Viviendo con el Perro Negro

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Remedios Varo, Mujer saliendo del psicoanalista (1960)

Todos aquellos que hemos conocido al Perro Negro y sabemos lo que significa que éste se haya instalado permanentemente en cada rincon de nuestra vida, celebramos que el Dia Mundial de la Salud 2017 haya sido dedicado a la Depresión.

La depresion no se quita echándole ganas, ni rezando; se supera únicamente con un tratamiento psiquiátrico y psicológico integrales. Ayudemos a superar los estigmas que pesan sobre este tipo de enfermedades. Ir a una consulta psiquiátrica puede parecer una locura, pero no lo es; significa dar el primer gran paso hacia una vida más sana. La depresión incapacita, te quita vida; con medicamentos y terapia yo salí adelante y hoy puedo decir que día a día le voy ganando batallas a este perro negro que es la depresión.

Las invito a ver este video que explica a la perfección lo que significa vivir con depresión.

 

 

Me dedico este post a mí; la depresión me dio la oportunidad de descubrir que lo mas valioso que tengo soy yo y como dije ya en otra ocasión, en una visita al psiquiatra estaba colgada un anuncio de Prozac con una frase de Albert Camus que se volvió mi lema de vida: “en lo más oscuro del bosque aprendí que dentro de mí yace un verano invencible”.

Y ustedes, ¿han vivido con el Perro Negro?

Kate, una madre como tu

 

Hace tiempo, cuando aún no teníamos Netflix en esta casa, y estábamos un poco abrumados con el cambio de ciudad, Mi Churri y yo nos decidimos a contratar un sistema de televisión por cable por vez primera en nuestra vida juntos. Teníamos más de 300 canales para ver todo tipo de mierda pero de entre toda la amplia programación, yo seguía con atención un canal dirigido a mujeres. Había  un programa hecho en Reino Unido sobre las dificultades que enfrentaban diversas mujeres embarazadas,la mayoría de ellas muy jóvenes; las historias se centraban en sus llevaban muy mal el embarazo por sus malos hábitos con el cigarro, el alcohol y la comida chatarra y mediante  un seguimiento profesional las chicas iban tomando conciencia de la importancia de cambiar drásticamente sus hábitos . Solo hubo un par de casos de madres con más edad que dedicaban demasiadas horas al trabajo y  cuyo ritmo de vida estaba afectando su embarazo.

Me gustaba este programa porque ofrecía una imagen más de como puede ser de difícil la vida de una embarazada; si bien nunca me identifiqué con ninguna de ellas en lo específico, el programa me parecía un acierto por la posibilidad de servir  para otras madres en situaciones similares, además, como ya he dicho muchas veces aquí, aborresco las imágenes del embarazo idealizado y llevado a niveles  prácticamente inexistentes.

Cuando me preguntan para cuando el siguiente bebe solo puedo pensar en que no quiero volver a pasar por las dificultades que tuve en mi embarazo de Cronopio. Físicamente mi cuerpo respondió de maravilla a pesar de la edad y de los malos augurios de algunos médicos. En algún momento después de esas 38 semanas pude comprender que a las mujeres nos preparan físicamente para ser madres, pero nunca a nivel emocional, a pesar de que convertirte en madre es las experiencia física y emocional más grade que puedas tener en tu vida. Solo hasta que tienes a tu criatura en brazos es que te das cuenta de que emocionalmente estamos prácticamente desnudas y que, a fuerza de coraje, te tienes que reinventar como mujer, en el mejor de los casos. En mi caso, necesité apoyo psicológico y psiquiátrico pero eso vino poco antes de que Cronopio cumpliera el año, cuando yo estaba en plena depresión post parto, ya que  nunca pude imaginarme que mi embarazo lo viví con depresión.

No pude darme cuenta de ello porque, como todas, viví rodeada de imágenes de mujeres con embarazos idílicos y en lugar de cuestionar esas imágenes, asumí que yo era una especie de bicho raro con unas hormonas súper locas y como socialmente me sentía incapaz de cumplir con el estereotipo de mujer embarazada, mejor me aislé. No quería hablar con nadie porque no me sentía con la fuerza emocional  para decirles que me sentía muy jodida, muy desorientada y sin ganas de prácticamente nada; que no me hacía ilusión preparar la llegada de mi hijo comprando cuanta bobería hay en el mercado. (Y si a esto agregas que cuando estás embarazada la gente se creee con el divino derecho de preguntarte lo que les viene en gana…. se me quitaban las fuerzas por completo).

Recientemente se celebró en Reino Unido el día de la madre y aproposito de esto la princesa Kate Middelton habló sobre lo maravilloso y satisfactorio que es ser madre, sin dejar de mencionar el enorme desafío que representa. En este discurso Kate ha hecho una enorme diferencia al hablar sobre el cambio de identidad que representa ser madre, sobre el stress, sobre lo insegura e ignorante que te puedes sentir al tener en brazos a tu hijo y todo dentro de una mezcla de sentimientos de alegría, agotamiento, amor y preocupación.

“Es imposible estar verdaderamente preparada para la abrumadora experiencia que supone ser madre…tenemos la presión de ser la madre perfecta y fingimos que podemos con todo y disfrutamos cada minuto. Está bien hablar de lo maravilloso pero también hablar del stress y del esfuerzo”

“No pasa nada por concebir a la maternidad como algo difícil y pedir ayuda no debe entenderse como señor de debilidad”

Las palabras de Kate tuvieron como contexto el apoyo que ella brinda a la asociación benéfica Best Beginnings, la cual ha lanzado  Out of the Blue, una serie de cortos y documentales sobre la salud mental de las madres desde el embarazo hasta el post parto, brindando herramientas para que las mujeres sepan que es lo “normal” sentir, cuáles son los signos de depresión y como son los lazos que se establecen con el bebe. Out of the blue  cuenta con cortos en donde los padres ya en recuperación cuentan su experiencia con su salud mental y su paternidad.

Aprecio mucho que Kate, la madre que es a nivel público, sea una madre imperfecta como todas nosotras; que haya exhibido públicamente su divina barriga post parto y que, quizá fuera de todo protocolo, haya mostrado su mejor cara de encabronamiento ante uno de sus hijos. Y creo que aquí es precisamente donde radica nuestra gran diferencia con Kate-madre: nosotras nos empeñamos en mostrarnos como las madres perfectas,sin agobios; parece que públicamente nos importa mucho la imagen que proyectamos como madres. Parece  que tenemos terror a ser juzgadas por otras madres, a no dar el ancho,a mostrarnos cómo seres vulnerables y todo con el afán de cumplir con un modelo de maternidad que nos han vendido desde que éramos pequeñas.

No dudo ni un tantito que  Kate tenga  una corte de personas solucionándole la vida; que ella no tenga que salir a toda prisa para ir a recoger a los niños al colé; seguramente ella   no tiene que estirar el presupuesto mensual  ni tiene una aplicación en el móvil que le indica dónde hay ofertas de pañales. Nunca sabremos como es esta madre a nivel privado. No dudo ni un momento que seguramente tuvo sus malos momentos y que su maternidad sea difícil, en tanto ella no es la única que educa a sus hijos.

Por ello me encanta Kate, porque a pesar de ser una madre singular ha buscado vincularse y crear empatía con las madres en general y darle visibilidad a un tema prácticamente inexistente: la salud mental de las madres.

Y a ti, ¿que te parece que gente famosa de visibilidad a este tipo de problemáticas?

 

 

 

 

 

La depresión, querida amiga

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Prozac, mi compañera bicolor, que durante años fue una especie de bastón.

Cuando andaba allá por los veintitantos años enfrenté formalmente mi primer periodo depresivo mayor. Digo formalmente porque aunque anteriormente ya había pasado por periodos sumamente difíciles, nunca tuve la oportunidad de ser atendida sencillamente porque no sabía qué diablos pasaba conmigo. Hasta los veintitantos recibí atención de profesionales, como psiquiatras y psicólogos y, debo decirlo, en un principio me daba mucha vergüenza hablar del tema. Muy poca gente dentro de mi entorno sabía que yo iba a un hospital psiquiátrico pues quería evitar que la gente me imaginara usando una camisa de fuerza. Son tantos los prejuicios que se tienen sobre las enfermedades psiquiátricas que decidí no decir nada.   Hasta que yo normalice mí relación con mi propia enfermedad, me quité de penas y fue así como mis amigos y demás familiares sabían lo que me estaba sucediendo.

Desde entonces, para mí no representa la menor vergüenza hablar de mi etapa psiquiátrica más intensa; de todos esos años de cruzar la ciudad para ser atendida en un hospital psiquiátrico, de tomarme no sé cuántas pastillas al día, de salir a caminar por esta gran ciudad y caminar durante horas del brazo de mi madre, para que yo no cayera, para que yo generará endorfinas y para que me olvidara unos momentos de esto que formalmente se llama “periodo depresivo mayor”.

No es que yo vaya por la vida con un letrero que diga “Cuidado. Estoy altamente medicada y voy al psiquiatra”. Nada de eso. Simplemente que cuando se da la ocasión y si alguien lo pregunta o se dice una barbaridad sobre la depresión, yo hablo de mi experiencia. No me avergüenza en nada. Es una historia de lucha, de tesón y de mucha persistencia.

La depresion, hoy día, es una de las enfermedades que más discapacidad causan y, pese a ello, se le conoce tan poco.

Cuando yo estaba embarazada me abrí blog que se llamaba “Esperando a Cronopio”,  donde intenté escribir toda la confusión de esos meses, pero a mí misma me parecía una locura hacerlo. Por ello es que, ya con más herramientas y más fortalecida, posteriormente decidí abrir este blog, para compartir mi experiencia con la depresión y la maternidad. Es cierto que les debo muchos más post sobre este tema, del que debo seguir ahondando e insistiendo. Seguro que la depresión post parto seguirá haciendo de las suyas;  mi deseo es que cada vez haya más mujeres informadas sobre el tema, para que tengan más armas para enfrentarla y, sobre todo, para que no se sientan aisladas o bichos raros.

Caro López Moya, Mamá Resiliente, me ha entrevistado sobre mi depresión post parto. Les comparto esta entrada con mi testimonio escrito desde mis entrañas. ¡Espero les guste!

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Esta entrevista es una idea que surgió cuando dejaste un comentario en mi entrada sobre “depresión postparto”. ¿Cuándo te diste cuenta de que la habías padecido?

Prácticamente hasta que Cronopio, mi hijo, cumplió nueve meses. Poco antes de cumplir 25 años tuve que ser atendida por un periodo depresivo mayor, que me llevó a estar medicada y atendida por psiquiatras y psicólogos. Fue una etapa bastante dura para mí pero salí adelante, a veces a contracorriente, pero pude cumplir mis sueños, que eran viajar y estudiar (y por estudiar, estudié hasta un Doctorado). Así que cuando tú hablas de resiliencia sé muy bien de qué estás hablando, porque si alguna palabra me define es precisamente la resiliencia. A pesar de conocer tan bien a la depresión y, de cierta forma, hacerla mi amiga y compañera de vida, cuando me embarazacé y parí, no supe identificarla.

El embarazo y el post parto fueron sumamente difíciles y hasta que me detuve un momento a analizar mis miedos, es que tomé la decisión de hacer algo. Me daba miedo ducharme con mi hijo, pensaba que en cualquier momento iba a salir un enorme chorro de agua hirviendo y nos iba a dejar calcinados a ambos. Ir por la calle con él en su sillita era algo que me llegaba a paralizar pues creía que de la nada saldría un auto que pasaría encima de nosotros. Así puedo decirte muchos de los miedos y angustias que tenía; lo que me hizo recapacitar es cuando me di cuenta que yo quería huir del mundo y lo hacía metiéndome horas debajo de las mantas. Y mi hijo empezó a jugar y a gatear debajo de ellas. Me dolió tanto esa imagen de él que en ese momento pensé que tenía que hacer algo y me di cuenta, por fin, que estaba pasando por otro periodo depresivo mayor.

Quieres seguir leyendo? Aquí te dejo la entrevista completa, no te la pierdas!

¿Cuánto dura la gordura del post parto?

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Si, estoy gorda. Cronopio ya camina, ya habla, ya todo y yo sigo queriendo pensar que la barriga que cargo es toda post parto, aunque supongo que algún día tendré que buscarme otra excusa, que cualquier día de estos el niño se gradúa de la universidad y yo andaré buscando un vestido donde meter esos kilitos que me dejó el embarazo.

Con esto no quiero decir que antes de quedar embarazada estuviera exquisita, pero me defendia bien de la bascula, incluso en el viaje de bodas use bikini y ropa que me gustaba mucho. En el embarazo no subi ni 10 kg y al parir se supone que perdí alrededor de 7kg.  A pesar de tan buenos números (en los que debí haber confiado un poco mas), me sentí fatal al verme en el espejo: ¿quién era esa gorda que me veía con cara de asombro? Ya no era sólo cuestión de que estuviera gorda, sino que ante mis ojos me veía deforme, no había por donde agarrar un poco de forma, que no fuera la de un balón y,por si fuera poco, la ropa de maternidad que seguí usando, no ayudaba para que me viera nada bien. Vaya, que me sentía un cuadro vivo de Botero.

Yo tenía un hambre voraz provocada no sólo por el desgaste de amantar, sino por la depresión que en ese momento no sabia que tenía. Sostenía en mis brazos  una responsabilidad de 4 kg y trataba de huir del cumplimiento de todas las expectativas sociales de lo que se supone debe ser la maternidad como está mandado; al mismo tiempo, me cuestionaba continuamente si podría llegar a ser una buena madre y, por si fuera esto poco, estaba abrumada por toda la maldita incertidumbre típica de madre primeriza. Vaya, que estaba cagaita de miedo, pero eso tampoco lo sabía, así que me dediqué a comer y a comer. Y como suponía que con la lactancia iba yo a bajar de peso así, sólo por que sí, pues comí aún más.

La angustia se hizo amiga del hambre y de ahí todo fue darle gusto al gusto y comer y comer.  Fue una época en la que el Churri tuvo que viajar mucho, así que yo, a solas con mi apetito, me dediqué a cebarme como un puerco. Comía todas las cosas dulces que encontraba, baguettes enteros con mantequilla y azúcar, caramelos a destajo y, si por alguna razón no podía salir a la calle, !a hornear se ha dicho! Me podía comer media docena de magdalenas en una sola sentada. Si los brócolis tuvieran el poder curativo de los chocolates y los pasteles, se imaginan? El mundo sería perfecto.

 

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A pesar de todo lo que podía comer, me costaba trabajo aceptar que me estaba sobre alimentando y todavía tenía la cara dura para echarle la culpa a la genética. Y me cagaba en la madre de todos mis ancestros, que me heredaron este cuerpito post parto; que iba a ser de mí con esta genética en tiempos de anorexias, que pasaría si un día de estos se acabaran  las tallas extra, pero  que carajos, si vida hay una sola y tallas hay muchas!!

Del enojo pase a la envidia al ver a madres con bebés de pocos meses en brazos, luciendo hueso y ombligo. Que eso no es posible, trataba de auto convencerme, seguro que ese niño  no es suyo, seguro se operó, que no hay cuerpo que reaccione así, por dios. Una de estas madres que lucia bastante bien a los pocos meses de haber parido, me confesó que todas las mañanas de levantaba a las 5:30 am para hacer ejercicio, porque se quedó impresionada al ver su cuerpo después del segundo parto.

Eso me hizo reaccionar. Además, estaba ya cansada de usar la misma ropa estilo “señora gorda que nunca mas se cuidó después de tener hijos” y si quería volver a ser yo misma a la hora de vestir, tenía que bajar de peso (y ya ni les cuento de los daños a la salud ocasionados por el sobre peso).

Asi que aquí estoy, después de tres meses en el gimnasio he perdido unos cuantos kilos y ya casi me siento una gacela. No sólo estoy feliz por haber empezado a recuperar mi cuerpo y ganar salud, sino porque al fin, estoy empezando a pagarle  a mi cuerpo la deuda que contraje con él, por lo bien que respondió durante el embarazo, porque a pesar de mis 40 años, reaccionó de maravilla.

Y a ustedes, qué tal les fue con  los kilos demás y los cuerpecitos post parto?

Que tengan un día a toda madre, Laura

(Aclaración si acaso fuera necesaria: las gordas de las pinturas  ninguna  soy yo, es un aproximado  de como me sentía y son de la autoria del pintor colombiano Fernando Botero)

Plantar un arbol, tener un hijo y… ¡abrirse un blog!

No sé cuanto tiempo ha pasado desde que decidí abrirme un blog. Seguramente más de un año. Cuando estaba embarazada intenté escribir el blog “Esperando a Cronopio” y narrar cada una de las sorpresas, buenas y malas, que me llevé descubriendo (o redescubriendo) la maternidad. El cansancio, el agobio y, ciertamente, la tristeza, no me permitieron hacerlo. Escribí poco sobre aquellos días; poco menos de nueve meses se llenaron de silencios que fueron los que finalmente hablaron por mi.

Después vino la depresión post parto y me quedé medio perdida, a lado de todos mis miedos, con un bebé en brazos y un marido que, con pena y mucha paciencia, me veía llorar. Se trataba de locura, tristeza, depresión, puerperio o ¿qué carájos me estaba pasando? ¿Como pasé del baby blue a la depresión post parto?

Esta historia empieza cuando decido tomar antidepresivos. No fue fácil; no se trataba de tomar la pastilla de la felicidad y hala, a disfrutar. Ha sido necesaria mucha terapia, mucha reflexión e introspección para salir airosa. La escritura, ciertamente, ha sido un gran apoyo en este proceso, por ello, es que quiero hacerles participe de estas vivencias.

Quiero compartirles lo que ha significado ser  madre a los cuarenta años, las implicaciones fiscas, emocionales y sociales; cómo me he hecho madre en medio de la depresión y cómo he aprendido a disfrutar, riéndome de ello y de mí misma.

En este espacio reivindico mi derecho a sentirme como me de la gana o, incluso, a estar deprimida; parece que a las madres nos están vedadas estas emociones, que tenemos que vivir en un permanente momento Kodak. Pues sepan que para mí, al menos, no es así. La depresión no se me quitó solo por ver la carita de mi niño durmiendo, tuve que ir a terapia. Vaya, que la carita de mi niño durmiendo puede ser la felicidad total: es la hora de ver una peli, de hacerse la manicura y, con suerte, dormir hasta chorrear baba.

Después de unos meses de tratamiento antidepresivo mi maternidad ha cambiado totalmente: cada uno de los fantasmas que me acompañaron desde el embarazo se han ido debilitando, aunque algunos de ellos, medio cabrones, se niegan a morir y de vez en cuando me susurran al oído todos mis miedos. Y, con la partida de los miedos, la relación con Cronopio, mi hijo, se ha  vuelto diáfana e intensa porque me he permitido sentir y disfrutar  la felicidad de ser su madre.

Ahora me uno a la comunidad de madres 2.0 porque ellas me han ayudado a crear mi propio modelo de madre; me he sentido identificada y apoyada por madres que, a lo lejos, no quieren dejar de ser ellas mismas, ni quieren competir por ser las mejores madres.  Quiero  compartir mis experiencias y que les sirva a todas aquellas que se sienten tan confundidas como yo, que se niegan a seguir modelos de madre impuestos por la sociedad.

Como académica he tenido la oportunidad de escribir y publicar mucho, cosas que pocos leen porque son para un publico reducido; las plantas me encantan (ya no las mato con excesivos baños de sol, ni las ahogo) y, en una de esas, hasta una planta de mariguana tuve (y Shiva, la gata, se volvió medio adicta, pero ya estuvo en clínica gatuna de rehabilitación). Ya soy madre, que me falta? ¡Un blog!

¡Que tengan un día a toda madre!