Historias de colecho, cesárea, depresión y de cómo adoro ser la madre de Cronopio #maternitytag


Por si no bastara con todo lo que cuento en cada post de mí y de mi maternidad, les comparto mucho más a través de este #maternitytag que, para ser exacta, no sé de quién es la iniciativa. Me he divertido con las respuestas de todas las que se han unido, espero que ustedes también disfruten de mi #maternitytag.
1. ¿Tardaste mucho en quedarte embarazada?

No. A pesar de ya tener unos años y de ser leída y escribida,  a la hora de decidir que ya nos pondríamos para la labor de quedar embarazada, no me detuve a pensar en lo obvio, los días fértiles. Estuve peor que una adolescente. Por unos meses no reparé en mi error hasta que, hablando con uno de mis mejores amigos que es médico, me hizo un calendario de días fértiles. Y a los tres meses lo logramos, un verdadero triunfo, un acto de Dios, tomando en cuenta mi edad y el montón de ovarios viejos que circulan por mi cuerpo en cada periodo fértil.

2. ¿Cómo te habías enterado que habías dado en el clavo?

Yo soy muy exacta en mi periodo y prácticamente a los dos días de ausencia de regla empecé con mis sospechas. No pasó ni una semana cuando me hice la prueba casera y algo dentro de mí me decía que estaba embarazada.

3. ¿Lo comunicaste a tu entorno de una forma especial?

En absoluto. Ya he dicho aquí que he taladrado mi árbol generalogico y practicamente no cuento con familia. En ese entonces mi madre estaba muy ofendida porque le puse, una vez más, límites, mis malos tratos hacia ella y llevábamos un tiempo, bastante sano, por cierto, donde no cruce palabra con mis padres. Tengo una prima con quien llevó buena relación y ella es madre. Le pedí hablar a solas y cagada de miedo le dije que estaba embarazada y que no me sentía bien; ella me contó todos sus miedos en sus dos embarazos y las telenovelas que se inventaba y, de cierta forma, me dio tranquilidad. Le pedí que no dijera nada a nadie. Lo supieron un par de amigas, mi terapeuta y hasta ahí.  Decidí no decir nada porque no quería que nadie me preguntara nada de nada. Al mes de saber la noticia, nos fuimos a España y ahí pasé parte del primer trimestre. La historia en España es diferente, porque se lo dijimos a toda la familia. Les entregamos los regalos que les llevamos de México, diciéndoles que, además, les llevábamos otro gran regalo. Todos lo vivimos con mucha emoción y lágrimas de felicidad. Al volver a México los demás se enteraron hasta después de que me hice la amniosentesis o cuando se me empezó a notar el embarazo, como a los seis meses, tiempo en que me libré de los comentarios idiotas  que nunca en tu vida imaginas lo que puedes llegar a escuchar estando embarazada.

4. ¿Leíste algún libro/blog/web durante el embarazo que te ayudara a documentarte?

Leí muy poco. Me documenté menos. Puede sonar muy irresponsable de mi parte, pero en ese momento no sabía que estaba viviendo, una vez más, depresión. Mi Churri se bajó todas las aplicaciones y estaba al día. Yo no. Empecé a leer blogs de maternidad y solo me topaba con blogs de madres con la oxitocina hasta el tope y me sentí tan miserable de ver tanta felicidad compactada en sus post, que no volví. Quise leer revistas y me agobió la cantidad de anuncios, sentía que no tendríamos el dinero para comprar tanta cosa que parecería ser de primera necesidad.

5. ¿Querías niño o niña?

Quería niña. Tenía la absurda idea de que a través de mi hija sanaría las heridas que traigo de niña.  Tremendo error. Depositaria en mi hija una carga que no le correspondía, por ello creo que la vida o Dios, te da lo que mereces, lo que necesitas y me dio un niño, al que también le he puesto una carga emocional que no le corresponde, pero no la misma carga que le hubiera puesto de haber sido niña. Cuando supe que era niño, me vino una tranquilidad emocional que en ese momento no alcance a comprender del todo, pero hoy día la entiendo a la perfecccion.

6. ¿Qué fue lo que más te gustó de estar embarazada? ¿Y lo que menos?

A mí no me gustó estar embarazada.  Lo único bueno es que tuve un acercamiento emocional muy intenso con Mi Churri.  Si bien no sabíamos que yo estaba pasando por un periodo depresivo, nosotros estuvimos muy unidos, a pesar de los dramas. Y es que debo reconocerlo, Mi Churri fue el ser más paciente y amoroso en esos meses tan intensos.

7. ¿Tuviste antojos raros?

No sé a que le llaman raro. En México es muy normal comer fruta con picante, yo lo hago poco, pero en el embarazo comía mucha fruta y frutos secos con picante. Y como estaba en España, me llevé una dotación de salsas y a todos a mi alrededor les asqueaba ver cómo le echaba picante a las manzanas, a los perones, a las peras, a las naranjas. Necesitaba cosas ácidas hasta que me dio una gastritis que me llevo a urgencias y hasta ahí llego mi necesidad de picante.

8. ¿Te dio por comer algo en exceso?

No, por cuestiones  de  edad y genética, era candidata a tener diabetes gestacional y las imágenes de una Salma Hayek inmensa con su embarazo y su diabetes, me hicieron reaccionar. Subí de peso solo 10 kilos y ni diabetes ni nada.

9. ¿Le cogiste manía/asco a algo/alguien durante el embarazo?

A la pasta de dientes. Y una vez comiendo con mis suegros,  mi suegra pidió una pizza de cuatro quesos que me pareció asquerosa sólo por el olor, hasta tuve que cambiarme de asiento en la mesa del asco que me dio. ¿A alguien? A nadie, sencillamente porque apenas sabían a mi alrededor de mi embarazo entonces no tenía a nadie dándome guerra. Mi suegra vino a visitarnos por dos semanas y se me hizo sumamente pesado tenerla en casa; yo quería estar sola, vivir mi embarazo con depresión a plenitud y su presencia lo impidió porque me sentía obligada a ser la embarazada radiante de las revistas.  Cuando ella regresó a España no la aluciné más, pero esas dos semanas fueron muy difíciles para mí.

10. ¿Tenías claro el nombre que ibas a ponerle?

Si era niña quería honrar a la mujer que estuvo cerca del escritor Franz Kafka y que, gracias a ella y a Max Bro, hoy podemos leer los agobios y tormentos de Frankie. Una mujer fuera de su época, periodista, escritora, traductora y mucho más que la supuesta novia de Franz Kafka, y digo supuesta porque no me imagino al atormentado Kafka andando de novio. Milena Jesenska fue una mujer valiente, fascinante, que murió en un campo de concentración a donde fue llevada por apoyar y defender a la población judia en la República Checa. Cuando supe que no tendriamos niña, barajamos un par de nombres de niño y hubo uno que se nos hizo tan melodioso, tan dulce y tan clásico que no lo dudamos. Y en ningún momento relacioné el nombre de mi hijo con algún personaje historico o literario porque de alguna forma, depositas un peso, como yo lo estaba haciendo con mi hija a través de Milena Jesenska.

11. ¿Parto natural o cesárea?

Cesárea. A las mujeres de mi edad se les práctica cesárea y lo agradezco. Yo padecí por años migraña y ahí supe lo que es el dolor que incapacita y eso me hizo tenerle una alta tolerancia, pero aún así, no quería asociar el nacimiento de Cronopio al dolor. A mí eso de parir con el dolor de mis entrañas no me va y las que piensen lo contrario pues bien por ellas; pero eso sí, soy tan madre como cualquiera que se pasó 12 horas en labor de parto

12. ¿Qué fue lo peor de tu postparto?

Lo peor es no saber que existe el post parto, se habla más de la cuarentena y del baby blues pero del post parto, poco. He vuelto a consultar los libros que Mi Churri compró, aquellos que nos prestaron y el post parto es algo muy ambiguo. Se habla más de lo físico que de lo emocional. Fue muy duro mi post parto, en especial porque pensé que había perdido definitivamente a la mujer que tanto trabajo me costó construir. Fue duro lidiar con tantos miedos, tantas angustias y, finalmente, tanta soledad, porque estás sola, aunque tengas un marido que es toda comprensión. Necesitas una tribu de mujeres que te digan la verdad de las cosas,  que ellas también la pasaron mal. Pero sucede que tu tribu la paso de puta madre en el post parto y callan lo que todas sabemos. Todas ellas guardan un silencio cómplice que daña mucho a la que recién se estrena como madre. Por ello es que me busqué una tribu virtual; poco a poco identifique a blogueras honestas y a la distancia me sentía acompañada.

13¿Lactancia materna exclusiva, mixta o artificial?

Mixta. Me hubiera gustado que fuera leche materna en exclusiva pero no fue así, no se pudo  o yo no pude, me di por vencida, el sueño, el cansancio pesaron más. Y aún así goce mucho la cercanía única que tenía con Cronopio. Me hubiera encantado ser una talibana de la leche materna y decir  que mi leche era buena hasta para destapar caños, como algunas afirman… mentira… me caga el sentimiento de superioridad de algunas que dan LM en exclusiva. Ya bastante tienes con el post parto para, además, aguantar el hecho de que no estás alimentando a tu crío cómo se debe y, que en cierta forma, estás fallando.

14. ¿Cuna o colecho?

El colecho me parecía una aberración. Yo gritaba a los cuatros vientos que solo colechaba con mis dos gatas, hasta que Cronopio enfermó e inflamos una cama y ya no nos movimos de ahí en unos cuantos meses. Colechar me ha parecido una experiencia hermosa y cada que puedo lo hago. Amo dormir con mi hijo

15. ¿Cuál es tu momento preferido ahora que eres madre?

Verlo dormir. Y no es porque yo ya puedo hacer lo que quiero, ni por aquello de “me gustas cuando callas porque estás como ausente”,  citando a Neruda, que además no me gusta Neruda. Me gusta ver a Cronopio dormir por  ver su paz y por ver cómo, a pesar de su cansancio, busca hacer contacto físico conmigo.  También amo  el trayecto que hago de camino a su colegio cuando voy a recogerlo. Me gusta la sensación de que estoy próxima a verlo, de imaginar cómo me va a recibir , en las historias que me va a contar y, sobre todo, amo caminar a su lado. Y amo cuando se despierta y va a darme un abrazo y pega su cara sonriente con la mía, aunque segundos después ya lo alucine porque me está dando el coñazo para que me levante un sábado a las 7:30.

16. ¿Qué cosas compraste o te regalaron que al final no usaste?

Mi prima, esa a la que recurrí cuando supe de mi embarazo, fue muy generosa con nosotros y nos dio todo lo que tenía de sus hijos, nos dio un verdadero arsenal. Además, decidimos ser conscientes con lo que compramos y no dejarnos llevar por todo lo que ofrecen, que es demasiado. Así que entre las herencias de mi prima y los regalos, compramos poca cosa y todas ellas las usamos.

17. ¿Qué dijiste que no harías cuando fueras madre y has terminado haciendo?

Montarlo en el carrito del supermercado. En algún lado leí que era lo más asqueroso que hay, pero lo cierto es que lo más fácil es hacer el súper mercado con el montado en el carrito. Y claro, también dije que mi hijo no vería televisión, como muchas decimos cuando no éramos madres.

18. ¿Qué es lo que más echas de menos de tu época sin hijos?

Ir al cine. Que mis momentos de soledad o de silencio son contados y a contra reloj, pero también debo decir que amo ese parloteo, ese no callar que tiene mi hijo.

19. ¿Qué no intentarías o rectificarías si tuvieses otro hijo?

Llegaría al post parto con mucha más información y asi, podría tratarme de forma más amable y podría ser más tolerante conmigo misma. E intentaría dar lactancia materna en exclusiva y si no se puede por la razón que sea, no sentirme culpable, ni pensar que no estoy alimentando bien, sino asumir la lactancia artificial de forma más natural, aunque suene contradictorio.

20. ¿Qué crees que es lo más difícil hoy día de ser madre?

Conciliar!!  Es difícil ser madre sin dejar de ser mujer, sin dejar de ser profesionista; veces parece que las mujeres somos egoístas por querer seguir siendo nosotras a pesar de entregarnos al 100% en la maternidad. Y también está la cosa de que vivimos en sociedades machistas, donde también el hombre sale muy perjudicado, entonces está la cuestión de cómo criar a un varón en una sociedad que lo limita en un plano emocional, pero al mismo, tiempo, le exige un patrón de virilidad.

21. Guardería ¿sí o no?

En mi caso tuve la opción de decidir que no quería guardería. Mi Churri y yo decidimos que no había prisas, que se quedara en casa hasta el año y medio y me siento súper afortunada por ello porque hay mujeres que tienen que dejar a sus pequeños a los 40 días de nacidos para irse a ganar la vida. Es una crueldad para la madre y para el recién nacido.  En todo caso quisiera que todas podamos decidir si queremos guardería o no, sin tener la presión laboral y económica, pero por desgracia eso no es así.

22. Y la última ¿repetirías?

No. Estoy enamorada de mi hijo y no me imagino con otro niño a mi lado. Quiero qué Cronopio tenga toda mi atención. Y ya he empezado el proceso de recuperar a la mujer que fui y tener un bebé  ahora, sería comenzar de nuevo, parar mi proyecto personal y profesional y retomarlo dentro de unos años.

Hasta aquí con las 22 preguntas y ahora… quien sigue?  Alguien más quiere compartir sus historias a través de este #maternitytag?

Que tengan un día a toda madre, Laura

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El verano de mi frustración

Cuando me creía muy segura de mí misma y, habiendo aceptado que yo no pertenecería al mundo Pinterest, justo en ese momento llegó el verano, un verano repleto de plenitud y de felicidad pixelada. Y volví a caer rendida antes esas imágenes idílicas, ahora de piscina y playa, de madres delgadas que, con mojito en una mano y libro en la otra, controlaban a sus hijos con una mirada, mientras estos jugaban en santa paz. Creí por un micro segundo que podía aspirar a ser una madre de esas, pero el verano del 17 me jodió el plan. Mea culpa. Me tropecé con la misma piedra.

Pero en fin, asumí que sería el verano de nuestras vidas, irradiando felicidad y acumulando momentos Kodak. Con esa inocencia comencé las seis semanas de vacaciones  que estipula el calendario escolar de mi país y Cronopio y yo nos dimos de lleno a veranear. Para romper un poco con la dinámica escolar, decidimos no inscribirlo en un curso de verano y es que en la ciudad donde vivo hay más cursos que perros. Estaba a punto de decidirme por una ludoteca súper chula que me queda cerca de casa. Mandé un mensaje pidiendo informes y me contestaron con un “Hola Hermosa” ¿Hermosa? Suficiente para mandarlos al carájo. Sin darle tantas vueltas nos decidimos por un curso intensivo de natación en donde Cronopio logró medalla de oro (las envidiosas dirán que no es oro, pero por mis cojones que es oro).

Supondrán que mi pequeño hijo tuvo que dar una batalla campal para subirse al podio más alto, pues no, batalla la mía en la sala de espera rodeada de madres anormales, madres egoístas, madres boxeadoras, madres guardaespaldas, madres entrenadoras, madres que creen que su amor  y devoción por sus hijos es más grande y más respetable que la de cualquiera de las otras cien madres ahí presentes. Entonces como su amor y devoción es más grande, merecen pasar por encima de las demás, atropellándonos para ganar primera fila en los ventanales que daban a la piscina y para dejar apartadas  todas las sillas con sus 43 bultos, maletas, bolsos, bolsitos.

A esta penuria hay que agregarle que el nadador, ajeno a esta tensión, llegaba acompañado de sus abuelas.  A éstas no me les acercaba, ni les plantaba cara, ni hacía a un lado sus cosas; me daban miedito. Pocas cosas paralizan tanto como una abuela enardecida, una abuela fervorosa de sus nietos; basta con verles las pupilas alteradas, como si acabaran de salir de la fiesta rave de su vida. Pasé de las abuelas y me concentré en defender mis 20 cm cubicos que me correspondían en el suelo.

Resumiendo, me pasé el curso de verano viendo nalgas, viendo culos y, como este país tenemos medalla de oro en obesidad a nivel mundial, pasé un verano viendo culos gordos; si me ponía de cuclillas a la altura de sus rodillas, podía ver, al fondo, a mi hijo. Decidí asumir con relativa normalidad este asunto y aprovechar el tiempo para leer. Y aquí es cuando recuperé la confianza en la humanidad y descubrí qué hay otro tipo de madres. En la sala de espera éramos solo dos madres con libro en mano y justo cuando me iba a sentar en el suelo para leer con algo de comodidad, una me llamó para ofrecerme el lugar que  tenía reservado para mí. Las semanas siguientes nos acompañamos en un silencio cómplice, cada una tratando de concentrarse en su lectura, haciendo un esfuerzo de concentración digno de monje tibetano: madres y abuelas a la par, sin pizca de recato, cual cronistas deportivos, nos mantenían informadas, a base de gritos, de los avances de sus retoños, como si las demás estuvieramos deseosas de enterarnos, o quizá, muertas de envidia sabiendo que el próximo Phelps no dormía en nuestra casa. Y así al infinito, hasta que llegó la premiacion y yo, que soy desaliñada y ando por la vida en chanclas, justo ese día me puse los zapatos mas monos que tengo. Pues me jodí: a la premiacion se entraba con chanclas y yo fui la última en enterarme y no me quedó de otra más que seguir viéndole el culo/nalgas a todas las de chanclas, hasta que volví a recuperar la confianza en las madres, cuando se me acercó una diciéndome que ella tampoco traía chanclas pero el coordinador de la piscina le había dado permiso de entrar descalza y si yo quería, podría entrar con ella.

Y como estaba decidida a pasar el verano de nuestras vidas, al terminar la natación nos íbamos a un parque súper chulo a pasar la tarde, a hacer picnic, hasta que después de unos días nos hartamos y nos íbamos directo a casa y llegábamos Cronopio y yo borrachos de sol; entre tanta borrachera ni nos dimos cuenta de que el verano de nuestras vidas se estaba llendo al carájo. Con 30 grados y un sol intenso no daba ganas de poner un pie en la calle y nos hartamos de pelis piratas. Y cuando acabamos las pelis nos dimos al Netflix, mientras manteníamos una rigurosa dieta de queso y galletas en todas sus presentaciones. Pocas veces cociné pero de verdad, no tenía ganas de hacer nada, ni de comer, ni de seguir la dieta que llevo desde hace meses.

En ese espasmo estaba yo, tratando de disfrutar de la banalidad cuando se me aparece en Facebook el más reciente estudio de la Universidad de Harvard que dice que los niños que pasan mucho tiempo viendo tele o películas, tendrán serios problemas de desarrollo y serán anormales para el resto de su vida y la vida de sus hijos. Y ya me imaginaba yo a mis nueve nietos viviendo en nuestra casa (lo de los nueve nietos en nuestra casa es idea de Cronopio) y todos ellos anormales. Y me empecé a preocupar, coño, que es la Universidad de Harvard la que dice eso, por algo lo dirán.

Entonces me di a las manualidades siguiendo unas ideas súper chulas que otras madres estaban compartiendo. Y otra vez caí. Inocente yo, fui súper emocionada a comprar el material y más tiempo tardé yo en hacer la pendejadita de turno, que lo que duró Cronopio jugando con ella. Fracaso total. La emoción nos duró menos que un suspiro y pasó al olvido al instante; que ya lo había dicho Carlos Marx y no la Universidad de Harvard, que decía que todo lo sólido se desvanece en el aire, pero decidí hacerme la moderna y pasar de largo de él. Y así mismo fue, como lo (pre)dijo el cabrón de Marx,  la sólida ilusión de mi DIY se desvaneció en el aire, y aunque acumulé envases de plástico y mangueras para mi próximo proyecto al estilo CuCu Mama, para entonces el calor, el cansancio y el aburrimiento me hicieron darme por vencida y seguir ahí en el sofá, acumulando hartazgo veraniego, el niño al Netflix y la madre al Facebook.

Y justo ahí cuando madre e hijo hacíamos surcos en el sofá me llegó vía Facebook otro estudio de la Universidad de Harvard: dice la ciencia que si tu hijo te ve demasiado tiempo en el móvil, que si le prestas más atención a tus redes sociales que a tu hijo, le vas a crear problemas de autoestima y que no te sorprendas si mañana se vuelve delincuente y será delincuente porque tú te la pasas tuiteando y repartiendo likes mientras tú pobre hijo está criándose con la madre de Peppa Pig que, con la rabia acumulada que tiene contra Papa Pig, no es ningún modelo de crianza.

Era el verano de nuestro aburrimiento y empezaba a ser el verano de mi encabronamiento pensando en todos los recursos que, supuestamente, las universidades destinan a joderle la vida a las madres, sobre todo a las madres que trabajamos o que estamos empeñadas en llevar a cabo nuestro proyecto personal.

Fue un verano de mucho calor y más calor en casa porque mi casa estaba a 180 grados horneando a tope, trabajando y con un niño en casa; y desde la ventana de mi horno parecía que todo mundo se divertía a tope, incluyendo a los científicos de Harvard, que seguro no han pasado un verano completo con un niño pequeño. Y es que a veces nos hacen sentir que los padres tenemos la obligación de tener entretenidos a nuestros hijos y si, hay una oferta grande de lugares chulos a donde llevarlos, pero ¿qué cartera aguanta tanto verano intenso? Entonces diganme señores científicos, cómo me organizo el verano de tal forma que el niño se divierta alejado de mierdas electrónicas, mientras yo trabajo? Y es que conociendo la clase de investigaciones que supuestamente ustedes hacen, seguro que dirán que los hijos de madres que no se desarrollan profesionalmente, seran unos inadaptados en lo laboral. Y aquí fue donde empecé a enloquecer un poco y me puse a hablar conmigo misma, porque me urgía hablar con un adulto y tener conversaciones de adulto. Y a falta de adultos, Twitter.

Y es que el próximo verano, no me daré al Twitter sino a la ginebra mientras, con la otra mano despido a mi hijo que se irá al curso de verano en esa ludoteca chula, aquella donde las madres somos hermosas.

(Mi verano en fotos: la medalla de Oro de 48.3 kilates que Cronopio ganó  a pulso; nalgas, culos, pompas, derries, posaderas, todas ellas de madres mas listas y rápidas que yo y mi DIY que duró un suspiro).
 

La tierra da vueltas al sol (El cumpleaños de Cronopio)

La tierra da vueltas al sol. Cumpleaños Montessori

Después de cada cumple de Cronopio me he propuesto firmemente que el próximo será algo sencilito. Que sepan desde ahora que yo misma me he mordido la lengua y al mismo tiempo que escupía sangre, con papel y lápiz en mano me puse a planear la fiesta de mi hijo. Y si quieren acusarme de falta a mi palabra, tienen razón: al ver algunas desproporcionadas  fiestas infantiles me juré a mí misma con un puño de confeti en la mano, como Scarlett O’ Hará, poniendo a Dios como testigo, juró que no pasaría hambre de nuevo, yo juré que nunca haría una fiesta infantil en un salón ad hoc ( Escribo “Scarlett O’ Hará y de pronto se me vienen mis cuatro décadas encima y tengo la sensación  que quien me lee es demasiado joven para haber disfrutado en pantalla gigante los dramas protagonizados por Vivían Leight). Como les decía…  el año pasado estaba yo con un puño de confeti en la mano cuando juré que no me iba a complicar la vida con una fiesta infantil, que lo importante era festejar y que el niño apagara las velitas pero…

Fue a finales del año pasado cuando tuve una gripe del carájo y con fiebre y todo me puse a planear el cumple de Cronopio y esta vez sería en salón de fiestas, con dos cojones. Me bajó la fiebre del cuerpo pero no la fiebre por la fiesta y así mismo estuve algunos meses. Y no paré. No paré hasta que empecé a hacer bocetos de la mesa de postres (si, leyeron bien: bocetos de una fiesta infantil). Y es así como semanas previas al cumple estaba googleando “como lograr una fiesta infantil de éxito”‘ “diez pasos infalibles para hacer de tu fiesta infantil un éxito rotundo”, googleando al infinito, haciendo una larga lista con los “must” y de tan larga era que me cansé solo de hacerla. En ese  mismo momento tuve un instante de lucidez y pude preguntarme a mí misma:  “Mi misma, este despliegue que estás haciendo ¿realmente es lo que quiere Cronopio para su fiesta?“. No, claro que no. Mi hijo solo quiere un pastel, sus amigos y una piñata. Y seguro quiere que su madre disfrute más de la fiesta y que pase más tiempo de calidad.  Decidí dejar a un lado los bocetos y el cansancio que me llevaria montar una mesa de postres como dios manda, además de todo lo demás (globos,comida,adornos,piñata y andar arriba pa bajo comprando todo lo necesario).

Boceto de la mesa de postres para la fiesta de Cronopio

Asi fue como decidí hacer una fiesta para Cronopio y no para mí y sólo hice pastel, galletas y gelatinas, sólo eso. Y es que a veces me da por ser mal pensada y  creer qué hay algunas fiestas que se hacen para el exclusivo lucimiento de la madre ante otras madres, por supuesto. (Y es que no se me olvida la fiesta de Isa, mejor dicho, la fiesta de Melissa, su madre. Isa cumplía dos años y rentaron un salón de fiestas digno de una boda. Isa era aún muy pequeña como para subir a los fabulosos juegos que había en el lugar; cuando llegó el show de La Familia Pig, Isa entró en pánico al ver a la cerda en persona y lloró tanto que se quedó dormida y ni siquiera hubo un instante para la foto del recuerdo. Isa durmió toda la fiesta mientras su madre, ella sí, disfrutaba como niña pequeña).

 

Existe una rara y temerosa especie de madres que nos transformamos en las más terribles wedding planners con las fiestas de nuestros hijos y que las vivimos con intensidad plena. Lo acepto, mea culpa. Para mí, los cumpleaños de Cronopio son la oportunidad perfecta y más simbólica de festejar su vida, su llegada al mundo, a mi mundo. No sólo es hacer un repaso emotivo sobre la vida de mi hijo, sino de cómo mi vida ha cambiado desde que soy madre; significa saber que superé un embarazo difícil, una depresión post parto y, que poco a poco, voy superando los miedos y angustias de cada etapa.  Este cumpleaños en especial  ha significado para mí la confirmación de que he recuperado mi YO, el que se me perdió cuando me embaracé.

Y si, la tierra da vueltas al sol y en cada vuelta mi hijo se hace mayor, se hace un hombre. Y yo empiezo a medir el paso del tiempo no por las vueltas que da la tierra cuando yo nací, sino cuando nació mi hijo. Y esto no significa que yo nací cuando lo hizo mi hijo; significa que cuando mi hijo nació yo necesite un arsenal de herramientas emocionales para re inventar mi identidad porque tan sólo parir me quedé emocionalmente desnuda frente a la nueva mujer que era yo y que ni siquiera imaginaba el cambio tan profundo que estaba viviendo.

Los cumpleaños en colegio Montessori son especialmente emotivos; recordamos las vueltas que da la tierra al sol y, con ello, el paso del tiempo y  todo lo que hemos aprendido y crecido. Me emociona ver como crece Cronopio aunque no deja de darme pena que crezca tan rápido.  Pero también me emociona hacer el recuento de todo lo que yo he crecido desde que soy madre.

Cronopio cumplió años hace unos meses y este post se quedó, por mil razones, en la gaveta. Hoy, 19 de septiembre, es mi cumpleaños; la tierra ha dado una vuelta màs al sol, mientras yo me lleno de amor rodeada de Cronopio, Mi Churri y mis gatas y con 17 kilos menos. A por mas!

(El cumpleaños en fotos: La tierra da vueltas al sol y nos damos cuenta de lo mucho que estamos creciendo; bosquejo de mi mesa de postres para el cumple, que es a la vez, un bosquejo de mi locura.Y la mesa de postres real, galletas, pastel y gelatinas de Doraemon, todas hechas en su totalidad por la autora de este blog) 

Por si me matan

Hace unos años leí con horror “Huesos en el desierto”, crónica de los feminicidios ocurridos en Ciudad Juárez, al norte de México. Pensaba, equivocadamente, que era una barbarie que solo sucedia allá, lejos. Y al decir lejos me otorgaba el permiso de asumir esas muertes como lejanas, en una cómoda distancia emocional que me permitía cambiar de hoja. De no sé cuantos años a la fecha, los feminicidios en mi país han dejado de suceder solo en Ciudad Juárez y al tiempo al que asistimos al incremento generalizado de la violencia y la impunidad como formas de vida, los feminicidios se han convertido en noticia de todos los dias, cuando son noticia.

A principios de mayo de este año fue hallada muerta Lesvy, de 22 años, en los pasillos de Ciudad Universitaria. El asesinato de Lesvy me impactó, entre otras cosas, por haber sucedido justo en mi Casa de Estudios, en mi universidad, la Nacional Autónoma de México donde, entre clase y clase, mi amiga Libertad y yo dormíamos en el cesped a cualquier hora sin temor a que algo nos pasara, a pesar de los persistentes rumores de que en las Islas se vendía mariguana. En esos años, de lo único que nos teníamos que cuidar era de algunos profesores ávidos de dirigir tesis a veinteañeras con pretensiones intelectuales; ellos, en su afán conquistador, nos prometían que juntos descubririamos el agua hirviendo y marcaríamos un antes y un después en nuestra área de estudio.

Ayer han confirmado el asesinato de Mara Castilla, de 19 años. Entre Lesvy y Mara hay muchas historias más de otros feminicidios, ocurridos principalmente en el Estado de México. De muchos de esos crimines apenas si nos enteramos. Algunos llegan a la prensa, como la escalofriante historia de Mariana Joselín Baltierra, de 18 años, cuyos restos fueron encontrados descuartizados en una carniceria del municipio de Ecatepec. Y así como Mariana, Mara y Lesvy hay otros cientos de mujeres asesinadas con crueldad, de cuyas vidas y muertes apenas si nos enteramos, pero gracias a la estupenda y ardua labor de Frida Guerrera, que ha ayudado a visualizar  algunos de los 1300 feminicidios que han tenido lugar en este pais en lo que va del 2017. Y es por Frida Guerrera que me entero del asesinato de la pequeña Kenia Naomi Gutiérrez García, asesinada a golpes presuntamente por su padrastro, en complicidad con su propia madre. Kenia Naomi tenía 26 meses de edad.

Todos estos crimenes tienen en común la incompetencia de las autoridades y la escasa voluntad que han tenido para dar con los culpables o no buscar a las desaparecidas al momento en que los familiares hacen la denuncia. Y a este horror hay que sumar un horror más: tanto autoridades como ciudadanos de a pie justifican sus muertes. Somos las propias mujeres las responsables de morir estranguladas, violadas, salvajemente golpeadas. Y es que las mujeres hoy dia  tenemos un exceso de libertades, segun dice el rector de la Universidad Madero, de Puebla, Job César Romero Reyes.

Cuando Lesvy fue hallada muerta, la responsabilidad fue de ella; que no estudiaba, que usaba drogas y es que con ese nombre… qué esperaban. A cada mujer asesinada han venido un sin fin de justificaciones del hecho, que si la victima vestia como puta, que tenia muchos novios, que si bebìa en exceso, que era mala estudiante y, ademas, que no se cuidaba, ¿qué es eso de andar sola por la calle a esas horas de la noche? Claro, la culpa es nuestra. La responsabilidad de nuestras vidas es nuestra y la culpa de nuestra muerte es tambien nuestra.

Por ello, y para evitar malos entendidos, yo misma quiero dar las razones de mi asesinato; por si me matan, que no se hablen cosas que no tiene  nada que ver conmigo:

Por si me matan, dirán que fui mala hija, que de muchos años a la fecha solo tengo un cariño de baja intensidad hacia mi madre.

Por si me matan, que digan, como mis padres, que soy una rencorosa. Y para dar testimonio de ello, hallaran un Moleskine®, mi Moleskine® Gorria, en donde escribí durante todo un año los desencuentros de toda una vida con mi madre. Y no lo escribí por renconrosa, sino por miedo a ser una desmemoriada y volver a cometer los mismos errores.

Por si me matan, que digan que pequé de tacaña e insensible. Cuando en las tiendas de autoservicio me preguntaban si queria redondear el cambio y donarlo a una buena causa, siempre me negué y peleaba mis centavos como una leona. Ante mis reclamos por escrito, las tiendas Oxxo me escribieron una carta donde basicamente se me acusa de insensible.

Por si me matan, que digan que fui una mala madre por no dedicarme total y exclusivamente a mi hijo y buscar mi empoderamiento a través de proyectos personales

Por si me matan, que digan que cuando era académica me dediqué a investigar y promover las violaciones a los Derechos Humanos de los regimenes de izquierda. Que digan en mi contra que me cagaba el tal Che Guevara y similares pero no por ello simpatizaba en lo más mínimo con la derecha.

Por si me matan, que digan que me separé de mi familia de origen, que hace muchos años que no los veo, ni sé de sus vidas y poco me interesa. Que digan que fui una pésima hermana, que ni siquiera tengo puta idea de donde vive mi único hermano y que del mismo modo, nunca quise que él tuviera datos en donde encontrarme.

Por si me matan, que digan que no era religiosa, que no me casé por la iglesia y, ademas, no bauticé a mi hijo.

Por si me matan, que digan que probé drogas varias y no me enganché a ninguna, (aunque esto último no lo dirán)

Por si me matan, que digan que muchos años padecí enfermedades psiaquiátricas y que hay un amplio expediente mío en el hospital Juan Ramòn de la Fuente, expediente donde hallarán mas de cien razones para culparme.

Por si me matan,  se dirá que me negué a parir con el dolor de mis entrañas, que hice trampa al traer a la vida a mi hijo porque preferí cesárea a someterme al martirio de la labor de parto. Y, además, dirán que fui tan mala madre que no di lactancia materna en exclusiva, que me di por vencida  muy pronto y se me hizo fácil comprar fórmula. 

Y por si me matan, que digan que  viví sola y viajé sola lo que me vino en gana. Hice oidos sordos y agarré mis maletas y cumplí, con dinero propio, mi sueño de toda la vida: viajar, aun cuando mi padre me cuestionaba ¿qué tanto hacía sola, acaso no me aburría?

Mara me duele, no sólo por ser mujer sino por las circunstancias en las que se dió su muerte. A las 5 de la mañana, despues de una noche de fiesta, pidió un servicio de taxi en la plataforma Cabify. No llegó a su casa. Su cadaver fue encontrado una semana despues en cualquier punto del pais, desechada como basura.

Y Mara me duele porque de alguna forma me recuerda a mí cuando tenía su edad. Tambien me gustaba divertirme, ir cada semana a los bares de moda y tener una intensa vida nocturna a ritmo de “puro, total y absoluto rock and roll”. Y muchas, muchisimas veces me emborraché y hasta me levantaron del suelo. Usé faldas cortas y besé y me fui a la cama con tipos que nunca antes había visto. Y de la misma forma en que a Mara se le está juzgando por ser joven y divertirse, a mi me juzgaron desde mi propia familia por querer ser una mujer libre. Si bien mis amigas y yo nunca nos sentimos en riesgo, siempre fuimos juzgadas por libertinas, por putas, por borrachas y, por ello, por muchos años vivimos esa libertad con culpas.

Que en paz descanse Mara. Mara y las 1300 mujeres más que este año han sido victimas del feminicio en México.

 

En nuestro colegio hay hombres (y no payasos)

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Ya tuvimos la primera junta de padres de familia en el nuevo colegio de Cronopio. Qué les digo. No dejo de pensar que ha sido la mejor opción educativa, un colegio Montessori y laico y subrayo laico, ya que en la ciudad donde vivimos aún prevalecen valores sumamente tradicionales, vaya, los de toda la vida de Dios y, por ello, no es gratuito que los atascos vehiculares de fin de semana sean precisamente  en los alrededores de las iglesias.

Ya lo sé. Le estoy poniendo demasiados peros a este colegio, porque en el otro, éramos muy felices, así  de sencillo. No pudimos seguir en el Colé de la Felicidad  porque a Cronopio le ha dado por hacerse mayor, por más que yo le ruego que no lo haga, pero ya ven cómo son los hijos, hacen lo que les da la gana. Más allá de que la melancolía por el otro colegio me juega malas pasadas, hoy en la junta con padres de familia,  Mi Churri  y yo nos quedamos medio pendejos al  escuchar las actividades del Día del Padre.  Todo empezó bien, con aquello de que no solo a las madres había que hacerles su festejo, sino que los padres merecían que se les diera su lugar con otra fiestecita escolar. Hasta ahí todos felices.

El curso pasado  en el día de la madre hicieron un desayuno en el que los mismos niños se encargaron de cocinar, emplatar y servir, y lo que hacía cada niño dependía de su edad y sus habilidades, nada de que las niñas cocinaban y los niños le hacían de meseros. Vamos bien, no? Pues este año escolar se tiene contemplada una festividad para homenajear a los padres en su día y para ello el colegio organizará una actividad con cosas de hombres. Si,  haciendo cosas de hombres, en palabras de la misma profesora. ¿¡Que?!  Si, que te lo explico de nuevo. Festejaremos a los papas de este colegio con una actividad con cosas de hombres. Y Mi Churri y yo solo pudimos susurrarnos al oído que nada de mariconerias que este colegio es  para papas Hombres, con mayúsculas.

En el camino de regreso a casa nos hicimos mil preguntas sobre el festejo del Día del padre. Las preocupaciones de Mi Churri iban más encaminadas a que en el caso de que haya una familia homoparental (lo dudo en esta ciudad), uno de los padres podría ir al festejo del día de las madres? O será acaso que el padre más viril de dicho matrimonio, sería el indicado para ir al festejo del día del Padre?  Con esas angustias éticas nos dejó la junta de padres de familia y eso que solo era la primera.

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Aún no sé las actividades que tenga el colegio programadas para festejar a los padres, pero ya que quieren hacer cosas de hombres, aquí les doy una pequeña lista de sugerencias

*Sentarse horas a ver footboll con cervezas en mano. A Mi Churri no le gusta el football pero le apetece sentarse unas cuantas horas a tomar cervezas frías y, por ello, no le importa fingir interés, ya se por el football, la NFL o la NBA.

*Rascarse los huevos, a cualquier hora, en cualquier lugar, sin importar quién esté enfrente. No creo que necesite ser explícita en este punto pero de verdad, que nosotras no nos andamos acomodando las tetas en público.

*Echarse pedos. No pecaré de indiscreta pero me parece que muchas de nosotras aún no nos acostumbramos a hablar de pedos y cacas como si estuviéramos en una novela de Bukowski.

*Aprovechando las cervezas que acompañan al football, se puede hacer  una competencia entre todos los padres a ver quién se echa el erupto más grande y más apestoso de todos. Para hacer la competencia más emocionante, podríamos pedir la presencia de Greenpeace y que sean ellos los que monitoricen el nivel de contaminación en el colegio y el daño a la capa de azono que cada padre hace con tanto erupto y pedo echados.

*Contar chistes de maricones es un recurso que no puede faltar  en cualquier evento donde haya más de tres machos. Y, por supuesto, no faltará el macho alfa que con dos cervezas encima le broten las lentejuelas (si, de las jotas y nacas) y le de por imitar a Juan Gabriel, nuestro gran icono gay devenido en semental y macho alfa tras su muerte.

*Exposición canina. Cualquier hombre que se respete tiene un señor perro, nada de pendejadas como los schnauzer. Nosotros somos una familia gatuna, pero por fortuna tenemos un amigo que es un hombre-hombre y tiene dos pastor aleman, grandes como caballos. Ya nos prestará uno porque eso de llegar con un gato en su caja de viaje, nada de eso, que no queremos dar la imagen de hipster afeminados.

*Exposición automotriz. A un gran hombre corresponde un gran auto, no?  Pues que no haya rumores del macho alfa de esta casa… ya rentaremos uno.  Y con la exposición automotriz, las profesoras pueden organizar un concurso de cambio de neumáticos.

Y ya para cerrar… competencias de puntería, a ver quién orina más lejos de la taza y no salpica!!

(Y aún así, no me arrepiento, hasta ahora, de la elección de colegio que hemos hecho. Será una buena oportunidad para empezar a estudiar a fondo las masculinidades y así,  de la mano de mi hijo, apoyarlo en la construcción de su masculinidad; no será tarea fácil por el machismo que inunda este país, pero es necesario. Sería relativamente más fácil cambiarlo de colegio, pero  no podemos tener a Cronopio en una burbuja. De una forma u otra y, sin saber cómo sucedió, mi hijo ya trae la idea de que los hombres no lloran y que el color rosa es solo para niñas y cómo no va a pensar esto si hasta los huevos Kínder vienen en azul y rosa. Y por alguna razón, estoy asumiendo esto como un reto, en el cual me acompañarán unas pocas madres. Y si, seremos pocas pero muy escandalosas. Y es que si en los ambientes Montessori los niños y las niñas realizan exactamente las mismas actividades, como barrer y hacer limpieza, porqué carajos hacer actividades extra escolares en las que avergonzaríamos a la misma María Montessori).

Vaya, que será un gran año escolar. Por suerte tenemos algunos meses para hacernos de un buen perro y rentar un auto para la ocasión, para que se diga, como en Cuba, que en esta casa hay un gran macho-varón-masculino, que con ese cubanismo no queda espacio ni para la más remota duda, o si?

(Fotos: Pixabay)

Mis 7 razones para NO ir a terapia psicológica 

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Nacer de nuevo, Remedios Varo, México, 1960

Leyendo a Mamá Rebelde sobre la importancia de que como padres acudamos a terapia, me vino a la cabeza una serie de ideas a modo de secundar su post para, de alguna forma, ayudar a quitar el estigma que puede pesar sobre recurrir al apoyo psicológico y psiquiátrico. Yo misma, lo confieso, caí en terror cuando me dieron un pase directo al hospital psiquiátrico,  pues días antes me burlaba abiertamente de que a Juana La Loca (distinguido personaje de mi árbol genealógico) la hayan mandando al psiquiatra en carácter de ur-gen-te. De eso ya hace muchos años, años que me han enseñado que tener un problema psiquiátrico o psicológico esalgo tan normal como tener tiroides y acudir al especialista.

Desde entonces  no tengo reparo en decir que yo acudo a terapia; cuando mi suegra y yo estábamos en medio de los preparativos para la boda mencioné lo de mi terapia y lo dije como parte de mi cotidianidad. Su reacción fue un poema: “nosotras, mis hermanas y yo, somos mujeres muy fuertes que no necesitamos ir a terapia“; estaba claro: yo era una mujer débil. No le dije nada, que apenas nos estábamos conociendo y ya habría tiempo  para enseñarnos las miserias, pero con saber que ella me consideraba una mujer débil tenía suficiente.

Por desgracia, la idea que tiene mi suegra es más común de lo que creemos. Se puede suponer que la gente que  acudimos a terapia no tenemos la capacidad para resolver nuestros problemas y necesitamos que alguien venga de decirnos qué hacer.  Creo, como mi suegra, que no todos tienen ni pueden ir a terapia; hacer este ejercicio de introspección y auto análisis de forma metódica y periódica requiere tener los cojones para sentarte y, de forma honesta, hablar de todo aquello que prefieres ocultar. Ir a terapia es un acto de amor y honestidad  con uno mismo que requiere mucha fortaleza y, efectivamente, no cualquiera se sienta frente al terapeuta, para qué,  ¿acaso tú , forever alone, no tienes amigas para irte a tomar un café y que sean ellas las que te aconsejen?

A pesar de mis años en terapia, les quiero compartir  mis razones para NO  ir a terapia.

1.Descubres mierda donde antes creías que había buen rollo

Antes de ir a terapia pensaba que tenía la familia más simpática que alguien podría imaginar. Las fiestas familiares eran todo  alegría. Después de varias sesiones hablando de lo bromistas que éramos mis tías, primas y yo misma, me sorpendi muchísimo al descubrir  a una familia que sólo sabe relacionarse a través de un discurso  pasivo~agresivo. Cuando mi psiquiatra mencionó en una sola frase las palabras familia, agresión, violencia verbal, pasivo, agresivo, fue como tener una revelación, como si mi vida entera se hubiera iluminando dándole un giro de 180 grados. Desde entonces aprendí a vivir y a convivir de formas más sanas, pero eso sí,  perdí una familia entera. A ésta no le gustaba que yo ya no les celebrara los chistecitos y, de manera paulatina, dejé de participar en sus rutinas, en sus fiestas y me convertí en objeto de sus burlas, pero para ese entonces yo estaba física y emocionalmente lejos de ellos.

2. Aprendes a poner límites y te vuelves impopular 

Como dije en el punto anterior, me volví la apestada de la familia. Si hay algo que continuamente te molesta de alguien cercano a tí y le pides de mil formas que no lo haga, no esperes que te aplaudan, a menos que el otro tenga suficiente madurez emocional como para aceptar los límites. Poner limites es el principio de amor a uno mismo pero es difícil que uno o los demás los sepamos asimilar. Si no quieres ser tachada de anormal, neurótica, grosera, delicada, ultra borde y apestada, mejor no vayas a terapia porque ahí vas a aprender a poner límites. Poner límites ya sea a una misma o a los demás, debería ser considerado un deporte de alto riesgo o, por lo menos, tener cobertura por parte de los seguros médicos. Prueba ponerle límites a tu madre o a tu suegra y comprobarás que es un proceso mucho más intenso que pasar 100 días en casa del Gran Hermano.

3. Te verás obligada a salir de tu espacio de confort y eso, querida, requiere de un trabajo inmenso

Moverse, cambiar, ¿para qué? O lo que es lo mismo: más vale conocido que bueno por conocer. Para que te arriesgas a cambiar tus patrones de conducta, mejor sigue cultivando los que aprendiste desde pequeña, porque en terapia, invariablemente, los cuestionaras y ya sabes que cuando cuestionas, te metes en más líos. Para qué conocer a un chico lindo y bueno, a saber qué oculte, mejor sigue con ese patrón de pareja que no sabes ni cómo ni cuándo construiste, pero vaya, que es tuyo, es tu patrón y como es algo tuyo, lo defenderás como una leona y te vas por lo seguro, conociendo a los mismos cabrones de siempre con diferente cara y después podrás decir que no tienes suerte, que el cabron de turno es el que te tocó, que te lo asignó el destino.

4. Te quedarás sin excusas

Que si, que del destino nadie escapa, que ya todo está escrito. Si vas a terapia corres el grave riesgo de dejar de culpar al destino, a la vida, a Dios, a tu madre, a tu signo zodiacal, de todo lo que te pasa o no te pasa y empezaras a asumir responsabilidades y eso es muy complicado. Es más fácil ir por la vida haciéndose la boba, la víctima, decir que tú no sabías nada, que actuaste inocentemente; la terapia implica que te hagas cargo de ti y eso, querida, puede ser agotador.

5. Se te activará un mierdometro interno que no dejará espacio al disfrute

Cuando descubres  la mierda de la que has procurado rodearte y te movilizas para no cometer el mismo error, invariablemente se activará  tu mierdometro interno. Si antes veías amor en las escenas de celos incontrolables de tu esposo; si antes creías que esa amiga tuya que se pasaba la vida jodiendote sólo por tu propio bien, después de terapia ya no podrás estar como si nada con aquellas personas con las que aparentemente la pasabas de puta madre. Para eso está el mierdometro; al principio es incontrolable, se pasa todo el día mandandore señales y créeme, no da lugar al disfrute. Con el tiempo, cuando aprendes a diferenciar lo que es amor de la agresión disfrazada, tu mierdometro irá con mas calma, pero que lo sepas… tu mierdometro interno puede hacer tu vida un agobio.

6. No te podrás ocultar ni de ti misma

Va, que por fin te has decidido ir a terapia porque esa relación con tu vecina se está saliendo de control. Llegas a terapia y descubres que no es la vecina el origen del problema, sino algo más profundo; ella es sólo la metáfora  de ese dolor antiguo  que traes cargando muy oculto dentro de ti. Y es que hace mucho años decidiste ocultar ese dolor, encerrarlo en tu alma y perder la llave, y no te das cuenta pero ese dolor, esa cicatriz no cerrada es lo que en verdad te tiene mal y aún así lo niegas, no te atreves a aceptarlo, como  negarias ese flujo verdoso que dejas en las bragas para concentrarte en el catarro que no te da respiro. Y así llegas a terapia,  hablando  del catarro, de esos mocos persistentes y te aferras a ellos, pero el mismo proceso terapéutico te lleva hacia un rincón, sin lugar para huir, e indefectiblemente terminas, pese a tu dolor, hablando  de tus irritantes flujos vaginales, por que sabes que son estos los que te provocan ese dolor que se anida en tu pecho.

7. Ir a terapia no es un vuelo directo a La Felicidad (con mayúsculas)

La terapia por sí sola no trae felicidad; por el contrario, necesitarás ser lo suficientemente honesto contigo mismo como para sentarte a hablar y analizar todos los fantasmas y demonios que viven dentro de ti. La terapia es un camino empedrado que se bifurca. Y habrá ocasiones en que salgas de tu sesión de terapia más jodida de cómo entraste porque tu terapeuta, de la mano de tu pájaro del alma, abrirán esos cajones que creías cerrados para siempre y te harán revivir el recuerdo nefasto de ese tío que todo mundo creía tan simpático, tan buena gente y que tú, solo  tú, que cuando eras niña te quedaste a solas con él,  lo llevas cargando como un lastre muy pesado.

Y pese a ello, a estas siete razones y muchas más, les puedo decir que acudir a terapia ha sido una de las experiencias más enriquecedoras que he vivido porque me ha permitido reinventarme las veces que ha sido necesario. De un año a la fecha acudo a una terapia cognitivo conductual que me ha enseñado, entre otras cosas, a reconocerme ante mi misma; he podido indentificar las rutinas de mis día a día que me acercan a conductas depresivas y  estoy aprendiendo a callar  a esa voz interna que me dice insistentemente que no merezco lo bueno que sucede en mi vida. Como dije, la terapia es un camino que se bifurca y aún me queda mucho por aprender, pero por difícil que sea, el mayor beneficio que ha traído consigo es poder dormir tranquilamente porque no tengo deudas  conmigo misma.

Y ustedes…. se atreven a ir a terapia psicológica?

Que tengan un día a toda madre, Laura

Yo, reinventada

Dripping cake, hecho de bizcocho de mantequilla decorado con buttercream y ganache de chocolate blanco. Detalles de macarrons, chocolates, caramelos, merengues y galletas de mantequilla y royal icing

No sé en que preciso momento amanecí en una sesión de terapia diciéndole a La Terrible Gina, mi terapeuta de entonces, que profesionalmente me sentía harta, fastidiada. Aquella profesión que durante muchos años me hizo sentir dichosa, orgullosa y satisfecha, de pronto me agobió terriblemente y seguir ejerciendo se convirtió en una loza muy pesada que iba cargando y que se tradujo en una migraña de la cual sentía que no podría escapar. Al poco de conocer a Mi Churri aprendí por él que la vida es bella y que mi profesión o aquella islita de mi profesión, estaba llena de fango, de un fango que estaba a punto de revasarme;  pero como dentro de la islita de mi profesión muchas cosas huelen a viejo, a humedad, a mar, a perfume barato y a orines, asumí la peste como parte de la normalidad.

Tomar la decisión de abandonar mi profesión con un currículum muy abultado y habiendo terminado el Doctorado, fue muy complejo. Durante mucho tiempo, mis profesores se aparecían en sueños; ellos, que con paciencia y mucho cariño me formaron, venían a reclamarme mi traición a la causa y, con ello, la traición a mi misma y a mis sueños. Guardar el curriculum que con tanto orgullo, cariño y dedicación fui armando, para empezar de cero uno nuevo, fue un paso difícil que tuve que dar.

Muchas sesiones de terapia después, tomé la decisión y frente a mí sólo vi caras de desilusión al saber mi decisión. Vi sorpresa e incertidumbre en cara de todos ellos, ¿estás segura de lo que estás dejando? parecian preguntarme todos a coro. Si, estaba segura. En esta vida quiero ser feliz, y mi profesiòn, o esa islita de mi profesión, era una maldita circunstancia rodeada de agua, de envidias, de chismes y golpes bajos y de violencia por todas partes y, lo peor es que no me di cuenta de que aprendí a vivir asi, respondiendo a los golpes con mas golpes, sacando lo mejor de mí, y tambien lo peor, porque el que no gritaba, el que no salía con una daga y un escudo bajo el brazo y bajo la lengua, simplemente no comía, no avanzaba, no vivía, es más, no sobrevivía. Y cuando me dì cuenta que habia mejores formas de vivir, de ejercer una profesión, me vino de repente un casancio fulminante, el cansancio acumulado en años y me fui, simplemente me fui.

(Y es que desde afuera de la islita de mi profesión las cosas se veían muy diferentes. Parecía algo muy noble ser parte de la lucha de David contra Goliat, aunque nuestro Goliat, mi Goliat, fuera el símbolo de la justicia y la grandeza humanas. Cuando comencé creí que ayudaría a derribar el muro, a hacer un mundo más justo; con los años empecé a creer que sólo estaba haciendo poroso ese muro aún poniendo en riesgo mi vida. De pronto me di cuenta, después de muchos años, que si quería generar un cambio no podría ser a través de las Humanidades; el tiempo me enseñó que no supe enfocar bien el conflicto general, que no era ni político, ni económico, sino algo frustrado en lo esencial psiquiátrico, parafraseando a uno de los Grandes Maestros. Y si, desde afuera podría parecer algo muy noble pero al interior era la lucha de David contra David).

No sabìa que haría con mi futuro pero, por alguna razon, no me inquietaba. Segura estaba que llegaria algo. Conté con el apoyo de Mi Churri quien, una vez recuperado del shock, me dio su apoyo para que yo encontrara mi camino. Y poco después vino la maternidad y, con ella, la depresión post parto y una serie de mudanzas hasta llegar a esta ciudad.

Durante la depresión post parto me dio por ponerme a hornear. Tenia una enorme necesidad de carbohidratos y azucares y a veces no podia salir a la calle, no sólo porque Cronopio estuviera muy pequeño, sino porque la misma depresión me llenaba de ideas la cabeza y me vi rodeada de miedos que en ocasiones me impedían salir. Fueron semanas, o meses, en las que Mi Churri tuvo que viajar mucho y Cronopio, las gatas, mi depresión y yo, estabamos a nuestras anchas en casa y yo no tenia nadie que pusiera cara de asombro al verme ingerir tales cantidades de pastelitos, tartas y lo que se me pusiera enfrente. Asi que di rienda suelta a mi gula, a mi ansiedad, ¿que no dicen que la lactancia da hambre? Pues a eso me dediqué, a saciar todo lo (in)saciable en mì.

Dripping Cake para una mujer reinventada

De las sencillas madalenas, pase a los cupcakes y de ahi a las tartas y de las tartas al fondant y ya fue cosa de nunca parar. Al mismo tiempo que amamantaba a Cronopio, me hartaba de tutoriales, super emocionada al imaginar que todas las tartas de cumpleaños de Cronopio las haria yo y asi fue como me hice una pastelera aficionada, de esas que reza con devoción para que la tarta no se hunda al centro, para que no este cruda, para que no este seca… y harta estaba yo de que siempre la cagaba en algo y más hartito estaba Mi Churri de que tenía que salir disparado a comprar mantequilla porque tenía yo que repetir la receta … total, que por muchos tutoriales yo no podia obtener resultados plenos. Y asi poco a poco me empecé a formar como pastelera hasta que decidí estudiar pasteleria formalmente, sin imaginar las puertas que estaba a punto de abrir.

Después del Doctorado y con maternidad de por medio, me tocó reinventarme. El proceso de salir adelante después de la depresión mayor me enseñó a reinventarme, a recoger uno a uno los trozos de mi persona, esparcidos por el suelo, para armarme de nuevo cuantas veces ha sido necesario. Después de año y medio de estudiar pastelería me he graduado (de nuevo) y estoy súper agradecida con la vida de poder reinventarme de esta forma.

Reinventarse no es nada fácil. En este caso, me ha conllevado muchísimo trabajo, muchas horas y frustración acumulada, que no ha sido fácil para mí pasar varios días haciendo macarrones y que el resultado sea penoso. Un par de semanas antes de graduarme, tenía que hacer muchos macarrones y me fui a la cama, dos noches seguidas,sintiéndome la peor mierda de este mundo, que no merecía estar entre las graduadas y por la noche me desperté varias veces, pensando en macarrones, y cagandome en la madre del francés que se inventó el mejor método para bajarle la autoestima a cualquier pastelero. Y si , no ha sido facil. Muchas noches en vela con la pasta de goma, con fondant, con Royal icing tratando de obtener resultados por lo menos aceptables y haciendo a un lado la familia, posponiendo momentos y salidas de fin de semana para que yo me dedique al empredimiento desde casa, desde que me decidí a montar mi propio negocio.

(Y si, que soy pastelera, con lo bueno y lo malo, justo como en mi anterior profesión; me sale lo mejor de mí y también lo peor. Ya no es la lucha de David contra Goliat, es la lucha por no dejarte aplastar por tu propio ego, ni los egos de los pasteleros cercanos a ti. Ya no hay difamación (hasta ahora), ni la pelea por sobrevivir, pero es inevitable reír y disfrutar de cuando a otra se le cae la Croquembouche en plena exhibición y se pone a pegarla con palillos, con pegamento, con lo que sea que pueda detener la desgracia de ver caer, uno a uno, los profiteroles. Si, hay gozo, para que negarlo, cuando ves a los concursantes de MasterChef sufriendo lo insufrible cuando no les monta la nata, cuando una inocente crema pastelera se convierte en su peor pesadilla. Si, que los pasteleros somos una raza aparte y podemos arruinar el momento más dulce de una cena diciendo que el betún que todos está comiendo está hecho con la peor grasa vegetal, o aquello de que no se extrañen si cuando van al baño cagan en rojo y es que el pastel que tienen en su boca no es un Red Velvet, sino un bizcocho cualquiera con exceso de colorante. Y ya no como ni disfruto de cuánto pastel se me pone enfrente; paso de largo frente a muchos pasteles, que si voy a ingerir calorías que no sea a lo pendejo y hasta puedo entrar en estado de horror cuando la anfitriona de una fiesta me cuenta, súper orgullosa, de cómo hizo su pastel mientras hablaba por skype, le daba de comer a las gallinas y cocinaba un feijoada; yo, por supuesto, ni siquiera probé el pastel, que ya lo digo yo, no ingiero calorías a lo pendejo).

Me queda mucho trabajo por delante y un curso de especialidad en decoración. ¡Esto no ha hecho más que comenzar!

Y ustedes,  ¿tuvieron que reinventarse en algún momento de sus vidas? Compartan su historia conmigo!