Mis 7 razones para NO ir a terapia psicológica 

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Nacer de nuevo, Remedios Varo, México, 1960

Leyendo a Mamá Rebelde sobre la importancia de que como padres acudamos a terapia, me vino a la cabeza una serie de ideas a modo de secundar su post para, de alguna forma, ayudar a quitar el estigma que puede pesar sobre recurrir al apoyo psicológico y psiquiátrico. Yo misma, lo confieso, caí en terror cuando me dieron un pase directo al hospital psiquiátrico,  pues días antes me burlaba abiertamente de que a Juana La Loca (distinguido personaje de mi árbol genealógico) la hayan mandando al psiquiatra en carácter de ur-gen-te. De eso ya hace muchos años, años que me han enseñado que tener un problema psiquiátrico o psicológico esalgo tan normal como tener tiroides y acudir al especialista.

Desde entonces  no tengo reparo en decir que yo acudo a terapia; cuando mi suegra y yo estábamos en medio de los preparativos para la boda mencioné lo de mi terapia y lo dije como parte de mi cotidianidad. Su reacción fue un poema: “nosotras, mis hermanas y yo, somos mujeres muy fuertes que no necesitamos ir a terapia“; estaba claro: yo era una mujer débil. No le dije nada, que apenas nos estábamos conociendo y ya habría tiempo  para enseñarnos las miserias, pero con saber que ella me consideraba una mujer débil tenía suficiente.

Por desgracia, la idea que tiene mi suegra es más común de lo que creemos. Se puede suponer que la gente que  acudimos a terapia no tenemos la capacidad para resolver nuestros problemas y necesitamos que alguien venga de decirnos qué hacer.  Creo, como mi suegra, que no todos tienen ni pueden ir a terapia; hacer este ejercicio de introspección y auto análisis de forma metódica y periódica requiere tener los cojones para sentarte y, de forma honesta, hablar de todo aquello que prefieres ocultar. Ir a terapia es un acto de amor y honestidad  con uno mismo que requiere mucha fortaleza y, efectivamente, no cualquiera se sienta frente al terapeuta, para qué,  ¿acaso tú , forever alone, no tienes amigas para irte a tomar un café y que sean ellas las que te aconsejen?

A pesar de mis años en terapia, les quiero compartir  mis razones para NO  ir a terapia.

1.Descubres mierda donde antes creías que había buen rollo

Antes de ir a terapia pensaba que tenía la familia más simpática que alguien podría imaginar. Las fiestas familiares eran todo  alegría. Después de varias sesiones hablando de lo bromistas que éramos mis tías, primas y yo misma, me sorpendi muchísimo al descubrir  a una familia que sólo sabe relacionarse a través de un discurso  pasivo~agresivo. Cuando mi psiquiatra mencionó en una sola frase las palabras familia, agresión, violencia verbal, pasivo, agresivo, fue como tener una revelación, como si mi vida entera se hubiera iluminando dándole un giro de 180 grados. Desde entonces aprendí a vivir y a convivir de formas más sanas, pero eso sí,  perdí una familia entera. A ésta no le gustaba que yo ya no les celebrara los chistecitos y, de manera paulatina, dejé de participar en sus rutinas, en sus fiestas y me convertí en objeto de sus burlas, pero para ese entonces yo estaba física y emocionalmente lejos de ellos.

2. Aprendes a poner límites y te vuelves impopular 

Como dije en el punto anterior, me volví la apestada de la familia. Si hay algo que continuamente te molesta de alguien cercano a tí y le pides de mil formas que no lo haga, no esperes que te aplaudan, a menos que el otro tenga suficiente madurez emocional como para aceptar los límites. Poner limites es el principio de amor a uno mismo pero es difícil que uno o los demás los sepamos asimilar. Si no quieres ser tachada de anormal, neurótica, grosera, delicada, ultra borde y apestada, mejor no vayas a terapia porque ahí vas a aprender a poner límites. Poner límites ya sea a una misma o a los demás, debería ser considerado un deporte de alto riesgo o, por lo menos, tener cobertura por parte de los seguros médicos. Prueba ponerle límites a tu madre o a tu suegra y comprobarás que es un proceso mucho más intenso que pasar 100 días en casa del Gran Hermano.

3. Te verás obligada a salir de tu espacio de confort y eso, querida, requiere de un trabajo inmenso

Moverse, cambiar, ¿para qué? O lo que es lo mismo: más vale conocido que bueno por conocer. Para que te arriesgas a cambiar tus patrones de conducta, mejor sigue cultivando los que aprendiste desde pequeña, porque en terapia, invariablemente, los cuestionaras y ya sabes que cuando cuestionas, te metes en más líos. Para qué conocer a un chico lindo y bueno, a saber qué oculte, mejor sigue con ese patrón de pareja que no sabes ni cómo ni cuándo construiste, pero vaya, que es tuyo, es tu patrón y como es algo tuyo, lo defenderás como una leona y te vas por lo seguro, conociendo a los mismos cabrones de siempre con diferente cara y después podrás decir que no tienes suerte, que el cabron de turno es el que te tocó, que te lo asignó el destino.

4. Te quedarás sin excusas

Que si, que del destino nadie escapa, que ya todo está escrito. Si vas a terapia corres el grave riesgo de dejar de culpar al destino, a la vida, a Dios, a tu madre, a tu signo zodiacal, de todo lo que te pasa o no te pasa y empezaras a asumir responsabilidades y eso es muy complicado. Es más fácil ir por la vida haciéndose la boba, la víctima, decir que tú no sabías nada, que actuaste inocentemente; la terapia implica que te hagas cargo de ti y eso, querida, puede ser agotador.

5. Se te activará un mierdometro interno que no dejará espacio al disfrute

Cuando descubres  la mierda de la que has procurado rodearte y te movilizas para no cometer el mismo error, invariablemente se activará  tu mierdometro interno. Si antes veías amor en las escenas de celos incontrolables de tu esposo; si antes creías que esa amiga tuya que se pasaba la vida jodiendote sólo por tu propio bien, después de terapia ya no podrás estar como si nada con aquellas personas con las que aparentemente la pasabas de puta madre. Para eso está el mierdometro; al principio es incontrolable, se pasa todo el día mandandore señales y créeme, no da lugar al disfrute. Con el tiempo, cuando aprendes a diferenciar lo que es amor de la agresión disfrazada, tu mierdometro irá con mas calma, pero que lo sepas… tu mierdometro interno puede hacer tu vida un agobio.

6. No te podrás ocultar ni de ti misma

Va, que por fin te has decidido ir a terapia porque esa relación con tu vecina se está saliendo de control. Llegas a terapia y descubres que no es la vecina el origen del problema, sino algo más profundo; ella es sólo la metáfora  de ese dolor antiguo  que traes cargando muy oculto dentro de ti. Y es que hace mucho años decidiste ocultar ese dolor, encerrarlo en tu alma y perder la llave, y no te das cuenta pero ese dolor, esa cicatriz no cerrada es lo que en verdad te tiene mal y aún así lo niegas, no te atreves a aceptarlo, como  negarias ese flujo verdoso que dejas en las bragas para concentrarte en el catarro que no te da respiro. Y así llegas a terapia,  hablando  del catarro, de esos mocos persistentes y te aferras a ellos, pero el mismo proceso terapéutico te lleva hacia un rincón, sin lugar para huir, e indefectiblemente terminas, pese a tu dolor, hablando  de tus irritantes flujos vaginales, por que sabes que son estos los que te provocan ese dolor que se anida en tu pecho.

7. Ir a terapia no es un vuelo directo a La Felicidad (con mayúsculas)

La terapia por sí sola no trae felicidad; por el contrario, necesitarás ser lo suficientemente honesto contigo mismo como para sentarte a hablar y analizar todos los fantasmas y demonios que viven dentro de ti. La terapia es un camino empedrado que se bifurca. Y habrá ocasiones en que salgas de tu sesión de terapia más jodida de cómo entraste porque tu terapeuta, de la mano de tu pájaro del alma, abrirán esos cajones que creías cerrados para siempre y te harán revivir el recuerdo nefasto de ese tío que todo mundo creía tan simpático, tan buena gente y que tú, solo  tú, que cuando eras niña te quedaste a solas con él,  lo llevas cargando como un lastre muy pesado.

Y pese a ello, a estas siete razones y muchas más, les puedo decir que acudir a terapia ha sido una de las experiencias más enriquecedoras que he vivido porque me ha permitido reinventarme las veces que ha sido necesario. De un año a la fecha acudo a una terapia cognitivo conductual que me ha enseñado, entre otras cosas, a reconocerme ante mi misma; he podido indentificar las rutinas de mis día a día que me acercan a conductas depresivas y  estoy aprendiendo a callar  a esa voz interna que me dice insistentemente que no merezco lo bueno que sucede en mi vida. Como dije, la terapia es un camino que se bifurca y aún me queda mucho por aprender, pero por difícil que sea, el mayor beneficio que ha traído consigo es poder dormir tranquilamente porque no tengo deudas  conmigo misma.

Y ustedes…. se atreven a ir a terapia psicológica?

Que tengan un día a toda madre, Laura

Yo, reinventada

Dripping cake, hecho de bizcocho de mantequilla decorado con buttercream y ganache de chocolate blanco. Detalles de macarrons, chocolates, caramelos, merengues y galletas de mantequilla y royal icing

No sé en que preciso momento amanecí en una sesión de terapia diciéndole a La Terrible Gina, mi terapeuta de entonces, que profesionalmente me sentía harta, fastidiada. Aquella profesión que durante muchos años me hizo sentir dichosa, orgullosa y satisfecha, de pronto me agobió terriblemente y seguir ejerciendo se convirtió en una loza muy pesada que iba cargando y que se tradujo en una migraña de la cual sentía que no podría escapar. Al poco de conocer a Mi Churri aprendí por él que la vida es bella y que mi profesión o aquella islita de mi profesión, estaba llena de fango, de un fango que estaba a punto de revasarme;  pero como dentro de la islita de mi profesión muchas cosas huelen a viejo, a humedad, a mar, a perfume barato y a orines, asumí la peste como parte de la normalidad.

Tomar la decisión de abandonar mi profesión con un currículum muy abultado y habiendo terminado el Doctorado, fue muy complejo. Durante mucho tiempo, mis profesores se aparecían en sueños; ellos, que con paciencia y mucho cariño me formaron, venían a reclamarme mi traición a la causa y, con ello, la traición a mi misma y a mis sueños. Guardar el curriculum que con tanto orgullo, cariño y dedicación fui armando, para empezar de cero uno nuevo, fue un paso difícil que tuve que dar.

Muchas sesiones de terapia después, tomé la decisión y frente a mí sólo vi caras de desilusión al saber mi decisión. Vi sorpresa e incertidumbre en cara de todos ellos, ¿estás segura de lo que estás dejando? parecian preguntarme todos a coro. Si, estaba segura. En esta vida quiero ser feliz, y mi profesiòn, o esa islita de mi profesión, era una maldita circunstancia rodeada de agua, de envidias, de chismes y golpes bajos y de violencia por todas partes y, lo peor es que no me di cuenta de que aprendí a vivir asi, respondiendo a los golpes con mas golpes, sacando lo mejor de mí, y tambien lo peor, porque el que no gritaba, el que no salía con una daga y un escudo bajo el brazo y bajo la lengua, simplemente no comía, no avanzaba, no vivía, es más, no sobrevivía. Y cuando me dì cuenta que habia mejores formas de vivir, de ejercer una profesión, me vino de repente un casancio fulminante, el cansancio acumulado en años y me fui, simplemente me fui.

(Y es que desde afuera de la islita de mi profesión las cosas se veían muy diferentes. Parecía algo muy noble ser parte de la lucha de David contra Goliat, aunque nuestro Goliat, mi Goliat, fuera el símbolo de la justicia y la grandeza humanas. Cuando comencé creí que ayudaría a derribar el muro, a hacer un mundo más justo; con los años empecé a creer que sólo estaba haciendo poroso ese muro aún poniendo en riesgo mi vida. De pronto me di cuenta, después de muchos años, que si quería generar un cambio no podría ser a través de las Humanidades; el tiempo me enseñó que no supe enfocar bien el conflicto general, que no era ni político, ni económico, sino algo frustrado en lo esencial psiquiátrico, parafraseando a uno de los Grandes Maestros. Y si, desde afuera podría parecer algo muy noble pero al interior era la lucha de David contra David).

No sabìa que haría con mi futuro pero, por alguna razon, no me inquietaba. Segura estaba que llegaria algo. Conté con el apoyo de Mi Churri quien, una vez recuperado del shock, me dio su apoyo para que yo encontrara mi camino. Y poco después vino la maternidad y, con ella, la depresión post parto y una serie de mudanzas hasta llegar a esta ciudad.

Durante la depresión post parto me dio por ponerme a hornear. Tenia una enorme necesidad de carbohidratos y azucares y a veces no podia salir a la calle, no sólo porque Cronopio estuviera muy pequeño, sino porque la misma depresión me llenaba de ideas la cabeza y me vi rodeada de miedos que en ocasiones me impedían salir. Fueron semanas, o meses, en las que Mi Churri tuvo que viajar mucho y Cronopio, las gatas, mi depresión y yo, estabamos a nuestras anchas en casa y yo no tenia nadie que pusiera cara de asombro al verme ingerir tales cantidades de pastelitos, tartas y lo que se me pusiera enfrente. Asi que di rienda suelta a mi gula, a mi ansiedad, ¿que no dicen que la lactancia da hambre? Pues a eso me dediqué, a saciar todo lo (in)saciable en mì.

Dripping Cake para una mujer reinventada

De las sencillas madalenas, pase a los cupcakes y de ahi a las tartas y de las tartas al fondant y ya fue cosa de nunca parar. Al mismo tiempo que amamantaba a Cronopio, me hartaba de tutoriales, super emocionada al imaginar que todas las tartas de cumpleaños de Cronopio las haria yo y asi fue como me hice una pastelera aficionada, de esas que reza con devoción para que la tarta no se hunda al centro, para que no este cruda, para que no este seca… y harta estaba yo de que siempre la cagaba en algo y más hartito estaba Mi Churri de que tenía que salir disparado a comprar mantequilla porque tenía yo que repetir la receta … total, que por muchos tutoriales yo no podia obtener resultados plenos. Y asi poco a poco me empecé a formar como pastelera hasta que decidí estudiar pasteleria formalmente, sin imaginar las puertas que estaba a punto de abrir.

Después del Doctorado y con maternidad de por medio, me tocó reinventarme. El proceso de salir adelante después de la depresión mayor me enseñó a reinventarme, a recoger uno a uno los trozos de mi persona, esparcidos por el suelo, para armarme de nuevo cuantas veces ha sido necesario. Después de año y medio de estudiar pastelería me he graduado (de nuevo) y estoy súper agradecida con la vida de poder reinventarme de esta forma.

Reinventarse no es nada fácil. En este caso, me ha conllevado muchísimo trabajo, muchas horas y frustración acumulada, que no ha sido fácil para mí pasar varios días haciendo macarrones y que el resultado sea penoso. Un par de semanas antes de graduarme, tenía que hacer muchos macarrones y me fui a la cama, dos noches seguidas,sintiéndome la peor mierda de este mundo, que no merecía estar entre las graduadas y por la noche me desperté varias veces, pensando en macarrones, y cagandome en la madre del francés que se inventó el mejor método para bajarle la autoestima a cualquier pastelero. Y si , no ha sido facil. Muchas noches en vela con la pasta de goma, con fondant, con Royal icing tratando de obtener resultados por lo menos aceptables y haciendo a un lado la familia, posponiendo momentos y salidas de fin de semana para que yo me dedique al empredimiento desde casa, desde que me decidí a montar mi propio negocio.

(Y si, que soy pastelera, con lo bueno y lo malo, justo como en mi anterior profesión; me sale lo mejor de mí y también lo peor. Ya no es la lucha de David contra Goliat, es la lucha por no dejarte aplastar por tu propio ego, ni los egos de los pasteleros cercanos a ti. Ya no hay difamación (hasta ahora), ni la pelea por sobrevivir, pero es inevitable reír y disfrutar de cuando a otra se le cae la Croquembouche en plena exhibición y se pone a pegarla con palillos, con pegamento, con lo que sea que pueda detener la desgracia de ver caer, uno a uno, los profiteroles. Si, hay gozo, para que negarlo, cuando ves a los concursantes de MasterChef sufriendo lo insufrible cuando no les monta la nata, cuando una inocente crema pastelera se convierte en su peor pesadilla. Si, que los pasteleros somos una raza aparte y podemos arruinar el momento más dulce de una cena diciendo que el betún que todos está comiendo está hecho con la peor grasa vegetal, o aquello de que no se extrañen si cuando van al baño cagan en rojo y es que el pastel que tienen en su boca no es un Red Velvet, sino un bizcocho cualquiera con exceso de colorante. Y ya no como ni disfruto de cuánto pastel se me pone enfrente; paso de largo frente a muchos pasteles, que si voy a ingerir calorías que no sea a lo pendejo y hasta puedo entrar en estado de horror cuando la anfitriona de una fiesta me cuenta, súper orgullosa, de cómo hizo su pastel mientras hablaba por skype, le daba de comer a las gallinas y cocinaba un feijoada; yo, por supuesto, ni siquiera probé el pastel, que ya lo digo yo, no ingiero calorías a lo pendejo).

Me queda mucho trabajo por delante y un curso de especialidad en decoración. ¡Esto no ha hecho más que comenzar!

Y ustedes,  ¿tuvieron que reinventarse en algún momento de sus vidas? Compartan su historia conmigo!

 

 

 

Los amigos de mi hijo y sus madres (La Puta Ama y Chocho Morenote)

No es mi intención escogerle los amigos a Cronopio, ni mucho menos, pero seamos sinceras, por pequeños que sean nuestros hijos tratamos de influir en sus relaciones sociales, sobre todo si la madre del presunto amigo nos cae bien, pero con más razón, si la madre del susodicho amigo nos cae como patada al higado. Del primer año de guarde de Cronopio aún frecuentamos a algunos de sus amiguitos, sencillamente porque las madres nos llevamos muy bien.  Tambien sucede que la madre es un amor de persona y es la chica que quieres que sea tu best friend forever, pero su niño es un pequeño talibán en potencia con pocos límites; en esos casos, por simpática que sea la madre, si tu hijo la pasa mal, si cada reunion él y otros niños, salen arañados, golpeados o pateados, das marcha atrás y adiós a tu prospecto de amiga.

He pasado por situaciones que me hacen pensar qué tal o cual niño no es el tipo de amigo que quiero para mi hijo, no por el niño en sí, sino por el ambiente en el que éste se desarrolla. A riesgo de ser calificada como madre controladora por excelencia, les comparto mis experiencias sobre algunas dificultades en relación a los amigos que Cronopio está empezando  a hacer.

El año pasado, cuando aún estaba en la guarde,  había un chico del que Cronopio me hablaba con especial emoción. Conocí a la madre y  fui a fiestas infantiles y convivimos tantas veces como pudo aguantar mi espíritu ya que el curso pasado (a diferencia de este) me era casi un martirio convivir con las madres del cole pero aún así, asistí a las reuniones siempre con la opción de hacerme una realidad alterna que me mantuviera alejada del lugar. Seguro que algunas madres ahí pensaron que estaba medio ida de la cabeza porque yo siempre estaba huida, en otra parte.  Era mi forma de permanecer largo rato en las reuniones, hasta que le presté atención a la madre del amigo de Cronopio.

La Puta Ama  era tan pobre que no hacía otra cosa más que hablar de todas sus pertenencias. Sus cartas de presentación fueron sus estudios de maestría y su casa en el barrio más lujoso de la ciudad. Cualquier cosa de la que esta señora hablara iba aderezada con detalles sobre sus pertenecías, sus lujos y su estilo de vida. Y como el pecho de esta señora no era bodega, se soltó contando su dia a dia, con todo y tragedias. Al nacer su hija le diagnosticaron sordera total irreversible (tragedia uno, muy respetable y comprensible). En ese momento no estaban sus padres a su lado (tragedia dos), sino en Sudafrica siguiendo los juegos de la seleccion mexicana en la Copa del Mundo (tragedia tres, pero esa va por mi cuenta); tuvieron que salir inmediatamente de Sudafrica por lo que no pudieron ver como perdia la seleccion nacional (tragedia cuatro). Claro, comprar billetes de avión de ultima hora, menudo dineral, pero esto no cuenta como tragedia para ella. Ya con sus padres en casa llegó la calma pues decidieron que irian al mejor especialista del mundo, si, del mundo, como si tuvieran que ir hasta la India (gran tragedia, ir a la India, con las diarreas que iban a coger ahi). Pues esta serie de tragedias tuvo buen final: resultó que por aquellas cosas raras del destino, en los dias en que  Plutón se alineaba con Sagitario, el mejor especialista del mundo, si, del mundo, vivía y daba consulta en este pueblo. Que suerte tienen algunas. Y si, el mejor especialista del mundo dijo que la niña tenia una bobería curable con un par de ibuprofenos. Lo que pudo ser un relato sencillo sobre los grandes sustos que nos dan los hijos y lo fácil que pueden resolverse, se tornó entonces en el gran relato que dejaba claro que ella no era una chica cualquiera, que  no era una más en el barrio, ella era la nalga más parada del pueblo… La Puta Ama.

Nunca fue mi intención competir con La Puta Ama, ni siquiera sacar a relucir mis triunfos, ni lo que yo habia hecho con mi vida. Desde el primer chat  ella estableció sus limites y, de forma indirecta, marcaba la pauta… y todas la seguiamos, unas por conviccion, otras por conveniencia y unas más, como yo, preferiamos irnos despacio conociendo a las demas madres. En las fiestas ella marcaba tendencia al hablar, tenia una asquerosa necesidad de ser escuchada, de hablar y hablar de sí misma y todos asumimos el rol de escuchas. Nos comportamos muy politicamente correctos y nadie ahí dijo esta boca es mia, hasta que directamente y sin escalas me preguntó que camioneta tenía  yo. ¿Camioneta? Yo no tengo camioneta, querida, ni nada que se le parezca porque sencillamente yo no sé conducir. Su cara era un poema. ¡¡¡¿¿No tienes camioneta!!?? ¡¿Cómo le haces?! (por favor,  agreguen a este relato una docena de emoticones con cara de horror, tristeza y asco). Es muy facil, contesté. En internet hay un plano de la ciudad con todas las rutas del transporte publico; escribo donde estoy, a donde quiero ir y listo. Pobrecilla, le habrá dado una diarrea cerebral al imaginar que una de las madres del colegio se movia en transporte publico. Y con la distorsionada idea que hay en este pueblo de relacionar la pobreza al uso del transporte público, ya se imaginarán… asquito mil.

El colmo de la presunción tuvo su pináculo cuando dijo que su esposo media 1.92, para enseguida preguntarnos a cada una por la estatura de nuestros respectivos maridos. Hartita estaba ya de oírla que cuando fue mi turno de hablar sólo pude decirle con cierto tono de decepción que mi esposo, con todo y tacones, no alcanzaba a medir los 1.92 mt  de su marido. Silencio total. Todas me vieron con cara de la has cagado con la rica del pueblo, con la nieta del ex gobernador, con esta chica tan amable que nos llevará a su rancho, vaya, que metida de pata con La Puta Ama. Hasta aquí llegó mi participación en las reuniones con los amigos de la guarde, me cansé de ser una expectadora pasiva de la La Puta Ama y su necesidad de ser admirada y reconocida por sus oros; además, sus relatos eran aburridos, planos, carentes de gracia. No hubo ni una pizca de emoción cuando  nos contó de la inauguración de una nueva sucursal de negocio del marido; ni un asomo de euforia o de fervor en su historia de cuando se hizo cargo de la casa hogar que fundó su abuela, pero su semblante se llenó de gozo al recordarnos,  una vez mas, que su abuelo fue gobernador y, por lo tanto, su abuela la primera dama del pueblo.

Claro que el amigo de Cronopio no tenía responsabilidad alguna de las burradas que decía su madre, pero decidí poner espacio de por medio. Por suerte la cosa no llegó a mayores porque a Cronopio lo cambiaron de aula y, con ello, cambió de amigos.

Hoy Cronopio tiene unos cuantos amigos favoritos, algunos cuyas madres son un encanto y otra… bueno, qué les cuento…

Cronopio y el hijo de la  Chocho Morenote (también conocida como la Morena Peroxido) se adoran, por ello yo pasaba por alto que ella fuera abusiva y bastante vale madres para algunas cosas, sobre todo las cosas de los demás. Un día la auxiliar del aula me dijo que el niño de la Chocho Morenote se había orinado y le habían prestado las chanclas que mi hijo tenía de repuesto. No hubo problema hasta que pasaron tres meses y ni rastro de regresar las chanclas al colegio; le mandaba whatsapp que no contestaba, como no contestaba mis llamadas. Que si,  que eran unas chanclas cualquiera, pero eran las chanclas que la  habían salvado de llevarse a su hijo descalzo y que debía regresarlas al colegio, de la misma forma en que yo regresaba aquellas prendas que le prestaban a mi hijo. Hasta que me encontré a  Chocho Morenote  de camino al colegio y le dije que por favor regresara las chanclas.  No tenía ni puta idea de lo que yo le hablaba. O por lo menos fingió desconocimiento, o amnesia  y seguramente, ante sus ojos quedé como una muerta de hambre por  armar tal desmadre por unas chanclas de mierda, pero que son ¡¡mis chanclas!!  Yo sé perfectamente los zapatos,chanclas y ropa que tiene Cronopio y perfectamente podría identificar cuando algo no es de él sobre todo porque las chanclas de marras tenían un  “Cronopio” escrito con plumón indeleble. Pues si, me quería ver la cara de tonta y así ha sido;  ha pasado casi un año desde el episodio de las chanclas y  si te veo no me acuerdo.

Decidí no darle más importancia a este asunto, hacerlo a un lado y seguir conviviendo, por mi hijo, por el suyo y así fue como llegué a la fiesta infantil más triste a la que he asistido. Lo que vino después de esta fiesta de cumpleaños fueron una serie de sucesos raros y tristes, como que su niño no se presentó al colegio por tres semanas y no hubo forma de localizarla porque los números telefónicos que  proporcionó al colegio y a las conocidas, como yo, ya no estaban habilitados. Nadie sabía dónde vivía y la otra madre del cole que unas cuantas veces la llevo a su casa dijo que en realidad siempre la dejaba en una esquina cualquiera porque era claro que ella quería la comodidad de ir en auto pero no quería que supieran su domicilio. Y a raiz de su reaparición vinieron una serie de explicaciones no pedidas, una más incongruente que la otra.

Llegué a mi límite cuando en una salida a visitar la casa de campo de otra madre del cole, nos fuimos varias en una camioneta, incluida Chocho Morenote. Era un viaje por carretra y su hijo se mareó y vomitó, como le puede suceder a cualquier niño, el asunto está en cómo reacciona la madre de vomitador. La Peroxido no se cortó un pelo y cuando llegamos  a nuestro destino se puso a limpiar el vómito ¡con la chaqueta de la dueña de la camioneta! Y ahi mismo dejó la chaqueta sucia. ¿Qué esperaban, que pidiera permiso en casa de la anfitriona para lavar lo que habia ensuciado? Pues no. Al finalizar el dia, cuando ya todas nos despediamos, otra chica y yo de verdad pensabamos que Chocho Morenote iba a llevarse la chaqueta a su casa para lavarla  y ofrecer disculpas. Pues no, se equivocan de nuevo. Agarró la chaqueta con vómitos y se la entregó a la dueña en su propia mano.

Y ustedes volveran a preguntarse, que responsabilidad tiene el niño de que la Peroxido sea una anormal. Pues si, ninguna. De la misma forma de que Croponio no es responsable de mis emociones o de que tome ansioliticos para no desbordarme yo sola.  Llegados a este punto, tendré que aceptar que, por lo menos  hasta ahora, Cronopio se  relaciona más con los hijos de aquellas madres con las que más simpatizo, con las que me siento más en confianza y, tambien,  con las que comparto ciertos valores basicos y digamos, hasta una forma de crianza, porque no me imagino conviviendo con una madre súper simpatica que me caiga de maravilla pero  que eduque a sus hijos con golpes o amenazas o que valore a las personas de acuerdo a lo sus pertenecias o al barrio donde viven, porque, tristemente, esos mismos valores son los que le enseñan a sus hijos.

No se trata solamente de escogerle los amigos a Cronopio; se trata también de que yo debo ser mas cuidadosa con aquellas madres con las que, por una razon u otra, decido relacionarme. Y aún así, andando a tientas, pensando que estoy siendo cuidadosa al elegir mis amistades, me equivoco garrafalmente y me topo con la reencarnación de Maria Montessori, pero ese ya es otro post.

Y ustedes,  ¿influyen de alguna manera en la elección de amistades que hacen sus hijos? ¿Acaso seré yo la mas delicada y borde y torpe y que se me dificulta relacionarme de forma simple con otras madres?

Seguro que muchas de ustedes han conocido a una Chocho Morenote en tu vida. Vamos, compartan su experiencia. Que tengan un día a toda madre, Laura

Esos minutos en que tu hijo se ha extraviado en una zona pública  (de mi personal historia de bares por España)

Vaya que si he andado de bares por estas tierras.  Es más, lo he disfrutado como pocas, hasta que me convertí en madre. Cada viaje a España mi hijo y yo hacíamos la ruta de los bares; viaje tras viaje ha sido siempre lo mismo, bares. Bares a medio día, bares la tarde noche, de lunes a sábado y con suerte vamos a los bares que abren los domingos en el pueblo. Todo podría parecer una vida placentera hasta que mi hijo empezó a caminar, a andar en moto, a correr y a dar la lata que da cualquier niño de su edad.

Así se nos iban las vacaciones. En los bares hasta que el Churri y yo, cansados de que la imagen más fuerte que Cronopio construyera en su mente sobre España, fueran precisamente los bares.(Yo que soy dada a analizar y repensar todos.los vericuetos que implica la memoria y la identidad,  entré  en pánico).

Planeamos unos días buscando actividades donde pudiéramos darle gusto al niño y a nosotros. Y así íbamos muy bien, hasta que volvimos rutinariamente a los bares. Es como si la dinámica fuera que todos estemos bien y que el niño por los cristales vea los juegos a lo lejos, pretender que va a estar tan tranquilo enmedio de tantos adultos que, con todo el cariño del mundo, lo que hacen es llegar con medio kilo de gominolas, golosinas, huevos kinder y zumos de melocotón. 

Hoy nos fuimos al bar, de nuevo, a ver a la demás familia, sólo que a unos metros del bar estaban unos juegos, puestos de juguetes,  rollo feria y  algo de lo que llaman aquí, barracas (juegos mecánicos ).

Cronopio tuvo una pequeña probada de estas delicias a los ojos de un niño; tan sólo unos minutos porque teníamos que reunirnos con la familia,  en el puto bar de siempre. Lo sientan en una silla con el montón de azúcares  procesados y todo mundo a hablar cosas de adultos, por su puesto, y de panorama un parque, unos juegos…. en menos de lo que yo intentaba conectarme al wifi público, oigo que Cronopio no aparece. Veo a mi esposo corriendo, a los demás empezando a buscar y yo… No siento nada. No puedo sentir nada. Solo vienen a mi mente niños abusados, niños llorando, niños mutilados, niños heridos… Y a lo lejos veo a mi Churri abrazando a Cronopio. Y sigo sin sentir nada. Mi hijo sólo atina  a decirme que el le avisó a su abuela de que iba a los juegos. 

Saben porque sucedió  esto?  Porque España ha sido para Cronopio un sin fin de bares, bares y más bares. Unos minutos en los juegos  (que por cierto, básicamente  son los mismos que tiene en nuestro pueblo )  Y un par de horas en los bares.  

Y ahora que el Churri y yo estamos a punto de irnos de solteros a Budapest…. dejaremos a nuestro hijo con el sin fin de bares que le esperan?  Quiero ser justa con mis suegros  y no quitarles la oportunidad de gozar del nieto…. Pero porque coño todo o actividad de este país pareciera que se desarrolla en un bar  con los amigos de toda la vida?  

Estoy segura que de ahora en adelante tendrán ocho ojos puestos encima de Cronopio, pero con lo que no puedo más es  con la idea de tener a un niño pequeño e inquieto como cualquera de su edad, metido en bares, haciendo un par de graciosadas para disfrute de los amigos de los suegros y pensando  en como escaparse de ahi para buscarse algo más divertido. 

Como ser justa con mis suegros,  mi esposo, mi hijo y conmigo misma? Donde está el punto medio si ahora yo de nuevo vuelvo a ser más mala que la carne de puerco, si después de que apareció  Cronopio todo mundo volvió a sus cañas, a sus vermuts de siempre y punto pelota… aquí  no ha pasado nada.  Y mientras tanto el Churri y yo ahí sentados con el corazón que se nos salia del pecho y yo no pude hacer nada más que quedarme  en modo idiota, sin palabras, sin correr, sin gritar, sólo pude tuitear. 

Y al despedirnos hablamos con Cronopio. Y yo no pude evitar el llanto. Y con el mismo llanto me fui a despedir de mi suegra diciéndole que eso no podía pasar de ninguna manera cuando nos vayamos a Budapest. Y frente a ella asumí mi parte de responsabilidad…(post it mental: debi dejar a un lado las mamadas esas de que estando en tribu todos nos cuidamos, como hacemos en mi pueblo. Eso se acabó)

Un cosa mas: entre todas las cosas que pensé una vez q recuperamos a Cronopio, fue en las madres españolas que me leen (y en las que no lo hacen  también ). Al despedirme de mi suegra lo hice llorando, con el mayor de los pesares. Me dijo, junto con otras cuatro mujeres que la acompañaban, que no me preocupara, que los hijos se pierden hasta dos veces. Que esas cosas pasan.  Llegando a este punto no pude más que sentirme sola , desolada ante la poca,  nula, sensibilidad de otras mujeres que, como yo, se las extravió  un hijo. 

Las mujeres somos el lobo de las mujeres.  

De mi personalísima Wish List: Reproductor dvd Panasonic

By Tina Torrence

Aunque en algún momento de esta Moleskine® declaré que no me gustaba el Día de la Madre por la intensidad dramática que conlleva, de la misma forma dije que tendría que escribir mi propia historia, ahora como madre, a modo de quitarle la carga emotiva y, ahora si,empezar a disfrutarlo.  En esas ando. Cronopio está creciendo y anda que no para ensayando la sorpresa que nos darán los niños en su colé y, ante su emoción no puedo más que sumarme  y esperar a que llegue el mentando día. Y este año si quiero un regalo.  Es más, me merezco ese regalo.

Lo primero que puse en mi wish list fue una visita al spa. El gusto de imaginarme en el spa me duró veinte segundos: después de una larga sesión de mimos a mi espalda y pies, inevitablemente tendría que regresar a mi realidad, cual Cenicienta cuando le dan las doce de la noche. Hasta ahí llego mi gusto por el spa.

Desde que el Churri y yo nos convertimos en padres, lo que más añoramos es ir al cine; poco a poco hemos ido recuperando las actividades que disfrutábamos cuando Cronopio no había llegado a nuestras vidas, pero lo cierto, es que seguimos sin ir al cine. Ninguno de los dos vivimos en nuestra ciudad de origen y no tenemos familia que nos cuide al niño mientas nos vamos al cine, y la opción de contratar una niñera, sencillamente se nos escapa del presupuesto, pues sale mucho más cara que el kit cine-refresco-palomitas-helado.

Viendo que el rezago filmografico  que padezco es digno de vergüenza, lo tengo decidido: quiero un reproductor dvd Panasonic!!!

Aprovechando que Cronopio ya no grita  ¡¡ Mamá!!  cada 45 segundos en promedio, sino cada 3.5 minutos, lo que quiero para este Día  de las Madres es sentarme todo el día a ver pelis, muchas pelis, las pelis que no he visto en años, con un bowl de palomitas enorme, Coca Zero a tope y tarrinas de helados de varios sabores, y no levantarme en todo el día,

Aquí les dejo mi lista de pelis para el Dia de la Madre:

Y si despues de esta sesión te da por sentirte la mala madre mas mala, este reproductor de dvd de Panasonic cuenta con ranura para tarjeta de memoria y para USB para que te pongas a ver las fotos y videos de tu vástago con una calidad insuperable.

¡Estan todas invitadas a celebrar conmigo el Dia de la Madre!

¿Alguna sugerencia que agregar a mi lista de peliculas?

Que tengan un dia a toda madre!

 

De cuando mi madre se salta los límites y brinca encima de mi cabeza

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Han pasado solo cinco días desde que mi madre llegó a nuestra casa y Cronopio ya me ha soltado varias  frases tipo mamá eres mala”, “mamá maldita” y, el más reciente, “mamá eres más mala que la carne de puerco”, expresión muy usada por mi madre y que ahora en boca de mi hijo no me ha causado ninguna gracia, sobre todo porque se refiere a mí. Yo, la peor de todas, ahora soy más mala que la carne de puerco.  Podría haberme dicho que soy una madre más pesada que la Cuaresma, pero no, soy mala.

No es la primera vez que Cronopio me dice que soy mala, sobre todo cuando no le cumplo alguno de sus caprichos, y seguiré siendo mala si se trata de ponerle límites. Lo que me encabrona es que a ojos de mi hijo, mi maldad se multiplica entre más tiempo pasa con su abuela. Y es lógico. Mi madre está todo el día jugando con él y cumpliéndole sus caprichos; se puede pasar todo el día al pendiente de la respiración del nieto, haciendo todo lo que éste le (pide) exige; es cierto que mi madre se puede pasar en día tumbada al suelo jugando con Cronopio como si los dos tuvieran la misma edad, pero por eso mismo, soy yo la mala-malísima que tiene que poner los límites,  mientras mi madre es la abuela maravilla.

El conflicto se detonó cuando Cronopio me puso al mismo nivel que la carne de puerco. Le hice notar las cosas que le enseña a mi hijo, aplicadas a mí. Mi madre no fue capaz de decirle al nieto “no le hables así a tu madre, respétala”. La abuela maravillas no pone límites, claro, para eso estoy yo y lo único que se le ocurrió decirme fue “regáñalo tu”. Claro, tu le enseñas las tonterías, yo lo tengo que reprender y ante los ojos de Cronopio tu sigues diáfana, mira que lista.

A este drama, ya intenso para esos momentos, hay que agregar que días antes le dijo a mi hijo en dos ocasiones frases relacionadas a que si Cronopio no hacía tal cosa, yo le iba a pegar, “tu mamá te va a dar… tu mamá te va a poner una friega”.  A la segunda vez que le oí este tipo de amenaza le dije que no debía hablarle así.

Y así ibamos en esta familia, in crescendo en el nivel de drama, con una misma situación que se repetía: limites, berrinches, cumplimiento de las órdenes y caprichos del nieto, drama, más límites , más berrinches, tiempo fuera, consecuencias, hasta que recapacité, pensando en que los limites debía ponérselos a mi madre, no a mi hijo.

( Y en el transfondo de todo eso está la defectuosa relación que siempre hemos tenido. Mi madre, una mujer muy trabajadora, que me dio todo lo que podía necesitar,pero que emocionalmente me dejo semi desnuda, nunca me dio el lugar que yo sentía merecer. Desde muy pequeña tuve la sensación y, en ocasiones la certeza,  de que mi madre no me quería tanto como nos hacen creer que una madre puede querer a una hija. Nunca he tenido ni la seguridad ni el sentimiento  de que mi madre me haya dado el lugar que merezco, o creí merecer en su vida.  Ahora de mayor y a base de ir acumulando experiencias decepcionantes, tengo la certeza de que mi madre se ha visto socialmente obligada a quererme; es decir, no muero de amor, no te quiero, es más, te estimo, pero vamos a suponer que te quiero, pero en realidad me cagas, me desesperas, no sé qué hacer contigo y sólo puedo establecer una relación real contigo basada en la falta de respeto.  Así fue durante muchos años la dinámica de la relación con mi madre. Cuantas veces le oí decir que la tenía harta. Y ya de adulta esto no cambio, más que cuando me vio en un hospital psiquiátrico y prácticamente exigí su ayuda, su presencia en mi vida y se quedó ahí unos años, movida por la culpa, hasta que ésta se le agotó.  Y no cesó en demostrar su poco aprecio a mi persona, hasta que se me dio la gana de ser absolutamente feliz y mandarla al carajo… pero ese es otro post). 

No nos engañemos: mi madre volvió a mi vida no por mí, sino por mi hijo, prácticamente su primer y único nieto.  Si no sabes o no tienes la capacidad de darme mi lugar frente a mi hijo, vamos mal. No basta con cuidar a mi hijo con esmero, jugar con el hasta el cansancio, si no me respetas a mi, la relación con mi hijo será difícil no sólo para nosotras, sino para Cronopio mismo. Porque mi madre se va a su casa, a su ciudad, y lo que me  deja es un niño caprichoso, exigente y grosero y que además, ya está empezando a hacer distinciones entre mamá mala y abuela buena. Como ya dije, ella cuida con esmero a mi hijo y eso a mí me aligera la carga de trabajo y puedo dedicarme 8 o 10 horas seguidas a hacer galletas sin preocupación alguna. Mi madre ya se ha jubilado y tiene tiempo y recursos para dedicárselos a mi hijo; desde aquí ella ya juega con ventaja, en tanto yo no puedo ni debo comprarle a Cronopio todo lo que se le antoje y necesito desarrollar mi propio negocio, no para mi  bien exclusivo, sino el de mi familia entera.

Hoy le he dicho a mi madre que sea impecable con las palabras que utiliza en sus juegos con mi hijo. Mi madre es un excelente ejemplar pasivo-agresivo. Sus mejores agresiones las dice en forma de broma y si te ofendes, no tienes sentido del humor. Para joder la vida, se apoya en lo que supuestamente dicen escritores y filósofos. Ósea, no soy yo quien te ofende. Eso lo ha dicho William Shakeaspeare. Mejor dicho, eso dice mi madre que dice Shakespeare, entonces enójate con él, no conmigo. Y a saber si en realidad esas palabras tan ofensivas las dijo Shakespeare o Platón.  Entonces ella queda libre de responsabilidad y además queda como la más culta entre las cultas.

Hoy le he dicho a mi madre que entienda mi situación. Que ella no puede ser la que cumpla caprichos al momento porque cuando llego yo a poner límites, yo soy la mala y en estos días a ojos de mi hijo debo ser la más mala de Malolandia. Y que eso no es justo para mí.  Y que no es justo que sea yo  la que ejecute la amenaza que ella lanza a Cronopio, de que su madre le va a pegar si no obedece. Debo ser hippy o muy moderna, o muy borde, pero esas amenazas me parecen un recurso muy bajo y es que en esta casa sencillamente no las usamos. Del mismo modo, le aclaré, no le permito a mi suegra que le diga a Cronopio  “te voy a dar azotes en el culo“, que será una frase muy común en España pero a mí me importa tres cojones y a mi hijo no le dices esas mierdas. Y es que para mi mamá toda esta verborrea pasivo- agresiva no son más que frases, así, sólo frases.

Hoy le he puesto límites a mi madre y ella no ha perdido la oportunidad de pasarme la factura de que cuida mucho de mi hijo,  justo como hacía antes para chantajearme diciéndome “yo te cuidé cuando tu depresión “, como si ambas cosas me crearan una deuda impagable con ella, que le da libertad para hacer lo que le da la gana.

Hoy le he puesto límites a mi madre y hoy mi madre me  ha lanzado la más baja de sus manipulaciones: la estoy humillando.  Lo que para mí es sanar la relación y evitar que se salga de control, para ella es una humillación; en resumidas cuentas, Cronopio tiene razón: soy más mala que la carne de puerco.

Nunca he dejado de reconocer lo mucho que cuida de Cronopio, le he dicho, pero asumir los límites como una humillación esa una opción que ella ha escogido, porque es la que mejor le acomoda.  Así se lo he hecho saber. Esa humillación de la que hablas es tu opción, solo eso. Me despedí de ella, bajé del auto y agradecí todos mis  años en Terapia  Gestalt.

(Dedicado a La Terrible Gina, con quien compartí los viernes  en nuestra entrañable Narvarte; por esas mañanas en las que me descomponía totalmente y, al mismo tiempo,comenzaba a armar un nuevo modelo de mujer)

Viviendo con el Perro Negro

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Remedios Varo, Mujer saliendo del psicoanalista (1960)

Todos aquellos que hemos conocido al Perro Negro y sabemos lo que significa que éste se haya instalado permanentemente en cada rincon de nuestra vida, celebramos que el Dia Mundial de la Salud 2017 haya sido dedicado a la Depresión.

La depresion no se quita echándole ganas, ni rezando; se supera únicamente con un tratamiento psiquiátrico y psicológico integrales. Ayudemos a superar los estigmas que pesan sobre este tipo de enfermedades. Ir a una consulta psiquiátrica puede parecer una locura, pero no lo es; significa dar el primer gran paso hacia una vida más sana. La depresión incapacita, te quita vida; con medicamentos y terapia yo salí adelante y hoy puedo decir que día a día le voy ganando batallas a este perro negro que es la depresión.

Las invito a ver este video que explica a la perfección lo que significa vivir con depresión.

 

 

Me dedico este post a mí; la depresión me dio la oportunidad de descubrir que lo mas valioso que tengo soy yo y como dije ya en otra ocasión, en una visita al psiquiatra estaba colgada un anuncio de Prozac con una frase de Albert Camus que se volvió mi lema de vida: “en lo más oscuro del bosque aprendí que dentro de mí yace un verano invencible”.

Y ustedes, ¿han vivido con el Perro Negro?