Hace tiempo, cuando aún no teníamos Netflix en esta casa, y estábamos un poco abrumados con el cambio de ciudad, Mi Churri y yo nos decidimos a contratar un sistema de televisión por cable por vez primera en nuestra vida juntos. Teníamos más de 300 canales para ver todo tipo de mierda pero de entre toda la amplia programación, yo seguía con atención un canal dirigido a mujeres. Había  un programa hecho en Reino Unido sobre las dificultades que enfrentaban diversas mujeres embarazadas,la mayoría de ellas muy jóvenes; las historias se centraban en sus llevaban muy mal el embarazo por sus malos hábitos con el cigarro, el alcohol y la comida chatarra y mediante  un seguimiento profesional las chicas iban tomando conciencia de la importancia de cambiar drásticamente sus hábitos . Solo hubo un par de casos de madres con más edad que dedicaban demasiadas horas al trabajo y  cuyo ritmo de vida estaba afectando su embarazo.

Me gustaba este programa porque ofrecía una imagen más de como puede ser de difícil la vida de una embarazada; si bien nunca me identifiqué con ninguna de ellas en lo específico, el programa me parecía un acierto por la posibilidad de servir  para otras madres en situaciones similares, además, como ya he dicho muchas veces aquí, aborresco las imágenes del embarazo idealizado y llevado a niveles  prácticamente inexistentes.

Cuando me preguntan para cuando el siguiente bebe solo puedo pensar en que no quiero volver a pasar por las dificultades que tuve en mi embarazo de Cronopio. Físicamente mi cuerpo respondió de maravilla a pesar de la edad y de los malos augurios de algunos médicos. En algún momento después de esas 38 semanas pude comprender que a las mujeres nos preparan físicamente para ser madres, pero nunca a nivel emocional, a pesar de que convertirte en madre es las experiencia física y emocional más grade que puedas tener en tu vida. Solo hasta que tienes a tu criatura en brazos es que te das cuenta de que emocionalmente estamos prácticamente desnudas y que, a fuerza de coraje, te tienes que reinventar como mujer, en el mejor de los casos. En mi caso, necesité apoyo psicológico y psiquiátrico pero eso vino poco antes de que Cronopio cumpliera el año, cuando yo estaba en plena depresión post parto, ya que  nunca pude imaginarme que mi embarazo lo viví con depresión.

No pude darme cuenta de ello porque, como todas, viví rodeada de imágenes de mujeres con embarazos idílicos y en lugar de cuestionar esas imágenes, asumí que yo era una especie de bicho raro con unas hormonas súper locas y como socialmente me sentía incapaz de cumplir con el estereotipo de mujer embarazada, mejor me aislé. No quería hablar con nadie porque no me sentía con la fuerza emocional  para decirles que me sentía muy jodida, muy desorientada y sin ganas de prácticamente nada; que no me hacía ilusión preparar la llegada de mi hijo comprando cuanta bobería hay en el mercado. (Y si a esto agregas que cuando estás embarazada la gente se creee con el divino derecho de preguntarte lo que les viene en gana…. se me quitaban las fuerzas por completo).

Recientemente se celebró en Reino Unido el día de la madre y aproposito de esto la princesa Kate Middelton habló sobre lo maravilloso y satisfactorio que es ser madre, sin dejar de mencionar el enorme desafío que representa. En este discurso Kate ha hecho una enorme diferencia al hablar sobre el cambio de identidad que representa ser madre, sobre el stress, sobre lo insegura e ignorante que te puedes sentir al tener en brazos a tu hijo y todo dentro de una mezcla de sentimientos de alegría, agotamiento, amor y preocupación.

“Es imposible estar verdaderamente preparada para la abrumadora experiencia que supone ser madre…tenemos la presión de ser la madre perfecta y fingimos que podemos con todo y disfrutamos cada minuto. Está bien hablar de lo maravilloso pero también hablar del stress y del esfuerzo”

“No pasa nada por concebir a la maternidad como algo difícil y pedir ayuda no debe entenderse como señor de debilidad”

Las palabras de Kate tuvieron como contexto el apoyo que ella brinda a la asociación benéfica Best Beginnings, la cual ha lanzado  Out of the Blue, una serie de cortos y documentales sobre la salud mental de las madres desde el embarazo hasta el post parto, brindando herramientas para que las mujeres sepan que es lo “normal” sentir, cuáles son los signos de depresión y como son los lazos que se establecen con el bebe. Out of the blue  cuenta con cortos en donde los padres ya en recuperación cuentan su experiencia con su salud mental y su paternidad.

Aprecio mucho que Kate, la madre que es a nivel público, sea una madre imperfecta como todas nosotras; que haya exhibido públicamente su divina barriga post parto y que, quizá fuera de todo protocolo, haya mostrado su mejor cara de encabronamiento ante uno de sus hijos. Y creo que aquí es precisamente donde radica nuestra gran diferencia con Kate-madre: nosotras nos empeñamos en mostrarnos como las madres perfectas,sin agobios; parece que públicamente nos importa mucho la imagen que proyectamos como madres. Parece  que tenemos terror a ser juzgadas por otras madres, a no dar el ancho,a mostrarnos cómo seres vulnerables y todo con el afán de cumplir con un modelo de maternidad que nos han vendido desde que éramos pequeñas.

No dudo ni un tantito que  Kate tenga  una corte de personas solucionándole la vida; que ella no tenga que salir a toda prisa para ir a recoger a los niños al colé; seguramente ella   no tiene que estirar el presupuesto mensual  ni tiene una aplicación en el móvil que le indica dónde hay ofertas de pañales. Nunca sabremos como es esta madre a nivel privado. No dudo ni un momento que seguramente tuvo sus malos momentos y que su maternidad sea difícil, en tanto ella no es la única que educa a sus hijos.

Por ello me encanta Kate, porque a pesar de ser una madre singular ha buscado vincularse y crear empatía con las madres en general y darle visibilidad a un tema prácticamente inexistente: la salud mental de las madres.

Y a ti, ¿que te parece que gente famosa de visibilidad a este tipo de problemáticas?

 

 

 

 

 

Advertisements

La maternidad Lado B. Mi post parto

Photo: Bojan Zadravec

Photo: Bojan Zadravec

Durante 9 meses eres el centro de atención de propios y extraños. Después de casi 40 semanas de estar rodeada de todo tipo de cuidados (algunos de ellos francamente excesivos), apenas te quitan los puntos de la cesárea o episotomía, te conviertes en un ente practicamente invisible para todo tu entorno.  Y cómo no iba a suceder; has parido al nuevo miembro de la familia, el pequeñito mas bello, delicado  e inocente. Ya está el bebé en casa, todos sanos, todos felices y, sin embargo, tú no reconoces ni el suelo que pisas; estas irritable, triste, muy cansada y con las hormonas alteradas. Las visitas te dan la sensación de que tienes que ser forzosamente feliz, ¿acaso no lo eres?

Y no son las dolencias fisicas las que te tienen tumbada, pero tu prefieres decir que te molesta la herida, que te duele la cabeza pero en realidad estas medio desquebrajada, un poco rota, totalmente desorientada,  que prefieres meterte debajo de las sabanas para ir pegando poco a poco los pedacitos de tu persona y hacer una reinvencion express de tí misma. Y si, es cierto, que tienes el hijo mas bello del mundo, pero que todo lo que estas experimentando es nuevo para ti y que el peso de la responsabilidad son apenas cuatro kilos, pero tú, madre primeriza, sientes que es mucho más, que no puedes con ello, que tendras que abandonar todo, incluso a ti misma, para salir adelante con tu familia.

Y vuelves a hacer contacto con la realidad y sales de la cama y está ahí tu suegra hablando de lo bien que le sentó el embarazo y que su recuperacion fue inmediata. Que al otro dia ya estaba ordeñando vacas. Y tu madre hablando de la sobrina que quedó con cuerpazo apenas parir. Y vas al espejo del baño y no te encuentras o no encuentras a la mujer que fuiste hasta hace unos meses. Descubres un cuerpo raro, amorfo y una barriga con tantas rayas que hasta pareces zebra (pero no dices que estas asustada con la imagen de la mujer que viste en el espejo; prefieres callar y asumir que esas son marcas de batallas, las cicatrices que conlleva traer un hijo al mundo, eso dicen, pero tu insistes y hasta te sientes egoista, superficial porque crees que ese será tu cuerpo de por vida).

Y entras a google buscando complicidad, solidaridad y con suerte, un hombro donde llorar. Escribes “postparto”  y te regresa miles de links para que te enteres como recuperar la figura, como frenar la caida del cabello, dieta, lactancia, que tomes calcio, que te olvides del cafe, abdominales hipopresivos, como generar más y mejor leche. Y te quedas peor porque nada ahí habla de la terrible confusion que sientes. Y una vez más empiezas a suponer que  debes ser anormal, la tonta del pueblo, que ya antes te lo dijo tu madre, que eres muy emotiva y eso no te llevará a ninguna parte.

Y  sientes que estas dentro de la pelicula Intensamente (Inside-Out) Hasta puedes ver lo que sucede dentro de tu cerebro: Alegria, Triteza, Desagrado, Furia y Miedo estan con la ansiedad hasta arriba apretando botones a lo loco y a los  tres minutos, nada, agotados todos. Y minuto y medio más tarde, vuelven a la carga una vez más y aprietan todos los botones al mismo tiempo. Todas las emociones queriendo expresarse, queriendo salir y tú las reprimes y sólo atinas a musitar un “que feliz estoy” cuando en realidad quieres gritar “!!Qué coño me esta pasando!!”

Y te quedas ahí, como suspendida en el tiempo, con un bebe en brazos y moviendote sólo lo necesario para no cagarla. Y si a esto le agregas que tienes mucho sueño, que las noches y los dias son interminables con las tomas de leche  y los cambios de pañal y que no estas dándole pecho como se debe, y que no lo sostienes bien, y que la muerte de cuna, y las visitas interminables, y que no hay dinero que alcance con tanto gasto y que para joderla más estas en casa de tu madre o tienes a los suegros en la tuya (para el caso es lo mismo) y que te levantas no se cuantas veces en la noche para ver si el niño sigue respirando… asi vas sumando. Furia, Tristeza, Felicidad, Desagrado y Miedo  estan ya cansadas y sólo atinan a apretar botones a lo loco, hasta que la consola de control de las emociones se jode…. (o es que quiza fuiste de las afortunadas cuyas emociones volvieron a su estado normal después de un tiempo prudente… pero conmigo no fue asi. Se jodió el control de las emociones y todo generó en una depresión post parto, pero esa ya es otra historia que contaré en otro momento).

Y todo este descalabro emocional no es para menos: estas viviendo el proceso fisico y emocional más importante de tu vida, pero tu no sabes nada de esto. No sabes que estas en crisis,  y cómo saberlo, si las imagenes de embarazadas felices que te acompañaron en el embarazo, ahora son madres felices, delgadas, con post partos que transcurren con calma, con dicha que se desborda, sin ojeras,  y hasta con cierta elegancia. Y son esas mismas mujeres las que, con  preciosos senos, alimentan a sus criaturas como si fueran  vacas, mientras a tí te acechan con preguntas sobre la calidad de tu leche, que acaso será agua, que tu suegra no sólo tenia mucha leche, sino de la mejor calidad, que hasta sobraba para hacer flanes para todo el edificio, mira tu. Pues aprovecho el momento para decirte !Bienvenida al post parto!

¿Dije proceso fisico y emocional? Pues si, eso mismo. Físico. Emocional. Nos preparan y nos cuidan para el proceso físico, tenemos una idea, aunque sea lejana, de los cambios y alteraciones fisicas tras el parto, pero nadie nos prepara para el desafio emocional que conlleva traer vida al mundo, parir, amamantar, cuidar del otro, sostenerlo en brazos. Emocionalmente estamos descubiertas, sencillamente porque nadie nos hablo de ello, ni los medicos, ni tu madre, ni tu prima que ya tiene tres hijos y menos tu suegra, que es la fortaleza personificada.

Asi fue parte de mi post parto. Ojala a alguna le pueda servir mi experiencia para llegar con más preparacion emocional a este momento de sus vidas.

Y ustedes,  ¿me cuentan que tal les fue en el  post parto?

Que tengan un dia a toda madre, Laura

Embarazo y depresión (de cómo no pude ser Charlotte y me convertí en Bridget)

Expectativa de como iba a lucir cuando me embarazara

Expectativa de como iba a lucir cuando me embarazara

Nunca imaginé que durante el embarazo, esa etapa encantadora, yo pudiera haber vivido otro periodo depresivo mayor. Jamás me pasó por la cabeza algo así, y cómo  iba a ser, si estaba rodeada de imágenes idílicas del embarazo, de mujeres radiantes con sus enormes barrigas, esperando felizmente la llegada del bebe. Lo confieso: a mí no me gustó estar embarazada. No dudo que haya muchas mujeres que disfrutaron su embarazo pero no es mi caso y lo peor es que no pude expresarme como yo lo hubiera necesitado porque, recién estrenada en la maternidad, tenía miedo de que me tacharan y me juzgaran como mala mujer y peor madre, incluso me costó trabajo aceptar ante mí misma que no me sentía emocionalmente bien; ni siquiera pude escribirlo en mi diario por miedo a que mi hijo algún día dudara de mi amor. Hoy día, si me llegaran a decir tales calificativos, la verdad, es que se me resbalarían por completo porque sé el vínculo de amor que hay entre Cronopio y yo.

Las imágenes de la maternidad que fui adquiriendo durante toda mi vida poco a poco se fueron derrumbando y pasaron a ser mitos urbanos. Mi idea previa del embarazo poco tenía que ver con la embarazada que realmente fui. De soltera era fan de Sex and the City, nunca me identifiqué plenamente con ninguna  de las protagonistas que, para ser tan modernas, eran bastante recatadas, pues ni un pedo se podían tirar libremente en la cama de sus muchos amantes. Me gustaba la serie por la propuesta estética, hermosos zapatos, vestidos y bolsos en mi ciudad favorita. El caso es que cuando vi a Charlotte York embarazada no pude sustraerme de asumir que así  quería  lucir en el embarazo. Si, no se rian.  Nada más alejado de la realidad.  Además de que nunca se me ocurrió preguntar en donde se visten esas embarazadas que lucen tan bien, porque en el momento en el que compras tu primera prenda pre mama, paralelamente comienza el proceso de tu  despersonalización, pero no tienes más remedio que meterte dentro en esos vestidos bobos, llenos de lazos y flores, que nunca te han gustado, pero que son los únicos donde caben  toda tu humanidad y tu.

Charlotte York, con vestido de Oscar de La Renta. Asi se supone que tenia que verme yo

Charlotte York, con vestido de Oscar de La Renta. Asi se supone que tenia que verme yo

Para mi decepcion supe desde el primer trimestre que mis emociones, en complicidad con las hormonas, no me darían para ser la Charlotte York de mi pueblo, sino  Bridget Jones, y lo supe  desde el momento de hacerme los primeros análisis. En la sala de espera estaba otra embarazada toda guapa, a la moda, totalmente combinada, con su impecable manicura, zapatos, lentes, aretes, sin un cabello fuera de lugar  (vaya, una Charlotte York cualquiera) y yo ahí, chorreando baba, aún en pijama, sin bañar, en chanclas y, lo que es peor, con un desasosiego e incertidumbre de madres y sintiéndome poco menos que mierda. Así fue mi transcurrir los dos siguientes trimestres. Apenas me dió la vida para lucir como la Bridget Jones del barrio.

Y esta es la realidad de como lucí embarazada, asi de guapa y elegante

Y esta es la realidad de como lucí embarazada, asi de guapa y elegante

Mi aspecto fisico era sólo la muestra mas evidente de que no me sentía bien, ni plena ni nada y no podía ser de otra forma si con suerte dormía un par de horas; me fue casi imposible conciliar el sueño durante los dos primeros trimestres del embarazo. No sabía que estaba pasando conmigo, empezaba a suponer que el embarazo era así, jodido, y sólo  me aferraba a un anuncio de la televisión, “ser tu madre es lo mejor que me ha pasado, a pesar de los dudas y miedos que tuve al principio”, decía una mujer en voz en off, mientras  madre e hijo irradiaban felicidad bebiendo leche Nido. Sólo pude suponer que la mujer del anuncio algún día se sintió como yo.

Cuando no pillaba el anuncio, pasaba horas viendo en Facebook las fotos de mis amigos con sus hijos. Me hicieron sentir que en unos años yo también estaría posando feliz con mi niño, en el estadio de los Yanquis, como Enrique y Eric, y que si tenía una niña, podríamos jugar a vestirnos totalmente vintage, como Isbel y Enya.

Y es que la depresión que anteriormente padecí no me dió tregua en el embarazo pero eso lo supe hasta que me atendí por depresión post parto y pude entender muchas de las cosas que sentí esos nueve meses. Durante esta etapa jamás me pasó por la cabeza que pudiera estar deprimida y todo ese sube y baja emocional por el que pasé, pensaba que se trataba en realidad de consecuencias de todos los cambios que estaba experimentando.  Y ustedes diran que tambien pasaron por un desorden emocional y no tuvieron depresion. La diferencia es que yo me quedé inmovil, muerta de miedo, bajo las sabanas, viendo en Youtube tutoriales sobre los cuidados del bebé, saliendo a revisiones, analisis, citas con el medico, a comer  y poco mas.

(Tambien lloraba por todo y por nada. Y por  llorar, lloré por Edward Snowden y por su madre, al imaginar el recorrido que tendría que hacer hasta Rusia si queria llegar sin que lo atraparan. Y ya casi era yo la madre de Snowden, corriendo peligros junto a mi hijo y creyendo que el no era un delicuente, sino un heroe. Vaya, que me armaba unas telenovelas intensas, explosivas y donde la hormona era la guionista estrella).

Así que sólo  pude concentrar mis fuerzas, físicas y emocionales, en comer adecuadamente, en hacerme todas las revisiones, análisis y chequeos médicos. Mi cuerpo respondió de maravilla. Fisicamente tuve un embarazo genial; el reto mas grande fue emocional, y es que practicamente cualquier cosa me hacia sentir vulnerable y débil, incluso me angustiaba mucho que  mis brazos no fueran lo suficientemente fuertes para abrazar y sostener a mi hijo. Me pasaba la noche haciendo historias, como la de la madre de Snowden, y  pasaba la mañana tratando de encontrar en qué punto de mi extensa angustia me había perdido y a veces sentia que ir a vestime y arreglarme me quedaba lejos, a siete estaciones del metro, y me cansaba sólo de pensarlo y regresaba a la cama a volver a pensar en… ¡las siete plagas del Apocalipsis!

Y con tanta plaga acechando encima de mi cabeza, no pude planear a detalle la llegada de Cronopio como me hubiera gustado; ir de compras y perderme entre los 200 modelos de biberones era un asunto que me ponía muy mal, como si las tiendas de bebés gritaran mi incapacidad para ser madre, para saber elegir la mejor ropa para mi hijo. Si no podía siquiera decidir entre la extensa variedad de biberones, ¿cómo podría tomar decisiones trascendentales en la vida de mi hijo? Y ahora que voy de compras y veo esas vitrinas con habitaciones de bebe hermosas, pienso  en las habitaciones de bebé que tanto quise, que tanto repasé en mi cabeza antes del embarazo, o en las habitaciones que yo ayude a arreglar, con la ilusión de que así recibiría a mi hijo. Y no pudo ser así. Compramos lo necesario y mantas, muchas mantas; sentía el enorme impulso de abrigar a mi hijo, de que no pasara frio. Y el Churri, por su parte, se fue a la madereria y le hizo  una linda cuna blanca a Cronopio.

Así nos estrenamos el Churri y yo en la maternidad, dándonos de bruces y desechando todas esas imagenes, casi poeticas, de la maternidad perfecta. Que pena con mi Churri, que imaginaba que el embarazo era una etapa de plenitud en pareja, lo siento mucho, cariño, que no pude hacer unos nueve meses por lo menos divertidos.

Y, sin embargo, en medio de tanta confusión y llantos, para nosotros fue un etapa de mucho crecimiento como pareja, de estar compenetrados al máximo, haciendo un lazo entre los dos, enorme, profundo, bello. Asi construímos el Churri y yo nuestro nido, aquel donde habría de llegar nuestro hijo.  Ese fue el mejor recibimiento que le pudimos dar a nuestro hijo, más perdurable, las valioso, más bello que cualquier habitación copiada del Pinterest.

Y ustedes, como se imaginaron su embarazo? Cumplieron sus expectativas? Vamos, atrévanse a comentar!

Que tengan un día a toda madre, Laura

Tengo 40 años y ¡estoy embarazada!

Esto de embarazarse a los cuarenta años pareciera que le da derecho a todo el mundo de preguntarte porque esperaste tanto ¿tanto? Tuve la fortuna de atender mi embarazo en la sanidad privada y en la pública. En esta última se hace un recorrido por los diferentes especialistas (dentista, ginecólogo, laboratorio, escuela pre – natal, apoyo a la lactancia, etc.) Llegas con la secretaria, le entregas tu carnet donde dice que estas embarazada y ¡tienes cuarenta años! e inmediatamente viene la pregunta ¿porqué esperaste tanto tiempo para embarazarte? Jamás supe qué decir ante tanta intromisión.

Pero… ¿por qué me embaracé a los cuarenta? Vamos a ver, ¿porqué me salté olímpicamente la edad recomendable para ser madre, entre los 25 y los 35 años, aproximadamente? ¿En dónde carájos estaba yo metida todos esos años para que haya dejado pasar la plenitud de mi fertilidad?

Estaba redescubriendo el mundo. Y descubriéndome a mi misma (si, a esa edad). Enfrenté mi primer periodo depresivo mayor (y por ser el primero el mas duro), pero también me levanté y pude terminar de estudiar y volver a la universidad por muchos años más. Estuve mucho tiempo entregándome a mis pasiones académicas, le di voz a los sin voz, me cumplí muchos caprichos y, sobre todo, realicé mi máximo sueño, viajar, y viaje mucho.

Y también conocí muchos chicos. A ninguno amé, pero todos me daban una ilusión pasajera. Nunca me imaginé tener un hijo con cualquiera de aquellos chicos, bueno, es que sólo de imaginarlo me da escalofríos. A esa edad era sumamente inestable y no tenia mi propio sostén emocional, mucho menos para dárselo a un hijo. Cómo iba yo a ser madre a esa edad, si mi mayor preocupación era que me saliera la cuenta de las calorías que ingería día a día.

Cuando tenía 30 años en ningún momento me detuve a pensar que mis óvulos se estaban poniendo viejos. No se trataba de tener un hijo con el que estuviera a la mano aprovechando la lozanía de mis óvulos. Me dedique a vivir y, a veces, a sobrevivir, sin preocuparme por la salud de estos. No era cosa de que cada que cumplía años, con las velitas del pastel acudía al entierro de mis mejores óvulos. “Adiosss, chicos, lamento que por estar pensando en la nada y sus alrededores, yo no los haya aprovechado, adiosss.” Esto lo digo por un ginecólogo que conocí un par de años antes de embarazarme. Intentaba crear en mí culpa por haberme dedicado a otros menesteres, sin pensar en la maternidad, como si en algún momento de mi juventud hubiera dicho “que se jodan los óvulos, o que esperen, que yo ahora quiero divertirme”.

El Churri llegó a mi vida a los 37 años, para mí fue en el momento exacto. Nunca antes conocí a un hombre con el que siquiera pudiera imaginar tener un hijo, con el que yo me sintiera en un espacio de amor y seguridad plenos, un espacio emocional que me permitiera sentir que había futuro para ambos y para recibir y cobijar a otra personita.

De niña decía que me iba a casar a los 24 años y que nunca iba a tener hijos. Si en ese momento alguien me hubiera dicho que me iba a casar a los 39 y después tener un hijo, hubiera pensado que iba a ser una anciana madre de un bebe y no ha sido así. En realidad estoy muy feliz de estrenarme en la maternidad a esta edad porque estoy teniendo la oportunidad de reinventarme y de hacerle otras apuestas a mi vida. Y aunque suene difícil de creer, estoy mas sana ahora, física y emocionalmente, que hace mas de diez años, pues a esta edad he comenzado a gozar mas de la vida sin los lastres con los que anteriormente cargué.

Y ustedes, planearon la edad en la que habrían de embarazarse o adoptar una criatura?

Que tengan un día a toda madre, Laura

Plantar un arbol, tener un hijo y… ¡abrirse un blog!

No sé cuanto tiempo ha pasado desde que decidí abrirme un blog. Seguramente más de un año. Cuando estaba embarazada intenté escribir el blog “Esperando a Cronopio” y narrar cada una de las sorpresas, buenas y malas, que me llevé descubriendo (o redescubriendo) la maternidad. El cansancio, el agobio y, ciertamente, la tristeza, no me permitieron hacerlo. Escribí poco sobre aquellos días; poco menos de nueve meses se llenaron de silencios que fueron los que finalmente hablaron por mi.

Después vino la depresión post parto y me quedé medio perdida, a lado de todos mis miedos, con un bebé en brazos y un marido que, con pena y mucha paciencia, me veía llorar. Se trataba de locura, tristeza, depresión, puerperio o ¿qué carájos me estaba pasando? ¿Como pasé del baby blue a la depresión post parto?

Esta historia empieza cuando decido tomar antidepresivos. No fue fácil; no se trataba de tomar la pastilla de la felicidad y hala, a disfrutar. Ha sido necesaria mucha terapia, mucha reflexión e introspección para salir airosa. La escritura, ciertamente, ha sido un gran apoyo en este proceso, por ello, es que quiero hacerles participe de estas vivencias.

Quiero compartirles lo que ha significado ser  madre a los cuarenta años, las implicaciones fiscas, emocionales y sociales; cómo me he hecho madre en medio de la depresión y cómo he aprendido a disfrutar, riéndome de ello y de mí misma.

En este espacio reivindico mi derecho a sentirme como me de la gana o, incluso, a estar deprimida; parece que a las madres nos están vedadas estas emociones, que tenemos que vivir en un permanente momento Kodak. Pues sepan que para mí, al menos, no es así. La depresión no se me quitó solo por ver la carita de mi niño durmiendo, tuve que ir a terapia. Vaya, que la carita de mi niño durmiendo puede ser la felicidad total: es la hora de ver una peli, de hacerse la manicura y, con suerte, dormir hasta chorrear baba.

Después de unos meses de tratamiento antidepresivo mi maternidad ha cambiado totalmente: cada uno de los fantasmas que me acompañaron desde el embarazo se han ido debilitando, aunque algunos de ellos, medio cabrones, se niegan a morir y de vez en cuando me susurran al oído todos mis miedos. Y, con la partida de los miedos, la relación con Cronopio, mi hijo, se ha  vuelto diáfana e intensa porque me he permitido sentir y disfrutar  la felicidad de ser su madre.

Ahora me uno a la comunidad de madres 2.0 porque ellas me han ayudado a crear mi propio modelo de madre; me he sentido identificada y apoyada por madres que, a lo lejos, no quieren dejar de ser ellas mismas, ni quieren competir por ser las mejores madres.  Quiero  compartir mis experiencias y que les sirva a todas aquellas que se sienten tan confundidas como yo, que se niegan a seguir modelos de madre impuestos por la sociedad.

Como académica he tenido la oportunidad de escribir y publicar mucho, cosas que pocos leen porque son para un publico reducido; las plantas me encantan (ya no las mato con excesivos baños de sol, ni las ahogo) y, en una de esas, hasta una planta de mariguana tuve (y Shiva, la gata, se volvió medio adicta, pero ya estuvo en clínica gatuna de rehabilitación). Ya soy madre, que me falta? ¡Un blog!

¡Que tengan un día a toda madre!