Cronopio se hace mayor. Del cabrón sentimiento de ver crecer a un hijo

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Cuando estaba embarazada abrí un blog que se llamaba “Esperando a Cronopio”, que se quedó vació, sin una sola entrada pues la depresión en el embarazo me causó un estado de semi paralisis emocional que, a su vez, hizo que me quedara cagadita de miedo, ocupadísima tratando de callar las 264 voces internas que me hablaban todas al mismo tiempo. Las páginas de mi Moleskine®️ se quedaron en blanco ante la confusión y la angustia que vivieron conmigo durante 38 semanas.

Hoy, ante la proximidad del cumple de Cronopio, a puntito estoy de quedarme muda de nuevo. Esta vez no se trata de un nuevo episodio depresivo; no hay sentimiento mas contradictorio que ver crecer a un hijo, de cuando el orgullo, el amor y la nostalgia se te agolpan en el pecho… y en este estado de semi vulnerabilidad emocional, es muy difícil escribir y limpiarse la lagrimas al mismo tiempo.

A medida que Cronopio crece me he vuelto mas llorona si es que eso puede ser posible. En las ultimas semanas he sentido que mi hijo ha crecido mucho, demasiado para mi gusto. Y por crecer no solo ha crecido en centímetros, sino emocionalmente. Yo, que como madre quiero tener un hijo emocionalmente maduro, esto me causa orgullo, de los grandes, y nostalgia, de las cabronas.

Recientemente Mi Churri y yo tomamos un curso de disciplina positiva. Uno de sus hilos conductores partía de dos preguntas ¿Qué es lo que quiero para mi hijo en un futuro y qué es lo que actualmente hago para lograr ese objetivo? Nosotros queremos un hijo libre e independiente, de ahí que nos hayamos decidido por un colegio con metodología Montessori. Lo cierto es que mucho colegio Montessori y en casa no estábamos siendo congruentes con la metodología, tomando decisiones por nuestro hijo y haciendo cosas que el ya podía realizar por sí mismo. El curso para padres, entre otras cosas, hizo evidente que no conseguiríamos ese hijo libre e independiente si en casa seguíamos decidiendo por él.

Y todo ha sido soltar un poco y que Cronopio se haga mayor. Ahora el decide su ropa y zapatos para el colegio, decide su comida para el lunch el regalo de las fiestas de cumpleaños (le damos una pequeña variedad de regalos y el escoge uno); el se viste solo y recoge los platos de la mesa al terminar de comer. Son pequeñas grandes decisiones y grandes actos que lo han nutrido de mucha seguridad, a tal grado que el mismo ha decidido irse a dormir a su propia habitación, truncando con ello mi historia de colecho. Y sin colechar, me he quedado con el corazón un poco estrujado, como protagonista de telenovela mexicana, llorando por los rincones y con el ojito Remi en modo on permanentemente. Insoportable, vaya. Quien me iba a decir que iba a extrañar sus patadas por la noche, su dormir pegado a mi como lapa, dejándome 10 cm de cama para mi solita. Pues si, lo extraño.

(Lo confieso: parte de mi miedo a que mi hijo seleccionara su propia ropa era que eligiera una combinación imposible de pantalón morado con camisa naranja. Pánico me daba que mi hijo protagonizara un Fashion Emergency y no hubiera 911 capaz de solucionar el conflicto. Y miedo me daba que las demás madres me señalaran, mira a esa, con que pintas de payaso trae al hijo. Lo cierto es que no ha pasado nada de esto. Va súper guapo al colegio e incluso se pone ropa que se negaba usar cuando yo le vestía).

El resultado inmediato de esta naciente independencia es un niño mas seguro de sí mismo, con un nivel de drama un poco mas bajo y una madre que no sabe hacia donde moverse, una madre que tiene que crecer como tal, al ritmo que lo hace su propio hijo.

(Otra confesión: no dejaba que mi niño fuera independiente porque me dolía, me duele aun, perder al bebe que ya no es. Me aterra que salga al mundo. Me aterra el bulling, los abusos, la discriminación. Una cosa está clara: si lo enseño hoy a tomar sus propias decisiones en casa, mañana podrá decidir con quien juntarse, tendrá mas seguridad para ponerme limites y ponérselos a los demás, niños y adultos. Será un niño que podrá decir no. Si hoy yo no le doy la libertad para decidir su propia ropa, mañana se sentirá inseguro sobre el tipo de chicos que quiere como amigos).

Quién aquí no ha sentido ganas inmensas, como yo, de que nuestros poderes mágicos se activen y nos conviertan en drones para cuidar permanentemente a nuestros hijos y al grito de ¡escudo protector, activate! evitarles dolor, decepción, amargura, pero para qué negarlo, el dolor es parte de la vida. Y es que quizá esta necesidad mia de sobre protegerlo venga de la niña que fui. No es que mi madre me haya dejado sola para que yo aprendiera a tomar mis propias decisiones; mi madre simplemente estaba volteando para otro lado, con sus cariños y sus necesidades en otras coordenadas. Pero mi hijo no es la niña que yo fui. Cronopio es Cronopio y a sus pocos, muy pocos años me ha dicho “Mama, confía ti” y, justamente, me ha dejado como cuando era niña, a mitad de la calle y desnuda.

Llevo aproximadamente ocho meses donde todos los días tengo un momento a lagrima viva. Que experiencia tan cabrona es ver crecer a un hijo. Es dolor y emoción profundos (desmayarse, atreverse, estar furioso, áspero, tierno, liberal, esquivo… mortal, vivo… leal.. cobarde y animoso).

Así estuve… furiosa, tierna, liberal, esquiva. El pasado fin de ciclo escolar fue intenso como un poema de Lope de Vega. Cronopio, en ese animo que tiene por crecer, llegó al tope de edad para permanecer en El Cole de Nuestro Corazón. Menuda putada. Me sentía como si me fuera al destierro. Durante el ultimo mes de colegio hice, como el escritor Hector Tizón, la ruta del exilio. Mi caminata al Cole de Nuestro Corazón la hacía tomando fotografiás mentales para que nunca, nunca, se me olvidara lo que es caminar de la mano de mi pequeño. Hice un mapa mental de los arboles, las fuentes, el rio, las escaleras, los bancos del parque, precisamente como cuando te vas para no volver. Y es que a la infancia uno ya no vuelve, como nosotros no volveremos a la infancia de nuestro hijo. Por esta razón es mi muy personal testimonio de las calles que juntos recorrimos en estos años donde tanto amor nos profesamos unos a otros; de estos años graciosos, espontáneos, llenos de paz y de risas, y de tensiones, y de miedos.

Llegar a hacer este mapa mental no fue un proceso fácil, ni siquiera una necesidad que hoy parece evidente. Y es que, absurda que soy, pasó un tiempo para que yo me diera cuenta de la riqueza que vivía a diario caminando de la mano de mi niño. Tuvo que ser La Fabulosa K, la guia Montessori de Cronopio, la que me enseñara a valorar esas pequeñas grandes cosas que le daba a mi hijo. Andar con él, llevarlo al parque, ir a la fuente, admirarnos juntos frente a un hormiguero, abrazar a los arboles… La Fabulosa K me regalo la evidencia de la aventura que Cronopio vivía en el recorrido a pie del colegio a casa. “¿No te das cuenta que a los niños los suben a una camioneta y los enchufan a una pantalla de televisión?” No. No me daba cuenta. Empeñada siempre en ver mis propias carencias, tuvo que ser La Fabulosa K, la que sacara a relucir lo mejor de mí. Por eso y tantas cosas más, fue muy difícil decirle adiós a ella y a ese espacio donde amorosamente iluminaron el comienzo de nuestras vidas. Y todos aquí lloramos a chorros junto con Oliverio Girando, a lagrima viva, llorándolo todo, llorándolo bien.

Dejar el Cole de Nuestro Corazón fue como un golpe a la cara. Significó darme cuenta de lo obvio, de lo evidente: mi hijo se hacía mayor. Por lo tanto, decidí, de la mano de Tizón, que la vida no debe contarse en años, sino en ternuras, pasiones, fervores… contar nuestra vida en relación a nuestros gatos, los parques, los superhéroes, el juguete favorito, los gestos, las palabras recién descubiertas, recién pronunciadas.

Hice mi mapa mental, mi ruta del exilio, de la mano de Héctor Tizón y Fito Páez, enel sotundtrack, pensando en todos aquellos aromas que me quiero llevar… recuerdos que no voy a borrar, secretos en el fondo del mar, silencios que prefiero callar y, especialmente, personas que no quiero olvidar.

Y ustedes, han pensado en hacer un mapa de aquellos lugares donde fueron felices?

Que tengan un día a toda madre, Laura

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3 thoughts on “Cronopio se hace mayor. Del cabrón sentimiento de ver crecer a un hijo

  1. Pingback: ¿ Y dónde está mamá? (Las madres no salimos en las fotos) | La Moleskine ® de Mamá

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