Viviendo con el Perro Negro

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Remedios Varo, Mujer saliendo del psicoanalista (1960)

Todos aquellos que hemos conocido al Perro Negro y sabemos lo que significa que éste se haya instalado permanentemente en cada rincon de nuestra vida, celebramos que el Dia Mundial de la Salud 2017 haya sido dedicado a la Depresión.

La depresion no se quita echándole ganas, ni rezando; se supera únicamente con un tratamiento psiquiátrico y psicológico integrales. Ayudemos a superar los estigmas que pesan sobre este tipo de enfermedades. Ir a una consulta psiquiátrica puede parecer una locura, pero no lo es; significa dar el primer gran paso hacia una vida más sana. La depresión incapacita, te quita vida; con medicamentos y terapia yo salí adelante y hoy puedo decir que día a día le voy ganando batallas a este perro negro que es la depresión.

Las invito a ver este video que explica a la perfección lo que significa vivir con depresión.

 

 

Me dedico este post a mí; la depresión me dio la oportunidad de descubrir que lo mas valioso que tengo soy yo y como dije ya en otra ocasión, en una visita al psiquiatra estaba colgada un anuncio de Prozac con una frase de Albert Camus que se volvió mi lema de vida: “en lo más oscuro del bosque aprendí que dentro de mí yace un verano invencible”.

Y ustedes, ¿han vivido con el Perro Negro?

La depresión, querida amiga

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Prozac, mi compañera bicolor, que durante años fue una especie de bastón.

Cuando andaba allá por los veintitantos años enfrenté formalmente mi primer periodo depresivo mayor. Digo formalmente porque aunque anteriormente ya había pasado por periodos sumamente difíciles, nunca tuve la oportunidad de ser atendida sencillamente porque no sabía qué diablos pasaba conmigo. Hasta los veintitantos recibí atención de profesionales, como psiquiatras y psicólogos y, debo decirlo, en un principio me daba mucha vergüenza hablar del tema. Muy poca gente dentro de mi entorno sabía que yo iba a un hospital psiquiátrico pues quería evitar que la gente me imaginara usando una camisa de fuerza. Son tantos los prejuicios que se tienen sobre las enfermedades psiquiátricas que decidí no decir nada.   Hasta que yo normalice mí relación con mi propia enfermedad, me quité de penas y fue así como mis amigos y demás familiares sabían lo que me estaba sucediendo.

Desde entonces, para mí no representa la menor vergüenza hablar de mi etapa psiquiátrica más intensa; de todos esos años de cruzar la ciudad para ser atendida en un hospital psiquiátrico, de tomarme no sé cuántas pastillas al día, de salir a caminar por esta gran ciudad y caminar durante horas del brazo de mi madre, para que yo no cayera, para que yo generará endorfinas y para que me olvidara unos momentos de esto que formalmente se llama “periodo depresivo mayor”.

No es que yo vaya por la vida con un letrero que diga “Cuidado. Estoy altamente medicada y voy al psiquiatra”. Nada de eso. Simplemente que cuando se da la ocasión y si alguien lo pregunta o se dice una barbaridad sobre la depresión, yo hablo de mi experiencia. No me avergüenza en nada. Es una historia de lucha, de tesón y de mucha persistencia.

La depresion, hoy día, es una de las enfermedades que más discapacidad causan y, pese a ello, se le conoce tan poco.

Cuando yo estaba embarazada me abrí blog que se llamaba “Esperando a Cronopio”,  donde intenté escribir toda la confusión de esos meses, pero a mí misma me parecía una locura hacerlo. Por ello es que, ya con más herramientas y más fortalecida, posteriormente decidí abrir este blog, para compartir mi experiencia con la depresión y la maternidad. Es cierto que les debo muchos más post sobre este tema, del que debo seguir ahondando e insistiendo. Seguro que la depresión post parto seguirá haciendo de las suyas;  mi deseo es que cada vez haya más mujeres informadas sobre el tema, para que tengan más armas para enfrentarla y, sobre todo, para que no se sientan aisladas o bichos raros.

Caro López Moya, Mamá Resiliente, me ha entrevistado sobre mi depresión post parto. Les comparto esta entrada con mi testimonio escrito desde mis entrañas. ¡Espero les guste!

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Esta entrevista es una idea que surgió cuando dejaste un comentario en mi entrada sobre “depresión postparto”. ¿Cuándo te diste cuenta de que la habías padecido?

Prácticamente hasta que Cronopio, mi hijo, cumplió nueve meses. Poco antes de cumplir 25 años tuve que ser atendida por un periodo depresivo mayor, que me llevó a estar medicada y atendida por psiquiatras y psicólogos. Fue una etapa bastante dura para mí pero salí adelante, a veces a contracorriente, pero pude cumplir mis sueños, que eran viajar y estudiar (y por estudiar, estudié hasta un Doctorado). Así que cuando tú hablas de resiliencia sé muy bien de qué estás hablando, porque si alguna palabra me define es precisamente la resiliencia. A pesar de conocer tan bien a la depresión y, de cierta forma, hacerla mi amiga y compañera de vida, cuando me embarazacé y parí, no supe identificarla.

El embarazo y el post parto fueron sumamente difíciles y hasta que me detuve un momento a analizar mis miedos, es que tomé la decisión de hacer algo. Me daba miedo ducharme con mi hijo, pensaba que en cualquier momento iba a salir un enorme chorro de agua hirviendo y nos iba a dejar calcinados a ambos. Ir por la calle con él en su sillita era algo que me llegaba a paralizar pues creía que de la nada saldría un auto que pasaría encima de nosotros. Así puedo decirte muchos de los miedos y angustias que tenía; lo que me hizo recapacitar es cuando me di cuenta que yo quería huir del mundo y lo hacía metiéndome horas debajo de las mantas. Y mi hijo empezó a jugar y a gatear debajo de ellas. Me dolió tanto esa imagen de él que en ese momento pensé que tenía que hacer algo y me di cuenta, por fin, que estaba pasando por otro periodo depresivo mayor.

Quieres seguir leyendo? Aquí te dejo la entrevista completa, no te la pierdas!

La felicidad tiene 40 años

Pic by Helena

Pic by Helena

Cumples 39 años y ya no puedes ni festejarlos a gusto porque estas con el temor de que muy prontito estaras viviendo a tope la crisis de los cuarenta años. A mi nadie me contó de la crisis de los veinte o de los treinta años porque se da por sentado que estos son años de plenitud absoluta. En mi caso, llegué a los treinta años viviendo y sobreviviendo a tope a un prolongado periodo depresivo mayor, por lo que decidí que la crisis de los cuarenta no me despeinaria. Y asi ha sido. A pesar de haber pasado por depresion en el embarazo y en el post parto, decidí que la edad jugara a mi favor y ahora puedo decir que soy una feliz mujer viviendo a plenitud mi cuarta decada de vida.

Si hay una palabra que resume estos años es redefinición (total). Sigo siendo la mujer que fui a los 20 o a los 30 pero ahora tengo la experiencia de todos estos años

Provengo de una familia grande e intensa, de esas que se reunen dos veces a la semana para lanzarnos mutuamente a la hoguera. Los años me enseñaron que, por muy familia que sea, no me gustaba convivir con personas toxicas. Hoy dia, después de una exhaustiva tala de mi árbol genealogico, vivo feliz y sin culpas, con la tranquilidad de que nadie me jode, ni yo jodo a nadie; con la dicha de que no me reuno con las hermanas de mi madre para  castigar y despellejar vivo a otro miembro de la familia. Hoy ya no tengo el desgaste tan grande que ocasiona meterse con los demas o con uno mismo. Ya no necesito de la aprobacion de mi familia de origen, a la que por cierto, jamas iba a tener contenta. Fue dificil tomar la decision de sacarlos de mi vida, pero ahora que tengo mi propia familia, pienso que hice lo correcto,pero claro, esto no habría podido hacerlo más joven.

En el área profesional tambien estoy re definiendome. Estudié y trabajé mucho para cumplir mis  metas en aquello que me apasionaba y a lo cual pensaba dedicarme de por vida. Sin embargo, el camino que habia trazado se bifurcó pero supe dejarme llevar hacia nuevas maneras de ser feliz. Y es que uno se aferra a lo que en un momento piensa que es la felicidad. En mis primeros años treinta, mi felicidad consistia en mi carrera profesional y en viajar. Hoy dia, no tengo ganas de subirme a un avión por mas de ocho horas; hay tantas cosas  que quiero hacer que no me dan ganas de un viaje largo ( sólo viajaria a Nueva York que siempre ha tenido un poder revitalizante en mi). Con el apoyo de Mi Churri ha sido posible la re definición profesional que  me está llevando mucho tiempo y mucho trabajo pero estoy feliz de lo que voy consiguiendo.

Me encanta que soy menos influenciable y que no tengo la necesidad apremiante de permanecer a algo. Esto me pasa a menudo con los grupos de mamás de la guardería con las que poco me identifico, pero tampoco hago algún esfuerzo por seguirles y unirme a su club, aunque confieso que me gustaría encontrar más mujeres y madres con las que me pueda sentir a gusto; mientras eso no suceda, no es mi intención mostrarme como lo que no soy para caerles bien a otr@s.

No puedo decir que a esta edad soy más segura de mí misma; me gustaría serlo para apagar la voz en off de mis padres señalando mis defectos y carencias. Y aunque cada vez necesito menos de la aprobación de los demás, me gustaria oir de vez en cuando que soy una madre entregada y cariñosa.

Las pasiones de juventud no creo que hayan desaparecido del todo, sino que se han asentado tranquilamente, no sé si para bien o para mal; ya no quiero ser la que arregla el mundo, la super vengadora contra los malos. Me basta con cuidar el agua, rezar una oración por los desaparecidos y sus familiares e inculcarle a Cronopio valores como la igualdad y la inclusión. He dejado atrás la necesidad de definirme politica e idelógicamente; no soy de izquierdas ni de derechas, sino todo lo contrario (aunque mi suegro, Pablo Iglesias biliver, jure que soy fachita de corazón).

Y con media vida delante, me queda mucho por hacer. Quiero recuperar  a la mujer vanidosa que se perdió con los kilos post parto. Estoy aburrida de verme siempre igual y, de cierta forma, extraño ir de compras o estrenar algo de Banana Republic (mi marca favorita no apta para mujeres con kilos de más). Es imprescindible que haga cambios en mis habitos alimenticios ya que provengo de familia de diabéticos y con lo que me gusta el azucar, prefiero prevenir ahora. Quisiera ser mas paciente con mi entorno, no sólo con las personas con las que convivo; a veces creo que me va a dar un infarto esperando en la fila  del supermercado, asi que a respirar profundo, Dalay. Quiero hacer nuevos y mejores amigos. Muy a menudo vivo en mi mundo y estoy muy cómoda dialogando conmigo misma, pero  siento la necesidad de compartir con amigos nuevos y enriquecernos mutuamente.

Y si, es cierto que ya no quiero comerme el mundo a cachos; ahora sólo quiero un trozo, insistir dia a día con aquello que me apasiona, quitarle horas al sueño para construir ese camino que me lleve a comerme aquel trozo de mundo que me gusta.

Si a los 25 años hubiera venido alguien a describirme a la mujer feliz que soy hoy en dia, no le hubiera creído, no tanto por la felicidad en sí, sino por aquellas cosas que me hacen felíz.

Y a ustedes, les da miedo cumplir cuarenta años? Cómo se sintieron cuando llegaron a esta edad? Cuéntenme!

Que tengan un dia a toda madre, Laura

Embarazo y depresión (de cómo no pude ser Charlotte y me convertí en Bridget)

Expectativa de como iba a lucir cuando me embarazara

Expectativa de como iba a lucir cuando me embarazara

Nunca imaginé que durante el embarazo, esa etapa encantadora, yo pudiera haber vivido otro periodo depresivo mayor. Jamás me pasó por la cabeza algo así, y cómo  iba a ser, si estaba rodeada de imágenes idílicas del embarazo, de mujeres radiantes con sus enormes barrigas, esperando felizmente la llegada del bebe. Lo confieso: a mí no me gustó estar embarazada. No dudo que haya muchas mujeres que disfrutaron su embarazo pero no es mi caso y lo peor es que no pude expresarme como yo lo hubiera necesitado porque, recién estrenada en la maternidad, tenía miedo de que me tacharan y me juzgaran como mala mujer y peor madre, incluso me costó trabajo aceptar ante mí misma que no me sentía emocionalmente bien; ni siquiera pude escribirlo en mi diario por miedo a que mi hijo algún día dudara de mi amor. Hoy día, si me llegaran a decir tales calificativos, la verdad, es que se me resbalarían por completo porque sé el vínculo de amor que hay entre Cronopio y yo.

Las imágenes de la maternidad que fui adquiriendo durante toda mi vida poco a poco se fueron derrumbando y pasaron a ser mitos urbanos. Mi idea previa del embarazo poco tenía que ver con la embarazada que realmente fui. De soltera era fan de Sex and the City, nunca me identifiqué plenamente con ninguna  de las protagonistas que, para ser tan modernas, eran bastante recatadas, pues ni un pedo se podían tirar libremente en la cama de sus muchos amantes. Me gustaba la serie por la propuesta estética, hermosos zapatos, vestidos y bolsos en mi ciudad favorita. El caso es que cuando vi a Charlotte York embarazada no pude sustraerme de asumir que así  quería  lucir en el embarazo. Si, no se rian.  Nada más alejado de la realidad.  Además de que nunca se me ocurrió preguntar en donde se visten esas embarazadas que lucen tan bien, porque en el momento en el que compras tu primera prenda pre mama, paralelamente comienza el proceso de tu  despersonalización, pero no tienes más remedio que meterte dentro en esos vestidos bobos, llenos de lazos y flores, que nunca te han gustado, pero que son los únicos donde caben  toda tu humanidad y tu.

Charlotte York, con vestido de Oscar de La Renta. Asi se supone que tenia que verme yo

Charlotte York, con vestido de Oscar de La Renta. Asi se supone que tenia que verme yo

Para mi decepcion supe desde el primer trimestre que mis emociones, en complicidad con las hormonas, no me darían para ser la Charlotte York de mi pueblo, sino  Bridget Jones, y lo supe  desde el momento de hacerme los primeros análisis. En la sala de espera estaba otra embarazada toda guapa, a la moda, totalmente combinada, con su impecable manicura, zapatos, lentes, aretes, sin un cabello fuera de lugar  (vaya, una Charlotte York cualquiera) y yo ahí, chorreando baba, aún en pijama, sin bañar, en chanclas y, lo que es peor, con un desasosiego e incertidumbre de madres y sintiéndome poco menos que mierda. Así fue mi transcurrir los dos siguientes trimestres. Apenas me dió la vida para lucir como la Bridget Jones del barrio.

Y esta es la realidad de como lucí embarazada, asi de guapa y elegante

Y esta es la realidad de como lucí embarazada, asi de guapa y elegante

Mi aspecto fisico era sólo la muestra mas evidente de que no me sentía bien, ni plena ni nada y no podía ser de otra forma si con suerte dormía un par de horas; me fue casi imposible conciliar el sueño durante los dos primeros trimestres del embarazo. No sabía que estaba pasando conmigo, empezaba a suponer que el embarazo era así, jodido, y sólo  me aferraba a un anuncio de la televisión, “ser tu madre es lo mejor que me ha pasado, a pesar de los dudas y miedos que tuve al principio”, decía una mujer en voz en off, mientras  madre e hijo irradiaban felicidad bebiendo leche Nido. Sólo pude suponer que la mujer del anuncio algún día se sintió como yo.

Cuando no pillaba el anuncio, pasaba horas viendo en Facebook las fotos de mis amigos con sus hijos. Me hicieron sentir que en unos años yo también estaría posando feliz con mi niño, en el estadio de los Yanquis, como Enrique y Eric, y que si tenía una niña, podríamos jugar a vestirnos totalmente vintage, como Isbel y Enya.

Y es que la depresión que anteriormente padecí no me dió tregua en el embarazo pero eso lo supe hasta que me atendí por depresión post parto y pude entender muchas de las cosas que sentí esos nueve meses. Durante esta etapa jamás me pasó por la cabeza que pudiera estar deprimida y todo ese sube y baja emocional por el que pasé, pensaba que se trataba en realidad de consecuencias de todos los cambios que estaba experimentando.  Y ustedes diran que tambien pasaron por un desorden emocional y no tuvieron depresion. La diferencia es que yo me quedé inmovil, muerta de miedo, bajo las sabanas, viendo en Youtube tutoriales sobre los cuidados del bebé, saliendo a revisiones, analisis, citas con el medico, a comer  y poco mas.

(Tambien lloraba por todo y por nada. Y por  llorar, lloré por Edward Snowden y por su madre, al imaginar el recorrido que tendría que hacer hasta Rusia si queria llegar sin que lo atraparan. Y ya casi era yo la madre de Snowden, corriendo peligros junto a mi hijo y creyendo que el no era un delicuente, sino un heroe. Vaya, que me armaba unas telenovelas intensas, explosivas y donde la hormona era la guionista estrella).

Así que sólo  pude concentrar mis fuerzas, físicas y emocionales, en comer adecuadamente, en hacerme todas las revisiones, análisis y chequeos médicos. Mi cuerpo respondió de maravilla. Fisicamente tuve un embarazo genial; el reto mas grande fue emocional, y es que practicamente cualquier cosa me hacia sentir vulnerable y débil, incluso me angustiaba mucho que  mis brazos no fueran lo suficientemente fuertes para abrazar y sostener a mi hijo. Me pasaba la noche haciendo historias, como la de la madre de Snowden, y  pasaba la mañana tratando de encontrar en qué punto de mi extensa angustia me había perdido y a veces sentia que ir a vestime y arreglarme me quedaba lejos, a siete estaciones del metro, y me cansaba sólo de pensarlo y regresaba a la cama a volver a pensar en… ¡las siete plagas del Apocalipsis!

Y con tanta plaga acechando encima de mi cabeza, no pude planear a detalle la llegada de Cronopio como me hubiera gustado; ir de compras y perderme entre los 200 modelos de biberones era un asunto que me ponía muy mal, como si las tiendas de bebés gritaran mi incapacidad para ser madre, para saber elegir la mejor ropa para mi hijo. Si no podía siquiera decidir entre la extensa variedad de biberones, ¿cómo podría tomar decisiones trascendentales en la vida de mi hijo? Y ahora que voy de compras y veo esas vitrinas con habitaciones de bebe hermosas, pienso  en las habitaciones de bebé que tanto quise, que tanto repasé en mi cabeza antes del embarazo, o en las habitaciones que yo ayude a arreglar, con la ilusión de que así recibiría a mi hijo. Y no pudo ser así. Compramos lo necesario y mantas, muchas mantas; sentía el enorme impulso de abrigar a mi hijo, de que no pasara frio. Y el Churri, por su parte, se fue a la madereria y le hizo  una linda cuna blanca a Cronopio.

Así nos estrenamos el Churri y yo en la maternidad, dándonos de bruces y desechando todas esas imagenes, casi poeticas, de la maternidad perfecta. Que pena con mi Churri, que imaginaba que el embarazo era una etapa de plenitud en pareja, lo siento mucho, cariño, que no pude hacer unos nueve meses por lo menos divertidos.

Y, sin embargo, en medio de tanta confusión y llantos, para nosotros fue un etapa de mucho crecimiento como pareja, de estar compenetrados al máximo, haciendo un lazo entre los dos, enorme, profundo, bello. Asi construímos el Churri y yo nuestro nido, aquel donde habría de llegar nuestro hijo.  Ese fue el mejor recibimiento que le pudimos dar a nuestro hijo, más perdurable, las valioso, más bello que cualquier habitación copiada del Pinterest.

Y ustedes, como se imaginaron su embarazo? Cumplieron sus expectativas? Vamos, atrévanse a comentar!

Que tengan un día a toda madre, Laura

Plantar un arbol, tener un hijo y… ¡abrirse un blog!

No sé cuanto tiempo ha pasado desde que decidí abrirme un blog. Seguramente más de un año. Cuando estaba embarazada intenté escribir el blog “Esperando a Cronopio” y narrar cada una de las sorpresas, buenas y malas, que me llevé descubriendo (o redescubriendo) la maternidad. El cansancio, el agobio y, ciertamente, la tristeza, no me permitieron hacerlo. Escribí poco sobre aquellos días; poco menos de nueve meses se llenaron de silencios que fueron los que finalmente hablaron por mi.

Después vino la depresión post parto y me quedé medio perdida, a lado de todos mis miedos, con un bebé en brazos y un marido que, con pena y mucha paciencia, me veía llorar. Se trataba de locura, tristeza, depresión, puerperio o ¿qué carájos me estaba pasando? ¿Como pasé del baby blue a la depresión post parto?

Esta historia empieza cuando decido tomar antidepresivos. No fue fácil; no se trataba de tomar la pastilla de la felicidad y hala, a disfrutar. Ha sido necesaria mucha terapia, mucha reflexión e introspección para salir airosa. La escritura, ciertamente, ha sido un gran apoyo en este proceso, por ello, es que quiero hacerles participe de estas vivencias.

Quiero compartirles lo que ha significado ser  madre a los cuarenta años, las implicaciones fiscas, emocionales y sociales; cómo me he hecho madre en medio de la depresión y cómo he aprendido a disfrutar, riéndome de ello y de mí misma.

En este espacio reivindico mi derecho a sentirme como me de la gana o, incluso, a estar deprimida; parece que a las madres nos están vedadas estas emociones, que tenemos que vivir en un permanente momento Kodak. Pues sepan que para mí, al menos, no es así. La depresión no se me quitó solo por ver la carita de mi niño durmiendo, tuve que ir a terapia. Vaya, que la carita de mi niño durmiendo puede ser la felicidad total: es la hora de ver una peli, de hacerse la manicura y, con suerte, dormir hasta chorrear baba.

Después de unos meses de tratamiento antidepresivo mi maternidad ha cambiado totalmente: cada uno de los fantasmas que me acompañaron desde el embarazo se han ido debilitando, aunque algunos de ellos, medio cabrones, se niegan a morir y de vez en cuando me susurran al oído todos mis miedos. Y, con la partida de los miedos, la relación con Cronopio, mi hijo, se ha  vuelto diáfana e intensa porque me he permitido sentir y disfrutar  la felicidad de ser su madre.

Ahora me uno a la comunidad de madres 2.0 porque ellas me han ayudado a crear mi propio modelo de madre; me he sentido identificada y apoyada por madres que, a lo lejos, no quieren dejar de ser ellas mismas, ni quieren competir por ser las mejores madres.  Quiero  compartir mis experiencias y que les sirva a todas aquellas que se sienten tan confundidas como yo, que se niegan a seguir modelos de madre impuestos por la sociedad.

Como académica he tenido la oportunidad de escribir y publicar mucho, cosas que pocos leen porque son para un publico reducido; las plantas me encantan (ya no las mato con excesivos baños de sol, ni las ahogo) y, en una de esas, hasta una planta de mariguana tuve (y Shiva, la gata, se volvió medio adicta, pero ya estuvo en clínica gatuna de rehabilitación). Ya soy madre, que me falta? ¡Un blog!

¡Que tengan un día a toda madre!